Pedro J. al desnudo – José Díaz Herrera

Pedro J. Ramírez es uno de los personajes más interesantes de la democracia española. Un tipo que se cargó el felipismo y que manda con los sucesores del felipismo en el PSOE; que apoyó a muerte el GAL y luego acusó de organizarlo a los que había apoyado; que ha intentado moverle el sillón al actual líder del PP, y que tonteó en el pasado con alternativas (Mario Conde) a José María Aznar; que ha contribuido a cepillarse a buena parte del poder económico español de los 80 (la beautiful y la cultura del pelotazo); un individuo que hace todo esto y que, treinta años después, sigue mandando y pasteleando a placer es digno de encomio, en el más hispánico sentido del término. Únanle a esto su relación con Ágatha Ruiz de la Prada y pueden imaginarse lo interesante que resulta la biografía del individuo.

Pedro J. resiste el paso del tiempo, de los gobiernos y de los poderosos porque no tiene escrúpulos, no olvida nunca y sabe ver con precisión qué tipo de enfoque amarillista (el periodismo de Pedro J. siempre es sensacionalista, pero tiene varias facetas) hay que darle a una campaña de prensa contra alguien para que tenga éxito. Por eso y por un factor añadido, de enorme importancia: Pedro J. es el amo del diario más leído de la derecha española, que es, además, el principal representante de la derecha sociológica “moderna”, muy alejada de los señores mayores y con bigote del ABC.

El Mundo es un periódico sin el que el PP no puede ganar unas elecciones, pero es también un periódico que recibe habitualmente “críticos” del socialismo (de hecho, por eso funcionó tan bien desde sus inicios en 1989), que lee mucha gente de “centro reformista”, mucho pequeño empresario y mucho oficinista  y con el que, por tanto, al PSOE le conviene tener unas relaciones medio tolerables. Ten cerca a tus amigos, pero más a tus enemigos, debe pensar Zapatero cuando le concede a Pedro J. insufribles entrevistas de diez páginas. O tal vez lo haga como estrategia para hundir El Mundo, porque hay que ver, menudo coñazo.

Que es, por cierto, un mérito añadido de Pedro J.: se dedica al periodismo desde hace 35 años y lo ha hecho con gran éxito a pesar de lo mal que escribe. Piensen, por ejemplo, en lo aburridas que son sus homilías dominicales. Aburridas e interminables, ¿no es así? Pues ahí reside, precisamente, una de las claves del personaje: no sólo le gusta mandar, sino que se note, siempre y en todo lugar, lo mucho que manda.

Por eso se marca esos textos infumables en domingo, como diciendo “el periódico es mío y si no os gusta os jodéis”; y por eso, por ejemplo, se afanó en proclamar a los cuatro vientos en 1997 que el programa de Pepe Navarro en Antena 3 (“La sonrisa del pelícano” se llamaba el engendro) se lo había cargado él solito para impedir que se hablase de su vídeo sexual con Exuperancia Rapú, escabroso asunto que habla muy bien de la sociedad española (de lo poco que importa, en la práctica, que alguien haga lo que le de la gana en su vida privada a los efectos de operar en el espacio público; si Pedro J. fuese inglés o alemán, y no digamos yanqui, sin duda alguna su carrera habría terminado en ese preciso instante).

Estamos, por tanto, como espero que hay quedado claro, ante un individuo potencialmente muy interesante, que en manos de gente como Jesús Cacho o Juan Carlos Escudier habría dado muchísimo juego. Por desgracia, el libro de Díaz Herrera es, en todos los sentidos, decepcionante:

– En primer lugar, está extraordinariamente mal escrito. ¡Tan mal que casi parece que lo ha escrito el propio Pedro J.! Y no sólo por las abundantes faltas sintácticas, sino por el estilo, pesado y reiterativo, del autor

– Por otra parte, la presencia de datos erróneos, hasta lo más básico, es abundantísima. Gracias a Díaz Herrera nos enteramos de que Mario Conde trató de chantajear al Gobierno con los papeles del Cesid en 1987 (un nuevo ejemplo del poder del ex banquero en la España del pelotazo: ¡incluso era capaz de viajar en el tiempo, hacerse con los papeles y luego desvelarlos en el pasado, incluso antes de que las grabaciones del Cesid se hubiesen producido!); de que González se resistía a abandonar el Gobierno en 1999 (y, bueno, ya sabemos que la mano negra del felipismo llegó a invadirlo todo, pero… ¿Incluso a Aznar? ¿Aznar era también felipista?); o de que Rodrigo Rato dirigió el Banco Mundial. En estas condiciones, como pueden Ustedes imaginarse, la credibilidad que pueda tener el autor para relatar asuntos turbios de Pedro J. Ramírez tiende a ser la misma que la de un peón negro hablando de la Kangoo del 11M.

– A lo largo de todo el libro queda muy claro que el objetivo es poner a parir a Pedro J., sin matices de ninguna clase. Así que todo lo que ha hecho Ramírez a lo largo de su trayectoria profesional es, sin excepción, malo y censurable. Díaz Herrera parece el periodista de Van Gaal: siempre negatifo, nunca positifo con Pedro J. La cosa llega al extremo de censurarle al director de El Mundo que revele secretos del Rey, cuando Su Majestad es intocable, o delitos de los amigos de Su Majestad, la Beautiful, con lo educados que eran y lo bien que daban ante las cámaras. ¡A dónde vamos a parar!

– Y además, la manera de criticar a Pedro J. es tan infantil, tan de Belén Esteban o Antonio Burgos, de utilizar constantemente adjetivos o seudónimos pretendidamente graciosos y que no vienen a cuento, que llega a hacerse insufrible.

Unamos a ello la incapacidad del autor para hacer mínimamente entretenido el relato de cosas, por otra parte, tan jugosillas como la relación de Pedro J. con Zapatero o la época dorada de la lucha contra el felipismo rampante, con su Luis Roldán, su Paesa, su coronel Perote, su Amedo y Domínguez, y seremos alumbrados con dos grandes verdades: a) que este es un libro descuidado, escrito apresuradamente y sin tino; y b) que hay que ver lo que jode, leerte un engendro así de 700 páginas. ¡Si al final hasta te cae simpático Pedro J., viendo cómo hace siempre de su capa un sayo y con qué elegancia lleva 30 años toreando a su antojo a los poderes públicos y privados!продвижение сайта вконтактепродвижение нового сайта


Compartir:

  1. Comentario de vinatzer (02/12/2009 22:49):

    Yo voy a contar una anecdota gilipollesca, pero bueno, este debate me trae buenos recuerdos (no me salen las tildes, ¿qu´e pasa?)y me apetece contarlo, y ya esta. Pues bueno, mi recuerdo mas antiguo de P. Jose, como lo llama mi cuñado, viene de Italia. Yo vivi alli un curso escolar de postgrado, creo que en la segunda generacion de Erasmus. Habia una de Valladolid muy mona y muy pija vistiendo y todo eso(estilo de mujer muy de mi agrado), y que yo veia fuera de mis posibilidades, aunque por si acaso, tente a la fortuna (para mi, llamrla esquiva en ese tema es un puto pleonasmo). El caso es que, hablando, me dijo que era liberal (yo, de aquella, ha 20 años, no sabia ni quien era Jimenez Losantos, pensaba en Von Mises), que leia los editoriales de P.J. y que estaba siempre de acuerdo con el, en todo, todo (y al hilo de esta verborragia recuerdo uno de ellos como la pieza mas bochornosa que lei en mi vida, que mal escribe el cabron, no se si alguien se acuerda, esto daba para otro debate, uno en el que se compadecia de la suerte de Izquierda Unida en uno de sus descalabros electorales: “os necesitamos, quien defendera las causas perdidas si no vosotros, etc.”; joder, que risa, mejor que uno del ABC en el que se justificaba la construccion de La Almudena, “porque algun sitio tenian que tener los catolicos de Madrid para rezar unidos y encontrar fuerzas para llevar adelante el mensaje evangelico”, o asi); y bueno, como iba diciendo, el caso es que un hungaro, que era como un joven dios, que guapo el condenado, le dijo que el tambien era liberal que los comunistas le habian destruido en sus profundidades metafisicas pero que el tambien era liberal y admirador de ese P.Jose (los de fuera de la union europea venian con un programa que creo no era el erasmus, ¿si algun amable lector me lo recordara?). Bueno, el caso es que el hungaro liberal se ayunto con la que me molaba a mi tanto, por dos veces despues de comparar las dos versiones (de becaria me la imagino yo, habia estudiado derecho como todas las pucelanas, me apuesto lo que querais a que trabaja de procuradora), y luego se descubrio el pastel y el tio estaba casado y con dos hijos, y que de niño solo tenia la cara angelical y que tocaba el piano que lo jodia, el condenado (parecia Richard Clayderman, que hoy parece una palabrota, pero con esos dones hubiera echado yo mas polvos que sonatas para piano escribio Beethoven). Ya se que es una gilipollez, pero es mi recuerdo consciente mas antiguo del señor este, y yo creo que esos recuerdos son muy significtivos porque no vienen mediados por ninguna preconcepcion, y al final, justicia poetica, desvelan su verdadera esencia, y el caso es que, elevandonos, como requieren los escolasticos, de la anecdota a la categoria (moraleja, aqui),a la admiradora del liante, la liaron y la cubrieron (por dos veces, como cite antes, y una de ellas de cubito supino a tergo et non secundum natura quid maiorem peccatus est, aunque esto no me lo crei porque fue hace veinte años, aunque es verdad comun que las catolicas son mas cachondas que las marxistas, y creo recodar aqui un bune post al respecto).
    Bueno, no os aburro mas y enhorabuena por la pagina y por las colaboraciones, que leyendolas aprendo, me divierto y me entretengo y no gasto dinero.

Comentarios cerrados para esta entrada.