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La vida de los otros

Esta simpática película supone el intento más serio, desde el estreno de Top Secret a principios de la década de los ochenta, por reflejar de manera fidedigna la vida en Alemania Oriental, y en particular la presencia continua de la policía secreta (la Stasi) y su afán por fiscalizar la vida privada y opiniones de sus conciudadanos como sólo un alemán sabría hacerlo. Es, en resumen, una película sobre “comunistas nazis”, lo mejor de lo mejor en malos cinematográficos; pero es, también, una película intimista, insólita, revolucionaria, como diciéndonos “es que los comunistas nazis no estaban tan mal, hombre”. Y su sociedad, preciso es reconocerlo, tampoco.

Los personajes que aparecen en el film pertenecen, cierto es, a las elites administrativas de la RDA (las fuerzas coercitivas del Estado), o bien a algo mucho peor: a los intelectuales de la “cultureta” de Alemania Oriental (¡e imagínense la de subvenciones a fondo perdido que tendría el arte en un Estado socialcomunista!). Pero la verdad es que los comunistas, en realidad, vivían de puta madre. Todos pertenecían al sector público, lo cual significaba seguridad laboral y un trabajo muy poco exigente. Y todos tenían unas soluciones habitacionales cojonudas, en ocasiones con más de 50 metros cuadrados. Y aunque la película, por aquello de impedir minucias como la libertad de pensamiento y opinión a sus ciudadanos, tienda a ser crítica con la composición y fundamentos de la RDA, la verdad es que el asunto impresiona: ¡trabajo y vivienda para todos y aún sobraba dinero para montar una policía secreta que ríase Usted de la masonería y para hormonar atletas que luego arrasaban en las Olimpiadas! De hecho, los desafectos al régimen lo son porque quieren seguir siendo subvencionados mientras se dedican a criticar a la RDA en el extranjero, y claro, o una cosa o la otra, así que acaban represaliándolos (que tampoco consistía, el represaliarlos, en darles un “paseo” en plan español, simplemente dejaban de subvencionarlos y ya está; que no es poco, justo es reconocerlo, en un modelo social en el que todo dependía del Estado).

La película nos cuenta la historia de un dramaturgo afecto al régimen que ve, sin embargo, como su entorno va llenándose de represaliados de la calaña anteriormente mencionada (democrataizantes, críticos, insatisfechos, pequeño-burgueses, en resumen: ambiguos). Al mismo tiempo, dicho dramaturgo pasa a ser investigado por la Stasi, con el pretexto de garantizar su compromiso con la causa, pero con el propósito real, mucho más mundano, de que el ministro pueda tirarse a la novia del dramaturgo, que es, según el ministro, “la más bella perla de Alemania Oriental”. Una chica, a decir verdad, tirando a normalita, pero que, claro, en un contexto lleno de mujeres hormonadas con barba que se hacían los 110 metros vallas en 14 segundos, debía estar para mojar pan.

Uno de los amigos represaliados del dramaturgo se suicida, con lo que el chaval comienza a tomar conciencia. Como además, y más o menos al mismo tiempo, su musa (“la más bella perla de Alemania Oriental”) le pone los cuernos con el ministro, el hombre, definitivamente, ve la luz de la situación de inveterada injusticia en la que viven sus congéneres y se pasa, ideológicamente hablando, a Occidente.

Todo el proceso es seguido por un espía de la Stasi, encargado de registrar las actividades del dramaturgo y su mujer (actriz de teatro con las ínfulas que se le suponen), firme creyente en el comunismo y que, precisamente por eso (por comprobar cómo se utiliza el comunismo como pretexto para medrar, deshacerse de los enemigos políticos en la cúpula del Partido o que dichos enemigos puedan, por fin, mojar), acaba ayudando al dramaturgo y propiciando que éste no sea finalmente encausado por la Stasi. Y eso que a la musa, “la más bella perla de Alemania Oriental”, a la que la Stasi le había pillado atiborrándose de unas pastillas de sospechoso origen (¡incluso la Perla se hincha a anabolizantes!), le había faltado tiempo para convertirse en confidente y  denunciar a su amado. Y todo -justificación moralizante- porque la susodicha se jugaba, en caso contrario, tener que abandonar su carrera de actriz (carrera, dicho sea de paso, dependiente de las obras estrenadas por el dramaturgo al que había denunciado).

La película es –relativamente- dogmática, en especial cuando hace referencia a lo malos y amorales que eran los cargos del Partido; pero probablemente refleje bien el ambiente asfixiante de una sociedad regida por un sistema totalitario (y con décadas de experiencia en la materia, además). Y, desde luego, para todos los amantes del acontecer histórico –en especial un engendro tan fascinante como la RDA y su Muro- resultará interesante.оформление права собственности на дом в украине [1]защита репутации компании в интернете [2]