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Me llamo Harvey Milk

Una trampa de lo más mezquina con la que se presentan los llamados biopics es hacer de la película una bandera hasta el punto de lograr que una crítica a la misma se convierta en un reproche al personaje. Es decir, que si no te gusta ‘Milk’, eres un fatxa. Esto no puede ser. Es una puerta abierta al todo vale. Por eso vamos a demostrar que ‘Milk’ es una puta mierda como el sombrero de un picador sin injuriar ni faltar al respeto al colectivo de invertidos que con sus abyectas prácticas sodomitas contrarias al derecho divino y la natura acentúan el calentamiento global y desequilibran la gobernabilidad en Gaza y el País Vasco.

El título

En primer lugar, y como es costumbre en nuestro estadio cultural, las primeras palabras de la reseña son para el censor que ha traducido el título al español. La cinta en inglés se llama ‘Milk’, apellido del protagonista y que tal vez, a mí no me consta, tenga algún doble sentido en la jerga gay incluso al margen de lo primero que se nos viene a la cabeza cuando en el campo semántico del sexo masculino leemos ‘leche’.

El censor ha optado por ‘Mi nombre es Harvey Milk’. Probablemente sea una forma de decir a los incultos y temerosos de Dios españoles de a pie que ese ‘Milk’ a secas no se refiere a una película sobre la leche, sino que es el nombre de un sujeto extranjero con sus aventuras y desventuras al margen de las directrices de la comisaria de Agricultura de la UE. De lo contrario, si en la cornisa cantábrica el título original atrajera a las salas a los recios varones del Norte que trabajan en el sector de los productos lácteos y a los tres minutos lo único que se hubiera visto fueran caballeros besándose con lengua, las consecuencias podrían ser irreparables. Bien travestido el título pues, en este caso.

El protagonista

Hace unos meses una noticia ridícula se coló en la actualidad. Madonna había recibido un sms de un ex que le contaba que por fin había besado a un hombre. Eran Sean Penn en el rodaje de ‘Milk’. El actor decía que no sabía el porqué, pero que en su primer beso con un tío se había acordado de ella. Es bien sabido que la ‘Ambición Rubia’ tiene bigote, pero lo más seguro es que ésta le viniera a la mente a Penn por otros motivos. Si bien Madonna no es un icono gay propiamente dicho, sí revistió sus obras en los noventa de una ambigüedad sexual tanto masculina como femenina dando a entender algo del tipo de que, si eso era el videoclip para Los 40, en su vida privada participaba en orgías donde lo más soft era sorber células madre de la cabeza de embriones como si fueran gambas al estilo de cierto cuadripléjico en South Park, primero para andar y luego para colocarse. Sean presumía: yo ya soy un poco más como tú. Sofisticado y señorial…

No obstante, lo que hay que subrayar en el sucedido no es que Sean Penn sea gilipollas, sino que nunca había besado antes a un hombre con la edad que tiene. Una situación que sólo puede explicar el hecho de que en Estados Unidos nunca han celebrado la victoria de su país en una Eurocopa. Y en lo que al marketing de la película concierne: él por fin ha besado a un varón, por medio de una mujer que es todo un reclamo mediático mundial nos hemos enterado meses antes del estreno y la expectación no ha podido ser mayor…  en su casa, vaya por Dios.

Película tan fallida como su campaña viral

Si la cinta ha llegado con una polémica que permanece apilada en una montaña de papelajos y revistas en la Oficina de Crispación del Vaticano, el contenido, como es de prever, sigue esa línea anodina. Y eso que el problema no está ni en su protagonista ni en su director, Gus Van Sant, que llevaba unos años ‘experimentando’ en su obra; el problema es que esto no es una biografía. La historia sólo cubre los años que el personaje pasó en San Francisco, que fueron los de su actividad política: la película es más bien un telefilm.

Tal vez sea por la fuga de talentos del cine a la televisión, o por las huelgas de guionistas, el caso es que para rodar ‘Milk’ lo que parece que se ha hecho ha sido imprimir la entrada correspondiente de la Wikipedia y entregársela al director: aquí tienes el guión. El dossier promocional habla de un trabajo exhaustivo de documentación y entrevistas con los conocidos del difunto protagonista. Lo cierto es que es difícil apreciarlo. La faceta íntima no pasa de un segundo plano.

Y en cuanto a la época, la sociedad del momento y el lugar, no era necesario retratar el San Francisco hippy y contestatario de los sesenta y setenta, ni sumergirse en las profundidades de su mundo gay como en ‘A la Caza’ de Al Pacino para hablar de la cultura homosexual, pero no hubiera estado de más un poco de contexto del dónde y el porqué. Cuando menos, algo. Esa ciudad en esa época era un pastel muy grande como para que te den sólo la guinda -o te metan la puntita, más propiamente dicho.

Porque si se renuncia a la vida personal del protagonista abordándola sólo tangencialmente e inventándose por qué terminó en esta ciudad (llegó con el musical ‘Hair’, dice la Wikipedia, donde trabajaba su novio quien le abandonó para irse a Nueva York con otra gira obra cumbre de la civilización, ‘Jesucristo Superstar’), si también se pasa del ambiente, si lo único que queda en la cinta son los tira y afloja de su vida política, si para más inri las imágenes reales se toman prestadas de un documental sobre el pensamiento y el tiempo de este político, si ese documental encima recibió un Oscar en 1984, la pregunta es: ¿para qué cojones haces una película y por qué no te limitas a reeditar el documental [1] -con subtítulos en español, por ejemplo- y te guardas la pasta para algo más interesante y/o novedoso?

Como respuesta, podría pensarse que este proyecto estaba relacionado con la legalización del matrimonio gay en California y su marcha atrás en un referéndum celebrado el mismo día de las elecciones. Un derecho que Terminator concedió por decreto a principios del año pasado a la vista de los pingües beneficios del turismo que generaría convertirse en el único territorio donde podían casarse los homosexuales de Estados Unidos, según expresó el propio gobernador republicano. Algo como Las Vegas para los rockeros. Una decisión que condiciona los derechos de las personas a su cotización en el mercado, ya ves, mientras nosotros que somos mucho más listos discutimos si debe haber crucifijos en las aulas. Sin embargo, el proyecto es anterior. Es una iniciativa del guionista, sus cojones y su tarjeta de crédito. Un, digamos, capricho. Bien por él, pero Usted repase con detalle la cartelera antes de tragarse lo que bien podría emitir Antena 3 a las cuatro de la tarde, o el Digital + ahora que ya se le caen hasta las películas que lleva repitiendo inmisericordemente desde que dio sus primeros pasos. 

La autocrítica checoslovaca

Por lo demás, al margen de la lucha de este héroe americano, esas imágenes rescatadas del documental en las que aparecen sujetos defendiendo el despido de los maestros homosexuales de las escuelas porque en su opinión pretendían reclutar a los críos para su tendencia sexual, imágenes cuyo impacto actualmente no será distinto del que sientan los que vean dentro de unos años a quienes hoy creen que un matrimonio entre personas del mismo sexo atenta gravemente contra su familia por motivos etimológicos; al margen de todo esto, hay que afirmar sin vergüenza que a Harvey Milk había que pegarle un tiro. Porque a este hombre no le mataron por homosexual, lo eliminaron por enemigo de la clase obrera. 

La dialéctica marxista-leninista no ha resuelto aún si la homosexualidad es una frivolidad burguesa, pero sí que ha dejado claro que los padres tienen que dar de comer a sus hijos y que si para hacerlo tienen que emplear la huelga revolucionaria, están en su legítimo derecho. En el Ayuntamiento de San Francisco habían recortado los sueldos. Por esta causa, Harvey Milk tuvo que cerrar su tienda de revelado fotográfico, un negocio capitalista y pequeñoburgués (los retratos familiares son contingentes, pero también una necesidad resuelta gracias al duro trabajo de los camaradas ilustradores del realismo soviético, mientras que el resto de imágenes indispensables para la colectividad ya las difunde el partido, vamos, que eso de ir por ahí cada uno sacando las fotos que le da la gana es un libertinaje intolerable), pero otros empleados del consistorio, como Dan White, interpretado en la película por el bigote de Josh Brolin, no tenían tejemanejes con plusvalías, y con la medida directamente se quedaron sin poder alimentar a su familia.

Como protesta, el camarada Dan -mal apellido White para un comunista- inició una huelga revolucionaria. Al término de ésta, al querer volver a su puesto, resulta que Milk había malmetido para que el alcalde lo impidiera y nombrara, en su lugar, a alguien sin bigote. El camarada White, conforme se enteró, pasó a la lucha armada y perpetró el magnicidio llevándose por delante al alcalde Moscone y al supervisor Milk, protagonista del drama, a balazos. Acción directa, se llama.

Dicho lo cual, desde estas páginas no podemos sino comprender, que no, nunca, compartir, la conveniencia de la eliminación física de un objetivo militar de la lucha armada revolucionaria del proletariado internacional.привлечение посетителей [2]услуги адвоката юриста [3]