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PORTUGAL

España ha llegado a ese punto que todos los aficionados al fútbol de la península ibérica tan bien conocen. Y como a partir de cierto punto las cosas suelen ser como acostumbran la tentación de remitirnos a la Eurocopa 2004 [1] y contarles exactamente lo mismo que entonces escribimos sobre Portugal [2] es grande. Como nuestra responsabilidad institucional es, sin embargo, grande, no lo haremos punto por punto. Pero, avisados quedan, tenemos la intención de respetar el espíritu de lo publicado entonces. Porque sigue sorprendente (y plenamente) vigente. Así es LPD, que incluso sus contenidos más aparentemente coyunturales acaban bordeando lo imperecedero.

Introducción, entorno y análisis del medio. Apenas iniciada una fase final de un campeonato internacional la selección española ya ha dejado patente que toda la ilusión que los freaks de los medios de comunicación habían vendido [3] (“tenemos un equipazo”, “aspiramos a todo”, “este año sí toca Mundial”, “somos los mejores”, “somos los grandes favoritos”) era únicamente eso, humo. Tras una serie de partidos contra equipos del potencial de Suiza [4], Honduras [5] y Chile [6] (si algún lector, a estas alturas, y apenas transcurrida una semana, recuerda el nombre de media docena de jugadores suizos, hondureños o chilenos, puede escribir al diario Marca y a buen seguro le ofrecerán un puesto de analista técnico, impresionados por la honda sabiduría atesorada), los españoles han demostrado que su equipo es capaz de hacer un fútbol tan ramplón como el de aquéllos y que, además, los resultados tampoco son para tirar cohetes.

En esas estamos, en consecuencia, a día de hoy: apelando a la épica. Porque España se juega el pase a cuartos de final (habitual listón que sitúa la trayectoria del seleccionador de turno en el Olimpo de los mejores técnicos de la historia de la selección) contra Portugal, o sea, el equipito serio, tenaz y trabajador donde todos curran como cabrones para que pueda brillar Cristiano Ronaldo. La cosa pinta entretenida, eso no se puede negar, dado el legendario desprecio que sentimos por los portugueses y que, recordemos la ya mencionada Eurocopa 2004, ello no significa que nos los ventilemos precisamente con facilidad en este tipo de trances.

Folklore. Portugal es un país situado al Oeste de España. En contra de lo que creen muchos españoles, inducidos a ello durante lustros por la única geografía que se enseñaba antes de la LOGSE (el mapa del tiempo de la tele, sin ir más lejos), España no linda al Oeste con el Océano Atlántico. O no toda la España Oriental lo hace. Con la excepción de Galicia (que sí linda con la mar océana al Oeste, pero a cambio tiene frontera con Portugal al sur), al Oeste de España hay un país desconocido e ignoto: Portugal.
Y, sin embargo, los portugueses no son tan diferentes. Hacen el ridículo Eurocopa tras Eurocopa y Mundial tras Mundial, su afición cree tener un equipo de campanillas, sus clubes ganan de vez en cuando competiciones europeas y sus mejores jugadores juegan en el Real Madrid. ¿Les suena esto de algo?

Portugal ha sido, es y será, por todo ello, una perita en dulce para cualquier equipo que se enfrente a esta selección. Pero, recordemos, estamos hablando de España. Y nosotros no somos “cualquier equipo”, somos algo un poco más triste. Por eso la cosa se iguala tanto que se entiende que hablemos del “Cruce de la Muerte” y lo vivamos con indisimulada ansiedad. El duelo por la hegemonía ibérica, donde España suele tener todas las de ganar dado que el peso de nuestra mayor población nos lo da casi siempre todo hecho, se torna cuando entra el fútbol de por medio en una pelea en el barro y a cara de perro. Y con los portugueses sedientos de venganza porque, recordemos, para algo bueno que tenían en el país, que era Saramago y poco más, fuimos con un comando especial de tías buenorras en la estela de Marina Castaño (que debe de haber abierto una academia especializada de la que están saliendo cientos de alumnas más que preparadas) y nos trajimos al pobre comunista y escritor luso a pasar el fin de sus días en Lanzarote, gracias a una jovencita de buen ver que presumía de izquierdista, dejando a los lusos sin herencia, sin patronazgo intelectual y bien jodidos con su estrellita literaria de turno preconizando el paniberismo. Por eso, a  pesar de sus carencias y de las humillaciones históricas no hemos de confiarnos: los portugueses son peligrosos. Tienen inquina a los españoles, son así de desagradecidos. Y tienen un plan.

Los portugueses han recurrido siempre a una táctica muy inteligente para derrotar a los españoles (algo que ha ocurrido sistemáticamente en todas las guerras libradas entre ambos países, como demuestra la misma existencia de Portugal como país): hacerse los despistados, aparentar que la cosa no va con ellos y aprovecharse del desconcierto y dejazón tan españolas para, contra todo pronóstico, imponerse a España. Es la tenacidad que da el odio, que te hace tomarte cualquier rencilla como algo a vida o muerte, mientras que los españoles han considerado las disputas con Portugal como algo menor, como una ocasión perfecta para tomarse un fino y echarse una siesta, esperando emociones más fuertes.

Teniendo en cuenta este precedente, España tendrá mucho ganado si no cae en provocaciones para caer en el adormilamiento y, sencillamente, demuestra estar centradita y acude al encuentro a la hora prevista. Si luego se ponen a jugar con un mínimo de tensión competitiva la cosa sería ya la leche. Pero tampoco pidamos imposibles a este grupo. Conformémonos con, al menos, aparecer y no hacer un Perico Delgado. Con esta declaración de intenciones ya sólo quedará jugar el partido, y confiar en que la desgracia que acompaña a Portugal sea mayor que la desgracia que acompaña a España. El duelo estará igualado, no hay duda, pero mientras haya vida hay esperanza. Y si se pierde no pasa nada: también se perdió la frontera natural del Guadiana y, ¿acaso se acuerda alguien?

Así juegan: De derribo, porque, la verdad, los peligros de Portugal no están asociados al buen juego sino a la demolición concienzuda y constante del rival. De hecho, les meten bien pocos goles. A diferencia de España, que apuesta por el juego coral tras décadas de decepciones con las estrellitas y la “mejor generación de la historia de nuestro fútbol”, los portugueses quedaron hartitos hace unos años (total, por perder una final con Grecia, ¿a quién no le ha pasado algo así?, ¿quién no ha llegado a una final y la ha perdido contra, perdonen que me aguante la risa, ¡Grecia!??) de sus estrellitas, una generación de oro, que ganó todo en selecciones infantiles, juveniles y de torneos de solteros contra casados, pero que no rascó bola en cuanto se puso a jugar contra equipos serios como Alemania, Italia, Francia o, en general, cualquiera que no provenga de la península ibérica. ¿Les suena de nuevo? A nosotros tampoco. Lo que ocurre es que ellos, tras las decpeciones aparejadas a los Rui Costa, Conciençao, Vítor Baia, Joao Pinto, Figo… han apostado por un grupo de luchadores tan indistinguibles unos de otros que parecen coreanos del norte, los muy cabrones. Que cierran espacios, corren, pelean y no dan cuartel. Una pesadilla, vamos. Y luego, a depender de la estrellita o, como ésta aparece más bien poco, de una contra, de la suerte o de que el empate baste. Así se han clasificado, brillantemente, en el grupo de Brasil y así nos llegan a los octavos, sin encajar apenas goles haber haber encajado un solo gol y confiados en dar la campanada.

La estrellita. Decir que Portugal depende de Cristiano Ronaldo y su acierto nos da un poco de vergüenza, por obvio y porque, lo que es peor, tampoco es verdad. La clave, como acabamos de explicar, está en otras cosas. Así que no llegaremos a tanto. Pero es el más guapo, vende camisetas que no veas (en Portugal y en los garitos de gays de estética camionero calentón), y tiene siempre el pelito y los pectorales en su sitio, sin que se muevan un ápice de donde toca. Un profesional. Guapísimo. Y recordemos que ayer fue el día del Orgullo Gay, con lo que su icono más internacional les debe un recital y esta puede ser la noche. Que tampoco es que confiemos mucho en ello, pero dicho sea por seguir la corriente a la prensa que se supone que sabe de esto.

Cristiano Ronaldo, eso sí, es como lo que fue Raúl en España y en el Madrid hasta que llegó… Cristiano Ronaldo: puede hacer lo que más le plazca. Tiene sitio e idolatría asegurada, pase lo que pase. Como el chaval es competitivo de natural y todavía joven, así como más o menos sensato (y desconfía más de su selección de lo que nosotros, como vecinos chulitos, hacemos), se vació en la Liga para tratar de pillar algo con el Madrid, sabedor de que a la Eurocopa al Mundial venía a hacer el ridículo. Aun así, es llamativo lo poco que ha aparecido. Menos incluso de lo que esperábamos los que queríamos reírnos de él. Cuidadito no se inflame contra el Barça B que juega esta noche contra su selección, que puede acabar en un disgusto para España y un drama identitario. ¿Cuántos niños del Madrid irán hoy con Portugal, que tiene a Cristiano, en vez de con España, plagada de tiparracos del Barça? ¡Así es como se rompe España y no con el Estatut!

Pronóstico. Como suele ocurrir con España, tras unos inicios de euforia, ya empezamos a tener claro qué va a pasar. De manera que la prensa española ha preparado ya, con la profesionalidad que la caracteriza, una rigurosa labor de documentación escrutar al árbitro de turno: actuaciones polémicas previas, precedentes, qué tipo de pósters tiene en la habitación… Ya saben: “Otro Robo”, “Vergüenza”, “Competición adulterada”.

Es decir, que el partido hemos de verlo asumiendo que no lo vamos a perder sino que nos lo van a robar, y que es nuestro deber como españoles denunciarlo desde ya. Y, si se gana, pues mira, pelillos a la mar. Nos tragamos todo lo que hemos dicho y escrito sobre eso de acusar a los árbitros de equivocarse “inteligentemente” como si fuéramos, mismamente, Fernando Alonso y lo dejamos claro: hemos pasado porque podemos incluso con las oscuras intenciones de la FIFA y de sus árbitros (cualquier árbitro de nivel sabe qué equipos interesa que lleguen lejos y ganen, por motivos de audiencia y de repercusión en la opinión pública). A ver si un español va a tener que mantener la bocaza cerrada con estas cosas, incluso cuando queda patente que ha metido la pata. ¡Amos anda!
La competición no es limpia, eso está claro.стратегия продвижения бренда зонтичного [7]youtube translate video [8]