El Mundo Clásico – Robin Lane Fox

Robin Lane Fox es el cabrón joputa que escribió a sus imberbes 27 años la monumental Alejandro Magno. Visto lo buena que era esa biografía, el principal problema de “El Mundo Clásico” era constatar si Lane Fox volvía a rayar a tan alto nivel, o incluso más, abordando un período histórico más amplio. Y, por supuesto, sí que lo consigue.

Yo no entraría a evaluar si esta es “mejor” o “peor” que Alejandro Magno (aunque a mí Alejandro Magno me gustó más), puesto que se trata de trabajos de distinto alcance y objetivos. Lo que está claro es que aquí se ponen de manifiesto, de nuevo, las muchas virtudes del autor: su extraordinaria erudición, su dominio de distintos registros del lenguaje, los abundantes momentos regados con su deliciosa socarronería típicamente inglesa, … (Capítulo aparte merece, en la atribución de estos méritos, la magnífica traducción al castellano, a cargo de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda-Gascón).

El período analizado por Lane Fox abarca desde la génesis del mundo griego (y, en concreto, el mito de Troya y la obra homérica) hasta el más helenista de los emperadores romanos, Adriano, cuya presencia recorre todo el texto y funciona como un hilo conductor general de las características más relevantes del mundo clásico (y, también, del mundo griego tal y como era percibido por los romanos), resumidas a su vez por Lane Fox en torno a tres conceptos fundamentales: la “libertad”, la “justicia” y el “lujo” como principios motores de estas sociedades, aunque sean normalmente aplicables sólo a una minoría de ciudadanos privilegiados.

Se ponen de manifiesto las diferencias, más que conocidas, entre griegos (inteligentes, imaginativos, arteros, sin escrúpulos) y romanos (eficaces, tenaces, lacónicos, sin escrúpulos), y se intentan integrar los hechos propiamente históricos (batallitas, reinados, etc.) en un contexto social y, sobre todo, cultural, más amplio, que permite de paso al autor regalarnos la vista con juicios de valor sobre los mitos fundacionales de Occidente particularmente divertidos. Por ejemplo, no se cansa de subrayar la –por demás obvia- afinidad entre los filósofos platónicos y los poderosos, como cuando relata la caída de Demetrio de Fálero, un discípulo de Aristóteles impuesto como dictador a los atenienses en 317 ac:

“cuando cayó y se reinstauró la democracia, los atenienses celebraron su liberación con entusiasmo. La libertad había vuelto, y un tal Sófocles no tardó en proponer que en el futuro se prohibiera a los filósofos impartir sus enseñanzas en la ciudad, a menos que contaran con una autorización de la democracia. Los atenienses se mostraron compasivos, aunque la propuesta era muy elocuente. Los demócratas odiaban a aquellos filósofos amigos de reyes y de tiranos y sus insoportables concepciones del Estado ideal” (p. 274)

Lo mejor de esta obra, a mi juicio, es que, aunque probablemente sea la mejor síntesis sobre Grecia y Roma que he leído (es sensiblemente más interesante, eso sí, la parte griega que la romana, que además finaliza con Adriano), no se trata de una síntesis al uso, en el sentido de que no es un libro “para saber” cosas sobre Grecia y Roma al modo iniciático, sino más bien un libro “para saber más”, ya que el autor da por supuestas, y por sabidas, muchísimas cosas a las que sólo alude de refilón, o implícitamente, mientras que profundiza en otras que se derivan de acontecimientos más conocidos que no se molesta en explicar.

Y esto, que puede ser muy histerizante para el neófito, se agradece particularmente si uno es el clásico lector – listillo que ya sabe algo del tema (aunque no sea ni mucho menos experto) y comienza a cansarse de leer las mismas anécdotas y los mismos hechos, narrados a menudo de la misma manera, una y otra vez. Lane Fox tiene aquí la enorme virtud de centrarse en hechos y anécdotas menos conocidos (al menos, menos conocidos por quien esto escribe), pero igualmente interesantes (en realidad mucho más, dada su novedad), como por ejemplo estas dos, seguidas, sobre el emperador romano Nerón:

“Nerón navegó río abajo en una embarcación cubierta de alfombras, remolcada por otras naves cuyos remeros eran todos prostitutos y depravados. A ambas orillas, había mujeres desnudas, tanto prostitutas como damas de la nobleza, dispuestas a ofrecer sus favores a cualquiera. Unos días después Nerón celebró su matrimonio con uno de sus esclavos sexuales. Pala la ocasión se puso el velo nupcial e incluso chilló como una virgen recién casada cuando aparentemente se consumó el matrimonio” (p. 604).

“le quitó la mujer a un amigo y se casó con ella; se trataba de Popea Sabina, de hermosa cabellera ‘de ámbar’, de quien se decía que solía bañarse en la leche de quinientas asnas. Cuando murió, de una patada que le propinó Nerón, éste escogió al liberto que más se parecía a la difunta, ordenó que lo castraran y lo usó como objeto de placer. Le puso de mote Esporo (‘simiente’) e incluso lo llamaba ‘Sabina’” (p. 604).

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  1. Comentario de Javier (21/12/2008 12:26):

    Esas dos anécdotas sobre nerón a las que haces referencia las incluía Suetonio en su “Vida de los doce césares”. Recomiendo su lectura, es un libro muy ameno, plagado de episodios dignos del “Cuore” de los primeros emperadores del Imperio Romano.
    También me gustaron mucho los libros sobre Grecia y Roma de Indro Montanelli, muy divulgativos, amenos y divertidísimos. Yo creo que son excelentes para quien quiera iniciarse en el mundo clásico y no morir en el intento.

  2. Comentario de Guillermo López (21/12/2008 13:00):

    Gracias por la referencia, Javier. Coincido contigo en tu evaluación de los libros de Montanelli (de hecho, están reseñados en la página: http://www.lapaginadefinitiva.com/dblibros/98), aunque con el matiz de que, cuando entra en juego el cristianismo, Montanelli pasa a combinar su estilo ameno y plagado de mala leche con referencias pacatas y fuera de contexto al cristianismo (que no sé decirte, la verdad, si acaban perturbándome o divirtiéndome más).

    Un cordial saludo

  3. Comentario de hglf (05/01/2009 06:32):

    Saludos Barbaros-Demonios-Blancos-Narices-Largas-Caras-Pálidas:

    He llegado demasiado tarde pero:

    Me parece que lo mencionado sobre Demetrio, ya lo había hecho Plutarco en algún tomo de su “Vidas Paralelas”
    (hay pedeefes, pero no le digo donde).

    Saludos… y ojalá algun dia devuelvan el oro de los incas

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