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Aquellos chalados enamorados de sus locos reactores nucleares

Hace ya dos semanas, con el tono profético de que suele hacer gala esta página, nos estuvimos cachondeando de las reacciones de la industria nuclear [1] y sus voceros (que más o menos cubren, como hemos tenido ocasión de comprobar, casi todo el espectro mediático y político español) ante el accidente de Fukushima. Pasados los días, con más de 350 comentarios en el hilo y, sobre todo, demostradas dos cosas (que LPD acertó al no minimizar el problema, por un lado; y que el tema daba mucho de sí para poder reírnos a gusto, por otro), es necesario volver a referirnos al accidente y sus consecuencias, aunque sólo sea para actualizar la página en la que nuestros lectores puedan ir siguiendo las novedades sobre los últimos acontecimientos en la planta con relativa comodidad (novedades que también estamos comentando en el Twitter de LPD [2]).

El resumen, a día de hoy, de cómo va el tema nuclear es más o menos el siguiente:

1. La planta nuclear de Fukushima ha funcionado de cojones y ha demostrado que la industria nuclear es segura incluso ante las condiciones más adversas. Este argumento está a día de hoy más o menos desacreditado, aunque todavía hay por ahí algún entusiasta (como el chalado del MIT que se las daba de experto nuclear y luego era politólogo, el que dijo que no iba a pasar nada y que los pequeños desajustes se debían a que los enchufes y las clavijas no coincidían y eso había retardado el que se pusieran a arreglar las cosas, pero que , que en breve todo en orden) que lo suelta de vez en cuando.  A día de hoy nadie considera que pueda considerarse un ejemplo de éxito lo de Fukushima, máxime cuando tras el terremoto ha habido decenas de problemas más o menos graves (aunque no de la magnitud catastrófica de Fukushima) en otros reactores. Lo que Fukushima ha acreditado, antes al contrario, es que las centrales nucleares se han de diseñar con más redundancias y más medidas de seguridad. Y que, por ejemplo, conviene pensar que puede haber terremotos de vez en cuando  y esas cosas. Amén de que, como cualquier persona sensata sabe, es ley de vida que a veces las cosas van mal y los fallos se encadenan. Por eso se caen aviones de vez en cuando, por ejemplo. El problema es que con una central nuclear probablemente las sociedades desarrolladas no consideren admisible una tasa de tres accidentes muy graves cada 50 años (amén de una buena decena de graves) cuando en el mundo apenas han funcionado 500 reactores. Con una tasa así, a poco que empecemos a poner más reactores, la cosa se empezará a ir de las manos con más frecuencia.

2. Por mal que vayan las cosas es imposible que se escape radioactividad de Fukushima, porque esto no es un reactor soviético y las medidas pasivas y de contención en los países civilizados funcionan. De nuevo, en este tema, las previsiones de los expertos han demostrado una fiabilidad equivalente a las que suele anunciar sobre desempleo del Gobierno de España. Tampoco es de extrañar, dado que son los mismos expertos que aseguraban que una fusión del núcleo, siquiera parcial, era imposible y ya vamos al menos por tres casos (y eso porque no había más que 3 reactores encendidos en la planta, que si no el festival se multiplica por 2). Son los mismos expertos que, además, nos tratan de convencer constantemente de que la industria nuclear está muy regulada y controlada por organismos muy eficientes y nada “contaminados” por la industria, que velan con profesionalidad y rigor por que todo funcione bien. Ya saben, los que confían ciegamente en esos organismos independientes de competencia acrisolada y demostrada con casos como el del incendio de Vandellós en España, del que se enteraron, como quien dice, por la prensa. O del reciente escape radioactivo de Ascó, que si no llega alertar del mismo una asociación ecologista que a decenas de kilómetros de la central empezó a medir cosas raras aquí nadie habría dicho nada (ya saben, modelo soviético, que hasta que los fineses no midieron algo de radioactividad de más aseguraban que lo que pasaba en Chernóbyl era el movimiento de población propio de la “Semana Blanca” que habían instaurado de repente las autoridades). Pues esos mismos organismos son los que se han enterado ahora de que los grupos electrógenos de emergencia de Fukushima llevaban unos 10 años sin ser revisados como tocaba y con la falsificación de turno de las inspecciones. O que les ha aparecido una piscinita de nada con muchísimos más residuos radioactivos de los que oficialmente guardaba la planta. Minucias, ya se sabe. Hasta que un día pasa algo. No es de extrañar, por ello, que toda la confianza de los expertos en cuestión respecto de los sistemas de contención haya volado por los aires al enfrentarse a la realidad, más o menos como están volando, libres cual golondrinas, todo tipo de mierdas radioactivas desde hace dos semanas. Lo cual hace aconsejable revisar la creencia de que en Occidente tenemos un modelo de gestión de la industria nuclear que funciona más o menos bien. Sencillamente, no es verdad. Ni nuestras medidas pasivas contienen como deberían ni nuestros reguladores se enteran de todo lo que deberían. Así son las cosas y así conviene asumirlas.

3. La radiactividad que se ha escapado hasta la fecha no es nada, ya saben, “un bichito así de pequeñín que se cae de la mesa y se mata”. En esta línea de defensa estamos todavía, en estos momentos. ¡Que no es pa tanto! ¡Que más cornás da el hambre! Por no hablar del tabaco, el alcohol, el cáncer  o los accidentes de tráfico, que matan mucho más. El chalado nuclear del MIT, que por lo visto no ha escarmentado con su ridículo sobre la seguridad de las centrales y lo bien que había funcionado todo, garantizándonos que  no se podía escapar nada de radiación, ha deleitado hace un par de días al respetable con otras sarta de gilipolleces sobre cómo la radiación que escapa de Fukushima no es para preocuparse. Obviamente, los evacuados, ya varias decenas de miles, no piensan lo mismo. Probablemente tampoco los trabajadores de la central, expuestos a dosis potencialmente letales de radiación mientras trabajan ahí para tratar de detener el desaguisado. Ni siquiera quienes viven en un radio de cien kilómetros a la redonda acaban de tenerlas todas consigo. ¡Vaya gente, que escuchen a  los “expertos”! Si es que se quejan por cualquier cosa. Total, por no poder beber agua, o comer productos que vengan de sus tierras… o por la nimiedad de sufrir dosis de radiación que los mismos expertos que vienen fallando en todas sus previsiones les dicen ahora que “no son para tanto”. ¡Como hacerse una radiografía, oiga! Llevados por el entusiasmo, estos mismos señores nos explican que, total, ni siquiera lo de Chernóbyl fueen realidad algo demasiado preocupante  o grave, que sólo murieron 29 personas (todas ellas personal dedicado a tratar de reparar la central, más bien a enterrarla) y que los casos de cáncer y malformaciones varias que asuelan esa región de Ucrania desde entonces a saber a qué se deben, pues la relación con la radioactividad es posible pero nunca se podrá establecer con total certeza. Como es sabido, la gente también tiene cáncer a veces sin haber sido radiada. Así que esa gente que se deje de mandangas. Si pillan cáncer lo más probables es que sea por su culpa, caray, que no tienen una buena dotación genética. Y oye, además, pues los costes de todas esas enfermedades, seamos serios, tampoco son para tanto… Por supuesto, esta evaluación de costes la compartirían quizás muchos economistas… que estén convenientemente alejados de la central y  del foco de radiación. A los ciudadanos normales, si son ellos los expuestos a morir por cáncer a cuenta de una broma de este tipo, como que la ecuación de costes abstracta se la pela bastante. Ya saben, el egoísmo primario del ser humano.

En cualquier caso, mucha o poca, está bien que nos vayan diciendo que lo de Chernóbyil no fue para tanto y que el mundo moderno tiene estas cosas, que los pobres tienen que aprender a vivir con esto, mientras los más pudientes están resguardados en el MIT. Porque tres o cuatro reactores, alguna piscina de residuos y demás soltando mierda desde hace 2 semanas y sin que, a día de hoy, sepan los responsables muy bien cómo detener el proceso (más allá de rezar un Padrenuestro muy vigoroso y esperar que la cosa vaya parando por sí mismas) pinta como que la cosa, en efecto, por ahí puede acabar andando, aunque no tengamos imágenes tan espectaculares de la explosión e incendio del uranio como las que tuvimos con los soviéticos. De momento en Francia dicen que vamos por un 10% de la radiación total emitida por Chernóbyl. Y subiendo. Desde Austria dicen que el 50%. Bien. Ya saben, “una miajilla de radiación  de ná”. Como LPD apuntó también casi antes que nadie, esto tiene toda la pinta de que la juerga acaba con los reactores encapsulados en hormigón y una zona de exclusión que pá qué. Para que luego digamos que los soviéticos no supieron gestionar el problema. ¡Si al final nosotros estamos siguiendo sus pasos uno a uno!: incompetencia gestionando un reactor, ahorro en medidas de seguridad que acaban generando un desastre, minimización del riesgo y de la gravedad del tema, opacidad informativa y, al final, todo a tomar por  culo, lo enterramos y a otra cosa, mariposa… mientras dure el sarcófago… y asumiendo los problemas alimentarios y de salud generados por la crisis como costes sociales del progreso. Si todo esto no  es una reivindicación del modelo soviético, que vengan los enterradores de Chernóbyl y se lo comenten a los “50 de Fukushima”.

4. La energía nuclear no sólo es la más segura, también es la más barata. A la vista está. Tengan en cuenta que, ahorrando en seguridad y en diseño (por la vía de pensar que eso es dinero  tirado a la basura porque, en fin, “nunca va pasar nada”, por no hablar del especialmente delirante “¡si en Japón nunca habrá un terremoto con maremoto posterior superior a 7.5 en la escala Richter!”) y, sobre todo, pasando la factura de un desastre a los ciudadanos en su conjunto, los números salen. Bueno, hasta cierto punto. Salían si no se hacían muchas centrales más y, como consecuencia de eso, no explotaba la demanda de uranio y subía su precio. Y salían teniendo en cuenta no pocas “ayuditas” estatales como que de los residuos, también, pues nos hacemos cargo, a la hora de la verdad, entre todos. ¡Será por falta de solidaridad con la industria nuclear! Es más, salían, sobre todo, para prolongar la vida de las centrales antes que para hacer nuevas plantas. Con estas tonterías añadidas de preocupaciones por la seguridad, a saber a cuánto nos sale el precio del kilowatio nuclear a partir de ahora. Que claro, no es lo mismo hacer centrales en España pensando que aquí nunca hay terremotos, ni inundaciones, ni nada… que tenerlas que tener preparadas para esas eventualidad. A este paso las subvenciones directas e indirectas que necesitará esta industria dejarán las primas a las renovables, por comparación, convertidas en una limosna sin importancia. En cualquier caso, cuando pase la coyuntural mala prensa que una cosita de mínimos como Fukushima ha supuesto para la industria nuclear, algo que a buen seguro los lobbys dedicados a estas cosas tratarán de lograr en breve y probablemente consigan, porque  el mundo de hoy es complicado y necesitamos energía, este problema, el verdaderamente importante en un mundo capitalista, permanecerá. La energía nuclear es cara, por no decir muy cara. Si no tienes otras opciones, si no tienes más remedio, pues a lo mejor se entiende que se use. Ahora bien, hay que asumir que la broma no es precisamente barata. Y meter ese dato en la ecuación.

5. Mientras tanto, empiezan a caer gobiernos en Europa, en parte, por sus delirios nucleares. Tras 58 años de hegemonía, la CDU alemana acaba de pringar en Baden-Württenberg, un estado de nada, de 10 millones de habitantes y que lidera con Baviera la renta per cápita alemana. Un Estado, lleno de Mercedes y de Porsches, donde va a gobernar, por primera vez en un sitio con poder, el Partido Verde. Un Estado que, hace 10 años, a pesar de tener la mitad de horas de insolación al año que la costa mediterránea española, por ejemplo, contaba él solito, antes de que aquí se pusieran las primas a las renovables (y en concreto a la solar fotovoltaica), con más potencia energética solar instalada que toda España junta. Y que tiene empresas que lideran ese sector. Pero que tenía también varias plantas nucleares y un emporio energético muy potente, que había sido de siempre mimado por la CDU, que mandaba. Mientras poco a poco iba generándose un movimiento de hartazgo en las clases pudientes, liberales, con estudios, urbanas… que por muy sociológicamente conservadores que sean, pues tienen otras forma de ver las cosas de toda la vida de Dios. Gente de orden, ya se sabe. Ahí tiene la patria chica el conservadurismo cristiano alemán y es también el lugar donde nació  también el Partido Liberal en su versión más preocupada por los derechos fundamentales. Pues ahora lo tenemos convertido en un bastión verde en lo político, con una alcaldía consolidada como la de Friburgo (Brisgovia), donde mejoran resultados de año en año gracias a una gestión sensata, sostenible y moderna, y desde el domingo con el poder regional al alcance de la mano.  Es una consecuencia de muchas cosas, no sólo de Fukushima, pero demuestra que una visión más realista del modelo energético y de las alternativas a la energía nuclear no es sólo cosa de hippies, de locos y de antisistema. Porque hay alternativas que con carácter general son más baratas (o por un estilo) y que, sobre todo, no conllevan los enormes problemas de la energía nuclear. Es significativo que sea un contexto social tan conservador, tradicionalista, tranquilo y burgués el que ponga el freno de modo tan simbólico a los cacharros nucleares. Porque el conservadurismo bien entendido es liberal en costumbres y garantías, además de proclive a hacer los experimentos con gaseosa. Y a tratar de que no salgan muy caros. Por eso triunfan los Verdes. Y más que lo harán, a poco que curren con un poco de sensatez.процент депозита [3]где продвижение сайта [4]