Terminator 4

El cine de acción y aventuras está, como todo el mundo sabe, en franca decadencia. Ya no queda mucho por inventar, y lo que se inventa funciona mucho mejor en las series que en una película. Si la película es buena, a uno le sabe a poco (¿quién quiere dos o tres horitas de disparar tiros y torturar terroristas cuando puede tener 24?). Si es mala, se hace insufrible: los efectos especiales no finalizan nunca, la película es como un videojuego, la trama es inexistente y los diálogos parecen Twitter.

Dos síntomas claros de la decadencia del cine como espectáculo, y sobre todo de este tipo de cine, son: la proliferación de películas de superhéroes, por un lado; y la revivificación de sagas míticas de los ochenta, por otro. Terminator 4, hasta cierto punto, deriva de ambas tendencias, sobre todo de la segunda, que ya pudo palparse claramente en Terminator 3 (despedida de Schwarzenegger, a sus 56 años en el momento de rodar la película) y en otras sagas de acción tan importantes como Indiana Jones (horripilante) o La jungla de cristal (magnífica).

Subirse al carro de los éxitos de los ochenta, horrenda década que mandará en la cultura popular y (Dios no lo quiera) el gusto estético-friqui durante los próximos diez años, es una estrategia triunfadora. Los freaks de entonces son la generación mileurista de ahora, con suficiente capacidad adquisitiva (sobre todo, si aún viven con sus padres o son éstos los que se encargan de pagar la hipoteca) como para gastar y gastar en revivir momentos míticos del pasado con secuelas como la que nos ocupa. Y eso que, en este caso, la propia dinámica de Terminator, y su fin en la tercera película, obligaba a ofrecer un guión, una historia y unos escenarios muy alejados de lo que el público estaba acostumbrado. Básicamente porque la saga de Terminator se basa en los viajes en el tiempo, la colisión de la tecnología del futuro con el mundo del presente y la idea de cambiar el pasado (o de impedirlo), y en que Terminator es Arnold Schwarzenegger.

Todo esto finaliza con Terminator 3. Schwarzenegger decide dejar el cine para dar un pseudogolpe de Estado que le proporcionaría el gobierno de California. Por su parte, al final de la película Skynet (la inteligencia artificial que trata de exterminar a la raza humana a fin de asegurar su propia supervivencia) por fin está al mando, desata el Día del Juicio Final, destruye prácticamente la Tierra y finaliza, de una vez por todas, con el rollito temporal, tan divertido, de “ahora mando a un robot; ahora mando a un robot mejor que el anterior; ahora intento matar a la madre; ahora al hijo; ahora a los colegas”. ¿Y por qué no los mandas a todos al mismo tiempo? ¿Y por qué no mandas a tu último modelo a principios de los ochenta, en lugar de enviarlo en 2002? ¿Y por qué no, me pregunto yo, te dejas de estupideces y te limitas a construir Líquidos (el T-1000, el robot supermalvado de Terminator 2, el más difícil de matar de todos), uno detrás de otro, para que exterminen a la Resistencia en el presente?

En lugar de eso, el aliciente de esta película radica en que por fin van a mostrarnos el mundo de Skynet, el futuro postapocalíptico del que sólo habíamos podido atisbar que a los Terminator les encanta pasear sobre pilas de calaveras. Pues bien, el mundo del futuro guarda sorprendentes comcomitancias con el Génesis. Hay una instancia creadora, Skynet, verdaderamente obsesionada con restaurar la diversidad, con edificar un ecosistema rico y variado a su imagen y semejanza.

Y así, no es sólo que nos encontremos con todo tipo de Terminators, desde el T-101 hasta el T-700; es que hay “Motos Terminator”, “Pájaros Terminator”, “Elefantes Terminator” e incluso “Angulas Terminator” (aunque, para ser justos, los humanos les ponen nombres más imaginativos, estilo “Exterminador de Aguas”, “Aniquilador Aéreo”, y así). Ni Teoría de la Evolución, ni hostias (¡ya decía yo que todo eso era una patraña inventada por los marxistas de las ciudades!); aquí lo que hay es un Diseño Inteligente superpensao, una instancia superior que lo ordena y estructura todo cuidadosamente, y que incluso se permite hacer sus pinitos creando un absurdo híbrido “máquina – humano” que es uno de los principales protagonistas de la película y cuya única función es deslizar una absurda metáfora multicultural, en plan “Soy el Michael Jackson de los robots”, que habría sido firmada por la mismísima Bibiana Aído.

Enfrente están los humanos. Los humanos son los Buenos. Lo son porque, a fin de cuentas, estaban antes aquí, y porque cabe suponer que la historia ha sido configurada “por humanos y para humanos”. Y ello a pesar de que la única actividad reconocible de los humanos es tratar de destruir todo lo que la pulsión creadora de Skynet pone ante sus ojos, mientras que las máquinas (cuya razón para confrontarse inicialmente con la Humanidad, no lo olvidemos, es la estimación lógica de que la Humanidad era un pelígro para su supervivencia; ¿a alguien se le ocurre una razón mejor?), siempre y cuando los humanos supervivientes no pretendan inmiscuirse en sus asuntos, la verdad es que tienden a ser más partidarias del “vive y deja vivir”. Porque si no, no se entiende que, al menos diez años después del holocausto nuclear, siga habiendo comunidades de humanos con todas partes, con armas de puta madre (incluso reactores y submarinos nucleares), con una infraestructura logística digna de verse, con todo tipo de bienes materiales a su disposición, …

Todo esto está muy bien, pero ¿qué tal está la película? Bueno, pues viene a ser como un debate Zapatero- Rajoy. Es mejor eso que nada, pero sin duda todos hemos visto muchísimos debates mejores. La película, a pesar de que ya no tengamos que aguantar a Sarah Connor ni al John Connor “niño”, es bastante flojita. La trama es poco consistente, y ridícula por momentos. No sólo por lo de las “Motos Terminator” y similares, sino por cosas como que en la parte final, cuando los humanos intentan acabar con la superfábrica en la que teóricamente se halla Skynet (y que es, en realidad, la fábrica del nuevo modelo T-800, el Terminator “de toda la vida”),  pueden hacerlo prácticamente a sus anchas (se pasean como unos espías del CNI en la piscina de Alberto Saiz), con la única oposición del primer T-800, recién salido de la cadena de montaje (no sé si habla a favor o en contra de Skynet que su superfábrica sólo sea capaz de crear un T-800 al día, en plan ingeniería alemana de alta calidad). T-800, por cierto, con el que Arnold Schwarzenegger firma la mejor interpretación de toda su carrera.как купить конфискатанализатор позиций сайта


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  1. Comentario de Garganta Profunda (29/06/2009 08:16):

    Flojita, flojita la película. A decir verdad, el único momento memorable es ver al flamante T-800 alias “Arnie” generado por ordeñador repartiendo yoyah a cascoporro.

    Nos conformamos con poco…que asco de nostalgia!!

  2. Comentario de popota (29/06/2009 10:24):

    Es que después de vérselas con una tía en T3, la cosa ya no daba mucho más de sí…

    Aquí una parodia: terminator salvando a nuestro señor Jesucristo:

    http://www.youtube.com/watch?v=Qnq7N6X4x84

  3. Comentario de Otto von Bismarck (29/06/2009 12:02):

    Yo no quiero decir nada, pero a mí el enlace de popota no me va, eso sí, entre los videos destacados me ha salido la entrevista del follonero a otegui. Sacamos dos conclusiones, la inteligencia artificial cada vez es mejor (muy bien traído por la entrada en sí) y popota es tan eta que hasta las máquinas lo ven.

  4. Comentario de beezelbuba (01/07/2009 18:28):

    Película bastante entretenida, como toda la saga en general. Sin embargo cada vez que las veo no puedo dejar de pensar que si yo hubiera sido Skynet, habría mandado al Terminator de turno a matar al tatarabuelo de Sarah Connor, en una época donde como mucho, le atacaran con un Colt o un par de flechas!

  5. Comentario de DeTomaso (03/07/2009 22:29):

    Pues a mí no me ha parecido tan mala, la verdad, salvo lo de las motos terminator, que creo que se han pasado tres pueblos con eso.
    Quizas mi visión favorable a esta cuarta entrega venga dada por lo malísima que es la tercera parte. Lo de la persecución con el camión grua y el bombero me pareció demencial.

    La prota, la Kristana Loken, pues no es que me gustara demasiado, creo que hubiera estado mejor Famke Janssen

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