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España en el Mundial 2010 (5/4). Don Fernando sigue abriendo espacios para que Villa los aproveche

La selección española de fútbol está, por primera vez en su historia, en las semifinales de una Copa del Mundo de fútbol. Tras derrotar a Paraguay [1] por 0-1 en un partido infame y con la ayuda, una vez más, de un arbitraje más que comprensivo, estamos a punto de consagrar a Vicente del Bosque como el mejor entrenador [2] de la historia de este país.

El fútbol es un deporte donde, como en la vida, las jerarquías importan. Del Bosque puede tener muchos defectos pero nadie se atreverá a recriminarle no saberse esta verdad idiosincrática del fenómeno social que es, antes que deporte, esto del balompié. A lo largo de toda su carrera, ha empleado este conocimiento siempre con enorme provecho. Por encima de un proyecto futbolístico o de un credo en la materia, Del Bosque es un gestor de rangos. Dentro del terreno de juego y, también, dentro del entorno de cada equipo. No puede negarse que, con independencia de que el fútbol que realicen sus equipos sea una porquería [3] (y así está ocurriendo con la selección española desde que tomó el mano, de la misma manera que el Real Madrid con más estrellitas por metro cuadrado de la historia parecía seguir un patrón de juego digno del alevín B de los Salesianos de Alcorcón) esta sabiduría y tranquilidad con la D. Vicente refuerza y valida jerarquías hace que los vestuarios, las concentraciones y los medios de comunicación que están en los alrededores de su labor como técnico vivan siempre con mucha calma todo lo que ocurre y siempre sin cargar las tintas, con comprensión, casi todas sus decisiones. Del Bosque no es exactamente un técnico populista, y ahí radica parte de su éxito. Como gestor oportunista y entregado al mando, conocedor de los códigos de vestuarios y entornos, se entrega a quienes más peso tienen en esos mundos, lo que, conviene recordar, no siempre tiene por qué coincidir con lo que la afición y el pueblo deseen. Pero importa mucho más, a efectos del análisis de su trabajo, su reconocimiento y su tranquilidad, que lo que piense el populacho. Por este motivo el mayor encontronazo de su carrera fue con un Presidente [4] que se aproxima al fútbol como un tribuno de la plebe, el Cayo Graco del Madrid [5], y, en cambio, su convivencia en la Federación española con un sujeto como Fernando Hierro es una balsa de aceite.

Sirva esta larga introducción para justificar la lógica de que ayer volviera a aparecer en la alineación titular Don Fernando Torres, otrora conocido como “Niño Torres” o, sencillamente, “El Niño”. O que Xabi Alonso sea un tipo indiscutible, a pesar del, digámoslo claramente, pésimo Mundial [3] que está haciendo. O que Xavi o Iniesta, aun siendo decisivos en las dos eliminatorias que hasta la fecha ha pasado España (Iniesta protagonizando en ambos casos un chut y una jugada por partido, pero con la suerte de que esta última haya devenido en ambos casos gol; Xavi ha estado muy disperso pero empeñado en marcar a fuego todos los goles en cruces del equipo con algún pase de tacón que permite seguir hablando del juego preciosista de la selección), apenas si hayan merecido el más mínimo cuestionamiento. Se trata de la misma lógica que permite, si se hacen esas alineaciones no populistas pero sí muy atentas a los códigos de mando, que nunca una derrota (véase el caso de la Copa Confederaciones o del primer partido de este Mundial contra Suiza [6]) sea culpa del técnico sino de unos jugadores que, más o menos, “serían los que todos alinearíamos”. Y de la misma dinámica que va a provocar, y LPD se lo anticipa ya en exclusiva, que Fernando Torres no salga de titular en el partido de semifinales del próximo miércoles donde aguarda Alemania. Porque la cosa ya está madura para que el entorno que importa (Federación, Madrid, medios de Madrid, intermediarios, teles…) asuman que una semifinal es suficientemente importante como para que tampoco pase nada porque, por una vez, no haya representante del fútbol madrileño con galones en el ataque español. La evidencia de que donde Fernando Torres mejor abre espacios para Villa es quedándose en el banquillo empieza a ser asumida también como un mal menor soportable y Del Bosque tendrá vía libre para meter a otro jugador acatalanado en el equipo.

Será una pena porque, en una muestra más (y van 5) de lo bien que juega Don Fernando, Villa volvió a marcar gracias a los huecos abiertos por nuestro delantero centro por decreto ley de reforma del mercado laboral. Como han sido muchos los lectores que vienen criticando nuestra obsesión con el delantero madrileño desde que empezamos con las crónicas de la fase de preparación [7] (nos decían que éramos tan injustos con él que incluso lo criticábamos gratuitamente cuando no jugaba) quizá convenga cambiar el foco de atención y empezar a hablar, dado que sobre este ominoso asunto todavía nadie ha abierto la boca, del destrozo que supone Xabi Alonso para el juego de la selección. Aunque, dado que tiene una tarjeta amarilla, quizás lo mejor para el equipo es que juegue de inicio frente a Alemania con la esperanza de que vea una segunda y se pierda una hipotética final.

Y es que el partido contra Paraguay ha mantenido las constates vitales del equipo español en este Mundial y ha reafirmado las pautas hasta la vista ya muy decantadas. Se resumen en tres ideas centrales:
– La selección no juega una mierda y se ha venido salvando por el pésimo nivel de sus adversarios, la mala suerte puntual de éstos y algunas decisiones polémicas.
– Una vez se retira a Don Fernando, y a pesar de que Villa pierde el chollito que suponen los numerosos espacios que genera Torres y se ve obligado a abandonar esa posición de lujo en el campo en la banda izquierda que tiene la suerte de disfrutar cuando el 9 de la Roja está en el campo, el equipo mejora significativamente.
– Y, por último, cuando, además, Xabi Alonso desaparece del terreno de juego el juego llega a ser incluso bueno en algunas fases.

Más allá de cumplir milimétricamente estos tres axiomas sobre el juego de España en este Mundial [3] cabe reseñar del partido la infame primera parte del equipo. Ni un solo disparo a puerta. Un chut de Xavi fuera. Parabrisas en su máximo esplendor. Y Don Fernando abriendo huecos jugada tras jugada. Con Xabi Alonso “mandando” en la distribución. Paraguay tuvo al menos tres ocasiones claras, incluyendo un par de remates francos de cabeza (lo de la incapacidad de Puyol y Piqué para declinar correctamente, ambos dos, pautas básicas de colocación en el campo hace pensar que es una excelente noticia que, al menos, uno de ellos pueda perderse el próximo partido y que el entrenador se vea obligado a “mezclar” el eje de la defensa con algún central con otro tipo de aptitudes ajenas a la exclusiva dependencia en el despliegue físico en que sobresalen nuestros dos titulares) de esos que sólo con que la pelota te golpee en la cabeza suelen ser gol y a los que los delanteros paraguayos no llegaron por los pelos. Al margen de que el árbitro les anuló un gol de una legalidad muy semejante a la del que España marcó contra Portugal sellando nuestra calificación para cuartos.

Porque otra de las tónicas de los partidos de España en el Mundial, y este último tampoco ha sido una excepción, están siendo los arbitrajes descaradamente favorecedores. Es, de nuevo (y aprovechemos la ocasión para saludar una vez más la sabiduría de Del Bosque) una cuestión de jerarquía inherente al fútbol. Paraguay la ha padecido al igual que antes Portugal [8] o Chile [9], por recordar los ejemplos más escandalosos y recientes. El patrón es siempre el mismo: una distribución de faltas y tarjetas más que sospechosa como tónica, rematada con decisiones siempre decantadas a favor de España en las jugadas clave.

Por supuesto, la prensa española, que vive en su burbuja, insiste en que los arbitrajes nos están perjudicando. Hoy mismo, por no irnos a la prensa deportiva porque para meternos chutes de psicodelia preferimos a Belén Esteban o la road -movie sobre la historia de amor de los Príncipes de Asturias, José Sámano en El País carga duramente contra el árbitro. Es el mismo José Sámano, claro, que contra lo que cualquier persona con ojos en la cara vio ayer titula el partidito que se marcó España con un contundente “España está como nunca”. Y es que, supuestamente, a España le birlaron un penalty clarísimo (y es cierto que así fue, aunque obvia el cronista que la falta en cuestión se produce tras un rechace en el lanzamiento de una pena máxima fruto de un piscinazo impresentable de Villa, de los que hace habitualmente y que mientras ha jugado en el Valencia tantas críticas le han merecido, incluyendo las del propio José Sámano o las del mismísimo Sánchez Arminio, por lo escandalosa y exagerada de esta tendencia del jugador asturiano). Pero no sólo eso, nuestra selección fue apaleada todavía más porque, además, le pitaron otro supuestamente inventado por el colegiado. Para quienes vieron a Piqué en acción, cometiendo uno de los penaltys más claros de la historia de los Mundiales (y es que Piqué debía de estar muy cabreado por no haber logrado marcar en propia puerta en este partido y, fruto de ese estado de desquiciamiento, empezó a agarrar a un paraguayo para que no lograra rematar un centro al área que iba a una altura de unos 4 metros del suelo y no soltó el brazo hasta que, pasados 10 ó 15 segundos, no quedaba nadie en el estadio que no hubiera visto la jugada y los reiterados intentos del sudamericano para zafarse sin éxito, acabando por caer al suelo) y opinen lo contrario, les transmitimos que nuestra “cátedra futbolísitica” considera que ésa es una acción “como hay cientos en cada partido” y que el hecho de sancionarla sólo demuestra que los árbitros “van contra España”. Es más o menos lo mismo que pasó en el Mundial 2002 [10], cuando Fernando Hierro cometió una falta semejante contra Irlanda [11]. Por lo visto, es complicado que los jugadores del Madrid o del Barça abandonen sus hábitos en el área cuando llegan a competiciones internacionales. Y pasa lo que pasa, pues aquí de vez en cuando sí les pitan las faltas.

Siguiendo con el colegiado, no se hace mención a la escandalosa invasión del área española en el penalty lanzado por Paraguay, con Cardozo golpeando la pelota prácticamente rodeado de 3 ó 4 jugadores españoles, algo que no se ve muchas veces por ahí, ni siquiera en los campos de fútbol más acreditados de Tercera Regional. En cambio, se cargan las tintas por la decisión de hacer repetir el lanzamiento a Xabi Alonso, alegando que apenas habían entrado dos jugadores españoles “medio metro en el área” (olvidando que a efectos de respetar la distancia los 2 ó 3 metros del semicírculo del área forman parte del espacio que no se puede invadir antes del lanzamiento). Vamos, que no se analiza este asunto en términos racionales sino de victimismo rancio y ciego. Cuando lo que ocurre es algo tan sencillo como que España, por sus propios méritos, se ha ganado un rango en el fútbol mundial que provoca estas cosas. Ya no sólo los italianos o los brasileños juegan con viento arbitral a favor de modo sistemático. En este Mundial España también lo está teniendo y si no fuera así de modo estructural suponemos que una hipotética final Uruguay-Paraguay ha sido suficiente estímulo para que cualquier árbitro sepa hacia donde tirar y haya actuado con cierta sabiduría coyuntural ante la que se venía encima como España quedara eliminada.

El fútbol, que tiene en la jerarquía un elemento importante, está recompensando a España de momento. Queda una semifinal contra Alemania donde, en cambio, no está claro que la selección española esté por encima en rango. En cualquier caso, que se juegue cuando ya sabremos cuál es el otro finalista quizás tenga más importancia de la que pueda parecer. Probablemente a España le convenga que quien espere en la final sea Holanda, por razones sobre las que no vale la pena extendernos pero que para la organización del Mundial y las televisiones están bastante claras.order caricature online [12]уголовный адвокат киев [13]