Canarias

La buena nueva es que, al menos, en estas elecciones quien gane sabrá situar Canarias en el mapa

Arcanos de la política canaria y de lo que viene siendo, en general, todo lo relacionado con esas islas

La política canaria interesa tanto al resto de españoles como la economía canaria, la literatura canaria o la estructura socio-cultural de la sociedad canaria. Es decir, más o menos nada. Habitualmente el reconocimiento de una cruda realidad de estas características podría llevar a más de uno a escandalizarse o, al menos, a fingir cierta preocupación. Sin embargo, tratándose de las Islas Canarias, ni siquiera eso. Para el español medio se trata de una pseudo-colonia atlántica que históricamente ha tenido interés por:

– Ser el lugar ideal para vacaciones (y especialmente lunas de miel) francamente horteras y manejadas por tour-operadores que tratan de convencerte de lo “auténtico” de la experiencia. No obstante las excelencias de las Canarias para estos objetivos, la fortaleza económica de los españoles ha hecho a estas islas innecesarias a estos efectos debido a las mayores posibilidades de acceder, a precios populares, a garruladas del mismo estilo pero con más caché en el Caribe, donde se come todavía peor, el clima es si cabe más insoportable y la fauna y lugareños son aún más hostiles con el viajero.

– Tener un régimen arancelario e impositivo diferente para las importaciones, que permitía acudir a las Canarias a comprar productos de electrónica doméstica de factura japonesa a precios muy competitivos. Lamentablemente la entrada en la Unión Europea ha obligado a modular estos beneficios fiscales y además ya no todo el mundo vive tan obsesionado por comprarse relojes de pulsera digitales. Añádase a ello que a la tradicional competencia andorrana, que tiene pistas de esquí como reclamo adicional y pilla mucho más cerca, se ha unido en la última década el despertar de China, con capacidad de inundar de gangas cualquier mercado de forma que las rebajas canarias quedan en pura minucia y el cuadro de la decadencia canaria está pintado del todo.

– Estar cercana a importantes caladeros. Las buenas artes de la simpática flota pesquera española, que ha logrado en apenas tres décadas de ejercicio responsable y biológicamente sostenible de la pesca de altura esquilmar el más rico banco del mundo y ha conseguido que ahora empiece casi a la altura del Trópico de Cáncer, han eliminado también este encanto particular de las Canarias. Dado que ahora los barcos de pesca sólo pillan pateras, cayucos y subsaharianos que se lanzan al mar sabedores de que el océano ya no está poblado de las alimañas de antaño gracias a la labor de poda de la biodiversidad realizada por nuestros simpáticos usos pesqueros, ni siquiera nos sirve de demasiado tener aguas territoriales por la zona. Es más, es una putada para el solidario y generoso imaginario colectivo español en materia de recepción de inmigrantes pobres, dado que los cabrones de los canarios piden pasta para gestionar el asunto y osan exigir que los negros que les arriban sean repartidos por la península.

Así pues, ¿qué son estas islas para España hoy en día? Pues, esencialmente, un vestigio colonial que nos hace sentirnos más importantes ya que no sólo controlamos dos enclaves en el norte de África en medio del territorio de los malvados y abyectos marroquíes sino que también tenemos unas islas enfrente de su costa, aunque bien lejos de España. De esta lejanía, que no siempre los españoles aprecian en toda su magnitud, habla por sí mismo un dato: Madrid se encuentra a más distancia de Canarias que de cualquier capital europea de solera (Londres, Roma, o la dudosa París y la entrañable y hoy desposeída de tal rango Bonn). Conservar Canarias sirve para sentirnos mejor como españoles, para soñar con la posibilidad de que si Sarkozy organiza la política de inmigración de la UE alguna de las islas podrían servir como plataforma para aislar a la inmigración ilegal, para posibilitar turismo exótico de intelectuales europeos medio sectarios (y gracias a eso tenemos las nobles producciones literarias que marcan nuestro inicio de siglo, de la pluma de Saramago o Houellebecq) y, por último, para alentar esperanzas sobre poder llegar a meter mano a parte de las reservas petrolíferas que se intuye pueden existir en la plataforma continental del Atlántico norte frente a las costas de Marruecos.

La política canaria, esa entelequia

Realizada esta prolija introducción, ¿qué puede esperarse de Canarias en estas elecciones? Bien poco, la verdad. La historia del voto canario se reduce a la articulación de mayorías de los partidos estatales que ganaban en ese momento a nivel nacional en coalición con los inevitables partidos políticos autóctonos. Estos últimos, sobre todo a raíz de su sabia decisión de integrarse en una Coalición (denominada, con original gracia, Coalición Canaria), han sido siempre una fuerza con la que se había de contar si se quería gobernar. Más que nada porque, dado que nunca han tenido problemas para cambiar al PSOE por el PP o viceversa, disponen de un poder envidiable: el que da la capacidad de, atendiendo a los meros intereses de presencia en cargos y algún regalito para los canarios que vender a su electorado, derribar gobiernos a su antojo. Con un único condicionamiento, que normalmente tienden a preferir coaligarse con quien manda en Madrid (forma de obtener algún favor adicional a cambio de un apoyo en las Cortes madrileñas que nunca pasa de ser testimonial) o con el que vislumbran que puede acabar haciéndolo en breve. En general, a CC le da todo un poco igual, siempre y cuando los godos no se metan demasiado a olisquear en sus cositas internas y los políticos que desde Madrid les pongan en cabeza de las listas de los partidos nacionales sean gentes comprensivas con el hecho diferencial canario. Vamos, que les permitan ir a esa bola suya tan particular que ha permitido al partido ser unánimemente conocido como Corrupción Canaria. Que yo no tengo ni idea de a santo de qué vendrá el mote, la verdad, pero llama la atención, de eso no hay duda. Hay que reconocer, además, que la fiscalía se está poniendo las pilas, además, en los últimos meses, convocatoria electoral obliga, para que desde España empiecen a encajar todas las piezas (sí, somos algo lentos e ingenuos, ¿qué pasa?).

Así que, con un electorado que suele repartirse a partes más o menos iguales, que oscilan entre el 20% y el 30%, entre CC, PSOE y PP, quién manda en Canarias suele estar determinado por los pactos arriba mencionado. Caldo de cultivo cojonudo, unido al hecho de que puede pactar indistintamente con PP o PSOE sin que se le caigan los anillos, para que la esencia de CC se manifieste en todo su esplendor.

Conviene, adicionalmente, tener en cuenta un último factor: así como CC oscila según quien mande en estar a buenas con PP o PSOE, la población canaria que vota a PP o a PSOE hace lo propio con verdadera pasión. Cuando gobierna el PSOE, este partido se sitúa en Canarias en la parte alta de su franja (30%) mientras el PP se va a la baja (20%) y viceversa. Este hecho facilita mucho a CC hacer su juego a gusto: gobiernan en Canarias con el partido más votado de los grandes y así pueden apoyar tanto en Madrid como en Canarias al “más votado”, exigiendo la presidencia regional para ellos si, además, concurre la circunstancias que de ellos sean el partido más votado.

La convocatoria de 2007

En la actualidad Canarias está gobernada por CC, que sacó más escaños que nadie en 2003, con el PP en la parte alta de la franja de turno y el PSOE en la baja (hay que recordar que en 2003 Aznar estaba en lo más alto, montando guerras mundiales para sacar a España del rincón de la historia, con CC siguiéndolo con paso firme y entusiasmo sólo parangonable a su falta de lealtad al líder en cuanto vinieron mal dadas). Al principio de la legislatura se apoyó en el PP, para afanarse por largarlo en cuanto Ben Laden puso a ZP a mando de la política española “por irreconciliables diferencias sobre qué Canarias queremos” y sustituirlo por el PSOE.

El malvado ZP, que no se conforma con nada, no contento con eso les ha mandado a un Ministro popular y guapetón, canario para más desgracias de los de CC, a reconquistar no sólo el poder sino la Presidencia del Gobierno Canario. Que, la verdad, a santo de qué tanto interés, se pregunta mucha gente. Empezando por el propio Juan Fernando López Aguilar, que se ha puesto a la faena algo mustio, pero siempre voluntarioso. Siguiendo por nosotros. Y acabando por los de CC, que andan indignados con esta faena de que, acostumbrados como ya estaban a coaliciones con ellos en lo más alto, alguien pueda plantearse volver a los viejos tiempos de principios de los noventa. Tanto, incluso, que amenazan con exigir en todo caso, y aunque el socialista sea (como parece previsible) el más votado, el “gambito cántabro”: pactar con el partido nacional que pierde las elecciones darle muchas consejerías a cambio de que eleve a la cabeza del gobierno a un impresentable de partidos regionalista que pasaba por ahí.
El caso es que la jugada parece buena a raíz de lo que indican los sondeos, pero es posible que fuera innecesaria y que sin su llegada las cosas hubieran sido sensiblemente parecidas: PSOE en torno a un 30% y PP y CC disputándose en el entorno del 25% la segunda plaza. Porque, como decimos, las cosas en Canarias suelen ser así.

El primer cabreado con todo este apaño, de todas formas, es el propio López Aguilar, que encima se ha visto rodeado de cierta incompetencia y algún escandalillo por un asunto menor en las elecciones de una democracia madura como la española: no sólo es que el PSOE no tenga programa y que el asunto dé más o menos igual, sino que la cosa se ha sabido de forma un tanto bochornosa al descubrirse que estaba abiertamente intertextualizado. Y eso sí que está feo. Pero bueno, tampoco se inquieten demasiado. Como decíamos, la cosa no ha de pasar a mayores.

Respecto del resto de las figuras autóctonas de la política canaria vamos a abstenernos de realizar comentario de ninguna clase. Más que nada porque, por una parte, creemos que no son elementos realmente determinantes a la hora de influir en el voto. Pero, y sobre todo, porque ni siquiera los conocemos bien. Sí que hemos visto al líder del PP, sorprendente sosias de José María Aznar, al menos en lo físico. Pero tampoco es algo en lo que prefiramos detenernos porque, como buenos progres, la potencia sexual asociada a ese físico es algo que nos da más envidia y mal cuerpo que otra cosa, por lo que mejor dejarlo. No nos demasiado en cuenta este pasotismo y piensen en su situación personal, ¿cuántos de Ustedes son capaces de dar el nombre del actual Presidente de la Comunidad Autónoma?
La ventaja de estas elecciones es que, tras ellas, contamos con muchas esperanzas de que esta situación de clandestinidad se mantenga. Lo que conviene a los canarios, sospechamos, y además nos deja a los demás muy tranquilos.реклама гуглраскрутить сайты


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