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Especial Transición: Entrevista a Mariano Ferrer

Mariano Ferrer es periodista.

¿Qué hacías durante la Transición?

Estuve en San Sebastián de 1975 a 1983 haciendo periodismo y estudiando derecho.

¿Lo mejor de la transición?

Lo mejor es que puso fin a la Dictadura, o que, al menos, la Dictadura se vio abocada a dejar de serlo de alguna manera, propiciando la recuperación de libertades básicas que constituyen una buena base sobre la que trabajar, aunque cada vez se haga menos. Otra cosa buena es la ilusión que hubo y que nos ayudó a vivir, aunque luego se trocara en desilusión.

¿Y lo peor?

Mostró la falta de cultura democrática de España. No hubo ruptura y heredamos demasiadas cosas del franquismo.

¿Existió reconciliación?

Hubo resignación. Los perdedores se resignaron a seguir siendo perdedores, pero de otra manera, aceptando las situaciones consolidadas. Reconciliación como tal no la ha habido, lo que sucede es que pasa el tiempo, la gente que vivió todo aquello se va muriendo y son posibles cosas que entonces no lo eran.

¿Qué opinas de la Ley de Memoria Histórica?

Es un apaño de celofán, izquierdismo poético. Demuestra hasta qué punto no se afronta ni el crimen que fue la dictadura ni la reparación de sus víctimas. A pesar de ello, todo lo que se haga en esta materia, aunque sea poco, está bien hecho.

¿Hubo diferencias en la transición entre lo sucedido en España y lo sucedido en Euskal Herria?

Muy pocas. En general, sucedió más o menos lo mismo.

 

¿Hay diferencias entre la prensa vasca y la española?

Nuestra prensa es más local, y por ello mejor en los temas cercanos. En Euskal Herria es donde más prensa de partido hay y, sin embargo, la prensa vasca está menos politizada que la española, donde existe una militancia partisana que llama la atención.

En cualquier caso, los problemas son comunes: la espectacularización, la rutinización –todos acabamos hablando de lo mismo sean atracos con violencia o noticias de prostitución, aunque luego se potencien o amortigüen temas según las líneas editoriales- y el alineamiento. Tenemos un periodismo con camiseta donde tienes dos opciones: o entras en un medio porque ya eres un convencido, o asumes lo que piensan en el sitio donde trabajas. De resultas de todo ello existe una homogeneización de los temas, el vocabulario, etc. Existen auténticos moldes. Además, hay situaciones agravantes, como el periodismo dirigido. Me refiero al periodismo de investigación de encargo. enfocado no a detectar la realidad sino a sustentar como sea una tesis preconcebida.

¿Dirías que la independencia en el ejercicio de la profesión es inversamente proporcional al poder adquisitivo del periodista?

Ya no hablo de la independencia del periodista. El periodista depende de mil cosas: la empresa, la precariedad laboral, los condicionamientos económicos, la cadena de producción informativa… Eso es más o menos asumible. El problema es que por el camino se olvida la tarea del periodista es encontrarse con la realidad que es, y no crearla.

Otros problemas son la rutina, la dependencia de la información oficial. Los medios cada vez más se limitan a difundir lo que les cuentan los partidos, la Banca, el Gobierno… Desde luego ayuda a reducir costes porque es una información que casi llega sola a las redacccioens y que apenas requiere tampoco el trabajo de verificación porque se limita a la reproducción de lo que dice la fuente autorizada, particularmente en temas de terrorismo…. El periodista ha dejado de ir a los sitios y de moverse para enterarse de lo que pasa, y se limita a esperar sentado que le vayan llegando las informaciones. Y luego está el caso extremo, en el que la falta de rigor lleva a publicar informaciones inventadas utilizando el recurso a fuentes más o menos anónimas. En el caso de los trabajadores precarios, es obvio que sus condiciones laborales sí afectan a su grado de independencia. La gente con firma tiene más posibilidades de defender opciones personales, pero también se pliegan. Si tienes más poder adquisitivo es porque estás más integrado en el sistema, y para llegar arriba uno tiene que saber situarse. No es un tema personal de éste o aquél, sino que es la propia dinámica de la profesión la que exige integrarse en esta manera de trabajar.

¿Y en qué momento se da ese cambio?

Por los años ochenta, cuando el periodismo se instala en la mesa de redacción y se limita a organizar y ordenar la información que le llega. Pasas a reproducir información pre-cocinada que viene de jefes de prensa o gabinetes, en lugar de buscarla. En ello ha tenido mucho que ver el proceso de informatización, que también ha permitido recortes de costes. El resultado de todo ello es que ha acabado existiendo una gran connivencia entre los poderes y la prensa, de forma que el periodismo ha acabado integrado en los partidos y acaba resultando difícil distinguir el medio que publica algo de aquello sobre lo que publica.

Antes de la transición, existía un periodismo combativo y crítico con las administraciones. Desde entonces, ¿se hace periodismo a favor del Estado?

El periodismo se ha integrado en las estructuras del sistema. Los periodistas han adquirido prestigio y notoriedad, y han dejado de cuestionar muchas cosas. En parte porque eso les llevaría a cuestionar su propia trayectoria. No es que quiera culpabilizar a nadie personalmente, ya que salirse del sistema es muy difícil. Pero la cuestión es que acaba habiendo poca diferencia entre un funcionario y un periodista que se limita a ir a las ruedas de prensa o a recibir comunicados. Por eso ha cogido tanta fuerza la opinión, que es lo único que acaba diferenciando al periódico junto con las entrevistas.

Al final se ha acabado mezclando la información con la opinión, y en lugar de investigar datos sólo se trabaja en la manera de contarlos y en privilegiar determinados contenidos, sin contrastar ni cuestionar la información oficial.

La estructura informativa actual es un cepo para lo que se creía que era el periodismo, y de este modo se ha evolucionado del periodista militante de la democracia –algo sano- al periodista militante del partido, que se limita a cuestionar aquello del sistema que perjudica al partido de turno.

¿Está extendida la práctica de la auto-censura? ¿Por qué?

La primera forma de censura es aquella de la que hablaba Ramonet cuando dijo eso de “antes te prohibían publicar lo que sabías, ahora te inundan de la información que les interesa que trates”.

En cada medio hay una censura implícita importante. El periodista sabe –y acepta- qué tiene que hacer para que le vaya bien –o no le vaya mal-, y deja la libertad para más adelante.

¿Cómo afrontan lo que hemos hablado los jóvenes que entran en la profesión?

Con resignación y aceptando las reglas de juego para encontrar un hueco en el que incrustarse. Y, también, creo con menos idealismo y ambición por cambiar la sociedad que hace treinta años.indian to english translation [1]анализ и аудит сайта [2]