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Carrusel Deportivo o La insoportable levedad de la Ser

Este pasado verano, la radio española ha sido escenario de un nuevo episodio bélico entre grupos mediáticos. El botín es, como siempre, la facturación publicitaria y el sector protagonista ha vuelto a ser el periodismo deportivo. La noticia es ya ampliamente conocida: en vísperas de la celebración del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, y a punto de terminar la liga de fútbol, la Cadena Ser (la principal cadena de emisoras de España) aparta a Paco González de la dirección del programa “Carrusel Deportivo”, el programa de mayor facturación de la empresa y que González venía dirigiendo desde 1992. González anuncia, en pleno verano, que se incorpora, tras su salida de la Ser, a la cadena directamente rival, la Cope. Y no sólo eso, sino que se lleva consigo a más del 90% de su equipo, un equipo formado por entre 30 y 50 personas, según se cuenten o no a los colaboradores y comentaristas. Destaca de su equipo, por encima de todos, el animador del programa, Pepe Domingo Castaño, una de las voces más emblemáticas de la radio publicitaria de las últimas décadas. La Ser, por su parte, reelabora el Carrusel con la formación de un nuevo equipo en la redacción de deportes.

Éstos son los hechos, que han motivado una serie de excelentes análisis, de manera puntual [1] también en La Página Definitiva [2]. Tras analizar lo sucedido, creemos que es momento de exponer algunos puntos que puedan servir para la reflexión.

1. La vigencia de la radio y las guerras del fútbol

Llama la atención en primer lugar el follón que se arma periódicamente en nuestro país en el entorno radiofónico. A lo largo de los últimos 30 años, la conformación de los diferentes grupos multimedia han generado los lógicos enfrentamientos por intereses comunes, que han llevado a la absorción de medios, cambios de titularidad, cierres incluso. Pero, de una manera cíclica, los enfrentamientos que generan mayor interés y mayor tensión suceden en la radio o bien tienen su génesis en la radio. Concretamos: en la radio deportiva.

El primero en el que pensamos es el conocido como “antenicidio”, esto es, la compra, en 1992, de Antena 3 Radio por parte de la Cadena Ser. En aquella ocasión, la compra fue percibida como una eliminación de la competencia y un proceso de concentración mediática, pese a los problemas de gestión evidentes que tenía Antena 3. El caso es que las estrellas radiofónicas de Antena 3 demandaron al grupo Prisa (el grupo editor de la Ser) e iniciaron una campaña de crítica al gobierno del PSOE al entender que tras la compra se ocultaba un interés político por eliminar un medio de comunicación  no afín al gobierno. La estrella que más visibilidad dio a este movimiento de crítica fue un periodista deportivo, José María García, el que mayor predicamento tenía de todos. En adelante, todas las guerras mediáticas del fútbol en España, todas las batallas por la gestión de los derechos televisivos de retransmisión, serían un asunto político (con la implicación directa de ministros incluso) dadas las cifras económicas que mueve el deporte rey. Y tendrían su base en el “antenicidio” y la nueva configuración del mapa mediático que dejó la absorción por parte de la Ser, que muchos atribuyeron al éxito que cosecharon los programas de deportes de García.

La salida de García de Antena 3, su paso por más emisoras y su competencia directa con uno de sus discípulos renegados (José Ramón de la Morena) pondría sobre el tapete un tema curioso: así como la televisión genera estrellas mediáticas (presentadores de concursos, personajes de reality shows y hasta editores de programas informativos), el star system radiofónico se compone únicamente de periodistas deportivos. El resto o bien son resquicios de una radio de entretenimiento del pasado (el caso de Luis del Olmo, que lleva más años que Marconi) o son populares porque han desarrollado una carrera en la televisión (el ejemplo más conocido es el de Iñaki Gabilondo). El resto son meros trabajadores, meras voces que apenas llegan a la categoría de conocidillos: mucha gente es capaz de identificar a Luis Mariñas, Joaquín Arozamena o Fermín Bocos (tres presentadores de informativos de hace bastantes años), pero pocos son capaces de recordar los nombres de José Antonio Marcos, Carlos Alsina o Juan Pablo Colmenarejo (tres destacadísimas voces de la radio informativa actual).  Sin embargo, el periodista deportivo radiofónico es un dios. No sólo es conocido, sino también respetado. José María García fue el primero en ser consciente de su poder y en utilizarlo a su antojo para poner o quitar entrenadores, jugadores y hasta presidentes de federaciones. Fue el primero, y muchos han venido después.

Pero surge la pregunta: ¿por qué un medio como la radio, siendo menor en comparación con la televisión, pasa a la primera línea informativa cuando se trata de deportes? Porque las fluctuaciones de periodistas y emisoras siempre han estado ahí: Luis del Olmo ha estado prácticamente en todas las redacciones; Federico Jiménez Losantos también ha pisado unas cuantas, y el etcétera es larguísimo. Sin embargo, siempre se levanta escaso revuelo excepto cuando un periodista deportivo cambia de casa. ¿Por qué?

Para empezar, hay que tener en cuenta que la radio tiene en España una vigencia comunicativa inédita. Es un país único en esto: la radio aquí es respetada y especialmente valorada como el medio más creíble. Ello se debe, principalmente, a dos hechos históricos: al retraso de la llegada y consolidación de la televisión en España (por culpa del retraso económico y tecnológico del país durante la dictadura franquista) y al seguimiento en directo que hizo la radio del golpe de Estado de 1981, ya que fue el único medio en informar de manera puntual sobre el devenir de los acontecimientos. De hecho, la prensa no saldría (como es obvio) hasta el día siguiente y como la televisión en España aún estaba en pañales, las imágenes del golpe que hemos visto miles de veces no pudieron ofrecerse más que en diferido.

Todo ello provocó un fenómeno de validación de la radio como el medio más creíble, por delante de la televisión y de la prensa escrita. La radio en España se orientó, así pues, hacia la información pura y dura, de manera que la televisión se centraría en la oferta de programas de entretenimiento, y la prensa escrita, en el análisis. Un oyente que se dé un paseo por el dial radiofónico en la actualidad oirá sobre todo programas informativos bajo distintos formatos, desde magazines hasta reportajes y entrevistas o tertulias.

En este contexto, y de una manera paralela, se observa un proceso curioso, como es el éxito de un programa que lanza la Ser en 1959, el “Carrusel Deportivo”, un programa de multiconexión que permite al oyente saber cómo transcurre, en directo y con conexiones en los diversos campos, la jornada de liga. El Carrusel supone la cima de la radio de entretenimiento del franquismo, puesto que conjuga la voz de Bobby Deglané (un referente crucial en la historia de la radio española) con la potenciación del deporte del fútbol, usado durante el franquismo como herramienta de propaganda política y como fórmula de evasión de la realidad. Desde ese año, y de forma interrumpida, el Carrusel se ha convertido en un programa clave de nuestra radio, siendo copiado su formato por todas las emisoras y creando un modelo de radio de fin de semana que no se entiende sin los programas deportivos.

Si la radio informativa goza de una reconocida credibilidad en España, no digamos ya la radio deportiva. José María García fue quien mejor supo anticiparse a esto al presentarse como un periodista que se enfrentaba al establishment, a los poderes fácticos de la jerarquía que controla el deporte español. Su voz fea, aguda y llena de tics (rasgos que potenció de manera intencionada) se presentaba como una alternativa de verdad a todas las voces engoladas de las principales estrellas radiofónicas del régimen (como la de Joaquín Soler Serrano, fallecido hace pocos días). Frente a las voces perfectas, la voz de García era desagradable porque decía la verdad. Tras él, vendrían todos los que, desde entonces, explotan esa fealdad consciente de la voz para dotarse de veracidad, a través de voces gritonas, gangosas o dubitativas: ahí tenemos los ejemplos de Antonio Herrero, Federico Jiménez Losantos o Luis Herrero.

Es por esto, por este plus de veracidad del periodista deportivo radiofónico, que cualquier movimiento se interpreta como una cruzada personal. Si Jiménez Losantos es expulsado de la Cope, se monta un pequeño follón que mantiene entretenido a todo el mundo una semana, y después, si te he visto, no me acuerdo. Por el contrario, se monta un follón con un periodista deportivo, y parece que se van a hundir los medios de comunicación, el país en suma.

2. Rumores, directivos y locutores

Dicho lo cual, no estamos eximiendo la responsabilidad en la actitud de los directivos de la Ser. Porque una cosa está clara: no habrá un consenso sobre lo que sucedió realmente con Paco González, ya que existen dos puntos de vista irreconciliables. González dice que la empresa quería prescindir de él y que le recortaron el sueldo (un 20%), recortes salariales que se extendieron a los miembros de su equipo (un 8%) para provocar su cabreo y su dimisión; la dirección de la cadena dice que González llevaba más de un año negociando con la Cope y que provocó un enfrentamiento para ser despedido con una indemnización millonaria. A partir de ahí, el menú de capítulos del culebrón alimentado por los confidenciales de internet se dispara.

Sea como fuere, la Ser se ha visto ante un problema. Porque, siendo una empresa que presume de formar buenos equipos antes que estrellas, la marcha de González ha comportado la salida de un equipo potente. No se ha tratado, en este caso, de la salida de un profesional formado en la Ser, sino de todo un equipo, lo que ha supuesto un tortazo en la cara a la estrategia publicitaria de la emisora de Prisa consistente en anunciarse como una empresa periodística de equipos. La respuesta de la Ser ha sido la potenciación pública de esa imagen de equipo que se arropa constantemente, donde no hay malos rollos ni roces. De ahí que la entrevista a Rodríguez Zapatero el pasado 10 de septiembre no fuese realizada por el director del programa “Hoy por Hoy” y el director de informativos (como venía siendo habitual), sino por el equipo de estrellas de la emisora: un caso llamativo de márketing mediático porque lo más importante no fue la entrevista en sí ni lo que dijo el presidente del gobierno (prácticamente nada nuevo, la verdad), sino las imágenes de los principales periodistas de la Ser realizando la entrevista, aunque para ello hubiese que pagar el peaje de dejarle hacer algunas preguntillas a Gemma Nierga, que, al menos, leyó bien las preguntas que tenía escritas. Pero hay más ejemplos de esta imagen de unidad y buen rollo, como es el primer Carrusel de la temporada (con un puñado de periodistas presentes en el estudio para apoyar a sus compañeros) o la insistencia del nuevo director de Carrusel en definir su programa como “muy divertido” y “una locura”.

De todos modos, los entresijos de lo que ha sucedido se los dejamos a los confidenciales de internet, capaces de reproducir al detalle conversaciones producidas en los lavabos públicos de cualquier empresa española. Lo interesante es lo que ha sucedido en la nueva competencia entre el Carrusel de la Ser y el nuevo Carrusel de la Cope. Hay varios fenómenos que llaman la atención:

· González no se ha llevado sólo a la Cope a casi todo su equipo, sino también el “sonido Carrusel”. Todo el juego de sintonías (excepto el de la cabecera del programa), el pitido que indica la consecución de un gol, la música de la ronda informativa, todo se ha trasvasado de la Ser a la Cope. Y la Ser, evidentemente, no renuncia a unas sintonías que entiende que son suyas y no de González, con lo que ahora tenemos dos Carruseles en distintas radios y con distintas voces, pero con el mismo sonido de base.

· Además, los cambios en la programación han afectado también al programa deportivo de medianoche, de manera que “El larguero” de José Ramón de la Morena se ha quedado totalmente huérfano, desvelando de una vez por todas la tremenda dependencia que tiene el de Brunete de sus colaboradores y equipo para que su programa haya alcanzado tanto éxito. La Cope espera que muchos oyentes se vayan también a esa franja de emisión (al programa “El partido de las 12”), y que no se sorprendan estos oyentes de que pueden escuchar un Larguero mejor que el Larguero original porque lo tiene todo y, sobre todo, no tiene a lo que empieza a generar más rechazo del Larguero, como es el tono meloso de De la Morena.

· Una de las ventajas con las que parte la Ser es que todos los periodistas que han recalado en la Cope se han crecido y formado en la Ser. Si hemos sido capaces de crear tantas estrellas, transmiten desde Prisa, es cuestión de tiempo que formemos un nuevo equipo de estrellas. Y tienen razón. Sea quien sea el responsable de la marcha de González, por mucho que los directivos de la Ser sean presentados como malos en la historia, por mucho que González sea en realidad un tipo preocupado por su equipo de trabajadores y víctima de una decisión empresarial muy poco respetuosa con la trayectoria del periodista, lo cierto es que la marcha de González acabará afectando, a medio o largo plazo, al propio González. Por una serie de razones (mayor solidez empresarial, una mejor infraestructura técnica y económica y un discurso mucho más coherente que los vaivenes ideológicos del resto de medios), es la Ser la que forma a esas estrellas que después, cuando se van a otros medios, dejan paulatinamente de tener presencia e influencia. Pasó con García (con muchos matices, pero es lo que acabó sucediendo) y ha pasado con muchos otros.

Sin embargo, sí es cierto que este proceso de pérdida de la guerra puede ser muy prolongado (como sucedió con García) y que, por el camino, González puede ganar muchas batallas (como las ganó García). Esto es algo que dictarán los resultados de las cifras de audiencia y, especialmente, la facturación publicitaria.

3. Audiencias y publicidad

Desde su incorporación a la Cope, uno de los intereses que más interés ha despertado es qué ocurrirá con el próximo EGM, es decir, qué resultados reflejará el próximo sondeo de medición de audiencias en radio: ¿se notará el cambio? ¿Bajará su audiencia el Carrusel de la Ser? ¿Subirá la Cope con la incorporación de González? ¿O seguirá todo igual?

Estas preguntas, con ser oportunas, no reflejan la trampa de fondo, ya que el EGM no supone más que una distracción para ocultar un dato que sí sería muy interesante conocer: si aumentará la facturación publicitaria de la Cope y disminuirá la de la Ser. Ése es el auténtico meollo del asunto, el auténtico caballo de batalla de esta guerra, pese a ser un dato que se maquilla con un dato irrelevante como es el del EGM (Estudio General de Medios).

¿Por qué es irrelevante el EGM? Básicamente, porque nadie se lo toma en serio. Nadie se lo cree. El EGM es una encuesta anual, dividida en tres fases, sobre los hábitos de consumo mediático de la sociedad española. La realiza al AIMC (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación), una entidad formada por los principales medios de comunicación. El EGM (y la AIMC) se sufraga con los propios medios de comunicación, según una aportación proporcional: los medios que más audiencia tienen, son los que aportan más dinero a la medición de las mismas audiencias. Este dato ya debería, por sí solo, cuestionar la validez del EGM. Pero si a ello unimos las diversas peculiaridades del funcionamiento del EGM, las dudas se hacen mucho más grandes:

·En primer lugar, se trata de un muestreo amplio (alrededor de 70.000 entrevistas) pero con una ejecución muy discutible. Para empezar, se suele reclutar a voluntarios que hacen las encuestas con un entusiasmo fácilmente imaginable: muchas veces se ha denunciado que esto fomenta que los entrevistadores rellenen ellos mismos los resultados para acabar cuanto antes.

· Pero, además, hay que tener en cuenta los problemas de un estudio basado en el efecto de recuerdo (lo que el entrevistado recuerda que suele escuchar o que ha escuchado el día anterior). Cuando Iñaki Gabilondo se fue de la Ser para presentar los informativos de Cuatro, la Ser pidió al EGM que la respuesta “yo escucho a Iñaki” fuera válida para computar al número de oyentes que seguían escuchando el programa que había dejado Gabilondo, pese a que él ya no lo presentaba.

Esto ya supone un gran problema para la fiabilidad de los resultados: ¿cuántos oyentes pueden responder que oyen Carrusel cuando se refieren, en realidad, al programa de la Cope? ¿Se puede confiar en un sistema que es sufragado en mayor medida por quien más audiencia obtiene y que se basa en encuestas personales y telefónicas en lugar de audímetros fiables? La respuesta es que no, y el problema es precisamente éste: sabedores de sus fallos, los responsables de los medios prefieren acatar los resultados del EGM antes que cuestionarlos. Cambiar el sistema de medición de audiencias instalando audímetros en los receptores portátiles (transistores y coches) resultaría caro y engorroso, pese a que existe desde hace años tecnología suficiente para hacerlo. Y hacer estudios con mayor asiduidad (recordemos, se trata de un estudio que sale cada varios meses) aumentaría la presión publicitaria y de programación sobre un sector estable pero minoritario, comparado con la televisión (de hecho, la radio supone algo más del 10% de facturación de Prisa).

Así pues, toda esta expectación con el EGM no es demasiado real. Poco importa si Prisa manipula o no los resultados (como se ha denunciado desde otras emisoras en varias ocasiones) porque no lo necesita. Si acaso, para lo único que sirve el EGM es para repuntar tendencias en la contratación publicitaria, pero no para modificar un terreno que va a su propio aire sin esperar el resultado de las audiencias. En televisión, sí, las audiencias (medidas a diario y con un sistema muy fiable) determinan la publicidad de un medio o de otro, pero, en radio, no se produce esta simbiosis tan acusada.

Con todo, lo que suceda en los próximos meses determinará quién se ha equivocado en esta guerra abierta entre la Ser y Paco González, y quien resulta vencedor en una pugna que ha animado el cotarro mediático en nuestro país. Pese a que el efecto de arrastre de la programación de la Ser puede hacer que mucho oyentes acaben volviendo a la emisora de Prisa cuando se engrase el nuevo Carrusel y deje de ser el tostonazo que es ahora (y eso la Ser sabe hacerlo, porque ya lo ha hecho en un programa que tiene más de 50 años de historia), el equipo de Paco González puede hacer mucho daño sobre todo mientras resista Pepe Domingo Castaño, a punto de cumplir los 68 años de edad y una voz contra la que es muy difícil competir. Y, sobre todo, llama la atención lo mal que ha administrado la Ser el asunto. Tenga o no tenga su parte de razón (lo dejamos de nuevo a los cotilleos con más o menos base), lo cierto es que González ha sabido llevar a cabo una estrategia discursiva a la defensiva, dejando caer la opción de que la emisora de Prisa no se preocupa lo suficiente por las condiciones de sus trabajadores. Ése es el peaje que más factura puede pasar a la emisora decana en España: perder su imagen de fortaleza, de respeto por los trabajadores y sucumbir a las aguas neocon de la futilidad, de la levedad.чугунная сковорода гриль с прессом [3]photo sketch maker [4]