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Homicidio – David Simon

David Simon era un periodista del Baltimore Sun que pidió una excedencia para seguir el trabajo de la policía de homicidios de su ciudad a lo largo de un año entero (que fue el año 1988). En aquella época los periodistas no estaban todo el día ocupados copiando y pegando teletipos y notas de prensa de las empresas e instituciones [1], y los medios pensaban en su negociado más allá de “y ahora saca a esta chony en bolas a ver si suben algo las visitas”. Aún había Guerra Fría, aún había miedo a la URSS [2] y, en consecuencia, aún había todos esos absurdos inventos de los rojos para hacernos menos competitivos frente a Corea y Singapur: que si derechos laborales, que si Estado del Bienestar, que si socialdemocracia y redistribución, … Todo mentira, amigos. ¡Mentira, mentira, mentira, mentira [3]! Menos mal que nos estamos deshaciendo de todo eso a marchas forzadas y ahora todo va mucho mejor. ¡Qué alivio!

El caso es que EE.UU. estaba aún infiltrado por el comunismo y Simon se pegó un año, día tras día tras día, observando (sin interferir, en la medida de lo posible) cómo funcionaba la policía de homicidios; cómo hacían horas extras a malsalva y se emborrachaban todas las noches hasta hablar como el mismísimo Paquirrín; cómo se veían presionados para aumentar la tasa de homicidios resueltos; cómo los casos mediáticos (asesinato de un niño, de un policía, de un negro por parte de sospechosos blancos) requerían de todos sus esfuerzos y al mismo tiempo, por su propia naturaleza, interferían con la labor policial; cómo conforme ascendíamos en la jerarquía las personas tenían un perfil, en la práctica, menos profesional y más político, más obsesionado con la imagen y con presentar una hoja de resultados intachable, a costa de lo que fuera.

Tras ese año, Simon redactó un largo manuscrito, que sometió a la lectura tanto de los inspectores que quedaban ahí reflejados (con sus nombres reales) como del Departamento de Policía de Baltimore, y en el que procuró ser totalmente fiel a lo que había visto (incluyendo los diálogos de los personajes). El resultado fue “Homicidio”, una larga novela (700 páginas) que en realidad es un larguísimo reportaje periodístico de enorme interés. Igualito que el periodismo de investigación en España, como pueden Ustedes ver. Casi estamos por pedirle a la principal adalid del género en España, Ana Rosa Quintana, que nos escriba algo de “cómo obligué a hablar a la mujer retrasada del asesino de Mariluz”, de no ser por que nos da miedo que la mujer, como acostumbra, se lo copie de algún otro [4].

El libro es fascinante. Salta de un caso a otro, de un inspector a otro, sin que en ningún momento decaiga la trama (cómo será la cosa, que me tocó en gracia un ejemplar defectuoso del libro, al que le faltaban cuarenta páginas, y casi me atropellan al ir corriendo a la librería para cambiarlo). Y prefigura mucho de lo que Simon nos reportaría más adelante.

Porque de Homicidio surge una serie de TV, con el mismo título, a finales de los noventa (en la NBC). Además, en un contexto en el que Simon comienza a padecer los males del periodismo en un contexto de búsqueda de beneficios empresariales rápidos y presión política (males que ahora son casi omnipresentes [5], excepción hecha de LPD y La Paella Rusa [6]), decide abandonar el Baltimore Sun y dedicarse a escribir. Y escribe la novela “La Esquina”, sobre el mercado de las drogas en Baltimore.

A ver, un momento, que ate cabos. Un tío que no sé de qué me suena escribe una novela sobre la policía de Baltimore, y otra sobre el mercado de las drogas. Proviene del periodismo, y tiene experiencia en TV. Sí, amigos, estamos ante David Simon. “El” David Simon. El tío que creó “The Wire”, una de las mejores series de televisión de todos los tiempos.

Muchos de los temas que después harían fortuna en The Wire, y también algunos de sus personajes, ya están esbozados en Homicidio. Por ejemplo: las instituciones son, por definición, corruptas e ineficaces, y la manera de ascender en ellas es pervertir los principios de uno. Otros, en cambio, aún no afloran, quizás porque en la época en que tiene lugar Homicidio aún no eran tan importantes, o no están tan presentes en la acción (por ejemplo, la naturaleza sinuosa del mal y su capacidad para perpetuarse). Existe una clara simpatía de Simon por los personajes de los que habla (los inspectores de homicidios), mucho más patente que en The Wire (donde también aparece, pero con menos intensidad).

Es una novela, en resumen, muy recomendable, porque viene a ser el más eficaz sustitutivo de The Wire para aquellos de Ustedes que ya la hayan visto. Hablando de The Wire: sí, algún día tendremos que reseñarla en LPD. Si no lo hemos hecho ya es porque algunos grandes temas nos imponen demasiado (hay mucho que decir, nos da pereza, no sabemos por dónde empezar, ni si el artículo será digno de las expectativas). Por eso LPD no tiene un artículo sobre The Wire, ni sobre El Ala Oeste de la Casa Blanca, o un perfil de Pedro J. Ramírez, o de Jesús Gil; y por eso Álvaro aún no ha publicado un texto (o una serie de textos) dedicado a la ex Yugoslavia.

En lugar de ponernos a ello, hacemos un acercamiento lateral, de metrosexuales tecnosexuales: que si una reseña de un libro sobre Pedro J. [7]; que si un artículo sobre las semejanzas entre la intervención en Libia y las intervenciones en Bosnia y Kosovo [8]; que si una comparación entre Carlos Fabra y el inefable senador de The Wire Clay Davis [9]. O esta misma reseña, modelo “como me da miedito lanzarme directamente con The Wire mejor me leo un libro de 700 páginas del que emana The Wire y hago la reseña del libro antes de entrar en materia”.online italian translation [10]конвектор в пол [11]