Los españoles que dejaron de serlo – Gregorio Morán

En LPD somos fans de Gregorio Morán. Nos encanta su forma de escribir, tan precisa como inmisericorde; su capacidad para describir ambientes y comportamientos de la historia reciente de España, y su tino para profundizar en los motivos subyacentes y las consecuencias que se derivan; y, sobre todo, nos encanta lo hijoputa que es, la forma implacable con la que destroza a tirios y troyanos, y particularmente a los eximios representantes de la derecha española y los poderes eclesiales y económicos que la sustentan. Si este hombre fuese el rival de Arcadi Espada, en lugar de ese blandito de Javier Cercas, se cepilla al periodista más ampuloso de España en un par de asaltos.

Por eso hemos reseñado ya, con este, tres libros de Morán, y amenazamos con ir más allá: su excelente biografía de Suárez, su terrorífica descripción del páramo cultural español de la posguerra y el papel de Ortega y Gasset como convidado de piedra, y el que ahora nos ocupa. Para mi gusto, el más flojo de los tres, sin que esto signifique, ni mucho menos, que no merezca la pena leérselo.

Se trata de un libro escrito en 1981 (en plena ofensiva de ETA y cuando la banda aún cuenta con un poso de legitimidad entre cierta izquierda española), reeditado mucho después (mi reedición es de 2003). El libro tiene el indisimulado objetivo de tratar de entender el problema vasco, y al mismo tiempo las razones por las que los vascos habían pasado a ser los más odiados en España, incluso más que los catalanes. Ahora todo ha vuelto a la normalidad y los catalanes son, como casi siempre, los más odiados, en parte por sus propios méritos, fundamentalmente por la querencia española a odiar a los catalanes, y también en parte porque los vascos están un poco de capa caída, con el PSE gobernando y ETA rindiéndose. Pero el País Vasco ha dado mucho por culo. Mucho. Y de la forma más terrible, que es matando a mansalva (con cifras cercanas a los 100 muertos anuales en los difíciles años de la Transición y en los inicios del felipismo).

Como casi siempre, Morán propone una cosa y luego hace otra. Si su supuesta biografía de Ortega se dedicaba, en realidad, a hablar de las luchas entre el falangismo y la Iglesia por la hegemonía cultural en los cuarenta (lo cual, ocioso es decirlo, aumenta el interés del libro), aquí ocurre algo similar. Más que una historia del País Vasco, o del nacionalismo vasco,o de las relaciones País Vasco – España, Morán nos propone tres historias entrelazadas, que más o menos permiten atisbar lo que promete el libro y, además, ofrecen otras cosas. Esas historias son:

- Los orígenes de ETA en pleno franquismo y su evolución posterior. Para Morán, los primeros militantes que engrosaron la banda terrorista conforman una chavalería ingenua, inculta, con una empanada mental revolucionario-nacionalista considerable, enardecida por la terrible represión del franquismo en el País Vasco.

- El PNV, desde la Guerra Civil hasta la actualidad (recuerden que “la actualidad” es1981). Morán se solaza en describir pormenorizadamente todo lo referido a la repugnante traición de los nacionalistas vascos a la República española: es decir, el pacto de Santoña, la rendición del PNV a los italianos en 1937. Luego explica su periplo en el exilio (interior y exterior), su preeminencia en los años de la II Guerra Mundial por su papel en los servicios de información de los Aliados y sudecadencia posterior. Y, por último, la relación de padre distante y, normalmente, poco orgulloso, del PNV con ETA.

- Y el mundo de Neguri, la oligarquía industrial y financiera vasca, inequívocamente españolista, que queda casi totalmente fuera de juego, tras los años de gloria del franquismo, en la década de los setenta, merced a la terrible crisis económica que asoló el País Vasco y se llevó por delante o dejó en mantillas a muchos de sus símbolos industriales (como los Altos Hornos de Bilbao o la Babcock Wilcox).

De las tres, la más divertida, sin duda, es la de Neguri. Morán parece nacido para reflejar el mundo del franquismo, o igual es que a mí me pone esa época y me encanta leer sobre ella: sobre la miseria, las corruptelas, el ventajismo con el que todo el mundo procuraba moverse. La perenne, y aplastante, presencia de la mediocridad en todo. Pero tienen Ustedes que comprenderme: ¿cómo resistirse a figuras como la de Manuel Aznar, periodista del Régimen, abuelo del expresidente Aznar, tan espabilado como inmoral (y por eso saltó del PNV al franquismo sin inmutarse lo más mínimo)?; mucho más espabilado, en cualquier caso, que su nieto, que se quedó en el falangismo de sus dieciséis años y fue incapaz de evolucionar (salvo en lo de la moralidad, que ahí sí: el joven Aznar ha demostrado, por su absoluta carencia de ética, ser digno sucesor del abuelo).

Había que escucharle relatar cómo el presidente John Fitgerald Kennedy, abrumado por el peso de la crisis de los cohetes, sin saber qué hacer, leyó impresionado el discurso del Caudillo Franco ante los gerundenses, y comprendió perfectamente qué hacer y cómo. Los expertos consideran que no hubo cínico parangonable a don Manuel Aznar. (p. 122)

Frente a ello, los mundos del PNV y ETA aparecen algo desdibujados. La descripción tiende a ser más esquemática, y es normal que así sea: es un mundo que el autor inicialmente desconocía, y aunque se pasase dos años en el País Vasco para intentar entender las cosas, es normal que den menos de sí que los 30 años de experiencia en el franquismo. De hecho, el análisis del PNV resulta más interesante cuando Morán habla de este partido en clave española (la rendición de Santoña), o cuando refiere sucesos en realidad tangenciales a la propia historia de este partido: el más interesante, que había leído en algún sitio hace años (y, por desgracia, también olvidado), el asesinato de Jesús Galíndez.

Galíndez, técnico del Gobierno Vasco durante la Guerra Civil y después en el exilio, abogado y profesor en Columbia, trabajó varios años para el dictador dominicano Trujillo, uno de los espadones más siniestros de la variadísima fauna que ha generado el mundo hispano a lo largo de los siglos. A Galíndez no se le ocurrió nada mejor que hacer que relatar algunas de las cosas que vio en una tesis doctoral sobre la dictadura de Trujillo. Poco después de terminarla Galíndez desapareció. Posteriores testimonios dejaron claro que fue raptado y después asesinado por sicarios de Trujillo. Por supuesto, en España las cosas no se contaron exactamente así:

Donde la campaña sobre Galíndez tuvo aspectos sólo asimilables por espíritus inconmovibles fue en España. La calumnia superó toda bellaquería y la más ilustre canalla se ensañó con él. Otto de Habsburgo, representante genuino del deterioro de la especie que inspirara la frase de Nietzsche sobre el prusianismo, ‘idiotez y piernas largas’, dijo de él que se trataba de un agente del comunismo internacional. Este ciudadano ‘austro-húngaro’ nos deleitó a los españoles durante años con unas columnas de política internacional que podía muy bien hacer su cocinero. El general Díaz de Villegas,otro Clausewitz ibérico, que comentaba ‘la cosa mundial’ en la televisión española y que unía a su figura de experto la de hombre bien informado por unos servicios de espionaje tan ‘acreditados’ como los españoles, escribió en El Español: ‘El profesor vasco Jesús Galíndez no fue secuestrado por Trujillo, sino que se adueñó de un millón de dólares y reapareció en escena cuando Fidel Castro se hizo con el poder en Cuba, habiendo llegado a La Habana a bordo de un submarino ruso’”. (pág. 312)

La historia de ETA, con los mismos problemas que ya mencionábamos respecto del PNV, resulta más interesante. En parte porque, objetivamente, es más interesante lo que está contando (el nacimiento de un grupo terrorista) que en el caso del PNV. En parte porque la historia de ETA está condensada en poco más de una década, mientras que la del PNV se remonta en este libro al menos a 1937. En parte, por supuesto, porque los terroristas, fuera de la imagen romántica que la izquierda española tenía de ellos durante el franquismo (e incluso en la época en la que se publica inicialmente el libro), quedan reflejados como unos zopencos con escasa formación, y en donde lo que se venera es cada vez más la lucha armada como valor absoluto. Veamos, por ejemplo, el perfil que realiza Morán de Mújica Arregui, Ezquerra, uno de los principales dirigentes de ETA en los setenta:

Mújica Arregui conservaba un prestigio indiscutido entre las juventudes del PNV por su hazaña de la catedral de Burgos. Se propuso colocar una ikurriña en la torre de la catedral y no sabía que la piedra, vieja y muy sufrida, se desmenuzaba. Resultado, se rompió las piernas. Pero volvió cuando se encontró en condiciones de repetirlo y lo logró”. (pág. 403)

O en la descripción que hace de la labor del topo más famoso de la historia de ETA, “Lobo”:

La incompetencia policial es tan escandalosa que están a punto de eliminarle [a Lobo] el 30 de julio de 1975 en plena desarticulación de ETA. Miguel Legarza [Lobo] huye perseguido por los disparos de la fuerza pública y se ve obligado a esconderse en un edificio cercano al estadio Santiago Bernabeu de Madrid. Secuestra a la familia del primer piso que encuentra, que resulta ser el subdirector general de la Vivienda (Bermúdez de Castro), y se parapeta dispuesto a defenderse de sus colegas de la policía mientras grita: ‘Soy Lobo, repito, soy Lobo’, y hace llamadas telefónicas a donde cabe imaginarse identificándose como ‘Lobo’: lo pueden ustedes leer en los periódicos de toda España con fecha 1 de agosto de 1975.

ETA no debía leer la prensa, porque Lobo-Gogor vuelve a contactar con la organización y el día 16 de septiembre, junto al parque del Oeste madrileño, tres dirigentes (…) le preguntan a bocajarro: ‘¿Tú eres confidente o no?’. Y Gogor-Lobo, visiblemente afectado, les responde que si alguien piensa eso de él prefiere retirarse a donde diga la organización, para que le vigile. Cuenta Cruz Unzurrunzaga que al escuchar sus palabras ‘nos quedamos más tranquilos’. Al día siguiente fueron detenidos todos”. (pág. 423)

Y en parte, en fin, porque la ETA que se está reflejando en el libro es aún (1981) una ETA con dos ramas, militar y político-militar (que abandonaría las armas poco después), con sendos partidos políticos (que, además, han cosechado un gran éxito en las primeras elecciones autonómicas), HB y Euzkadiko Ezquerra (que después acabaría integrada en el PSE); con una presencia social y capacidad operativa mucho mayores que en la actualidad; y también, a qué negarlo, con una capacidad de encantamiento de la izquierda mucho mayor, como puede verse en la –hasta cierto punto- amable imagen que da de ellos el habitualmente muy poco amable Gregorio Morán, que contrasta muchísimo (y creo que en absoluto por casualidad) con la reflexión que el propio Morán despliega en el largo prólogo escrito para la reedición del libro, veinte años después. Se percibe allí que Morán, al igual que casi todo el mundo, está totalmente harto de ETA y su incapacidad para evolucionar, para desligarse, de una vez, del terrorismo (¿y cómo desligarse, si es su leit motiv?).

A mi juicio, leer el texto de 1981, con el enfoque ideológico y político de entonces, resulta muy enriquecedor. Y no sólo para constatar el sinsentido de la pervivencia del terrorismo veinte años después; también para percatarnos de la discrepancia entre las expectativas que entonces se tenían (atraerse a la izquierda abertzale) y lo que finalmente se ha hecho (acorralarla); sin duda, mucho más eficaz, visto lo visto, aunque también menos democrático. Fíjense qué visión de las cosas, y qué alternativas, ofrecía Morán allá por 1981:

Herri Batasuna es la segunda fuerza electoral vasca sobre la base de no participar en las instituciones para las que ha sido votada. Lo que lleva fácilmente a la conclusión de que Herri Batasuna es más un frente de rechazo que una alternativa política. La existencia de un ‘frente de rechazo’ a las actuales instituciones vascas, que abarca un espectro social tan amplio, debilita considerablemente la estabilización del nuevo sistema y nos obliga a plantearnos uno de los temas más vidriosos de la actualidad en Euskadi: ETA y las negociaciones para terminar con ese rasgo, atípico y peligroso, de que el segundo grupo político del país esté situado en paralelo a la legalidad. O se atrae a dicho grupo a la legalidad, o se acerca la legalidad hasta que sea aceptada por el grupo. Ahora bien, lo que es otra singularidad de la política española es que no se haga ninguna de las dos cosas. (pág. 450)


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    Pingback escrito por Tweets that mention La Página Definitiva » Los españoles que dejaron de serlo – Gregorio Morán -- Topsy.com — 22 de February de 2011 a las 1:23 am

  2. Joder. El ultimo párrafo es casi que de clarividente.

    Comentario escrito por Latro — 22 de February de 2011 a las 1:16 pm

  3. Lo leí hará cosa de 15 años, y en su momento me gustó mucho. Coincido contigo en que la mejor parte es la negurítica. Recuerdo carcajadas con mi hermano cuando hablaba de Pilar Careaga, alcaldesa franquista de Bilbao.

    Comentario escrito por kirikiño — 22 de February de 2011 a las 1:39 pm

  4. “aunque se pasase dos años en el País Vasco para intentar entender las cosas”

    Parece un becario del periodismo moderno: que me den (papi, la Administración, alguna ONG) una subvención para vivir una temporada entre los tuaregs, que voy a escribir un reportaje que te cagas de lo fiel y profundo que va a ser.

    Comentario escrito por Lopez — 22 de February de 2011 a las 3:04 pm

  5. Veo que a todos los que nos hemos leído el libro lo que más nos interesó es la parte de Neguri. Probablemente es porque también es la más desconocida.

    Y a mi juicio la de la ETA es la peor de las tres. Farragosa, contada con poca gracia, con una atención al detalle que desvía del foco de interés. A veces es casi más una genealogía de las diversas asambleas que otra cosa. Aporta poca luz.

    Eso sí, si no recuerdo mal, hay una lección a tener en cuenta que se deducía fácilmente de todo lo que contaba Morán (no recuerdo si él llegaba a hacer explícito esto o es más mi conclusión que la suya): la historia de ETA es una sucesión de tíos duros y salvajes que, una vez mandan en la organización, empiezan a sentir la llamada de la ética de la responsabilidad y esas tonterías y comienzan a fantasear con hacer algo, en serio, por el País Vasco, lo que les acaba convirtiendo en unas nenazas que empiezan a cuestionar que se tire de gatillo fácil… Total, que eso genera rápidamente un cisma donde una nueva generación de tíos duros y que no se anda con componendas suple a la anterior dirección por la vía de hacer una purga del copón mientras apuntan a la sien a los traidores de turno.

    De todos modos, el libro no va mucho más allá. Queda por escribir en España la historia de la génesis, organización y evolución de ETA. Con especial atención a cómo funcionó y operó de 1975 a 1985.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 22 de February de 2011 a las 5:02 pm

  6. “Para Morán, los primeros militantes que engrosaron la banda terrorista conforman una chavalería ingenua, inculta, con una empanada mental revolucionario-nacionalista considerable”

    Claro, se me olvidaba que los integrantes subsiguientes fueron todo un ejemplo de astucia, cultura y claridad ideológica…

    Por cierto, no me he enterado muy bien de qué es lo que os ha llamado tanto la atención sobre el tema de Neguri. Puede que esté dando por supuestas cosas que no son evidentes para alguien que no ha nacido y crecido en Euskadi, o puede que sea porque no me he leído el libro, pero si alguien me lo pudiera aclarar…

    Comentario escrito por Karraspito for President — 22 de February de 2011 a las 7:11 pm

  7. Karraspito, mi comentario va dirigido a la función de “matamitos” que tan bien representa Morán; en este caso, dirigido a unos primeros militantes de ETA que, según la sabiduría popular, tendrían algún grado de formación, de ideales, de conciencia política, etc., significativamente mayores que los que vienen después (y por eso, entre otras cosas, muchos de ellos habrían abandonado ETA, o se los habrían cargado, como explica Andrés, en pos de la sucesión). Y Morán niega la mayor; los considera,como tú dices, del mismo pelaje que los siguientes. En resumen: no lo comentaba por oposición a que los que vinieron más tarde fuesen mejores, sino al contrario; porque los que estuvieron al principio tampoco eran nada del otro mundo.

    Sobre Neguri, es muy divertido, en mi caso, leer las prolijas descripciones que hace Morán de cómo se enraizaron sus más significados representantes con el franquismo, ocupando cargos algunos, haciendo negocios otros; y me llama la atención, una vez más, que los apellidos que aparecen son los mismos de siempre, los que siguen apareciendo hoy en día.

    Un cordial saludo

    Comentario escrito por Guillermo López — 22 de February de 2011 a las 7:57 pm

  8. No, si lo de los etarras es lo que había creído entender. En realidad, tienes que tener en cuenta que un grupo de gente que, ante una dictadura, no se le ocurre nada más que crear un grupo violento para eliminar objetivos no directamente implicados en la represión, una panda de lumbreras no podían ser. Porque, no nos engañemos, los grises o los picoletos de aquella época, los militares de baja graduación o los concejales franquistas, serían todo lo cabrones que queráis, pero eran, como mucho, las hormiguitas obreras del régimen, y en la mayoría de los casos ni eso. Por no hablar de todos los civiles muertos, que supongo que ellos los tomarían como daños colaterales de la importante y valiente lucha kontra el sistema ke estaban llevando a kabo. Lo único que les salió bien fue lo de Carrero Blanco, porque ese hombre era idiota integral y pasaba todos los días a la misma hora por el mismo sitio. Y aun hay quien piensa que no fue cosa de la ETA…

    Comentario escrito por Karraspito for President — 23 de February de 2011 a las 1:18 am

  9. Respecto a lo de Neguri, lo cierto es que yo ya sabía que en el País Vasco, la fama se la lleva San Sebastián, pero las verdaderas fortunas, las mansiones suntuosas y los verdaderos peces gordos de la economía vasca se concentran en las proximidades de la desembocadura del Nervión. Y esos siempre han sido muy españolistas, por la cuenta que les trae, por el interés, vaya. Así que enterarme de su connivencia e incluso colaboración con el franquismo no me sorprende demasiado, pues era lo que más les convenía en el momento para seguir acumulando más y más pasta gansa y poder.

    Comentario escrito por Karraspito for President — 23 de February de 2011 a las 1:23 am

  10. Carajo, que se me olvida poner mi sitio web, que tengo que darle difusión…

    Comentario escrito por Karraspito for President — 23 de February de 2011 a las 1:24 am

  11. A mí lo de Neguri me gustó especialmente porque creo, además, que está mejor contado. Con más gracia. Y porque ya no sé si fue a partir de leer ese libro que me llegó la epifanía, o simplemente me la confirmó. Pero desde hace un tiempo, en parte gracias al libro de Morán, tengo claro que los vascos son mucho más “españoles” que los catalanes porque sus elites económicas, quienes han mandado industrialmente en el país y lo han dirigido más o menos abiertamente, no es que sean pro-españoles, no. Es que son familia. O casi. Y tienen todo un entramado económico enormemente dependiente de, e integrado con, la meseta.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 23 de February de 2011 a las 9:08 am

  12. Hombre, no sé yo si Carrero o Melitón eran hormiguillas…

    Y sí, lo de Neguri daría para otro libro.

    Comentario escrito por popota — 23 de February de 2011 a las 10:54 am

  13. “Hombre, no sé yo si Carrero o Melitón eran hormiguillas…”

    Me autocopio y pego:

    “Lo único que les salió bien fue lo de Carrero Blanco, porque ese hombre era idiota integral y pasaba todos los días a la misma hora por el mismo sitio. Y aun hay quien piensa que no fue cosa de la ETA…”

    Me olvidaba del Sr. Manzanas…

    Andrés, yo diría más: es que la élite económica de España ha estado tradicionalmente en Euskadi: banqueros, dueños de siderúrgicas, astilleros, y un largo etcétera. A veces hay que preguntarse más bien si España es Euskadi, y no al revés…

    Comentario escrito por Karraspito for President — 23 de February de 2011 a las 12:02 pm

  14. Efectivamente, Neguri merecería más literatura. Y concretamente, la relación entre el PNV y Neguri, que intuyo de amor-odio.

    Karras, parte de la élite, por favor, que los Alba, o los Medinaceli no son de Amoroto. Si recordáis, cuando el BBVA dejó de estar presidido por un negurítico de pura cepa tras un golpe de mano propiciado por el gobierno Aznar, el propio Jose Mari dijo que normal, que el banco ya no era propiedad de los Ybarra ni de ninguna otra familia, y, en definitiva, que lo lógico era que se controlara desde “Madrid”.

    Comentario escrito por kirikiño — 23 de February de 2011 a las 12:30 pm

  15. No, si somos una panda de frikis, eso está claro. UIn tío escribe un libro sobre l ETA y aquí todos pidiendo más y más sobre Neguri.

    Comentario escrito por Andrés Boix Palop — 23 de February de 2011 a las 2:05 pm

  16. Que va!!!

    Sois unos antiguos… todavia os “tocais” con la pornografia franquista, cuando todo el progresismo y lo q no es progresismo se la esta meneando con el 23-F.

    Osama matanos!!!

    Comentario escrito por paco — 23 de February de 2011 a las 3:03 pm

  17. “Karras, parte de la élite, por favor, que los Alba, o los Medinaceli no son de Amoroto.”

    Joder, ya, ni los Osborne, ni los Botín (aunque este es de cerca), ni tantos otros, es obvio. Es una forma de hablar. Pero lo que está claro es que eso de sentirse independientes, adjudicar 7 provincias a Euskalerria e ir por ahí desparramando sesos por un derecho ¿¿histórico?? es un invento moderno de cuatro niñatos exaltaos que se aburrían cortando troncos en el caserío y pastoreando oveja latxa en las faldas del Gorbea.
    Que a mí, en realidad, ni me va ni me viene, porque yo soy más de UPL que otra cosa, pero bueno…

    Comentario escrito por Karraspito for President — 23 de February de 2011 a las 7:05 pm

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