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El último hombre vivo

Resulta muy simpático que por culpa de Michael Moore la Izquierda Verdadera odie con todo su corazón a Charlton Heston por defender la astracanada del derecho de los ciudadanos a poseer armas de fuego. Actualmente, un dolor progresista mucho más agudo que el de norteamericanos matándose a tiros, ya sean niños, negros u hombres de bien en legítima defensa, es el del cambio climático. Charlton Heston dedicó una parte muy importante de su carrera a popularizar los problemas ecológicos, a impactarnos con futuros apocalípticos asfixiantes e invivibles. Y ahora, los abanderados de esas teorías le repudian. Qué injusta es la vida de los profetas.

El planeta de los simios, Cuando el futuro nos alcance o El Último hombre vivo son tres pelis tres que este buen hombre dedicó al sentimiento colectivo de que todo se dirige hacia un desastre total de magnitudes inabarcables. Vaya por delante que sólo Cuando el destino nos alcance era verdaderamente ecologista, con esa sociedad tan atractiva sin agua ni alimentos que hace galletitas con los cadáveres de los jubilados. Las otras dos son más bien antibelicistas. Pero como la saga de los simios merece un artículo aparte y El último hombre vivo es verdaderamente mala de cojones, LPD, por ahora, sólo meterá el dedo en el ojo de esta última cochambre.

El último hombre vivo es una puta mierda de ordaguina. Además es un remake. Y encima un remake hecho con menos dinero que la película original, L´ultimo uomo della terra. Lo gracioso es que yo recuerdo otra película de idéntico argumento, emitida por Telemadrid de madrugada tiempo ha como otras tantas maravillas, que no era ni la una ni la otra y que molaba bastante más. Sobre todo porque tenía una primera hora con el protagonista flipando por el hecho de ser el único hombre sobre la tierra de una mañana para otra que era espectacular. Y además, antes de indagar en la bomba de neutrones o no sé qué arma secreta que había resultado letal, ofrecía una teoría de que el hombre es un lobo para el hombre por culpa ni más ni menos que de las mujeres, que son unas guarras. Ya daré con ella tarde o temprano y la desglosaré como merece.

Ahora es el turno de The Omega Man de Charlton. Un truñazo que sólo ha alcanzado alguna relevancia porque fue homenajeada en un capítulo especial Viernes 13 de los Simpson.

Charlton está solo en la ciudad. No hay nadie más. El hombre hace y dispone de lo que le da la real gana. Lo mismo entra al cine y pone una película (enchufa el documental de Woodstock el muy matao) que conduce los deportivos más cojonudos que va encontrando en los concesionarios. Sólo tiene un problema, la paranoia de que suenan los teléfonos de las cabinas y que, al pulsar el botón de un ascensor, le viene a la mente una catarata de recuerdos asociados a la guerra nuclear.

Resulta que el ser humano había desaparecido por la Tercera Guerra Mundial. Los americanos mucho no tuvieron que ver en ella. Por un telediario que el héroe recuerda vemos que el conflicto ni siquiera empezó en el 34, fue una guerra entre chinos y rusos. Por lo visto, eso desencadenó un enfrentamiento total con todos los pepinos a disposición de las potencias y el conjunto de la población mundial feneció víctima de las armas biológicas. Se alcanzan, entonces, grandes cotas dramáticas, cuando los actores, rememorando la tragedia, mueren con unos aspavientos muy cercanos a las performances de Raphael. Escenas que se nutrieron de las partidas más elevadas del presupuesto de la película.

El caso es que todo el mundo ha muerto. O muerto a medias. Además de nuestro héroe, que se inyectó una vacuna justo antes de la hecatombe, en el planeta habitan una especie de zombies. Presentan estos síntomas: albinismo, psicopatía, fotofobia y apatía -textualmente. Es decir, se trata de un mundo post-apocalíptico en el que sólo ha sobrevivido el Foro de la Familia y Charlton. Aunque se llevan a matar. Charlton era médico y estos casi vivos tienen especial animadversión por los científicos y médicos. La culpa de todas las desgracias que asolan la Tierra es suya, dicen. Además de que la familia es lo más importante y otros eslóganes que no, no nos suenan de nada.

Y ya está. Ya no hay más historia. Charlton se encuenta una humana más. Negra ella. Que cuida de unos niños y un macarra. Emplea su sangre como suero para curarles de la enfermedad que te convierte en demócrata amante de la libertad y muere. La conclusión es que no se debe hacer un remake si no es, a falta de ideas, con cientos de millones de dólares más y el doble de mujeres en cueros. Valga como advertencia para quienes vayan a ver el cuarto remake de la Invasión de los ladrones de cuerpos y para los apologistas verdes del fin de los tiempos. No quisiera yo verles en un futuro como ve ahora uno estas películas. Es por cristiandad. El lugar en el que han quedado los que anticipaban el fin del comunismo por la vía de la guerra nuclear no mola nada de nada. Y Leonardo ha puesto el culo en él cual ministra en lencería negra.продвижение ювелирного магазина [1]полотенцесушитель ванная [2]