Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009)

El equipo de guardia de La Página Definitiva ha tenido la oportunidad de ver la presente película en París. Ante una apasionante cartelera repleta de finas comedias francesas que tratan el problema de la identidad sexual en la madurez, nos hemos inclinado por ver la última de Tarantino. Ataviados, eso sí, con una pipa, una gorra y un libro de Sartre bajo el brazo. La bufanda palestina nos la hemos dejado en la lavandería. Decimos esto no por ir por la vida en plan cool (que también), sino para avisar a nuestros lectores, sobre todo los españoles, de una evidencia: que la siguiente crítica habla de la película. Es más, cuenta aspectos de la película. Es más, se puede incluso deslizar algún aspecto del final. Dado que en España aún a día de hoy (6 de septiembre de 2009) no se ha estrenado la cinta, nuestra labor social era advertirles. Y tan social: ¡no queremos que nos pinchen más ruedas del coche!

Los ocho del patíbulo

La irrupción, a principios de los 90, de Quentin Tarantino en el cine americano causó un inmediato impacto por uno de los aspectos que acabarían constituyendo su sello distintivo: el tratamiento de la violencia. Tras una década, la de los 80, en que Hollywood relativizó la violencia con un enfoque de deshumanización y despreocupación para echar tierra sobre las atrocidades cometidas en Vietnam (el estandarte de esta tendencia sería la saga de Rambo), Tarantino protagonizó la recuperación de la violencia como un elemento que tenía que mostrarse para reflejar las tensiones humanas y sociales. No es que inventara nada, sino que pretendía, con su cine, una vuelta a los años 70, a las obras de autores como Sam Peckinpah, Martin Scorsese y Brian De Palma. Ya estaba bien de que el espectador viera las matanzas de negros, vietnamitas, chinos y otras gentes de mal vivir como algo natural a manos de personajes como Stallone o Charles Bronson. Para entendernos: en las películas de Tarantino muere menos gente, pero resultan, a la postre, películas mucho más violentas.

La paradoja del asunto es que su público entendió que esta llamada de atención era un elemento de atracción sin más, y cada vez le fue pidiendo más y más violencia, más y más humor relacionado con esta violencia, con lo que, cuando acometió proyectos más personales como Jackie Brown (1997) recibió poco más que el silencio y la incomprensión de sus más fieles parroquianos. Esta fascinación por el tratamiento tarantiniano de la violencia ha escondido siempre características muy interesantes de su cine, territorios que el director norteamericano se empecina en explorar cada vez con más ahínco. Ahí está su anterior película, Death Proof (2007), una gamberrada tras la que se halla una reivindicación no sólo de un modo de hacer cine, sino también de un modo de hacer industria, y una advertencia sobre la creciente despersonalización del cine actual. Vamos, que el cine actual de Hollywood es una mierda, venía a decir Tarantino, porque ya nadie se encarga de hacer proyectos originales y a los productores les preocupan pocas cosas más que la rentabilidad a corto plazo de las películas. Con lo que, por consiguiente, habría que volver a fijarse en un tipo de cine que suponía todo lo contrario a todas estas tendencias del cine de hoy en día.

Tarantino profundiza en todas estas inquietudes en su última producción, titulada Malditos bastardos (Inglourious Basterds). Hay que reconocer, para empezar, el tirón publicitario: Tarantino hace una película de la Segunda Guerra Mundial protagonizada por un comando de ocho judíos que van matando nazis sin piedad y arrancándoles la cabellera. El cóctel Tarantino-violencia-nazis desde luego resulta prometedor, unido a su punto de humor socarrón que recae en su caracterización bufa de Hitler y Goebbels, que aparecen ridiculizados de una manera hilarante en unas secuencias divertidísimas. Para construir la base de su historia, Tarantino parte de referentes clásicos como Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, Robert Aldrich, 1967) o El desafío de las águilas (Where Eagles Dare, Brian G. Hutton, 1968). Es decir, esas películas de los 60 protagonizadas por comandos del bando aliado que tienen que practicar acciones de sabotaje contra los nazis. De hecho, la película de Tarantino arranca del mismo modo, y la secuencia inicial en que Brad Pitt pasa revista a su comando rememora, de manera clara, la secuencia de Lee Marvin reclutando a sus soldados en la película de Aldrich.

No obstante, los fans de Tarantino pueden sentirse defraudados porque la película no ofrece lo que promete en su campaña publicitaria. No se trata de una cinta en la que los miembros del comando quedan claramente caracterizados y en la que se recrean sucesivas acciones de violencia contra las tropas nazis. Al contrario. La película sigue un ritmo narrativo muy similar al de Death Proof, en que las partes centrales de la narración son conversaciones aparentemente intrascendentes en las que diversos pesonajes tocan temas banales. Así, Tarantino juega a ralentizar el ritmo, a crear una película pausada, muy socarrona por supuesto, pero en absoluto frenética como sus dos primeras obras, Reservoir Dogs y Pulp Fiction. De hecho, la parte central de la película consiste en una larga conversación en un bar de nazis con un tratamiento que en ocasiones nos hace parecer que asistimos a una obra de teatro filmada.

Es fácil pensar que Tarantino también evoluciona y parece que lo que ahora le preocupa es que su público evolucione con él, que no se fije sólo en los baños de sangre de su cinematografía, sino en su obsesión por romper los esquemas narrativos clásicos. Esto ya estaba presente en Pulp Fiction y en su montaje cargado de flash-backs y repeticiones, que remitía directamente a Atraco perfecto (The Killing, Stanley Kubrick, 1956). Sin embargo, es evidente que resulta más radical romper las expectativas de la narración clásica que someterlas a un montaje no lineal que ya estaba presente en el cine clásico (recordemos el ejemplo del Ciudadano Kane de Orson Welles y toda la escuela que desarrolló). Y esto algo que descubre Tarantino en una película que no firma él, pero en la que sí participa de manera directa: Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn, Robert Rodríguez, 1996). En esta película ya experimenta con esa ruptura de expectativas en el espectador: lo que empieza como una sencilla historia de atracadores, de repente se convierte en una pesadilla fantástica de vampiros. Este viraje que desarma al espectador parte de las enseñanzas de quien dinamitó como nadie el cine clásico desde su interior: Alfred Hitchcock. En Psicosis (Psycho, 1960), una película que, según confesaba Hitchcock, era ante todo un ejercicio para evaluar las expectativas narrativas y cinematográficas del espectador acostumbrado al cine clásico de Hollywood, lo que empieza también como un atraco (una mujer que roba una suma importante de dinero) se convierte, de repente, en la historia de un asesino en serie. La protagonista moría sin que el espectador se lo esperase.

Ésta es la obsesión del cine de Tarantino, un terreno que viene explorando desde hace ya unos años. En Death Proof, la historia de un asesino en serie acababa siendo una desmadrada comedia que apostaba por el papel activo de la mujer, que pasaba, en la misma película, de ser un personaje totalmente indefenso (una víctima) al protagonista violento de la acción (un agresor). En Malditos bastardos sigue la línea marcada por esta película y lo que parece una cinta más sobre acciones de sabotaje, deriva en un desmadre disparatadísimo que cuestiona, precisamente, ese tipo de películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Todo se mantiene en unos niveles de cierta tranquilidad hasta que llega toda la parte final, cuando los Bastardos se infiltran en el estreno de una película a la que asiste la plana mayor del nazismo, incluidos los mismísimos Goebbels y Hitler. El espectador espera en todo momento que la acción del comando fracase y se siga un cierto rigor histórico. Para nada. El comando vuela el teatro por los aires, y ametrallan sin piedad (y con todo lujo de detalles) al Führer. La guerra acaba, así pues, en 1944, y lo que parecía una película que tratara una microhistoria del conflicto bélico pasa a ser una parodia tan gigantesca como divertidísima. Esa larga secuencia final da sentido a toda la cinta, rompe de manera brutal las expectativas generadas por nuestra cultura de espectadores de cine clásico y supone, en definitiva, otro tirón de orejas a la industria de Hollywood, tan poco dada a experimentos tan audaces.

Tarantino da vuelta de tuerca más a su cine, y lo consigue sorprendiendo de nuevo. Y, además, con un aviso a esos espectadores que esperan en él únicamente violencia. En la secuencia final, los nazis aplauden y ríen una película sobre un soldado nazi que mata a soldados aliados. Los momentos que se ven de la película constituyen una autocrítica con mucha mala leche: lo que los nazis contemplan tiene todo el estilo de Tarantino, como si él hubiese hecho la película auspiciada por Goebbels: vemos planos similares a los de su cine. Y el público formado por nazis que ríen la matanza, situándonos así en la tesitura de observadores observados. No hay tanta diferencia entre los espectadores de dentro de la película y nosotros mismos, viene a decir Tarantino, si sólo queremos más y más violencia. Porque al final eso genera que el espectador no sea más que un agente pasivo incapaz de pensar por sí mismo, un estigma tan indeleble como el tatuaje a cuchillo de una esvástica en la frente.

анализ веб сайтаbulgarian translations london


Compartir:

  1. Comentario de Pepe Soler (07/09/2009 12:24):

    Buen rollito Manolo!!!! Supongo que lo de contar la pelicula desde la puta France mola. Que gustazo es ir al cine antes que los demas mortales. QUE DESCUIDO NO USAR EL EMULE ante de leer tu interesante comentario.

  2. Comentario de HORUS (09/09/2009 02:27):

    Estimado Sr Manuel de la Fuente:

    A riesgo de crear una polemica arida, soez y malsana disiento de su juicio.

    “En Death Proof, la historia de un asesino en serie acababa siendo una desmadrada comedia”
    En mi humilde opinión es una pelicula que empieza mal ,continua peor y durante el trayecto es aburrida.
    Mad Max 2 e incluso la 1, por no hablar de “Bullit” la averguenzan en tema de persecuciones de autos.
    Jackie Brown es buena, y las dos primeras peliculas de Tarantino tenian una fuerza que en Death Proof no se ve.
    Todo esto dicho con el mayor de los respetos, acepto su opinión pero me es imposible compartirla.
    Si esta pelicula sigue la senda de Death Proof, el destino de Tarantino es el vacio, que espero que no.
    Otra cosa hacer refritos supuestamente graciosos puede funcionar si se plantean a lo “Aterriza como puedas” pero no si se promete una peli de acción.
    ¿Por su comentario hay que deducir que la pelicula comentada es una comedia?.Pero vamos comedia, comedia no el fistro infumable que acompañaba a “planet zombi”.

    by HORUS a proud que disiente

  3. Comentario de Manolo (12/09/2009 12:08):

    Hola Horus:
    Polemiza cuanto quieras, que si todos opinamos lo mismo resulta mucho más aburrido.
    “Malditos bastardos” no es, ni de lejos, una comedia al estilo de “Aterriza como puedas”. El humor no viene de ese tipo de parodia, sino de la típica socarronería gamberra de Tarantino (muy evidente en Death Proof) y de la ridiculización de las figuras históricas del nazismo. Es una película de acción al estilo de Death Proof: ¿había mucha acción en Death Proof? Pues depende, si la comparas con Speed, pues no. ¿Malditos bastardos tiene acción? Pues también depende de cuánta “acción” necesite cada uno.

  4. Comentario de de ventre (14/09/2009 12:33):

    hombre, por una vez coincido con horus, tarantino no da pie con bola desde hace tiempo.

    quizá jackie brown sea buena desde un p.d.v. muy cinéfilo, para mí fue insoportablemente larga.

    pero olvidan ambos las dos partes de kill bill: espantosísimas en su miramiento de ombligo.

    si hay que ir a ver una peli de tarantino en plan, “caramba que socarronería gamberra la del director en cuanto al subsubsubgenero de películas de zombis zurdos zaragozanos” o “vaya con esta metareferencia” para poderla disfrutar, apaga y vamonos.

    así que a mí ya me han visto en el cine

    j

  5. Comentario de Pau (14/09/2009 13:10):

    Esta pelicula merece ser vista por la gran actuación de Christoph Waltz. El “jew hunter” nazi, su manejo perfecto de alemán y francés (y más que aceptable de italiano e inglés) y su capacidad de hacerte esperar que algo pase en cada gesto, es lo mejor de la película.

    En lo que estaís debatiendo pues estoy, en parte, de acuerdo con ambas posiciones. Quizá lo que le pase a Tarantino es que se ha creado una expectación exagerada en torno a sus películas, cuando su cine tampoco ha tenido muy altas pretensiones.

    Si viesemos está película sin saber su origen ni su expectación nos parecería mejor. Si nos predisponemos a una “tarantinada” le sacamos defectos (que los tiene).

  6. Comentario de DIANA (21/09/2009 13:30):

    La película buenísima y la crítica aún mejor Manolo. Tarantino muy en su linea, la prota vuelve para vengarse y no queda ni el apuntador…

  7. Comentario de Ronaldo (23/09/2009 12:02):

    Esta película supone un reconocimiento histórico de la contribución judía a la derrota de Hitler. Es importante no olvidarlo cuando Israel está defendiendo nuestros valores comunes frente al nuevo nazismo.

  8. Comentario de Nachopepe (24/09/2009 19:21):

    Ja,ja.
    Y esto, Ronaldo, viene muy a cuento de la conversación que se mantiene ¿por?

    Vamos, que teniendo en cuenta que cuenta una historia totalmente ficticia, supongo qu(espero) e era un comentario sarcástico

  9. Comentario de Álvaro (11/10/2009 01:45):

    La película es una idiotez que sublima la violencia muy, pero que muy divertida.

Comentarios cerrados para esta entrada.