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Festival nuclear del humor

Mientras las explosiones en varios reactores nucleares japoneses se suceden, la industria nuclear ya ha salido a tranquilizar a la población. Calma, joder, que esto son unas particulitas de cesio que si se caen de la mesa se matan. Todo está bajo control, lo que pasa es que la gente a la mínima se pone a dramatizar y exagerar que da gusto.

Con los reactores calientes y los núcleos de algunos de ellos fundiéndose como un buen coulant, la Agencia Nuclear Japonesa dedicada a estas cosas se ha apresurado a calificar el incidente de menor y le ha dado una nota de 4, dejando claro que esto es mucho menos grave que lo de Harrisburg y que, por supuesto, nada que ver con Chernóbil. Los expertos nucleares son así. Te dicen que es imposible que pasen no sé cuántas cosas que luego, ¡fíjate, acaban ocurriendo!, pero eso tampoco les hace cortarse un pelo para ir minimizando cómo acabará todo el accidente incluso cuando todavía estamos inmersos en él. Todo sea por dejar claro el leit motiv esencial de la industria del átomo: ¡Que aquí no está pasando nada! ¡Que todo es normal! ¡Que todo está controlado! A la vista de lo mucho que estamos aprendiendo con esto de Japón, proponemos para el futuro que, en lugar de calificar los accidentes mientras se están produciendo, estas agencias plagadas de profesionales y técnicos de acrisolada indepdendencia otorguen la clasificación por adelantado y así nos ahorramos tiempo y preocupaciones. Por ejemplo, que nos informen de que el próximo incidente de Vandellós será de nivel 2, más como prescripción que como evaluación. Y todos tan contentos.

En cualquier caso, guste o no a los de las agencias nucleares del mundo, parece que tenemos dos o tres reactores cuyos núcleos se están fundiendo, lo que en plan alarmista desde LPD no calificaríamos como una situación menor, la verdad. No por nada. Sino porque estas cosas, una vez se descontrolan, se sabe cómo empiezan pero acaban teniendo derivadas descontroladas que ríete tú de una noche de parejas cuarentonas en torno a un juego de mesa para adultos. La fusión nuclear es lo que tiene. Que mejor mantenerse alejado, mientras uno pueda, de núcleos ardientes. Una situación, la posible fusión de los núcleos, que, por cierto, avanzó tuitadyneLPD [1] (el canal en Twitter de LPD, que por si no lo sabían es lo más cool entre los twitteros españoles, joder, así que apúntense a seguirnos) para toda España varias horas antes que la prensa seria. Aquí tiene la secuenciación temporal de cómo fuimos intuyendo, desconfiados como somos, que algo olía mal en Fukushima a pesar de que los expertos nos decían que todo estaba controlado, incluyendo al final un enlace a una página freak que alertaba, también, de lo que presumiblemente estaba pasando:

  1. Lo de la central nuclear japonesa se pone chungo. Llevan horas bombeando agua con equipos provisionales para tratar de enfriar el núcleo.1:03 AM Mar 12th [2]
  2. Pero por lo que parece de momento la pelea entre el agua que meten y la evaporación por el calor del núcleo se está perdiendo.1:04 AM Mar 12th [3]
  3. Que hay riesgo de fusión del núcleo es algo tan obvio como que el gobierno japonés empieza a evacuar la zona.1:05 AM Mar 12th [4]
  4. Señores, parece que tenemos un accidente nuclear muy grave con fusión del núcleo: http://t.co/gwBrEBB [5]2:27 AM Mar 12th [6]

En fin, un ejemplo más de a quién les conviene tener en cuenta a la hora de analizar la realidad del mundo y de España. Porque como hagan caso de lo que sale en la prensa “seria” nos tememos que se enterarán de todo con cierto retraso y, además, con cierto sesgo. Y ni siquiera, a cambio, con mejor nivel discursivo. Ni siquiera eso. Porque una de las descacharrantes cosas de la industria nuclear y sus voceros, al menos en el caso español, es que desarrolla un nivel de discurso que deja, por comparación, a los ecologistas más ortodoxos con imagen de catedráticos de Harvard de formación en Oxfbridge con chaqueta de tweed y fumadores en pipa: gente seria, reflexiva, ponderada, nada amiga de las exageraciones, neutral… Si los que escribimos en esta página, pertrechados apenas con nuestros conocimientos de física adquiridos en el bachillerato y poco más (cuando,  además, ese poco más son lecturas tan pro-nucleares como Physics for future Presidents [7]), somos capaces solitos de predecir mejor qué va a pasar con unos reactores que se han quedado sin refrigeración que la pléyade de expertos e ingenieros a sueldo del Foro Nuclear que a lo largo del viernes aparecieron por los medios de comunicación para explicarnos que todo estaba controlado y que aquí no ha pasado ná de ná, pues mejor tomarse todo el tema más como espectáculo televisivo de humor que como otra cosa.

En estos momentos, aunque la política de transparencia informativa de los japoneses nada tiene que envidiar a la de la Generalitat Valenciana, por poner un ejemplo cercano, parece difícil seguir minimizando el “incidente”. Por este motivo hemos entrado en la fase en la que las particulillas de cesio que se han emitido son eso, una tontería sin importancia. ¡Que llamen a Sancho Rof para nombrarlo portavoz del lobby pro-nuclear, caray! Dentro de unos días, a medido que la radiación vaya escapándose inevitablemente, empezaremos a escuchar, a este paso, que la radiación, en las dosis “controladas” en que se ha emitido (el eufemismo de hablar de “emisiones controladas” a lo que tienes que soltar por cojones, sí o sí, para tratar de evitar que te pete el edificio de contención, es también muy de la casa), es incluso beneficiosa para el medio ambiente y la salud. Que deja la piel tersa y el cutis limpio.

Pero dejemos el guión de los próximos días a quienes lo estén escribiendo ya para cuando las fugas de radiación empiecen a ser tochas y pasemos a disfrutar de la broma del momento, que es si cabe mejor, no crean. Consiste en explicar que las centrales nucleares japonesas han aguantado “increíblemente bien” el terremoto y posteriores embestidas del mar. Vamos, que lo que estamos viviendo, dadas las circunstancias, puede calificarse “de éxito”, incluso de “éxito monumental” y que estamos ante una “espectacular demostración de que la energía nuclear es segura”. Porque en LPD no contamos con risas enlatadas de esas, que si no, obviamente, aquí habría que meter alguna. Y añadir una carcajada estruendosa a continuación, cuando nos explican que hay que tener en cuenta que el terremoto ha sido 30 veces mayor, ¡30 veces más fuerte y devastador!, oiga, joder, que sí, ¡30 veces!, de lo que una central nuclear tiene requerido resistir según el diseño. Pues sí, como lo leen. Un exitazo. A la vista está. ¡Los pro-nucleares piden incluso que todos nos unamos y profiramos varios hurras en homenaje a quienes diseñaron la central y sus medidas de seguridad! Así que no tenemos dudas. La cosa debe de haber ido fenomenal. Tiene toda la pinta. Al menos, como chiste, es buenísimo. O eso es lo que pensamos nosotros, pero debe de ser porque no nos enteramos, a la vista de que la medida desesperada para minimizar daños pasa por meter agua de mar para enfriar los reactores, aunque sea a costa de dejarlos definitivamente fuera de combate. Si los dueños de los cacharros tan caros y a los que tanto quieren han optado por cargárselos y que queden inutilizados como única opción para detener el desastre… pues la verdad es que eso no parece un éxito de resistencia y gestión de la incidencia. Pero vamos, tampoco sean Ustedes malos ni se pongan exigentes, que sólo se me centran en los detalles. Quédense en algo más global y así verán que esto ha sido un exitazo. La cosa es que los reactores no han estallado ni nada. ¡Y eso que ha habido un pedazo de terremoto que pá qué! ¡Que aguantar un terremoto y que esto no sea como Hiroshima o Nagasaki ya es algo suficiente como para estar contentos!

Es decir, que aquí en España (o en todo el mundo) consideramos prudente construir, yo qué sé, un puente, contando con tasas de recurrencia de avenidas (es decir, cómo de grande ha de ser el puente en cuestión para permitir riadas ordinarias y poder desaguarlas sin quedar destruido) de unos 4.000 años o así, para evitar riesgos, pero va y resulta que para diseñar centrales nucleares nos bastan unas garantías de seguridad que saltan por los aires con terremotos de recurrencia próxima a los 100 años. Y no sólo eso. Es que las exigencias están pensadas para terremotos “30 veces menores” que estos que tenemos una vez cada 100 años. En fin, que sí, que ha sido todo un éxito comprobar cómo las indómitas centrales han resistido con apenas unos rasguños, unos daños de nada, a una brutal acometida de la naturaleza para resistir frente a eventos que, según nos dicen, iban mucho más allá de aquello para lo que estaban diseñadas. ¡Será que a alguien se le había pasado que en Japón hay terremotos de vez en cuando! Incluso, de vez en cuando, algunos verdaderamente intensos. Es que, mira, te pones con los planos, a diseñar una central… y la cosa es tan absorbente que estas cosas, pues como que se te olvidan. Hay tanta presión por poner arbolitos y unas cubiertas bonitas, azules y blancas, para que todo el entorno quede bien apañadito, que a veces se pasan pequeños detalles menores. ¿Terremotos, dice? ¡Uy, pues va a ser que sí, que quizás habría que haberlo tenido en cuenta! ¿Dónde tendría yo la cabeza? Pero bueno, si ya tenemos la central preparada para resistir sismos de 7’5 y otras cosas de mediana intensidad pues tampoco nos vamos a echar las manos a la cabeza. Seguro que no pasa nada, seguro que no hay ningún terremoto más potente. Y si alguna vez llega, pues ya se nos ocurrirá algo y seguro que más o menos apañamos el tema. ¡Por no hablar de lo caro que sería hacer centrales nucleares que tuvieran todas esas cosas en cuenta!

No crean que es algo tan descabellado esto de que se les haya pasado que en Japón hay terremotos y maremotos de vez en cuando. Estos olvidos a veces se dan. En serio. Por ejemplo, eso mismo es lo que les ha pasado a algunos expertos en energía nuclear españoles, que han estado todo el fin de semana explicándonos que en España nada semejante puede ocurrir nunca porque, como es sabido, por aquí no hay riesgos sísmicos relevantes. Incluso TVE ha publicitado este argumentario en su Telediario del sábado… apenas unos minutos antes de informar sobre un seísmo en Galicia de casi 4 grados en la escala Richter. Pero vamos, son olvidos comprensibles. A fin de cuentas, el más devastador de los terremotos vividos por aquí en los últimos tiempos sólo arrasó Lisboa, un poblacho de nada, que como está en Portugal, pues se nos olvida que existe. Y si de rebote casi se cargó también Cádiz, pues eso es poco relevante. A fin de cuentas, ¿acaso su nombre no es terremoto de Lisboa?

Así que ya saben, no se preocupen, está todo bajo control. Cualquier cosilla futura que pueda ocurrir piensen que  será, sistemáticamente, algo normal, controlado y en cualquier caso un exitazo de la industria nuclear, ya saben, la de la energía limpia y segura. Hagan porque nada de esto les inquiete en demasía y, al revés, sean solidarios, igual que lo fueron con Haití, con la desgraciada gente de las nucleares. ¡Que lo están pasando muy mal! Así que arrimemos todos el hombro y ayudemos a estas empresas benefactoras a superar el trago. A fin de cuentas, ya lo hicimos en su día, con la mal llamada “moratoria nuclear”, cuando las eléctricas españolas, avaladas por el Estado, se endeudaron en dólares para construir centrales nucleares y se dieron cuenta,tarde y cuando el dólar había triplicado su valor, de que la demanda eléctrica en España no iba a dar para tanto. El Estado, en ese momento, acudió al recate y les pagó los daños derivados de parar las obras de las centrales y de devolver los créditos (a fin de cuentas, no tenía más remedio porque los había avalado) pero lo hizo bajo la coartada de la “moratoria” y pasó amablemente la factura a los ciudadanos, que la hemos estado pagando religiosamente, según nos vendían, a cambio de haber “obligado” a las eléctricas a detener la instalación de nuevas centrales nucleares (más risas enlatadas, mientras los ejecutivos de las eléctricas brindan al fondo con champagne del más caro por eso de que el Estado les obligue, y les pague por hacerlo, a parar lo que de otra manera ellas mismas tenían que parar por razones económicas).

Ahora está mal visto que  las nucleares se endeuden con dinero público, pero las ayudamos de otras maneras. Nos hacemos cargo del coste de la gestión y almacenamiento de residuos (las nucleares pagan una tasa ridícula que ni siquiera cubre los costes de su almacenamiento en los próximos 100 años), esperemos que con una capacidad de previsión sobre la magnitud de los desastres naturales que pueden acontecer en los próximos milenios algo más ajustadilla a la realidad que la de los ingenieros nucleares a los que un terremoto 9 en la escala Richter en Japón les parece algo absolutamente inusitado. También nos hacemos cargo del seguro de daños a partir de 600 millones de euros o así. Vamos, que los costes de un gran desastre, que no habría ni Dios que los asegurara (bondad graciosa, ¿por qué las empresas del sector no se prestarán a asegurar todos los daños causados por las nucleares y sólo aceptan hacerlo con un techo máximo de indemnización?, ¡si esto es lo más seguro que hay!, ¿será una conjura capitalista para desacreditar al sector?) los paga la casa. O sea, que entre todos financiamos indirectamente de forma generosa, muy generosa, a esta industria. Pero ni así parece que los números les salgan y por eso no quieren, de momento, hacer nuevas centrales. Para ponerse a ello, algo que según nos explican es imprescindible y que ellos acometerían resignadamente para ayudar al país y a sus ciudadanos y abaratarnos la factura energética y tal, necesitan lo que llaman un “marco regulatorio estable”. Traducido al castellano, quieren que les aseguremos por ley un precio mínimo de compra del megawatio que produzcan con sus queridas, seguras y baratas centrales nucleares. Esta es la confianza que esta gente, los de la “energía segura y barata”, demuestra tener en lo competitivo que es su artilugio, incluso a pesar de las generosas ayudas estatales.

De manera que ya saben, hay que arrimar un poco más el hombro. Ayudemos a esta gente que lo está pasando mal y ha perdido como 3 centrales por culpa de un accidente impredecible. No nos pongamos tontitos y, de momento, para ir abriendo boca, regalemos a las centrales ya existentes unas buenas prórrogas por 20 añitos más, dado que están demostrando una solidez a prueba de bombas y terremotos (los maremotos ya son otro tema, porque joden los motores diésel en cuyo funcionamiento descansa al parecer toda la previsión de la tecnología nuclear de última generación para hacer frente a situaciones de crisis… ¡pero quién iba a pensar que en Japón habría un maremoto!). Y ya para el futuro vamos preparando unos precios justos, competitivos, seguros y fijados normativamente para que la libertad de empresa y la iniciativa privada pueda florecer en el sector.популярность запросов [8]english german translator [9]