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La jubilación, para quien se la trabaja

En estos días en que los españoles empezamos a recibir nuestra primera nómina de 2010 para descubrir que cobramos menos que en 2009, pues al empezar a remontar la economía ya no hacen falta los estímulos fiscales, las buenas noticias se acumulan. Se ha superado el techo histórico en número de parados, que anda ya por los 4 millones y pico (18% de paro), pero el Gobierno ha señalado que, con un poco de suerte, llegaremos en breve a un tasa de desempleo del 20%. El déficit público, gracias a los “compensadores automáticos” y a la generosa solidaridad de todos con los más desfavorecidos, ha escalado hasta el 12% del PIB. Con lo que, ante el riesgo de que ahí fuera los tipos serios de las subprime y las solventes agencias de rating empiecen a mirarnos mal, la juerga solidaria se ha acabado y ya la continuaremos la década que viene. Pero, no contentos con eso, esta Presidencia Europea nuestra que acabamos de estrenar está dispuesta a marcar al resto de socios, también, el camino en materia de Seguridad Social. Y bien que hacemos. Los superávits de hoy, al ritmo que llevamos en el resto de indicadores, pueden convertirse en pavorosos descubiertos en cuatro días igual que ha pasado en otras áreas. Así que no hay más que hablar: manos a la obra.

España no es el país con el sistema de protección social más generoso de Europa. También es el lugar de Europa contienental donde los trabajadores se jubilan, de media, más tarde. Nada de ello es motivo, sin embargo, para que esté de más ser previsor y pensar en el futuro. En concreto, en ese proyecto de España, con una población autóctona envejecida, jibarizada, atrincherada y en declive, pero todavía capaz de restringir la entrada de africanos y sudamericanos más allá de los que sean estrictamente necesarios para atender a nuestros mayores, que seremos todos. Por lo que, se supone, habrá pocos jóvenes que puedan conservar este maravilloso modelo donde viejecitos que no han cotizado demasiado se asignan pensiones generosas a cuenta de las cotizaciones muy superiores de quienes vienen detrás sabiendo que mejor no confiar en que, cuando les toque a ellos, quede mucho para repartir. De modo que, adelantándonos a Europa, el Gobierno ha decidido pegar un tijeretazo a las pensiones (por supuesto, con efectos más lesivos, debido a la nueva fórmula de cálculo, para la generación de mileuristas y gentes con empleo precario que constituyen las masas de la clase media de menos de 40 años) y decretar que los españoles, ya puestos, nos jubilemos más tarde. O bueno, a estas alturas no se sabe muy bien si lo ha acordado o no. Hipatia de Benidorm está callada y todavía no ha salido a la palestra a explicar las bondades de las nuevas medidas de progreso y justicia social consistentes en que haya que darle a la paleta en el andamio hasta los 67 y más allá. Por lo que, hasta que no las consagre con sacrificios en su altarcillo hippie, pronostique mal de ojo a quien tenga pinta de facha y ponga cara de que la cosa es muy seria y ellos saben lo que hacen para ayudar a la gente del pueblo, cualquier cosa es posible. Pero parece que sí, que por ahí van los tiros. La idea es volver a ser vanguardia de la refundación de la izquierda europea, hacer el trabajo sucio a Díez Ferrán y luego perder las elecciones para que vengan otros a aplicar las recetas que la gente seria recomienda en estos casos, pero con la tranquilidad de que lo más duro ya se lo habrían dejado encarriladito.

Ha sido, en definitiva, una gran suerte que esta gran crisis sistémica (que es la forma eufemística de llamar a la quiebra del modelo de recalificar suelo, comprar casas de mierda, venderlas al vecino, que se la revende al de al lado, que la trata de colocar al hijo del primero, y vuelta a empezar, mientras todos ellos, por el camino, van cambiando de coche y haciendo estragos en el puticlub local) haya explotado cuando había un Gobierno de progreso y comprometido con los más débiles al mando.  Gracias a eso las ayudas a la banca han venido de la mano de exigencias importantes en materia de crédito y control del sistema financiero que incluso en Estados Unidos han contemplado con pasmo y envidia. La fiscalidad ha dado un giro de 180 grados, tratando no sólo de reactivar la economía, sino también de proteger a quienes menos tienen, eliminándoles gravosas cargas como que el patrimonio acumulado o las herencias hayan de tributar. Que una cosa es ser humilde y otra que encima te jodan a impuestos para dar sanidad gratis a los inmigrantes. En esta misma línea se ha puesto coto a la generosa política de inmigración y de reconocimiento de derechos a los extranjeros, que estaban aquí robando el trabajo a las gentes humildes, y por fin se ha ampliado a unos buenos 60 días el plazo de retención, entre otras lindezas que han acompañado al cierre de los contingentes laborales. Por último, un nuevo modelo económico ha sido puesto en marcha; nada de respiración asistida al ladrillo, aquí la apuesta para salir de la crisis es un cambio de modelo productivo y subvencionar industrias del futuro, como la de la gente de la ceja y demás proletarios de la creación que aunque sean unos abusones y la tomen con profesores universitarios como Rodríguez Ibarra que apenas pueden defenderse en el fondo, no crena, son buena gente y aportan mucho al país. Ahora bien, lo mejor de todo es que se está logrando capear el temporal, con todos arrimando el hombro y un programa de reformas valiente y arriesgado, con los trabajadores con los sueldos congelados, con los temporales en la puta calle y con la gente perdiendo derechos a marchas forzadas, tanto en la teoría como en la práctica, mientras los sindicatos se mantienen calladitos y demostrando un sentido de la responsabilidad que cualquiera diría que los tíos de la poltrona sindical viven de los fondos que les pasa el Gobierno y no de las cuotas de sus afiliados.

La visión política del Gobierno, por lo demás, no deja de ser osada. Aunque con varios años de retraso, demostrando que son gente capaz de entrar en razón por encima de cegueras partidistas, abierta al diálogo y que desea lo mejor para el país, van asumiendo como propias las propuestas del PP y de la CEOE. Todas y cada una de ellas, de la energía nuclear al tijeretazo al gasto. La oposición, a estas alturas, debe de estar desarbolada. Porque el PSOE de Rodríguez Zapatero está demostrando ser más papista que el Papa. Y más eficaz. ¡Anda que Mariano Rajoy y el PP serían capaces de largarse este tipo de reformas y propuestas, con 4 millones de parados, subiendo y sin visos de que la juerga se detenga, sin que se armara la marimorena! Al igual que ocurre con los empresarios de la construcción más avisados, que estos últimos años preferían pegarse los pasotes a toda costa en municipios con mayoría de gobierno de progreso y, a ser posible, con algún representante ecologista en la corporación municipal (te aprobaban el proyecto igual, pero no tenías a nadie oponiéndose al mismo en la calle porque los más tendentes a montar esos saraos estaban con los responsables del desaguisado), a este paso la CEOE pedirá directamente el voto para Rodríguez Zapatero. Es más que dudoso que el PP les pueda hacer nunca un trabajo tan fino.сколько стоит услуги юриста [1]wedding invitation video maker [2]