Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses (1944 – 1956) – Tony Judt

Tony Judt es un historiador británico conocido fundamentalmente por su monumental obra “Postguerra”, que es un magnífico estudio sobre la historia del continente europeo desde 1945 hasta la actualidad. En esta obra Judt acreditaba, además de su dominio de los conceptos y su capacidad para transmitir procesos complejos con un lenguaje preciso y comprensible, una inquina hacia los franceses particularmente constante. Francia aparecía como una especie de “país tocahuevos” por excelencia en todos los ámbitos, desde el económico hasta el cultural. La excepción francesa aparece una y otra vez, constantemente, siempre dispuesta a ocupar una posición que no le corresponde, dificultando las cosas y, además, equivocándose sistemáticamente en sus apreciaciones.

Así que, cuando llegó a mis oídos que Tony Judt tenía un libro (publicado en 1992, con la caída del Muro aún muy reciente) dedicado exclusivamente a Francia; ítem más, a los insoportables intelectuales franceses de postguerra, tuve clarísimo no sólo que lo iba a leer, sino que lo iba a reseñar en LPD (y, me atrevería a decir, también tenía más o menos claro el contenido de la reseña. ¡Viva el prejuicio, que siempre nos paga generosamente por nuestra cortedad de miras y recurso al topicazo!).

Y hay que decir que no decepciona. Para mi gusto se centra demasiado en el que, por otra parte, es su objeto de estudio explícito, la clase intelectual francesa (¿para qué pararnos en los intelectuales franceses si podemos hablar mal de Francia, así, en general?). Pero, desde luego, lo hace bien.

Judt perfila una clase intelectual especializada en el olvido, el doble rasero y el doble lenguaje. Humillada por el pasado inmediato y el trauma de la conquista alemana y la liberación americana, sólo quedan el comunismo y los comunistas, a los que se asocian los intelectuales franceses casi en bloque en una especie de pacto para ganar respetabilidad (unos, imagen de compromiso con los necesitados y alejamiento respecto de los malvados anglosajones; otros, respetabilidad cívico-intelectual y quitarse el pelo de la dehesa), que en la práctica supone que se comporten como turistas snobs en su relación con el comunismo y los comunistas (“¡Verdaderos obreros! ¡Míralos, qué ceñudos y cetrinos que son!”).

La afinidad acrítica con el comunismo, que les lleva a validar las purgas de Stalin y los juicios – espectáculo organizados en la Europa del Este contra los que en cada momento se perciben como “impuros”, deriva del desesperado intento de agarrarse a algo, de singularizar el papel de Francia en el mundo en un momento en el que, en lo que los yanquis macarras estilo Robert Kagan denominan “poder duro” (armamento y economía), acababan de convertirse en el hazmerreír del mundo entero. Un momento en el que, según Jean Monnet, Francia corre el riesgo de convertirse en un país de tercera categoría:

Jean Monnet defendió una rápida modernización económica sin la cual, advirtió a René Mayer, “nos convertiremos en España”. (pág. 292).

¿Cabe imaginar un panorama más terrorífico? Pero, a pesar de todo, Francia contaba con un as en la manga típicamente antiespañol, pues se basa en el metrosexual “poder blando”: en aquel momento la influencia cultural de Francia, y sobre todo de su clase intelectual, era muchísimo mayor que ahora. Los animados debates sobre cualquier cosa que tenían lugar en París (cuando hablamos de Francia, en casi cualquier aspecto salvo en el fútbol, nos referimos en realidad a París) tenían una enorme repercusión en el ambiente intelectual de la época, tanto en el Este como en el Oeste, y tanto entre los latinos como entre los anglosajones. La historia que relata Judt, en consencuencia, resulta tanto más hiriente, pues es la historia del derroche de ese capital cultural.

Pocos son los intelectuales que se salvan del juicio sumarísimo en el que son condenados por Judt, aunque se ceba especialmente, para alegría de la afición, en el gurú por antonomasia: Sartre.

Sartre, el existencialista, podría haber sostenido que había cosas peores en la vida que avergonzar a los propios amigos, o a uno mismo, y que hay momentos en la historia en los que un individuo ha de tomar la palabra y hablar claro, comprometerse con una posición determinada y afrontar las consecuencias. Lo cierto es que Sartre, el anti-anticomunista, pensaba de otro modo (pág. 214)

Y

El auge de Sartre coincidió precisamente con el eclipse de Francia, lo cual no deja de contener cierta elegancia, ya que Sartre no era más que el filósofo de su propia inferioridad, en calidad de intelectual y en calidad de hombre, por lo cual era verdaderamente el pensador más apropiado para hablar en nombre de una nación cuya situación emocional representaba de manera fidelísima en su acomplejada y contrariada personalidad (pág. 291).

Durante una generación, la mayoría de los intelectuales franceses decidieron aplicarle una presunción de inocencia sistemática al comunismo, disculpándole sus mayores excesos y crímenes en pos de un supuesto interés superior. Se trata de una actitud que no nos resulta en absoluto ajena, y que la mayor parte de la gente practica en una medida u otra: el doble rasero para los nuestros y los enemigos, que llega al paroxismo en el actual partidismo mediático – político a ultranza. Lo llamativo aquí es el contraste entre el prestigio de quienes lo ejercitaban, por una parte, y la gravedad (en términos morales y prácticos) que suponía su persistencia en el error y su afán por enmascarar a “los nuestros” (los cuales, además, poco tenían en común con tan atildados “compañeros de viaje”). Veamos un ejemplo:

En uno de los textos más hilarantes de la época, sólo que sin intención de resultar cómico, Bourdet presentó los levantamientos en Checoslovaquia en 1951 y 1952 (…) como síntomas “esperanzadores” de una creciente autonomía checa, como muestra de la resistencia ante el control soviético. Si Occidente renunciase a Austria y permitiera el surgimiento de una Alemania neutral, escribió, se podrían esperar esos mismos síntomas positivos en muchos otros lugares, en el resto del bloque soviético. Cualquier intento por rearmar a Alemania, en cambio, amedrentaría a los checos y los haría “volver” a los brazos de los rusos, lo que abortaría los “esfuerzos por lograr la liberación” de aquellos momentos. En cambio, Bourdet dudaba de que “los dueños de la destrucción atómica” tuvieran la elemental sensatez de ver la lógica de su razonamiento: el resultado sólo podría ser un esclerosamiento de las arterias políticas, y la culpa sería de Occidente. Bourdet quiso explotar aquí, sin la menor vergüenza, el terror reinante en Checoslovaquia como oportunidad adicional para atacar a Estados Unidos, aunque no hubiera sido capaz de trazar un conjunto tan inverosímil de conexiones e interpretaciones erróneas si no hubiera considerado evidente per se que todos los acontecimientos del momento en la Europa del Este eran producto directo de las actitudes y la política de Occidente. En una comunidad intelectual en la que a Simone de Beauvoir se la tomaba muy en serio cuando describía películas norteamericanas como Shane o Solo ante el peligro y las tachaba de propaganda militar diseñada para preparar al público occidental de cara a una “guerra preventiva”, las tesis de Bourdet tenían que parecer perfectamente verosímiles (pág. 205).

Frente a este panorama, sólo brilla con luz propia la figura heterodoxa de Raymond Aron, desde el principio coherente en su rechazo de toda forma de totalitarismo y, en concreto, del “colaboracionismo intelectual” imperante con el comunismo, que le supuso el aislamiento más absoluto en Francia durante décadas. Y, desde otra perspectiva, también se elogia la capacidad de Albert Camus para rectificar, renegar de su inicial entusiasmo por el estalinismo y, en suma, ser capaz de reconocer sus errores:

Durante muchos años, al igual que todos los demás, fingió no saber nada de los crímenes cometidos en la Unión Soviética (o trató de no pensar en ello), y disculpó, como todos los demás, la repetición y el perfeccionamiento de estos crímenes en los satélites europeos de Stalin. Ésta dejó de ser una posición cómoda, compatible con su anterior papel de portavoz de la resistencia antifascista y de sus sueños revolucionarios. Y entonces, casi como si se le hubiera ocurrido de repente y hubiera visto por fin con claridad el peso intolerable que representaba el silencio impuesto, dejó de autocensurarse y declaró que en adelante iba a decir a las claras lo que pensaba. Camus no era un intelectual corriente, como tampoco lo eran su perspicacia ni su honradez, y se las ingenió para estar un cuarto de siglo por delante de su tiempo (pág. 175).

Judt concluye, tras un balance demoledor de esta generación de intelectuales, que su fracaso fue también el canto del cisne de Francia como “luz del mundo”, de su importancia en el mundo, y de la propia figura del intelectual, que a partir de entonces se vería, según Judt, parcialmente sustituido (en Francia como en el resto del mundo) por la del especialista, el individuo formado en un campo específico del saber, generalmente ligado al mundo universitario, cuyos juicios de valor han de estar mínimamente asentados en el conocimiento de la materia para evitar, entre otras cosas, el ridículo a los ojos de sus compañeros de profesión, también conocedores de la materia de que se está debatiendo.

Al mismo tiempo, la generalización de los modernos medios de comunicación de masas expuso más directamente al intelectual, y a sus taras, a la luz pública. Los que intentaron suceder el “trono” de Sartre y demás representantes de su generación, por el contrario, o bien renunciaron a una influencia social comparable o bien patinaron cada vez más, dadas sus insuficiencias, al intentarlo. Particularmente divertido es el perfil que hace Judt del insufrible Bernard-Henri Lévy:

Padece algunos de los defectos de sus predecesores de la posguerra –el autobombo, el solipsismo, la devoción esclava a las modas intelectuales-, si bien carece de casi todas sus virtudes (págs. 331-332).

Del interés por los intelectuales franceses no queda nada… Salvo, paradójicamente, el interés que parte del mundo académico externo a la propia Francia sigue profesando por algunos de sus gurús, que aún gozan de predicamento, por increíble que parezca, en muchas universidades. Como alguien que ha padecido los delirantes textos del estructuralismo y el postestructuralismo francés, de Foucault, de Barthes y de Derrida y demás imposturas intelectuales, durante casi una década, la implacable explicación de Judt constituye un broche de oro final para su estudio:

Las universidades extranjeras están llenas de profesores que no sólo estudian las obras de Lacan, Foucault, Derrida, Barthes, Lyotard, Bourdieu, Baudrillard y otros, sino que además aplican sus métodos asiduamente en sus propias investigaciones y en un amplísimo abanico de disciplinas (…). La deconstrucción, la posmodernidad, el posestructuralismo y sus progenies respectivas prosperan, por inverosímil que resulte, de Londres a Los Ángeles. La llorada figura del intelectual francés sigue viva y goza de buena salud en cualquier parte del mundo… salvo en París. Con una diferencia: sea para bien o para mal, los intelectuales franceses tuvieron verdadero peso en su propia cultura y en la cultura internacional, cuyo centro constituían. En cambio, sus admiradores e imitadores, en particular en las universidades del mundo anglosajón, no tienen peso alguno, y ésa es precisamente la razón por la que pueden seguir jugando con nomenclaturas e ideas pertenecientes al pasado (…). Se da el caso de que los estudiosos franceses que viajan a Gran Bretaña o a Estados Unidos o adonde sea, hoy, a veces tengan la inquietante sensación de haber viajado a su propio pasado, ya que se encuentran a críticos para los cuales Sartre era “la conciencia de su tiempo”, oyen a historiadores empeñados en deconstruir la Edad Media, se encuentran a teóricos de la literatura que hacen disquisiciones sobre la muerte del texto y a feministas estructuralistas de última hornada que clasifican la sociedad en esferas lingüísticamente engendradas. Pero se trata de un pasado bidimensional, en donde tiempo y espacio han desaparecido, en donde el cuerpo de la vida cultural y política de Francia se ha desdibujado, y todo cuanto queda es un gato de Chesire posmoderno, con su título de doctorado y su sonrisa. (págs. 336 337).

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  1. Comentario de John Constantine (31/05/2010 19:36):

    Yo, sinceramente, es que me escojono todos los domingos leyendo a Henri-Lévy en el dominical de “El Pais”. La verdad es que el sujeto casa perfectamente con la catadura moral y ética de todos quienes ahí escriben (Soledad Gallego Díaz, Juan Cruz, Javier Pradera)… pero que tuviera los cojones, en su 2ª aparición, de dibujar a Camus como “perdedor” ante los ojos de la filosofía y de la historia frente a Sartre y cia, es que ya fue demasiado, oiga. Desde entonces espero fervientemente que llegue de nuevo a ese nivel de humorismo o desfachatez, pero no me se acerca, oiga, no me se acerca.

    Y, bueno, en plan mas serio, a mi siempre me ha estremecido el vacío/oscurantismo del pensamiento moderno más mediático frente a Camus. Que alguien que, en mi entender, formuló una idea tan simple como que ninguna ideología puede estar por encima de las personas no sea de oblitorio estudio en todas las escuelas de este país explica muchas de las cosas que vivimos ahora.

    Y podrá estar todo lo equivocado que quieran en eso, que voy a equivocarme con el hasta el fin de mi mediocre existencia.

  2. Comentario de John Constantine (31/05/2010 19:44):

    Por ponerme en plan etéreo, y ya que da un gustirrinín increíble hablar de cosas que no sean furbol , política o la Esteban, diré que también es imposible que Camus sea enseñado o reivindicado por que, en mi opinión, descubrió la fórmula del día final (la ecuación de la antivida en los tebeos de superhéroes) de todas las ideologías y eso es algo que de ninguna manera se puede tolerar se difunda.

    Eso, claro, en opinión de un informático -moi- que estudió la mierda de filosofía que antes se daba en BUP y COU (lo más cercano al siglo XX que se estudiaba un pelo a fondo era Nietzsche. De los existencialistas, Kierkgard, Camus, Saveter, etc ni hablar del pelucón). Así que pido disculpen de entrada el pedrestre y garrulico nivel de los conocimientos y la compresión de los mismos de los que hago verguenza.

  3. Comentario de casio (31/05/2010 20:23):

    bien, decir que Foucault y Derrida son imposturas intelectuales solo sepuede deberse a la ignorancia, en el caso de que no los hayas leido o la incapcidad, en el caso de que sí lo hayas hecho. Decepcionante Guillermo, que te sumes a la francofobia de cierta intelectualidad anglosajona.

  4. Comentario de Alfredo MG (31/05/2010 21:21):

    “Así que, cuando llegó a mis oídos que Tony Judt tenía un libro (publicado en 1992, con la caída del Muro aún muy reciente) dedicado exclusivamente a Francia; ítem más, a los insoportables intelectuales franceses de postguerra, tuve clarísimo no sólo que lo iba a leer, sino que lo iba a reseñar en LPD (y, me atrevería a decir, también tenía más o menos claro el contenido de la reseña. ¡Viva el prejuicio, que siempre nos paga generosamente por nuestra cortedad de miras y recurso al topicazo!”

    Qué gracia me ha hecho esto. Muchas veces antes de empezar un libro o una película ya tengo pensada la reseña para LPD, ¡y cómo jode que la lectura o el visionado te la estropeen! (Para que la estropeen, claro, ya tiene que ser todo muy muy diferente de lo que ibas a escribir, que si es un poquito solamente cae la reseña-prejuicio con todas las de la ley).

  5. Comentario de casio (31/05/2010 21:47):

    A mi es que la osadia de algunos escribiendo me deja patidifuso, la verdad. vAhora que me calmado voy a explicarme.

    El mundo anglosajón de las ciencias sociales arrastra desde hace años una guerra (de prestigio intelectual, de puestos en la uni, y de pasta en fundaciones , patrocinios etc ) entre diversas corrientes de pensamiento: estructuralismo, de origen francés efectivamente, y en el que como dice el tipo este trabajan cientos de profesores de todo el mundo que son capaces de entender a Derrida, pero vaya por Dios, no lo son de caerse del guindo del engaño y la impostura y no se enteram wur lod tochodo que leen todos los dias no tiene ningun sentido…… sigamos, los “estudios culturales” que mucha gente confunde con la anterior y poco tiene que ver, aqui donde se embarca ciertas corrientes “postmodernistas o relativistas” que defienden la autonomia de cada cultura por reducida que sea y que en sus extremo llevan a defender el velo islamico o la “deconstrucción” de los sexos (creo que algo que ver tiene ultima ganadora del premio de ensayo Anagrama, aunque en esto yo tambien hablo de oidas) y “una tercera cultura” que se autoconsidera “cientifica” , relacionada con la psicologia evolucionista y heredera de Popper , y que apunta en su equipoo a Hawkins, Gould y demas, sin que estos señores se haya visto que yo sepa, en las once varas del análisis sociocultural de la edad Media, de la historia del discurso disciplinario sobre el sexo en la Europa Moderna o en antroplogia linguistica. Pero de lo que se trata es de utilizar el prestigio de las ciencias duras para acabar intelectualmente con las otra corrientes. Y más si son franceses, en esto les entendemos perfectamente Este tipo supongo que se procede de este ultimo partido, la pega es que la critica a la obra de alguien se tiene que hacer desde los contenido de esa obra. Por ejemplo es muy dificil entender la evolución de la Historia en los ultimos veinte años sin Foucault. Los prejuicios hay que al menos la elegancia de fundarlos en lecturas de primera mano..

    Por cierto, no se a que viene mezclar el cinismo politico de Sartre con el la pertinencia de ciertas ideas de Barthes o Lacan, me parece bastante pachanguero. en el fondo late cierto revanchismo bastante anacronico, o ucronico. ¿ Y por qué no habla de las multiples queridas del jodío bizco ? Ya puestos…

  6. Comentario de Nacho (31/05/2010 22:00):

    Tampoco habría que olvidar una cosa: y es que, en Francia, y en el resto del mundo mundial, a Sartre y a Camus se les sigue leyendo, en gran medida, por sus obras literarias. Incluso más que por sus obras filosóficas (si es que se pueden hacer distingos). Y, en este sentido, y sintiéndolo mucho, a Sartre muy pocos los respetan como autor literario de calidad. No así Camus. Y, si nos ponemos puristas, desde el punto de vista teatral, género en el que ambos se ensayaron, a Sartre no lo monta ni su padre. Todo lo más Las manos sucias y A puerta cerrada (y esta última , entre otras cosas, porque son tres personajes más uno; y sale muy barata).

  7. Comentario de parvulesco (31/05/2010 22:36):

    Camus me encantaba, pero es que ahora lo recuerdo como una copia de Dostoyevski, pero con un barniz ilustrado-racionalista. Los justos es casi un plagio de Los demonios, por ejemplo, y La caída recuerda demasiado a los Apuntes del subsuelo.

  8. Comentario de Guillermo López García (01/06/2010 00:54):

    Cabe una tercera posibilidad, Casio. Que sí que los haya leído y me parezcan un fraude. Me parecen una estupidez los Cultural Studies, en efecto, pasto de ignorantes que se suben al carro del todo vale. Pero mi relación con los Studies en el mundo académico ha sido mucho más tangencial que con los gurús franceses de los 70, a los que tuve que padecer continuamente a lo largo de toda la carrera universitaria, y más allá. Eran los años noventa y el retoricismo vacuo de Lacan o Derrida aún seguía vendiendo, y a muchos se les hacía la boca agua pensando en la deconstrucción, como si la idea de descomponer la obra para después recomponerla fuese revolucionaria y aportase algún valor añadido. En cuanto a Foucault, mi contacto con el autor finalizó tras la lectura de su debate con los Mao en los años 70, en el que se manifestaba totalmente de acuerdo con la base del discurso de los Mao (ejecutar a la burguesía como punto de partida de la revolución entonces inminente).

    De todas maneras, el libro de Judt es de principios de los noventa, y por eso refleja esa preocupación por establecer un debate con (o contra) determinados, por llamarlos de alguna forma, movimientos intelectuales provenientes de Francia. Actualmente su importancia en el mundo académico es mucho menor, por no decir nula, y se ha recluido o transmutado en los mencionados Cultural Studies.

    Un cordial saludo

  9. Comentario de Garganta Profunda (01/06/2010 07:35):

    ¿Pero que mariconadas son estas de si Foucault, que si Derrida, que si Henri Lévy, que si Maloudá, que si Benzemá y la puta m. de Zinedine Zidane?

    Los franceses apestan. Y punto. Y no hace falta irse a sus filosofos para llegar a esa conclusión. El resto de población activa así lo demuestra cada día. Es un pueblo cargado de rencor y desprecio para todo aquello que no sea frances, perdón, quise decir parisino.

    Pues eso.

  10. Comentario de casio (01/06/2010 09:00):

    Pues sinceramente Guillermo, no entiendo como alguien que se ha tomado la molestia de leer de primera mano a Derrida o a Foucault puededecir que son un fraude. Desde el modesto punto de vista de alguien que también los ha leido , y mira que me costó entender a alguno de ellos al principio, tirando de enciclopedias de filosofia y lingüística, con el análisis que hace Derrida por poner un ejemplo del cierre totalitario de la filosofía de Hegel, se puede estar de acuerdo o no, pero ¿fraude? Fraude seria si se inventara las citas de Hegel, fraude es lo de las pulseritas esas que se venden como churros, pero una vez que alguien desarrolla unas premisas y deriva unas conclusiones se puede decir que razona equivocadamente o que se olvida de otras premisas pero ¿….fraude..? Y lo mismo con respecto a Foucault. Se puede estar de acuerdo o no, criticar sus premisas o sus olvidos en su análisis del poder y del aparato disciplinario de “vigilar y castigar”, por ejemplo que es un libro cojonudo, pero decir que este ensayo es fraudulento….. es como decir Ortega en la rebelión de las masas es fraudulento, un poco raro. Y no tengo ni idea de lo que dijo de los maoístas, ni a la hora de juzgar la importancia de su obra , me importa. Por cierto dado totum revolutum del tal Tony pareceria que todos eran rojeras o compañeros de viaje del estalinismo, lo cual no es en absoluto cierto, Lacan era considerado un pensador burgues enemigo de los comunitas, derrida, tres cuartos de lo mismo..
    Pero da igual, como vemos por otros comentarios, cada uno tiene derecho a alimentar sus propios prejuicios.

  11. Comentario de Guillermo López García (01/06/2010 09:47):

    Yo creo que no tenemos punto de acuerdo posible, Casio. Estas cosas pasan. El mismo autor que a ti puede encantarte a mí puede parecerme insufrible, y viceversa (como de hecho nos ocurre a ambos aquí) ¡Qué aburrido sería todo si todos reaccionáramos de la misma manera!

    Para mí constituyen un fraude porque sus obras, por lo general, no aportan nada realmente válido al procedimiento científico, y sí contribuyen, en cambio, a emborronarlo (y, además, enmascaran sus carencias con un lenguaje voluntariamente oscuro y confuso en el que, en el fondo, tampoco dicen nada).

    En cualquier caso, sí quiero aclarar que el grueso del libro se refiere a la generación de Sartre, Camus, Merleau-Ponty, Aron, … De la postguerra. La diatriba contra los gurús de los sesenta – setenta pertenece a las conclusiones del trabajo.

    Un cordial saludo

  12. Comentario de casio (01/06/2010 11:09):

    Por supuesto que respeto tu punto de vista, sin embargo no puedo respetar esa afirmación de que no dicen nada. Hace poco en uno de estos foros de internet leí que Heidegger , además de filo-nazi, era delirante. A mí, entender algo de Heidegger me supuso releer un texto comentado por alguien que sabia mucho, echar mano a un par de libros de consulta y darle un par de vueltas. un rollete, pero cuando lo entendi ( un par de ideas centrales , no más) me maravillo,la primera lectura fue…¿esto que coño es?. Por supuesto no digo que sea tu caso, que se yo qué sé lo has leido de esta gente que criticas. Y se que todo esto suena espantosamente pedante, pero es que de ciertos temas no hay otra mandera de plantearlo hay cierta tendencia a ahorrarnos el esfuerzo, pero no el juicio.

    Y por supuesto cada uno que se prive de lo que le pete.

    Un cordial saludo para ti tambien.

  13. Comentario de bordesinremedio (01/06/2010 11:22):

    En este debate entre casio y guillermo me tengo que inclinar por Guillermo, especialmente en la parte relativa a la escritura. Aunque personalmente creo que Foucault or Bordieu si han aportado cosas, lo demás me parece a veces un fraude en el sentido que Guillermo lo expresa.

    Y sobre esto casio:

    “se que todo esto suena espantosamente pedante, pero es que de ciertos temas no hay otra mandera de plantearlo hay cierta tendencia a ahorrarnos el esfuerzo, pero no el juicio”.

    Lo siento pero no puedo estar más en desacuerdo. Eso de que como el tema es difícil require escribir MAL – porque es lo que es, no tiene donde sustentarse. Se puede escribir sobre temas complicados y de manera accesible. Por supuesto, a cierto nivel se requiere el conocer el vocabulario, pero más allá de eso, no hay justificación excepto la del ego para escribir de manera oscura.

    Leyéndote, asumo que conocerás a Judith Butler, así que sabrás la crítica de Martha Nussbaum a ella, junto al premio que Butler recibió a peor texto del anyo.

    Recomiendo en ese sentido este pdf:
    http://homepage.newschool.edu/~mjm11/Orwellroney.pdf

    Por lo general gente como Kant or Hegel, escritores fundamentales que escriben de una manera realmente complicada y que aportan, es excepcional. Mi impresión es que escribir de manera obscura es una táctica deliberada que impide una discusión limpia sobre los argumentos del autor.

  14. Comentario de parvulesco (01/06/2010 11:38):

    Ahora está de moda poner a parir a Sartre, pero libritos como el Existencialismo es un Humanismo o La náusea son muy interesantes. En el primero se aprecia que su filosofía era algo popular, social, tema de discusión como ahora es el fichaje de Mou. Las novelas de Boris Vian también dan cuenta de esto y de hecho también LPD, con aquello de usar el marxismo para ligar.

    No sé, pero ahora es inimaginable utilizar el Capital para ligar con una chica. Los intelectuales franceses hicieron algo que la cultura dominante actual, la anglosajona, nunca podrá hacer, que es poner lo “intelectual” de moda. En EUA lo intelectual es sinónimo de elitista y alejado de lo popular, si no nerd o friki.

    La problemática nace precisamente cuando lo intelectual se pone de moda, ya que traiciona aquella máxima hegeliana en la que la filosofía siempre va atrasada respecto su tiempo, pierde profundidad se simplifica y entonces aparecen los Lyotard y cía.
    Con Vigilar y Castigar, aunque parecían de entrada tesis muy interesantes, no pude llegar a la página 20, y Lyotard, éste sin la menor duda, es un timo catedralicio. La condición postmoderna es un libro sin ningún tipo de entidad, totalmente vacuo, que no concluye nada y además el tío va de izquierdas cuando es totalmente reaccionario.

  15. Comentario de Álvaro (01/06/2010 12:38):

    Muy decepcionante Guillermo. Ni una sola mención a cuánto ligaban esos intectuales franceses.

    Por otro lado, lo único que puedo decir sobre este asunto es que el tal Henry-Levy se me hace muy cuesta arriba con ese tonito que tiene de indignación del mu listo mu listo en un mundo de tontos. Me irrita como sólo podría hacerlo Pérez Reverte.

    ¡Y ya está bien de heterodoxia! Tanto Mao y tanta gaita, la verdadera vanguardia revolucionaria eran los jemeres rojos. Basta de ninguneo a sueldo de Washington.

  16. Comentario de Bah (01/06/2010 14:04):

    Parvulesco, te recomiendo darle otra oportunidad a Vigilar y Castigar. De hecho me cuesta concebir que alguien considere que aquí Foucault no dice nada y en general, cuando se dedicaba estrictamente a su materia (como es el caso), decía bastantes cosas. Uno puede estar de acuerdo cion él, ser m´ñas o crítico o menos y desde luego su teoría del pdoer tiene varios puntos flacos, así como la falta de perspectiva global tan necesaria para entender la modernidad (a mi humilde entender) pero creo que es un error desestimarlo de antemano. El hecho de tener ideas políticas abyectas no creo que descalifique el conjunto de la obra de nadie, porque de lo contrario no se salva ni siquiera los que escribimos aquí. Y esto lo dice alguien que, de tener que optar por una secta optaría por el Neoestructuralismo-Partido de Dios.

    Por lo demás, de Henry-Levi empecé “El bien el mal y su puta madre” y lo pasé mal de la vergüenza ajena que me provocaba (y la vergüenza propia de que me viesen leyendo eso).

    Como nota al margen, sigo sin entender la admiración reverencial que se tiene en esta página por cualquier historiador británico que pase por delante. El día que hagan autocrítica (aunque creo que es apalabra no existe en la lengua de Shakespeare) con la misma dureza que tratan a los demás (especialmente a sus vecinos) va a haber una oleada de suicidios en la isla.

    Un saludo.

  17. Comentario de desempleado (01/06/2010 15:26):

    “Vigilar y castigar” es un libro bueno, bueno. De Sartre y Camus he leído “la náusea”, “el hombre rebelde”, “la peste” y “El extranjero”. Todos me gustaron. No entro en el rollo intelectual francés sí o no puesto que los padecí en la carrera y acabe harto de ellos.

  18. Comentario de parvulesco (01/06/2010 18:38):

    desempleado, si te gustaron lee El Mito de Sísifo, es un ensayo de corte filosófico que la verdad dista años luz de la imagen que da el británico y es tremendo. De hecho es mi libro de capçalera, de mesilla de noche vaya.

    Bah, lo volveré a intentar, pero es que se me hicieron muy pesadas esas descripciones minuciosas que no iban a lo importante. Pero sus tesis siempre las he encontrado muy interesantes.

  19. Comentario de Juan Carlos I (02/06/2010 07:50):

    Genial el capitulo de “Articulos relacinados”

    “TONY HAWKS PRO SKATER”

    ¿El CMS es tan hijoputa como vosotros, no?

  20. Comentario de desempleado (02/06/2010 08:13):

    Gracias por la recomendación.

  21. Comentario de anónimo (02/06/2010 13:17):

    ¿A qué tanto rencor? Si no os gustan no los leáis, pero se repiten demasiado las tonterías de Sokal. Al final todo se reduce a lo mismo: 1. que si escriben mal, pero, ¿que demonios significa escribir MAL? ¿que cuesta mucho seguir el hilo? quizás hay otras razones que explican esto, ¿has probado a pensar que escriben en otro idioma? (pues doy por hecho que al despreciarlos tanto no los vas a leer en francés, quizás eso es un primer error que genera más de un prejuicio, y 2. el tópico terrible de que no son científicos, esta acusación delata el terrible fundamento de quien la enuncia. Pero en concuclusión, si no te gusta fulano, ignóralo.

    Saludos

  22. Comentario de Bunnymen (02/06/2010 15:25):

    Anónimo,

    El rencor esta más que justificado cuando pierdes tiempo(y esfuerzo) en una lectura que al final termina por ser “unaputamierda”.
    Escribir mal es ser farragoso de forma pretendida, no para embellecer el idioma por gusto, sino para ocultar con lo barroco del continente lo simple y hasta vulgar del contenido.
    ¿Esto puede ser causa de la traducción?, pues no, si así fuera, se cargarían las tintas contra los traductores y no contra el pedante traducido.
    Y yo no leo a estos en francés (¡más teniendo en cuenta que los gabachos son todos una panda de maricones!), ni leí a Confucio en chino, ni a Dostoievski en ruso. Ojala, pero no doy tanto de si.

    “el tópico terrible de que no son científicos, esta acusación delata el terrible fundamento de quien la enuncia”

    No me queda claro cual es el “terrible fundamento” del aquí enunciante. ¿Podrías ser más preciso en este punto?, más que nada para tratar de no caer en juicios llenos de “tópicos terribles”.

  23. Comentario de pues sí.... pero no. (02/06/2010 22:41):

    A #1: de acuerdo con el descojono que producen ALGUNOS artículos de Pradera, Cruz y toda la banda. Pero podría usted ser más concreto cuando habla de la “catadura moral y ética” de Soledad Gallego Díaz? Me parece sin duda de lo más decente que se puede leer en la prensa (en casi toda ella) hoy en día.
    Que es que nos ponemos ante el teclado y nos hierve la sangre, caballero.

  24. Comentario de parvulesco (03/06/2010 03:25):

    Sí, Anónimo, secundo a Bunnymen. Si no tienen ningún tipo de formación científica, que no hablen de ciencia, porque se ve a leguas luz que no tienen ni idea de lo que hablan y esto primero produce vergüenza ajena y después un molesto cabreo: “¿estudié física cinco años para que después vinieran éstos a decir chorradas?”.

  25. Comentario de anónimo (03/06/2010 10:06):

    Se trata de la tan manida ya cuestión del carácter digamos, ‘totalitario’ , del pensamiento científico entendido al modo anglosajón: evidencia, deducción, claridad y certeza, en suma, realismo a troche y moche. Sí, ya sé que más de uno va a contestar aquí tirándose de los pelos porque creerá leer entre líneas una defensa del misticismo y de lo irracional. Ni de lejos… Se trata de que en el continente se hila de otra manera. Husserl y Hegel también hacen ciencia. Es dificil de compartir ese menosprecio general. Pero a qué cuéntos se habla de `pensamiento francés’ si eso no es más que una fábrica inmensa de ideas y métodos, sí, cosas que aquí en España no tenemos, quizás debido a esas actitudes de desprecio al intelectual, no hay más que comparar instituciones: en Francia el College, la Ecole Normale, etc… ¿y aquí qué cojones tenemos al margen de esas cosas llamadas universidades, donde no se exige nada, donde se va y se licencia uno solo por ir, y eso en las públicas? Sí, claro que sí, entre los franchutes hay pedantes redomados, engreidos insoportables, profesionales del doble rasero político…pero siempre hay otro francés que les enmienda la plana. Si no te gusta Henri-Lévy también están Alain Finkielkraut. Si no entiendes a Kojève a lo mejor se debe a que no conoces a Heidegger, lo dejas ahí y se acabó, no pasa nada, pero blasfemar contra ellos quizás responde a una intención de otro calado. El nivel de actividad justifica los excesos y los ridículos, que los hay. Si no te gusta fulano porque es un retórico de narices pues no lo lees y santas pascuas. Y si te interesa mucho alguno, tienes dos opciones, leerlo a bote pronto y sacar conclusiones más o menos libres, o leerlo muy despacio con un buen manual al lado, consultando ambos, y tras el esfuerzo decir algo, pero si lo despreciamos antes de tenerlo, nunca lo tendremos, seguiremos a la sombra de los ingleses, maestros de la claridad y de la simpleza, pero allá vosotros, porque el inglés no dará concesiones ni tregua, su voluntad no es dialógica sino impositiva, en ese horizonte hay menos crecimiento para el español.

  26. Comentario de casio (04/06/2010 08:48):

    “Chapeau”, anónimo, y perdón por la francesada. Bernard Henry-Levy es insufrible como solo puede serlo un pedante parisino, de acuerdo pero el tino de el Pais eligiendo sus articulistas extranjeros del suplemento del domingo es catastrófico. El anterior, Timoty G. Ash creo que se llamaba era el representate de cierto periodismo anglosajón de ¿izquierdas? que apoyó, y se medio desdijo de la tercera via de Blair, pero habia que leer sus ambigüedades y su hipocresía sobre la guerra de Iraq. Y sí, es preciso tener en cuenta la vision aglosajona del mundo, pero no limitarse a ella, porque como dice no se quien, en el fondo lo que se cuece en esta polémica es una cuestión de hegemonia cultural, y las universidades españolas sólo son un campo de batalla.

  27. Comentario de Asín...nos va (04/06/2010 11:29):

    ¡Hostia!, he sido incapaz de leerme tan sesudo artículo y comentarios, pero Francia es un país muy bonito.

  28. Comentario de Garganta Profunda (04/06/2010 11:32):

    Hombre…de Francia yo salvaría la “tortilla francesa”, más que nada para cuando no tienes patatas…o cebolla, o una misérrima lata de atún.

    Muy socorridos estos franceses.

  29. Comentario de Asín...nos va (04/06/2010 16:21):

    Pues también se come bien en Francia.

    Ojeando libros vi el debate entre Henri Lévy y Houellebecq: “Enemigos públicos”, pero no me lo quise comprar porque soy muy tacaño. En cualquier caso (y también sin leer el libro) voy con Houellebecq. Que se compre el libro Guillermo y nos haga la crónica con prejuicios.

  30. Comentario de Rocamadour (06/06/2010 06:08):

    Hay algo que nos hace infinitamente superiores a los anglosajones y franceses: LPD. Disquisiciones como la presente le hacen sentirse a uno orgulloso de ser ejpañol. Bueno, Iniesta también un poco.

    Saludos.

  31. Pingback de La Página Definitiva » “Enemigos públicos”, de Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy (07/06/2010 14:52):

    […] sale ya en la foto de la portada con su trenka. Por otra parte está Bernard-Henri Lévy, al que en un libro criticado recientemente también en La Página Definitiva describen así: Padece algunos de los defectos de sus predecesores de la posguerra –el autobombo, […]

  32. Comentario de Caesitar (08/07/2010 07:39):

    Guillermo, sigues siendo un tipo repugnante

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