Rec 2 (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2009)

La vigencia del terror

Una de las cosas buenas que tiene el cine es que uno se mete en una sala para pasar un rato entretenido. Bueno, a no ser que uno decida ir a ver una película francesa. Pero, parafilias aparte, el común de los mortales se va al cine para divertirse. Y lo cierto es que la cosa, en los últimos tiempos, se ha complicado. Por un lado, tenemos un cine americano que pierde su identidad, plagado de remakes, películas catastrofistas llenas de efectos especiales y discursos grandilocuentes sobre lo que mola ser yanqui para salvar al prójimo (está al caer el estreno de 2012) y pelis de acción con el típico poli negro cargante y bocazas. Luego en la cartelera también hay hueco el para cine español, un hueco ganado tras años y años de lloriqueos a las distintas administraciones para que aseguren una cuota revolucionaria con el que compensar (a) el imperialismo al que nos someten los Estados Unidos y, sobre todo, (b) la ignorancia del público patrio que no sabe apreciar el talento a raudales que exhiben nuestros sufridos creadores en cada fotograma de sus producciones.

En esta situación, contamos al menos con algunos oasis. No nos referimos al cine francés ni a las películas de Lars von Trier, sino a otras cosas más serias. Uno de esos oasis lo constituye el cine de terror. Curiosamente, y si echamos un rápido vistazo, podremos constatar la vigencia del terror como uno los géneros que mantiene una envidiable salud económica y de continua búsqueda de nuevos caminos. Raro es el fin de semana en que no se estrene alguna película de terror en nuestras carteleras. El motivo de esta buena forma del género es muy variado: desde razones más viscerales (su capacidad para provocar reacciones primarias en el espectador, desde el susto a la risa) hasta las más sesudas (su indudable carácter simbólico al reflejar los miedos más habituales de la sociedad de su tiempo). En cualquier caso, el cine de terror sigue afianzándose como un género que no cede a su función básica y, en los últimos años, hemos visto incluso remakes que valían mucho la pena: pensamos en ejemplos como Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, Alexandre Aja, 2006).

Esta presencia constante del terror en el cine americano actual hace que no nos sorprenda que existan directores españoles especializados en el género. Y no sorprende porque el bagaje de estos directores jóvenes viene del consumo de películas norteamericanas, y, además, en este caso se refuerza con la existencia de una tradición del terror español de serie B, una tradición con ya 40 años de existencia. En el caso de Jaume Balagueró y Paco Plaza lo importante no es si sorprende o no, sino lo gratificante que resultan sus trayectorias. Porque conocen perfectamente cuál es la tradición de la que forman parte y se dedican a reconstruir todos los códigos. Y, por si fuera poco, con un éxito de público incontestable. Al final resultará que los espectadores españoles no son tan gilipollas como repiten constantemente González-Sinde, Resines y sus voceros.

Las obras de Balagueró (películas como Los sin nombre o Darkness) y Paco Plaza (El segundo nombre, Romasanta) demuestran un dominio del medio y un descaro que pocas veces se ve en nuestro cine. Parece mentira, pero hay vida más allá de Almodóvar y Amenábar. Después de trabajar juntos en la película OT (que, por cierto, es una magnífica película musical que no ha tenido el reconocimiento que se merece porque en vez de seguir a los Rolling Stones, siguen los pasos de los triunfitos), se pusieron manos a la obra para trabajar en una película fascinante: Rec (2007). Pocas veces una película de terror ha llevado a cabo una reflexión sobre el mismo cine del género con tantísimo conocimiento de lo que se está haciendo. Balagueró y Plaza demostraban ser unas enciclopedias andantes del género y, en apenas 70 minutos de metraje, condensaban todo el aprendizaje que habían recibido con los años y ofrecían una película que era un catálogo reelaborado de lo que es el terror. En Rec estaba todo: los elementos característicos (la casa como espacio claustrofóbico, la niña aparentemente frágil que es el foco de maldad, el terror como sensación que surge de lo cotidiano), las referencias explícitas en relación con las técnicas de filmación (la influencia el El proyecto de la bruja de Blair en el uso de la cámara en mano, o el homenaje a El silencio de los corderos con la filmación en infrarrojos en la secuencia final) o la reflexión del género como una explicación de los miedos sociales (basta con ver el tema de la infección vírica con toda la alarma creada en los últimos meses con la gripe A). Rec era, así pues, una auténtica lección sobre el cine de terror.

Evidentemente, el tremendo tirón comercial necesitaba una continuación. Si hasta los americanos hacían un remake de la película (Quarantine, John Erick Dowdle, 2008), casi era un imperativo hacer la secuela. Y la segunda parte arranca en el preciso momento donde acaba la primera, aprovechando la circunstancia de que en aquella se explicaban muy pocas cosas de la trama. Sin embargo, si este hecho era meritorio en la primera parte, en esta Rec 2 se convierte en un lastre, ya que en esta ocasión los directores se ven obligados a explicar demasiado todos los detalles de la historia. Eso provoca que el terror pierda mucho fuelle (porque lo que acojona es lo desconocido y lo inexplicado, algo que sabía muy bien Jacques Tourneur) y que el efecto de sorpresa de la primera parte se diluya en gran medida en esta continuación.

Aquí, los protagonistas son unos policías que tienen que dar con una muestra de sangre de la satánica protagonista para poder hacer una vacuna. Y es indudable que Balagueró y Plaza se lo han vuelto a pasar genial haciendo la película ya que, de nuevo, hay muchos elementos de humor, con un toque gamberro que conecta muy bien con el público (como los sustos con los niños que andan por el techo o el momento en que se le cae a un policía la muestra de sangre recogida en el tubo de ensayo). Y también es indudable que han insistido en su línea de buscar nuevos caminos expresivos en comunicación con los formatos actuales de entretenimiento, y ahí está la secuencia en que la película remite a un videojuego, con la cámara en primera persona emulando a un shooter. Con lo que, en definitiva, uno se lo pasa muy bien viendo la cinta, pese a que ese tono explicativo le reste gran parte de la fuerza que tenía la primera parte de Rec.

Así pues, Rec 2 es una película que insiste en la consideración del cine como un espacio para el entretenimiento. Y para la reflexión, claro que sí, pero supeditada a ese aspecto lúdico, es decir, que la reflexión no convierta al producto en un rollazo inaguantable. Esta propuesta de cine puede resultar discutible para algunos críticos sesudos y concernidos con las buenas causas (como ver cine francés o salvar a las ballenas), pero, visto cómo están las cosas, con un panorama cinematográfico tan pobre, y con un discurso institucional del cine español tan plasta e insultante, es una propuesta viable. Aunque sólo sea por la satisfacción de que las películas más taquilleras del cine español sean películas de género, y uno pueda huir, aunque sea un instante, del director manchego y del niño prodigio de nuestro cine. Aunque sólo fuera por eso toda esta propuesta ya valía la pena.sketches of nyctext language translation


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  1. Comentario de pasmada (16/10/2009 11:51):

    Conste que los rollos intelectualoides me aburren muchísimo (todavía recuerdo con espanto Dogville, ufff), pero me gusta el cine francés en general. ¿A que se debe esta inquinia? ¿Has visto -y si es así, ¿no te gustaron?- películas cómo La cena de los idiotas, Va,vis et deviens -no sé si tradujo al castellano-, Hoy empieza todo, o cualquier otra de Tavernier?

  2. Comentario de Responsable imprescindible (16/10/2009 13:29):

    Joer, pero quién ha escrito esta tonteria tan grande?

  3. Comentario de Behan (16/10/2009 20:23):

    Confiésalo Manuel, te gusta que te den caña…

    Por otro lado, y poniéndonos friki-pedantes, la reflexión de Tourneur ya la hizo Lovecraft en “El horror sobrenatural en la literatura”.

  4. Comentario de Manuel de la Fuente (16/10/2009 20:44):

    Sí, ya sé que Lovecraft fue el que fijó las normas del terror (lo de lo sobrenatural, etc.), pero yo quería poner un referente cinematográfico, y el que más claro lo expresó fue Tourneur (y juraría que también el primero, pero eso tendría que pensarlo más). En cualquier caso, muchas gracias por el apunte.

    Y, sí, lo confieso… me pone!

  5. Comentario de Johnnie Alemania (18/10/2009 13:12):

    Está bien el artículo. La verdad es que desde “Saw” no he vuelto a ver ninguna película que se anunciara como “de miedo” porque me di cuenta de que, llegado ese momento, las propuestas argumentales ya habían alcanzado el nivel necesario para hacer saltar por los aires mi tolerancia a lo desagradable. Quizás deba reevaluarme.

    Pero yo venía a hablar de mi libro:

    Hoy en “Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto” (http://www.guerraeterna.com/archives/2009/10/cosas_que_hacer_112.html) hay unos cuantos enlaces a temas de cine, entre ellas algunas que me han parecido muy interesantes, como la revista “Mussolini saludaba de película” (http://l3-bas.org/mussolini.html) , en la que, por ejemplo, se hace referencia a la manía que algún redactor de LPD tiene de darse importancia para darle importancia al tema del que habla (con bastante gracia a veces, eso sí). Otros artículos sobre la mierda que es el cine (sin “actual” ni medias tintas) me han parecido también muy dignos.

    Por otra parte, “Mis problemas con Amenabar” va a ser un tema que o Guillermo o tú deberías comentar. En esta LPD o en una LPD alternativa en la cual tuvierais todo el tiempo del mundo.

    Saludos,

  6. Comentario de Guillermo (LPD) (18/10/2009 13:41):

    Me compré lo de “mis problemas con Amenábar” con bastantes expectativas, la verdad. ¡Por fin alguien se ríe de Amenábar, el intocable por antonomasia! Pero lo cierto es que no me hizo demasiada gracia (debería haberlo sabido: a mí el Darío Adanti ese nunca me ha parecido divertido), con lo que ahora me hallo en un dilema: ¿hablo de “Mis problemas con Amenábar” para poder meterme con Amenábar o para meterme con los autores, que se meten con Amenábar, y así parecer a los ojos de todo el mundo como un amenabarista más? ¡No puedo salir de este círculo vicioso!

    Un cordial saludo

  7. Comentario de Karraspito for President (19/10/2009 14:28):

    Amenabar sucks (después de “Abre los Ojos”, eso sí)
    Darío Adanti rules

    Yo lo tendría claro. Me tengo que comprar el librito…

  8. Comentario de Johnnie Alemania (20/10/2009 15:00):

    Pues sí que es una putada que el cómic no mole, maldita sea la realidad y su poca avenencia a coincidir con nuestras ideas preconcebidas.

    Saludos,

  9. Comentario de Bah (20/10/2009 16:01):

    Creo Guillermo que como el buen español que sin duda eres, sólo tienes dos opciones (porque si te planteases más ya no serías buen español, claro), a saber:

    -Dorarle la píldora a todo lo que se mueva, con orden ascendente de fruición y dedicación correspondiente al lugar ocupado por el receptor de la felación (metafórica,, entiéndase, que los buenos españoles no practican la sodomía ni desviaciones de esas) en la estructura de poder/capacidad de repartir prebendas de éste. Deberás esmerarte especialmente si el sujeto, además, goza de buena prensa, es considerado buen chico o se apellida Borbón.

    -La segunda opción, y que yo preferiría en el caso que nos ocupa, es repartirle estopa a todo lo que se menee, lo merezca o no, sea de recibo o no y, si es posible, ensañarse también con el primer señor que pase por ahí (también metafóricamente, no queremos que acabes a hostias con un señor que sólo iba a sacar la basura) Todo esto debe estar debidamente aderezado con una actitud que deje claro que si no dejas títere con cabeza es porque estás por encima del bien y del mal y que a ti todos esos mindundis no te llegan ni a la suela del zapato. Este procedimiento deberá ser abortado urgentemente en caso de que alguno de los implicados se apellide Borbón.

    Ten en cuenta que el pueblo te pide, te pedimos, que escribas algo sobre “Mis problemas con amenabar”, pero lo último que queremos es una complicada amalgama de grises, matices y de “ni todo es bueno ni todo es malo”, y esta página debería asemejarse a las gloriosas instituciones de nuestra Nación dándonos la diversión que reclamamos y un partido en abierto cada semana.

    Un saludo.

  10. Comentario de Guillermo (LPD) (20/10/2009 19:29):

    La españolidad que me asignas me halaga, Bah, y voy a contestarte de manera aún más española: eludiendo responsabilidades. ¿No te apetece hacerlo a ti? ¡Joder, que creo que no sale ningún Borbón y el comentario del partido en abierto vale su peso en oro! Si no te apetece, o no puedes, o lo prohíbe tu religión, o no lo has leído (aunque esto último, convendrás conmigo, es lo de menos dado el enfoque que se espera de la crítica), intentaré colocárselo a Manolo LPD aquí presente, que joder, estamos debatiendo en un artículo suyo, él ha creado el problema, que el marrón se lo coma otro, que inventen ellos!

    Si incluso esto falla, veré lo que puedo hacer.

    Un cordial saludo

  11. Comentario de Bah (20/10/2009 22:14):

    Touché. Si ya me decía mi muy española madre que no me significase…

    ¿El comic este se podrá encontrar gratis por internet, aunque sea sólo la contraportada?

    Mis disculpas a Manuel por desviarle los comentarios.

  12. Comentario de Montecristo (20/10/2009 22:41):

    Yo no veo cine español porque me da algo de miedo entrar en la sala y descubrir al cabo de un rato que los empleados de la sala en cuestión han desplegado un “cordón sanitario” a mi alrededor.

    Y eso que gano: este fin de semana, en vez de ver Agora, como todo el mundo, vi “Moon”, la ganadora del Festival de Sitges. Muy interesante, oigan.

  13. Comentario de Manuel de la Fuente (21/10/2009 09:34):

    Se me había pasado contestarle a Pasmada. No es inquina, es simplemente que muchos nos quejamos en España del cine español y muchas veces ponemos en un altar el cine francés. Yo creo que sin motivo. Me he tragado muchos rollazos demagogos del cine francés (y varias de Tavernier, pero mucho peor es Chabrol).

    Bah, disculpado! :)

    Montecristo, sí, la verdad es que “Moon” está bastante bien. Es una película de ciencia ficción muy interesante, con un ritmo muy pausado que, sin embargo, no aburre. Si nos ponemos fisnos, en inglés la voz del robot es de Kevin Spacey.

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