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Bambi emisario

Me van a disculpar todos Ustedes pero vamos a empezar 2011 tratando de explicar que algunas críticas a Rodríguez Zapatero son una desvergüenza. Sí, ya sé que en estos momentos una mayoría de lectores está pensando que una cosa es que en LPD vayamos de interesantes por la vida y otra pretender llevar la contraria por principio. Que todo tiene un límite. Pero dejen que les explique cómo han sido estas últimas semanas, a caballo entre 2010 y 2011, para mí. Porque es una experiencia que intuyo compartida y sobre la que conviene reflexionar.

Mi familia es grande. Enorme. Tanto mi padre como mi madre tienen muchos hermanos y, como consecuencia de ello, yo tengo muchos tíos y primos. No les veo mucho a lo largo del año. Y menos todavía a todos juntos y en plan masivo. Pero en Navidades, ya saben Ustedes, se suceden las reuniones. Total, que he tenido una intensiva inmersión en la visión popular de cómo están las cosas. Desde la izquierda (o la autoconsiderada progresía, que aquí, para simplificar, si no les importa, llamaremos “izquierda” sin más para que no se me enfade esa parte de la familia, que es muy mayoritaria y tiene muy mala leche como les cuestiones ese tema) o desde la derecha (o el autoconsiderado centro reformista de personas que saben lo que es la vida y no se dejan engañar por espejismos ideológicos, que aquí denominaremos, y así nos ahorramos el rollo justificativo, que es largo y cansino, “derecha”). Y todos coinciden en que las cosas están fatal, a pesar de lo bien que ellos y los suyos han hecho las cosas, así como en que la culpa, mayormente, viene siendo del Zapatero ese, que es un caradura.

La tía Lolita, que es viuda y no ha trabajado en la vida, lo decía con claridad sin que, por una vez, fuera necesario para que se desatara el llegar al champagne (y eso que es de natural callada y prudente porque nunca ha querido significarse en exceso, por lo que pueda pasar, pero se ve que en este tema no atisba posible oposición o réplica): “esto es lo que pasa cuando se deja que los mindundis manden en el país”. Cualquiera diría, oyéndola, que ella es de alta alcurnia. Como no la he tratado nunca mucho tuve que preguntar. Por saber si era hija de noble y la gilipollez le venía de fábrica o es aprendida gracias a la maravillosa España en que ha vivido a lo largo de sus 60 años. Sus padres tenían una mercería por el centro y la llevaron a un colegio de monjas con esfuerzo pero sin que la cosa supusiera mucho más que el trabajo habitual, los madrugones de la época y tal. En fin, que ellos trabajaron en tiempos en los que no había más remedio que hacerlo y ahorraron, con una austeridad impuesta por las circunstancias, para que ella pudiera tener una educación avanzada para lo que eran las mujeres de la época, lo que le permitió casarse con mi tío, arquitecto municipal. Cuando éste murió ella, como viuda, se dedicó a administrar el patrimonio inmobiliario de la familia y a disfrutar la pensión de viudedad (una de las pocas que ha habido de siempre, como debe ser, de modo que se entiende que no se sienta en absoluto en deuda con los rojos, que se habrán preocupado de la chusma como ellos, pero no de ella) pero, sobre todo, a la vista está, a gestionar intelectualmente un señorío muy español que le separa de los “mindundis”, como si no hubiera visto a ninguno en su vida ni supiera de dónde salen. No será porque no abundamos a su alrededor, joder. En cualquier caso ahora, claro, tiene muy asumido que la causa de todos los males del país viene de donde viene. Pero no me hagan demasiado caso porque puede que le tenga algo de manía a esta señora dado que, cuando se enteró de que tenía una novia que hablaba valenciano (porque en su casa, qué gente, le hablaban así sus padres, que a su vez fueron educados así por sus padres… y asi sucesivamente… ¡hay que ver qué gentuza la chusma proletaria, caray!), me hizo saber que era ése un asunto de mal gusto y que no tenía muy claro que me conviniera mezclarme con chicas de baja estofa para cosas serias.

Pasemos pues a mi tío Anselmo quien, por su parte, es uno de esos profesionales liberales que anda casi siempre muy indignadado con los políticos. Pero, de un tiempo a esta parte, más. Se ve que le han reducido a la mitad unas subvenciones jugosas que tenía que le permitieron comprarse un chalet de puta madre en estos años de la orgía. “Son todos iguales”, ya se sabe, sólo interesados en ver lo que pueden llevarse. Eso sí, explicaba en estas fiestas que él tiene claro que a más desharrapados peor, porque más necesidad de robar llevan consigo al cargo. Con todo, mi tío me ha caído siempre bien desde que era pequeño porque era un señor que siempre nos regalaba cosas y, además es coherente: hay que reconocerle que su liberalismo fiscal, aplicado a rajatabla desde hace años en carne propia, con una alergia a las cuentas corrientes y a la facturación que hace las delicias de los empresarios de bien que acuden masivamente a contratar sus servicios, se lo extiende también a los demás sin el más mínimo rastro de doble morla. No le he visto nunca criticar en demasía ni el fraude fiscal, ni los chanchullos de los políticos, ni nada de nada. Entiende que así es la vida y es lo normal. Demócrata de toda la vida, vamos. Pero con los años se ha radicalizado a la vista de lo que él entiende que es un ataque constante a las gentes de orden y de bien como él. Se queja de que hay muchos impuestos, cada vez más, y de que, claro, así no hay manera de crear empleo ni ná de ná. Anda muy obsesionado con que ZP está hundiendo el país con un programa comunista orientado a hostigar a la Iglesia y a vaciar los bolsillos de las clases medias que, como él, levantan el país con el sudor de su frente. Un buen tipo, como ven. Como tantos otros.

También el primo Juanra, que se ha dedicado en los últimos años a la promoción inmobiliaria con cierto éxito, andaba estos días bramando por las sobremesas explicando a todo el mundo que nos hundimos por culpa de los políticos y de quienes gobiernan. Que todo son trabas para los PAIs y para “sacar suelo”. Que con las actuales normas y restricciones no hay manera de que tire para adelante la empresa que tiene, con una sede fiscal, dos secretarias buenorras y una estructura de subcontratación de abogados, arquitectos y comisionistas que luego organizan el tinglado de subcontratación para el desarrollo del suelo con constructoras y promotores que tienen contacto directo con lo que es ya el mercado de la obra (albañiles, inmigración y esas cosas). Que hay que liberalizar el suelo y cambiar las normas de construcción para abaratarla. Que han estado demasiados años sacrificando beneficios para dar calidad y que este país no se puede permitir casas de calidad. Obviamente, toda la culpa de lo que estamos viviendo es de Rodríguez Zapatero. Y quien lo paga es la gente como él, que a pesar de haberse deslomado a trabajar, pues mira, todavía no son multimillonarios del todo y con 40 años deben seguir en el tajo, de reunión y gestión telefónica con técnico municipal de urbanismo en comida con el concejal o con el constructor de turno. Es cierto que es un trabajo que no todo el mundo sabe, puede o quiere hacer. Yo, por ejemplo, ni sabría, ni sería capaz, ni lo haría bien. Tampoco, probablemente, querría llevar ese estilo de vida, por muchas sarisfacciones en forma de secretarias que pueda acabar produciendo.

Podría seguir con la descripción de casos y con la galería de personajes del centro reformista, pero en el fondo se repetería demasiado el asunto. Están las primas beatas y la que dice que es del PSOE pero habla como si militara en Fuerza Nueva o España 2000. Podría decirse que la derecha se ha lepenizado sin complejos y que, incluso, algunos han abandonado cierta pose (ya sabe, que si escucho a Sabina y leeo a Benedetti) sin demasiados complejos. Lo que nos lleva al grueso del núcleo familiar, que está compuesto por un magma muy uniforme de izquierda oficialista amamantada en la transición. Esta izquierda social de la familia tampoco exculpa al Presidente, no crean. Mi tía Ramira, que ha sido maoísta y todo, lo tiene claro. Rodríguez Zapatero ha metido la pata. Con buena voluntad, vale, que aunque no sea Felipe el tipo, a fin de cuentas, es del PSOE, pero la ha metido hasta el fondo. El problema es que el PP le ha tendido una celada y los mercados quieren destruir a España, por lo que contra su voluntad ha tenido que hacer cosas horribles. No había más remedio y no hay que tenerle, por ello, muy en cuenta las medidas adoptadas y el fondo de las mismas. No es eso, en cualquier caso, no, lo que subleva a este sector de tradición muy guerrreramente izquierdista. Una buena maoísta que cobra como funcionaria sus 3.000 euros limpios al mes, en fin, no lleva mal del todo el tema de los recortes porque no se ve en peligro, aunque está indignada, eso sí, con dos cosas, las dos que le afectan: con que le hayan bajado el sueldo y le hayan subido los impuestos. ¡Ah, sí, disculpen! También se altera mucho si alguien le menta que quizás sería más solidario que fuera su pensión la rebajada y no la de quienes estamos cotizando ahora con sueldos mileuristas. Ni pensarlo, dice. ¡Hay que ser solidario con los pensionistas, he ahí la clave de bóveda de todo Estado del Bienestar! Ahora bien, que sea comprensiva con las medidas adoptadas por el Gobierno no lleva a que considere acertada la labor de ZP como capitán del barco: lo considera un burro, un analfabeto, un tipo que no sabe hacer política y una persona que está llevando a la izquierda a la debacle más horrible porque, sencillamente, es tonto y no tiene lo que hay que tener. Que básicamente, escuchándola, es más maquiavelismo político y menos ideales. O algo así. No se sabe muy bien. En realidad, cualquier cosa que pudiera exterminar al PP y a quienes los votan, a ser posible físicamente, dado que a la vista está de que hay pocas alternativas para desaparezcan pacíficamente. ¿Por qué razón? ¡Hace falta explicarlo! Son malos, son fachas, están contra los pobres, joder. Que todo hay que explicitarlo en este país.

Luego están los que andan obsesionados con los chorizos del PP y la blandenguería del PSOE, con ZP a la cabeza, por no meter en la cárcel, digan lo que digan los jueces, a todos los del PP, políticos en activo, afiliados y, si me apuran, a quienes tienen tratos con ellos. Incluso al panadero que no se niega a venderles pan. Por algo será que les trata así de bien, sospechan. El más eximio representante de las soflamas anti-corrupción y de las insinuaciones de que el PSOE de Rodríguez Zapateroa está en el ajo es un empresario que aúna izquierdismo militante con alardes constantes de no pagar a Hacienda si puede evitarlo y que tiene chalet, coches y un barquito de vela de la época de vacas gordas a cuenta de la empresa. Por lo demás, no e aplica a sí mismo la lógica del panadero y el contuberno y no le importa lograr contratos con las Administraciones públicas agasajando a los políticos. Pero no es corrupción, son relaciones públicas. Corrupción, ya se sabe, es lo de los otros. También desarrolla una interesante teoría de izquierdas sobre toda la gente que vive (vivimos, en realidad, pues incluye a todos los funcionarios y, ya puestos, a jueces, fiscales, médicos y cualquier profesión que de modo alambicado o indirecto puede tener relación con la cosa pública) a costa de su trabajo y lo esencial que sería zanjar por lo sano. Entre que formamos parte de un entramado corrupto y que todos nuestros sueldos tienen su origen en el trabajo de las cuatro o cinco personas que, en todo este país nuestro, trabajan de verdad sin ser chupópteros de la teta pública. En fin…

El sector ilustrado de la familia es en general de izquierdas o de centro-izquierda. Por ilustrado entiéndase no gente con estudios, que todo el mundo tiene, pues mis tíos y padres tuvieron la suerte de caer en familias que podían pagarles la Universidad, sino quienes se dedican a labores estrictamente entroncadas con esto del estudio, la reflexión, el pensamiento, la Universidad… Y ya se sabe que, en una determinada época, tocaba ser de izquierdas en esos ambientes. Pero hay algún avispado que ha realizado un sabio aggiornamiento posideológico y, ahora, es simplemente de centro-izquierda, técnico, sabio, desapasionado, que analiza la realidad sin anteojos ideológicos. De esta última sensibilidad, o sea, del PP cuando el PP gobierna y del PSOE cuando manda el PSOE, es un conocido profesor universitario, primo segundo por parte de padre, que siempre cita un par de autores griegos al inicio de la comida y nos cuenta que es maravilloso cómo ahora con Internet puede encargar los libros con traducciones del griego al alemán y así es como se disfrutan y tal y que además va mucho a la ópera esa cojonuda que con los impuestos de todos montamos por todo lo alto en los últimos años en cualquier ciudada mediana o grande de España para las clases medias con aspiraciones de llegar a lo más alto. Un intelectal, vamos. Como sabe mucho de todo, y está muy bien conectado con las altas esferas, hace unos años me abroncó por hipotecarme por menos de 150.000 euros cuando, según él, la vivienda era la mejor inversión del mundo, no sólo en España (aunque particularmente en España) sino en toda Europa. Sus contactos en el Banco de España le habían asegurado que la vivienda iba a subir en tasas del 10% al menos hasta 2025 porque se calculaba que hasta ese año iban a llegar al menos 1 millón de inmigrantes más al año, con la presión que eso suponía y el crecimiento económico que comportaba. “Sólo con que los 4 millones que ya hay en España y que viven en pisos compartidos se compren una casa se necesitarán millones de viviendas nuevas más”, decía. ¡Esto no se acaba! Total, que en 2004 yo era un gilipollas por no pedir una hipoteca, yo qué sé, por 350.000 ó 400.000 euros, aunque eso supusiera dedicar el 70% de mi sueldo y un par de atracos bancarios mensuales con pasamontañas y foto de Hipatia de Benidorm para no acabar embargado, dado que se trataba de una inversión segura. Cualquier sacrificio en esos momentos rentaba, porque en apenas unos meses habría reportado beneficios enormes que podrían financiar, en una rueda virtuosa, todos lo adquirido y cualquier bien adicional que me apeteciera tener. Ahora, intelectual como siempre, cita a Heráclito mientras despotrica contra todos los que, como yo, nos dedicamos al ahorro y a vivir de modo austero porque estamos “hundiendo al país, joder, ¿no os dais cuenta?” y explica a todo el mundo que el problema de que el círculo virtuoso se haya quebrado es que ZP y sus secuaces “son una panda de inútiles” que generan desconfianza y que hacen que la inversión no llegue a España. Pone cara de interesante y dice no sé qué cosas de China, pero anda contrariado porque no le llegan tantos contratos como antaño, tiene muchos gastos fijos arrastrados de la época de bonanza y considera que la culpa es del PSOE y de la izquierda social. El recorte que más teme, con todo, es el de las subvenciones a la ópera, pues logró unos abonos para el Palacio de la Ópera de Calatrava de palco a razón de 1.000 euros al año cada uno y dice que es lo mejor que ha pasado en la ciudad, lo que más la ha reactivado económicamente, lo que más turismo de calidad ha atraido, lo que más ha hecho por la cultura popular y la alfabetización de la gente desde la transición.

Mi preferido de la izquierda, de todos modos, no es él. Tengo muy vistas a las viejas glorias universitarias y disfruto más con la generación de nuevos universitarios JASP, como mi primo Pau, economista, que ha estudiado en la LSE, y que es una estrellita en ciernes en esto de la astrología o lo que sea a lo que se dedican los más exitosos de su gremio. Sigue al pie de la letra eso de no salirse del carril del pensamiento único dominante. Llevaba años diciendo que el modelo económico español era el más adecuado de Europa, que éramos lo más de lo más, que nos habíamos logrado por fin igualar al resto de países avanzados y que había una base para crecer y crecer y crecer. Le llovieron ofertas de trabajo y se montó una consuloría con clientes ricachones de aquí de Valencia que aprovechaban que estaba en Londres para que les expatriara inversiones. Por lo visto se fiaban de su buen ojo, dado que tan certeramente hablaba en la Universidad sobre la economía española. Un as de la macroeconomía y de las finanzas, el tío. Un nuevo Keynes. Ha apoyado a lo largo de estos años, y sigue haciéndolo, muy entusiásticamente todas las mega-inversiones en infraestructuras y en eventos. Me dice siempre que parezco un paleto del XIX, anti-progreso y tal. Cuenta en eso con el apoyo de otro primo, ingeniero mileurista de caminos, que a pesar de trabajar por poco dinero sigue pensando que a más obra pública mejor le irá a él y un día de estos llegará el sueldo de 10.000 mensuales que, al parecer, al guien le metió en la cabeza que era lo que ganaría cuando acabara la carrera. Ambos piensan que los impuestos directos hay que bajarlos y que a los capitales no se les puede gravar en exceso “porque así son las cosas”. Pero son de izquierdas y el primero de ellos un gran economista, con mucho predicamento en la familia, a quien consideran un gurú para casi todo. ¿Qué ha pasado, entonces, cómo es posible que no acertara a ver lo que se venía enciam? Pues no es que sea culpa suya, no. Su análisis era del todo correcto. Lo que pasa, lo explicó claramente el segundo día de Navidad, es que ZP es un incompetente, que no ha sabido explicar las cosas a la gente ni tomar las decisiones que eran precisas en el momento en que había que hacerlo. Aunque más burros si cabe somos los españoles, que no entendemos nada de la mundialización y, sobre todo, que no sabemos trabajar ni aportar valor añadido. Y así una economía… pues mal va. Se nos van a comer los chinos como no espabilemos. Y lo tendremos merecido, porque estamos adocenados. Por eso hay que flexibilizar los mercados de trabajo. Para incentivar a quienes de verdad aportan cosas, a quienes hacen un trabajo de calidad y que provoca sinergias positivas. Como es su caso, que a su lado los quiromantes son unos haraganes poco productivos, pues hace predicciones que tienen poco efecto multiplicador, a diferencia de las suyas.

En fin… No sé si se hacen una idea. Podría seguir, porque los tipos curiosos y los discursos en esta línea se podrían multiplicar, pero valga lo dicho como el resumen que es de estas fiestas navideñas. Que han sido muy pacíficas porque, en realidad, todo el mundo estaba muy de acuerdo en los trazos más generales del diagnóstico. Este es un país de vagos y aprovechados (en general, lo son todos los que rodean al que emite el juicio, quien en cambio trabaja duro y aporta mucho al bien común) que a pesar de todo, no se sabe muy bien cómo ni por qué milagro, iba muy bien encamindo gracias a unos pocos (entre los que está quien habla, se supone que la familia y los amigos…) pero que ha tenido la desgracia de toparse con un incompetente como ZP que, él solito, se ha cargado el milagro económico español. Así… ¡zas!, de un día para otro y sin avisar. Sin que las buenas gentes tan perjudicadas por su mezcla de maldad e incompetencia hayan podido hacer nada para evitarlo. Una desgracia.

Pues bien, yo no sé a todos Ustedes, pero a mí estas Navidades el discursito de marras, por repetido hasta la naúsea, me ha acabado de hartar. Ya sé que las teles y esas cosas que dicen ahora que también son teles con tertulias de mierda de varias horas llevan un tiempo con la cantinela. Pero varios días de comidas y cenas familiares donde no puedes bajar el volumen, cambiar de canal o apagar el aparato han sido algo brutal. Y habrá que empezar a decir, sencillamente, que la historia que está contando todo el mundo es, simplemente, mentira. ¿Aunque parezca con ello que estamos tratando de defender a Zapatero, de insinuar que no ha sido él? Pues sí, incluso arrostrando ese baldón. ¡Si estoy dispuesto incluso a afirmar que Leire Pajín tampoco ha tenido que ver con el descalabro, joder! Así de osado, de temerario estoy de puro hartito de escuchar la misma cantinela de subnormales.

Con la legitimidad que da a esta página haber sido una de las pocas excepciones a la que fue la corriente dominante, conviene recordar tres o cuatro hechos absolutamente obvios y que parece haber olvidado todo el mundo. Porque aquí todo Dios, periodistas, empresarios, políticos de un partido y del otro, analistas, economistas, intelectuales… estaba encantado de la vida con el modelo económico de los años 90 y de la década de 2000 y haciendo proyecciones y demostraciones de su fiabilidad y sostenibilidad. Por no mencionar también que aquí todo Dios, periodistas, empresarios, políticos de un partido y del otro, analistas, economistas, intelectuales e incluso el pueblo llano que vota y elige a sus gobernantes vive, y sigue viviendo, de puta madre. Algo peor que hace unos años, de acuerdo. No podremos volver a cambiar de coche con la alegría de antaño ni ir de restaurante de nouvelle cuisine o de viaje por el mundo cada dos por tres. Pero no hemos llegado todavía a un estadio en que a nadie se le haya pasado por la cabeza que haya que trabajar más, o en plan distinto, a lo que nos hemos montado durante los años pasados. Para eso hay mano de obra inmigrante que no vota, joder. Y, si nos ponemos, jóvenes a los que mileurizar. De momento, para todos los demás, la fiesta continúa. O, como mínimo, se tiene aún la esperanza de que pueda continuar o reactivarse en breve. En esas estamos, esperando a que amaine la cosa y volver a lo de siempre. Y todo Dios esperando, mientras critica a ZP y dice que es un burrro integral, que esto se medio apañe sin tener que plantearnos cambios sustanciales. Porque la culpa no es de nadie, ni del modelo. Sino de la coyuntura, que a ver si escampa, y de ZP, que a ver si se larga y todo mejora de una vez.

En cualquier caso, el diagnóstico de la derecha y ultraderecha social (porque miren, lo siento, pero la izquierda, más allá del nombre, no ha aparecido por ningún sitio) que me ha rodeado estas vacaciones es unánime: la culpa es de los incompetentes que gobiernan. Pero, claro, uno tiende a preguntar a estos que pontifican con tanta seguridad desde este prisma, ¿qué alternativas ofreció el PP cuando el PSOE siguió alocada y alegremente, en medio del aplauso general, su política económica y el resto del proyecto Españaza 2000? O qué alternativas ofrecieron, en concreto, y ya que estamos, ellos, los que tienen tan claro lo que ha pasado y de quién es la culpa. Porque en esta página nos pareció una temeridad, pero en general esa dirección gozaba de un amplio apoyo social. Vamos, lo que intento decir es que si ZP y sus políticas son tan malas, tan evidentemente obtusas, tan claramente propias de la incompetencias, ¿podría alguno de estos críticos feroces de nueva hora explicarme cuándo lo avisó y, sobre todo, qué alternativas son las que a día de hoy plantearía para resolver el problema? Porque la derecha social del país, al menos según mi experiencia, apela a una vaporosa idea de “ajustes” que cuando le pides que concrete acaba teniendo una forma sorprendentemente semejante a las medidas de ajuste adoptadas por ZP. Es un tanto contradictorio que las recetas de la sensatez sean las mismas que las del incompetente. Yo, al menos, no lo acabo de ver claro. Pero a estas alturas ya les habrá quedado claro que soy el obtuso de la familia. Así que tampoco se preocupen en exceso por esta aparente contradicción. Nadie lo hace cuando yo la señalo. Simplemente dicen que soy un pesado, tocapelotas, que me gusta incordar, dar la nota, etc.

Mientras la reflexión brilla por su ausencia, y así parece que está llamada a seguir la cosa muchos años, el giro político que se ha producido es claro y está consolidado. La derecha, esquizofrénicamente, aplaude las medidas de Zapatero al tiempo que le achaca incompetencia política. La supuesta izquierda, desarbolada, y más esquizofrénicamente si cabe, aplaude las medidas y la tenacidad de un líder al que acusan de haber causado un desastre de imagen, de comunicación o de lo que sea, mientras apelan a convencerte de que “es lo que hay que hacer porque no hay más remedio”. ¡Y luego va y resulta que el incompetente, que el el problema, es Rodríguez Zapatero! ¡Cuando nadie vio lo que se venía encima – como tampoco ZP- y cuando nadie es capaz de proponer una receta alternativa! Será un burro el ZP ese, pero comparte comportamiento y visión con muchos de esos tan preclaros y tan inteligentes, qué quieren que les diga.

Pues va a ser que no trago con el diagnóstico, por generalizado que sea. El problema somos, y hemos sido, todos. No Zapatero. A quien sólo le es criticable (lo que no es poco, quede claro, máxime si eres quien está gobernando) haber sido parte de la masa, haberse dejado llevar por lo que la sociedad española hacía, pedía y quería. A mí me parece, de hecho, impresentable lo que ha hecho. O más bien la cantidad de cosas que en su momento no hizo. Y la prueba es que ya me lo pareció en su momento, como quedó escrito.. Pero, siendo justos, no desde un punto de vista personal sino como sociedad, ¿hasta qué punto le era exigible, de verdad, que se separara de lo que éramos España y los españoles de forma tan radical, tan masiva, tan generalizada, tan entusiasta…?

De hecho, Zapatero ha demostrado ser más bien solución social que generador del problema. Porque se ha convertido en el buco emisario que una sociedad enferma como la nuestra necesita para echar las culpas de sus males cuando se niega a mirarse en el espejo. No sirve para arreglar nada a largo plazo pero sí para que todo el mundo se sienta bien. En las comidad de Navidad, sin ir más lejos. No sé si esto tiene mucho valor o poco. Hay mucha gente que piensa que es sano que, en lugar de fustigarnos y amargarmos, un chivo expiatorio cumpla el papel de recibir las leches que debiéramos autoinfligirnos y tratar, de este modo, al menos, de galvanizar a la sociedad. Hasta tres grandes religiones están basadas, más o menos, en esta idea y no pocas dictaduras la ponen en práctica en cuanto vienen mal dadas. Si toda esta gente tiene razón habría que reconocer a ZP que está realizando una labor impagable al ser crucificado por todos y haber logrado (por mucho que involuntariamente) centrar todos los reproches y ser la viva imagen del tonto útil a quienes todos cargan sus pecadillos y desmanes. Pero mucho me temo que, en realidad, para salir de esta de verdad y sin parches que nos aboquen a la reincidencia mejor sería un buen trabajo de psicoanálisisi colectivo y reconocer de una vez nuestros pecados sociales, ponernos a hablar de qué queremos hacer, a qué queremos renunciar y cómo estamos dispuestos a repartir las nuevas cargas y posibles beneficios futuros. Porque es lo que hace un colectivo humano maduro en lugar de beber y comer alegremente como todos los años, consumir desaforadamente por sistema y echar la culpa de todas nuestras desgracias a un supuesto incompetente que no es sino el Bambi emisario de conveniencia que hemos buscado entre todos para evitarnos ponernos serios con nosotros mismos.магазин чугунной посуды в москве [1]caricature order [2]