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España en el Mundial 2010 (4/4). Sentido homenaje iberista a Saramago

Una vez más, LPD lo ha vuelto a hacer. Siempre y en todo momento, mientras la Roja hacía el ridículo contra Suiza [1], racaneaba con Honduras [2] y se le aparecía la Virgen contra Chile [3], en LPD confiábamos –con la excepción de algún despistado que se dejó llevar momentáneamente por el recuerdo de la trayectoria de España previa a la última y gloriosa Eurocopa- en la capacidad de la Selección para sacar las cosas adelante. Y aquí estamos, en cuartos de final, como en nuestros mejores momentos (1986, 1994 y 2002). El axioma no falla: uno de cada dos Mundiales, la Roja asombrará al mundo llegando hasta cuartos de final, y quién sabe si incluso más lejos ahora.

Portugal [4] daba miedo, más que por sus jugadores (un Cristiano Ronaldo en clara decadencia, muy lejos de su época gloriosa, lejana ya, del Manchester United, rodeado por diez pretorianos dignos de cualquier bar del puerto de Lisboa), por lo blandita que se aparecía la Roja hasta ayer y porque, si nos eliminaban, nos eliminaba Portugal, e imagínense el ridículo. Uno puede aceptar que le eliminen en octavos (una vez se ha quedado mejor que Francia e Italia y una vez Inglaterra ha vuelto a fracasar, el fracaso propio duele menos, que este es un Mundial excéntrico, rarito, antieuropeo). Pero ¿Portugal? Hasta ahí podríamos llegar.

Por eso Del Bosque decidió ensayar una táctica revolucionaria. Poniéndoles en las barbas durante más de sesenta minutos a nuestro peor jugador, Fernando “Niño” Torres, para que la defensa de Portugal se confiase. Los ataques de España morían en un sentido homenaje a la horizontalidad, perdiéndola, chutando desde cuarenta metros a la nada o pasándole a Fernando Torres. Es decir, perdiéndola. Porque el Niño, que no se anda con tonterías y para algo es una estrellita del Liverpool: balón que coge, jugada que destruye. Generalmente, porque se resbala y la pierde, o chuta a las nubes y la pierde, o mejor aún, echa el balón palante sin ningún tino ni objetivo y este acaba llegando mansamente a los pies del central más cercano.

España se pasó más de la mitad del partido así, sin hacer nada. El mismo fútbol que contra Suiza pero aún, si cabe, con menor profundidad. Toque, toque y toque inútil en las inmediaciones del área, ante el aplauso de la prensa española, a la que le encanta juntar tres adjetivos en una misma frase como buenos –y fallidos- aspirantes a Segurola, sobre todo si son adjetivos para disculpar a Torres, ya oficialmente incorporado al Nightmare Team de este Mundial, junto con Cristino Ronaldo y media selección inglesa.

Mientras tanto, Portugal, una selección que ayer sólo demostró que sabe cubrir al “Niño” Torres, daba varios avisos en la primera parte de que en cualquier momento podía llegar el gol que les permitiría cerrarse incluso más. Todo estaba preparado para escenificar el drama de La Roja, pero entonces Del Bosque sacó su arma secreta: el trabajo oscuro que no se ve de Torres, consistente en adormecer a la defensa portuguesa con su fundada incompetencia, surtió efecto: fue poner a un voluntarioso delantero asimilado en el Bilbao, Llorente, capaz incluso de crear peligro, y que cambiase todo. Tres zarpazos de España culminados en el gol de Villa y sucedidos por varias oportunidades claras más, mientras Portugal caía en una pasividad melancólica digna del mejor de los tópicos.

En fin, que hemos ganado y tenemos la copa del Mundo al alcance de la mano. En cuartos espera Paraguay, una selección cuyo objetivo confeso es llegar a la tanda de penalties. Si perdemos el ridículo podría ser antológico, pero no se preocupen: no va a pasar. ¡Estamos en semifinales! Sí, habrá que jugar un enojoso partido, pero lo más probable es que hacia el minuto treinta de la primera parte ya esté todo encarrilado. Es un partido ideal para continuar con la recuperación de Fernando Torres y tratarlo como el titular indiscutible que, contra toda evidencia, es. Por si acaso la prensa flaquea, allá va un argumento de peso. No se preocupen, es gratis: “España ha ganado todos los partidos que Fernando Torres ha jugado como titular”.

Si la cosa se pone muy fácil no descarten incluso que Torres sea capaz de empujar algún balón cedido por Iniesta o Xavi, estrenar su cuenta goleadora y permitir a los periodistas españoles soltar aquello tan manido de la pasada Eurocopa: “La delantera de España es la más eficaz de Europa: cinco goles entre los dos” (cuatro de Villa y uno de Torres). Si Torres, como es previsible, ni así marca, no se preocupen: también lo tendremos contra Alemania (esperemos).

Aprovechemos la ocasión para ejercer la chulería y el ventajismo que, como españoles, nos son propios, dándole a Portugal una de esas lecciones que nadie nos ha pedido pero que el español, en su infinita generosidad, siempre da. La verdad es que si fuese portugués estaría muy jodido hoy. No sólo por perder contra España, que ya jode, sino por perder así de patéticamente. Al menos España, cuando pierde, que es, tarde o temprano, casi siempre, suele caer con cierta grandeza, atacando y jugando un buen partido. Así lo hizo en México 86, en EE.UU. 94, en Corea 2002 [5] y en las Eurocopas de 1996 y 2000 [6] (la principal excepción a la norma fue el partido contra Francia del Mundial 2006). Pero lo de Portugal, que aun perdiendo era incapaz de abandonar su tónica plana y ultradefensiva, daba mucha pena.

Al menos antes Portugal era un equipo simpático, que jugaba moderadamente bien, y que incluso llegó dos veces a semifinales (en 1966 y 2006, si mal no recuerdo). Pero este engendro de catenaccio no puede gustarle a nadie en su sano juicio. Su principal mérito, al parecer, es que no le marcaban apenas goles. Claro que ellos, salvo si el rival es Corea del Norte, también han sido incapaces de marcar un solo gol en este Mundial. Es decir, el modelo paraguayo, sólo que con jugadores supuestamente más solventes.реклама в google цена [7]ванная комната интерьер [8]