Luis García Berlanga (1921-2010)

Luis García Berlanga ya había escrito su epitafio: en el último plano de su última película, París-Tombuctú (1999), se podía leer escrito sobre una pared: “Tengo miedo”. Y este omnipresente miedo a la enfermedad, el envejecimiento y la muerte (no hay entrevista a Berlanga en los últimos 15 años en que no hable de estos temas) acabó siendo la explicación de su cine, un cine que fue derivando de la comedia simpática, optimista y vitalista hacia una oscuridad y un pesimismo que no dejaba ninguna posibilidad para la esperanza. Entre Bienvenido, Mister Marshall (1953) y su última película no hay sólo una distancia temporal de medio siglo, sino un abismo en cuanto a ese discurso que vira hacia la desesperación, el miedo y la frustración.

En realidad, este viraje forma parte de los misterios creativos de Berlanga. Su misterio más conocido es Rafael Azcona. Se ha insistido muchas veces en que las mejores películas de Berlanga son aquéllas cuyo guión (perdón, “guion”) estaba escrito con Azcona, achacando a esta circunstancia el hecho de que las últimas cintas del director valenciano no fueran tan divertidas (puesto que no estaban firmadas por Azcona). La teoría tendría su punto de no ser porque a Azcona le pasó algo similar, y tampoco ha sido un guionista igual cuando no ha trabajado con Berlanga. El director era promulgador convencido de un cine coral: ahí están los planos secuencia cargados de personajes y un elenco de actores en que el protagonista no era más que un eje narrativo para unir a varios grupos de personajes en un mismo espacio. Y como defensor de este cine coral, en la obra de Berlanga hay siempre una voluntad de creación colectiva. Sus películas no se entienden sin Azcona, pero tampoco sin Pepe Isbert, José Luis López Vázquez o Manuel Alexandre, ni sin su ayudante de dirección.

Esto nos lleva al segundo misterio de Berlanga: ¿por qué era tan apreciado en España y tan ignorado fuera de nuestro país? Evidentemente, no se debe al carácter local (e incluso costumbrista) de sus películas, puesto que lo mismo sucedía con el cine neorrealista italiano y gozó de predicamento internacional. Tampoco a su discurso político anti-franquista, fuera de toda sospecha con cintas tan radicales como Plácido (1961) o El verdugo (1963). Tal vez habría que pensar en el poco acomodo de Berlanga a las nuevas olas del cine europeo. Mientras que los más conocidos representantes de estas corrientes apostaban por la estereotipación individual de personajes para denunciar unos usos sociales (algo que hacen desde Godard a Fassbinder), Berlanga toma una vía más radical: borra el estereotipo y lo sumerge en la masa, en la colectividad, de tal manera que no hay uno, sino muchos estereotipos retratados en sus películas y todos con un único fin egoísta. No se distinguen en nada, cada personaje busca su propios fines sin importar los medios.

Pensemos en una película como Plácido. Aquí el “protagonista” es un pobre hombre que vive con su familia en unos lavabos públicos y que se las ve y se las desea para pagar a tiempo la letra de su motocarro. En su periplo por las oficinas, casas y saraos a los que asiste, vemos a decenas de personajes. Cada uno de ellos ya merecería una película aparte. Berlanga los reúne a todos en un mismo espacio, hace que hablen entre sí, pero sin comunicarse nunca (el único que hace caso a lo que le dicen es el propio Plácido). Y en una película con unos personajes que han montado una fiesta benéfica para ayudar a los pobres el día de Navidad, la canción del final supone un anticipo de ese epitafio de Berlanga: dice la letra “…porque en esta tierra, ya no hay caridad, ni nunca la habido, ni nunca la habrá”. Y aparece la palabra “Fin”. Este mensaje desesperanzado vulnera todas las ideas de las nuevas olas del cine como herramienta para cambiar la sociedad. Y él repite este esquema sin cesar en películas como La escopeta nacional (1978), Moros y cristianos (1987) y Todos a la cárcel (1993). No hay nada que hacer, viene a decir el cine de Berlanga, porque el ser humano no tiene remedio. Y cuando uno se da cuenta de eso, surge el miedo vital que obsesionó al director durante años.

Tercer misterio, y enlazando con la pregunta anterior: ¿por qué era tan querido Berlanga en España? Resulta cuanto menos chocante por esta radicalidad que venimos comentando. La verdad es que la derecha valenciana fue hábil, apropiándose a este escéptico, aprovechándose de su senectud. El PP valenciano le colmó de honores y menciones, y él se dejó querer. Pero tampoco fue un movimiento tan excesivo que generara rechazo entre la izquierda (como está pasando con Albert Boadella). Berlanga era una figura que estaba por encima de todo. La izquierda recordó siempre el compromiso de su cine contra el franquismo y la derecha lo trataba como a un clásico, sin entrar demasiado a fondo en lo que decía su obra. Tal vez el misterio de este amor y respeto por Berlanga se encuentre en Bienvenido, Mister Marshall. Porque aquí tenemos a un Berlanga socarrón y mordaz, pero amable. Los personajes aquí no son verdugos, sino víctimas. No van por ahí puteándose entre sí, sino que se muestran como una comunidad muy unida: los vecinos de Villar del Campo (¡no, del Río!) se ayudan unos a otros, comparten las alegrías y las penas y resultan unos personajes tiernos. Hasta el cura facha tiene un retrato amable, y uno de compadece de él en la secuencia en que sueña que lo ajustician los americanos. Si sus películas posteriores de los años 60 son cabronas hasta decir basta, Bienvenido, Mister Marshall se definiría, sobre todo, como entrañable. Este Berlanga entrañable es el que ha quedado un poco en el imaginario colectivo. Socarrón entrañable, por contraposición al otro cineasta por antonomasia del cine español, Luis Buñuel, que es el socarrón mala leche.

Estos misterios hacen que la muerte de Berlanga se perciba como algo especial en España. Se va un autor muy conocido y respetado, tanto por la crítica como por el gran público. Todos coinciden en que se trata de un cronista único, de alguien que ha retratado muy bien las miserias de la sociedad española, y no sólo de la corrupta sociedad franquista, sino también la sociedad arribista de los años de la Transición y la sociedad de los años de la democracia, que vuelve a caer una y otra vez en los vicios comunes. Y percibimos que se ha muerto alguien que era muy de los nuestros. Y lo sentimos, pese a lo poco complaciente del retrato en el que salimos todos y pese a ese pesimismo tan descorazonador.pr интернетреклама в поисковиках


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  1. Comentario de John Constantine (13/11/2010 17:26):

    La última película española que fui a ver a un cine ha sido París-Tombuctú. Y la causa de que no haya id más es, precisamente, que ya no se hacen películas como esa.

    Mención especial al personaje del erotómano de Javier Gurruchaga, que me ha parecido desde hace eones el mejor showman español -remember “Viaje con nosotros” o ese especial Nochevieja con “Pilar Miró”, Senillosa…- y al que, tengo la impresión, se le ha elegido desde hace tiempo como el pagano definitivo del caso “Arny”. O a lo peor es que el show-business patrio no está para ya para gente inteligente y si quieres seguir con atención mediática y curro tienes que recorrer el camino que va del Gran Wyoming de “El peor programa de la semana” al de el “Intermedio”.

  2. Comentario de Andrés Boix Palop (13/11/2010 20:47):

    Yo creo que la izquierda, al menos la valenciana, nunca habría podido renunciar a Berlanga porque a un pornógrafo de tal calibre no se le puede dejar de lado.

  3. Comentario de Jordi P. (13/11/2010 22:42):

    Estoy con Andrés. Yo no sabía que la derecha valenciana lo hubiera reivindicado, pero de haberlo sabido me hubiera importado un rábano. Berlanga tenía aquel punto vicioso y una forma de ver las cosas que atraía a mucha gente de izquierdas aunque no fuéramos valencianos. También debo decir que yo detestaba algunas de sus películas, pero otras tenían aspectos geniales. Coincido también con John Constantine en que París-Tombuctú era una buena película, aunque creo que desde entonces ha habido más películas españolas dignas de ir a ver al cine.

  4. Comentario de Vicari de Bray (13/11/2010 22:51):

    Temblad, temblad, malditos:
    http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/berlanga-y-el-cine-espanol-la-duda-corroe-al-pp-y-un-hombre-listo-8522/

  5. Comentario de galaico67 (14/11/2010 12:25):

    Que fino tiene el olfato el Pio Boa cunado se trata de etarras, proetarras,seudoetarras y rompeespañas varios y que atrofiado lo tiene cuando alguien usa la ironñia y el sarcasmo para reirse de sus colegas.

  6. Comentario de Karraspito for President (14/11/2010 14:00):

    Diréis que estoy enfermo y tendréis razón, pero la escena en la que se le ven las tetas a Conchita Velasco (la de ahora, la madura, la que yo conocí, y no la jovencita que cantaba yeyé) me pone enfermísimo…

  7. Comentario de BunnyMen (14/11/2010 20:28):

    Pues si es por que echáis de menos crónicas que retraten bien la miseria de la sociedad española, entonces, reabrid la RBBE, ¡hijos de puta!

    PS: Si, estas enfermo.

  8. Comentario de Leisure Larry Birdie (15/11/2010 11:27):

    “Diréis que estoy enfermo”
    No onvre, lo tuyo es un fetichismo con las MILFS, en este caso abuelas.
    Pero teniendo en cuenta que el país vascongado no follan sino que se reproducen con esporas (palabras de un camarada de allí, un putero cum laude) es lo normal.
    BunnyMen, se dice que tiene un fetichismo, no me seas del OPus.

    Y respecto a Berlanga RIP, y es una lastima porque el onvre acertaba muchas veces con el patetismo humano.

  9. Comentario de A.ntoine (15/11/2010 14:05):

    No he captado el artículo de Pío Moa: un tipo que declara no apreciar el cine escribe un artículo sobre un director de cine. ¡Periodismo!

  10. Comentario de Musgo Man (17/11/2010 20:54):

    No tiene mucho que ver pero me he leído La voluntad de Azorín y me he pasado deprimido toda la semana, jamás me sentí tan retratado, qué cabrón este Azorín…

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