La Ninfa y el Pazguato

Puede que Ustedes no lo sepan, pero allí fuera hay un mundo de infantas, sucesiones al Trono, fondos garantizados por parte de los Presupuestos Generales del Estado, silencio informativo perpetuo, opusdeísmo y amigos que mariposean alrededor de los próceres para sacarles pasta (nuestra pasta, en puridad), que se denomina Familia Real.

Dicha Familia, que es Real porque el Caudillo, en su infinita sabiduría, así lo dispuso en su momento, que actualiza compulsivamente, todos los días, La Página Definitiva para saber lo que dicen de ellos en el único medio crítico de España (y van daos, actualizando todos los días: ¡cuántas recargas de página en vano!), dicha Familia, decíamos, ha vivido recientemente una terrible conmoción, que puede que en una familia de maricones y gente rara no tenga tanta importancia, pero que en una Familia Normal como la que nos ocupa es ciertamente escabrosa: ¡El cese temporal de la convivencia entre la Infanta Elena y Jaime de Marichalar se ha convertido en cese definitivo de la convivencia! ¡Por fin Letizia Ortiz podrá mirar a los ojos a la Reina Sofía y decirle: “Mamá, ya no soy la única divorciada de Palacio”!

Todo esto no tendría nada de particular (ni ningún interés) de no ser porque Mábel Galaz, siempre atenta a las grandes ocasiones, se ha encargado de regalarnos el domingo con un larguísimo reportaje de investigación en El País en el que se escarba en los motivos de la ruptura. Y Mábel, con su inimitable estilo, nos muestra a una Infanta cercana, normal, como tú y como yo, con sus ilusiones y sus esperanzas, emotiva y romántica.

Por lo visto a la Infanta le ponía un tal Luis Astolfi (que ahora me he enterado, gracias a Mábel, de que es un tío de puta madre, que hace hípica y tal), lo cual, teniendo en cuenta los genes que teóricamente lleva inscritos la Infanta Elena, es sinónimo de pasión desenfrenada. Pero el tal Astolfi no se vio capaz de sobrellevar “la presión de estar en el primer plano de la vida pública” y dejó a Elena desconsolada (hay que decir que es sin duda una de las mejores excusas que he oído jamás para cortar una relación. Mejor incluso que el “no eres tú; soy yo”)

A partir de ese momento comienza la operación de Mábel, como adláter periodística privilegiada de la Primera Familia que es, para borbonear al pobre Jaime de Marichalar y echar sobre él todo el fango que sea posible sin rociar con él a la Infanta, que para algo es también una tía de puta madre. Comienza Mábel aclarando que Jaime de Marichalar se puso el “de” una vez comenzó a festejar con la Infanta (y de cambiarse el nombre Mábel sabe un rato), para establecer así la especie de que Marichalar era un pringado (¡como si hiciera falta aclarar algo así!) que se aprovechó de un momento de debilidad de nuestra bella Infanta.

¿Y cómo llegó Marichalar tan alto? Muy sencillo, nos cuenta Mábel: utilizando el viejo recurso que, por otra parte, esta página había establecido hace no tanto tiempo que no servía para nada: convertirse en el pagafantas de la Infanta, en ese firme hombro castellano sobre el que llorar. Elena, núbil ninfa, acabó cediendo al romántico acoso y derribo de Marichalar, a su respetuosa insistencia.

La cosa al principio fue bien: el empresariado español se percató de que había por ahí un chico llamado Marichalar que despuntaba, y se lo rifaron para colocarle en puestos – chollo de diversos Consejos de Administración. Porque en España la experiencia es un grado, y uno aprende más sobre cómo hacer negocios en una montería o regata con el Monarca que en cinco años estudiando un MBA tras otro. Ambos cumplieron rápidamente su única función constitucional aportando varios churumbeles a la causa (imperial el momento en que, tras el nacimiento de Froilán, Marichalar dijo a los periodistas en rueda de prensa, entre risas: “¡Es clavado a su madre, el pobre!”). Por otro lado, Álvaro de Marichalar tampoco asomaba demasiado la cabeza (bastante tenía con sobrellevar las pesadas obligaciones colaterales del cargo de “hermano de”), así que todo iba bien. Una felicidad posiblemente sobria, castellana, de pedirle Elena a la sirvienta que le ponga a Jaime más café mientras éste lee el ABC del domingo, pero felicidad al fin.

Desgraciadamente, nos aclara Mábel, el poso de amargura que siempre le quedó a la Infanta con su matrimonio acabó precipitándose violentamente en los últimos años, ante sucesivas crisis, misteriosas e inexplicables, padecidas por Marichalar, que acabaron derivando en una hemiplejía. La cual, a su vez, se arguye como explicación del sorprendente cambio de actitud en Marichalar, quien pasó de consorte pasmado a habitual de saraos, famoseo y eventos culturales, como por ejemplo su fundamental aporte a la presentación de un libro sobre Juanito Navarro, o sus escarceos con otra clásica del mundillo, Naty Abascal (nunca he sabido muy bien quién es, por cierto: ¿esta mujer es algo del Caudillo, no?).

¿Un consorte de Borbón comportándose como si fuera un Borbón? Hasta aquí podíamos llegar. En apenas dos años, Marichalar sería ampliamente borboneado. Todos los consejos de administración, uno tras otro, fueron cayendo: estaba en los de Loewe, Winterthur Vida, Sociedad General Inmobiliaria de España y Credit Suisse, entre otros, hace dos años. Ahora ya no está en ninguno. Su hermano Álvaro vivía del cuento en calidad de cohorte del consorte y ahora ha tenido que refugiarse en UPyD. ¡En UPyD, provincia de Soria, la criatura!

Marichalar ha sido expulsado del Paraíso, y Mábel, la misma Mábel que nunca dirá una palabra más alta que otra, la misma Mábel que nos regala con sus pliegos de periodismo rosa de referencia, le larga una filípica de despedida (al menos, se ahorra decir directamente que lo de Marichalar es un problema con la droja, como publicó en su día Época, que ya saben que en España la derecha es en realidad más beligerante con Campechano I que el felipismo).

¡Pobre Infanta! Todos estos años pasados sin alcanzar la felicidad que tanto ansía. ¿Y por qué resistió tanto tiempo? Pues por España, alma de cántaro, por todos nosotros, por ti, por ti, y por mí, que corríamos el riesgo, si Elena se divorciaba demasiado pronto, de que la sucesión al Trono no estuviese asegurada. Pero no teman, amigos: aunque mañana el Príncipe, en ejercicio de su función institucional, se estozolara contra una máquina quitanieves, ahora ya está todo bajo control.адвокат по криминальным деламгосзакупки украина


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  1. Comentario de Lluis (14/12/2009 10:28):

    Toneleitor,

    ¿De qué sirve que el rey hable idiomas si sus súbditos no lo hacen? Encima, se correría el riesgo de que algún iletrado interpretase que es un indulto lo que en realidad era la confirmación de un fusilamiento, y se podría liar parda.

    Por otra parte, le veo preparado para ingresar en el froilanismo y aspirar a ocupar los más altos cargos en la Corte.

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