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Entrevista a Óscar Aibar, director de “El gran Vázquez”: “Mi película trata sobre el triunfo de la mediocridad”

Óscar Aibar, director de El gran Vázquez:

“Quería hablar en mi película sobre el triunfo de la mediocridad”

Caradura, moroso, golfo y vividor, aparte de un gran dibujante y un genio de la historia del cómic en España. Son algunas de las características de Manuel Vázquez (1930-1995), creador de series tan populares como Las hermanas Gilda, Anacleto o La familia Cebolleta. Pero también creador de muchas más series y personajes, de cómics dirigidos a los jóvenes en sus años en la editorial Bruguera y de tebeos para adultos en los años 80 y 90. Un dibujante genial, prolífico y caótico que reflejaba en sus obras una vida trepidante, plagada de anécdotas que le valieron una fama de caradura que se ha acabado por convertir en leyenda. La última película de Óscar Aibar retrata a este personaje. El gran Vázquez es una de las películas españolas más importantes del año, y ha convencido a crítica y público de aquí, allá y acullá. A nosotros también nos gustó mucho cuando la vimos, y así lo reseñamos [1]. Hace unos días, recibió el premio al Mejor Guion y una mención especial del jurado a la dirección artística en el X Festival de Montecarlo. Un jurado, por cierto, presidido por Vincenzo Cerami, guionista de La vida es bella (La vita è bella, Roberto Benigni, 1997). Hemos entrevistado a Óscar Aibar. Queríamos saber más cosas de él, de la película, conocer sus inquietudes.

En los últimos años estamos viendo cómo el éxito de Mortadelo y Filemón no para de crecer, llegando incluso al cine con diversas adaptaciones. La idea de contar la vida de Vázquez, ¿surge como necesidad de contar que hay vida más allá de Ibáñez?

Surge de otro punto. Yo empecé a trabajar como guionista de cómics y siempre he pensado que se estaba abusando mucho de las adaptaciones de cómics, tanto en Estados Unidos como en España, desde X-Men a Mortadelo, pero no se hablaba de lo que había detrás. Lo que yo quería hacer era hablar de los autores, ver el universo fascinante que envolvía a los cómics, cómo se gestaban, cómo se producían, cómo vivían los dibujantes. Y decidí centrarme en un autor concreto que sirviese para mostrar esto. Aquí la elección ya fue muy sencilla: elegí a Vázquez porque era la mejor historia sin duda.

¿Por qué?

Mortadelo es un personaje muy importante, muy conocido. Pero si hubiera hecho una película sobre Ibáñez, la película sería la de una persona sentada siempre en su mesa de estudio, sin hacer prácticamente nada más que trabajar. No creo que sea una historia interesante, o, por lo menos, una historia que me interese a mí. Vázquez, por el contrario, es un dibujante menos conocido, que creó unos personajes que no son tan recordados como los de Ibáñez. Pero fue también un dibujante que se adelantó 20 años a su tiempo, que dibujaba sus vivencias, con una vida muy interesante. Él narraba lo que le sucedía, su vida era un cómic constantemente. Era, además, una persona que se enfrentaba a la autoridad, a las normas de su tiempo. Su actitud, su vida, y su manera de narrarlas era algo de una rabiosa modernidad.

En la película se hace un retrato gris de una época gris, el franquismo. Muestras una sociedad de un incipiente consumismo, una sociedad corrupta, que explota a los trabajadores. ¿Te interesaba subrayar estos temas?

No intento hacer una lectura política con mi película, no me gusta el cine social. En otra película mía, Platillos volantes, sí que hablaba del franquismo, analizando mis recuerdos de una época a través de la locura de unos personajes. La película era la historia de unos personajes locos con las historias de ovnis en los años 70 en España, y ahí sí que había un análisis de la locura de la época a través de la locura de esos personajes. Sin embargo, en El gran Vázquez mi gran tema es el triunfo de la mediocridad. Porque en el franquismo, el pelota, el arribista, era el español modélico. Vázquez era todo lo contrario, y ese contraste se ve claramente en la película. En la última secuencia, triunfa la mediocridad del personaje de Peláez, mientras que Vázquez acaba en la indigencia, sin un duro. Era el castigo de la sociedad hacia quien vivía sin acatar sus normas. Era una España de mascarada. La sociedad franquista sí se ve en la historia de la editorial Bruguera: una serie de personajes represaliados que luchaban contra la censura.

¿Pretendías mostrar un contraste entre Vázquez e Ibáñez? Porque Ibáñez aparece varias veces en la película pero destaca el retrato positivo de Vázquez.

No es una historia de Mozart contra Salieri. Ibáñez copió a Vázquez, pero esto no era algo excepcional, ya que Vázquez era un genio adelantado a su tiempo, muy moderno, y todos los dibujantes de su época le copiaron. Eso sí, digo esto de Ibáñez, pero Ibáñez es un genio también. En la película no quiero mostrar un contraste entre un personaje y otro, sino reflexionar sobre lo que es el triunfo. Es decir, hoy sólo se conoce a Ibáñez, tiene millones de fans, es la imagen de Bruguera, de toda una editorial y de toda una época, es una persona que tiene mucho dinero, pero también es una persona un tanto gris que no para de trabajar. No obstante, Vázquez no triunfa, no tiene tantos fans, está gordo y feo, es pobre, pero al final aparece (en la secuencia en las Ramblas) con una chica joven, rubia y despampanante a la que se lleva al bingo y a follar. ¿Qué es el triunfo? ¿Quién ha triunfado de verdad?

De hecho, Vázquez sigue triunfando ya que tu película ha permitido que se vuelvan a editar sus obras.

Es de lo que más satisfecho estoy. Cuando empecé el guion, era imposible encontrar ediciones de Bruguera que no fueran de Mortadelo y Filemón. No es que no hubiera en el mercado cómics de Vázquez, es que tampoco había trabajos de grandísimos dibujantes como Cifré o Peñarroya. Mucha gente que ha visto la película me ha preguntado muchas veces no sólo por Vázquez sino por todo lo que había alrededor, por esa época, por esos dibujantes que han estado tantos años olvidados.

¿Cómo era Vázquez en persona?

Era igual que en la película. Yo le conocí ya en sus últimos años, en la época de la secuencia de las Ramblas. Era brillante, inteligente, y por aquel entonces era víctima de su leyenda. No me canso de repetir que era un artista avanzado a su tiempo: vivía con el hándicap de no poder trabajar con sus personajes, pero fue el único que siguió evolucionando tanto en su trabajo, el único que evolucionó hacia el cómic adulto. Era un tipo muy divertido. Y con lo de víctima de su leyenda me refiero a que su vida era un cómic. Cuando iba a un restaurante, yo estoy convencido de que en más de una ocasión le habría encantado pagar la cuenta, pero su leyenda podía con él, y siempre tenía que irse sin pagar, casi como para no defraudar esa leyenda que ya tenía en sus últimos años.

La película tiene un tratamiento muy original, jugando con la frontera entre la realidad y la ficción, entre la realidad y el cómic.

Sí, porque su vida era un cómic. Si él rompió la barrera y se dibujó a sí mismo, teníamos que hacer eso, jugar con situarnos en esa frontera, que el espectador no supiera del todo si se habla de la realidad o del tebeo. Por otro lado, fue un trabajo muy agradecido, muy fácil y cómodo. Porque cuando empezamos a trabajar en el tema, todo el mundo me hablaba de Vázquez, de sus historias. Yo las tenía todas apuntadas, y tenía un montón de anécdotas. Se trata, así pues, de una historia testada en cenas y comidas, con gente que me contaba sin parar anécdotas de Vázquez. Es curioso, porque cuando empecé a escribir el guion, es como si me lo estuvieran dictando, porque tenía muchísimo material que funcionaba. Luego entrevisté a su familia, a sus amigos, y me confirmaron las anécdotas. Fue un guion muy fácil, una historia muy bonita de escribir. Pero nunca he querido hacer una historia de chistes fáciles, uno tras otro. No quería caer en la caricatura. De hecho, la película muestra las luces y sombras, así como el peaje que tuvo que pagar por militar en la desobediencia.  Es una película de claros y oscuros.

Esto es algo común en tu cine, mostrar a personajes que están al margen de la sociedad, como incomprendidos.

Tengo un Leitmotiv: mis héroes son gente que vive fuera del rebaño. Nunca se han adaptado al sistema, nunca han hecho lo esperado y se han rebelado contra el orden establecido. Me gusta insistir en una idea: aprende a vivir como tú quieras y no como te digan en la tele, en la radio, en el colegio. La gente que hace eso es la gente a la que admiro.

La película ha tenido mucho éxito, tanto comercial como por parte de la crítica. ¿Te ha sorprendido?

Para mí el éxito es poder haber hecho esta película. En un mercado actual en el que domina el cine de vampiros adolescentes y las comedias zafias del estilo Jackass, poder hablar de un tío al que yo admiraba ya era un milagro. Es decir, que una cosa muy personal y muy mía tuviera un cariz mayoritario para mí era un triunfo. Porque, para mí, fracasar en el cine es lo siguiente: hacer una película renunciando a tu manera de narrar, sólo porque crees que va a funcionar siguiendo una moda, y que esa película no sea exitosa. Porque entonces tienes una película en la que no crees y encima ni siquiera tienes un éxito comercial. Por el contrario, si intentas llevar al cine tus inquietudes y tu forma de narrar, si lo intentas y no triunfa en taquilla, yo ya lo veo un éxito. Para mí un éxito es haber estado en el Festival de Montecarlo con John Landis, que viera la película y que le encantara. Para mí eso ya es un premio.

Sin olvidar los premios oficiales, como los que has conseguido en Montecarlo.

Aquí a veces me decían que la película era demasiado local, con referencias que sólo se entienden en España. Yo respondo que no es así, que fuera de nuestro país entienden perfectamente la película, sin necesidad de saber lo que era Bruguera o el franquismo. Todos consumimos siempre productos locales, hechos en un país concreto y no suele suponer un problema. En Italia, por ejemplo, al ver la película se quedan sorprendidos por el nivel artístico que tenían aquellos cómics de los años 50 y 60.  Estoy contento porque mi película vende una cultura española que no se conoce.

Es un problema al que nos enfrentamos siempre en España con nuestra cultura popular, que no la vendemos porque no la valoramos.

Mi pretensión con la película era hacer una historia sobre una parte importante de la cultura española. Parece mentira que en España se siga estudiando a Lope y Machado pero se deja de lado la cultura popular española. Quería hablar de una época que ha permanecido ninguneada, de unos dibujantes excepcionales que crearon unas historias buenísimas en los años 50, unos artistas de los que nos hemos olvidado y que deberíamos estudiar.

Después de unos años en que el cine español estaba muy desprestigiado (la gente presumía de no ver cine español), películas como El gran Vázquez han recuperado parte de este crédito, y la gente no descarta una película de la cartelera por el mero hecho de ser española. ¿Te sientes parte de un grupo generacional (cineastas nacidos en los años 60) que ha conseguido esto?

Sí, pertenezco a un grupo generacional de gente que volvió a llevar al público al cine. Algunos con más éxito que otros, pero todos en general estamos en el camino adecuado para superar esa concepción negativa del cine español. Y no sólo eso, sino que además tenemos descendientes que ya directamente consiguen auténticos taquillazos y llenar las salas, como el caso de REC. Esta generación posterior incluso a la nuestra, los directores que ya nacieron en los 70, es una generación mucho más preparada que los que nacimos en los 60. Ya han ido a escuelas de cine, tienen un bagaje audiovisual mayor. Cuando yo crecí en los años 70 en España, no había nada. Siempre digo que a mí me salvaron la vida los tebeos y los extraterrestres. Aparte de eso, no había nada más en este país en aquellos años.translate french to enlish [2]online dictionary english to afrikaans [3]