Títulos de películas lamentables

Sí, lo del título es una excusa para poner a parir películas

La amenaza fantasma: Nunca he sido un histérico de la Guerra de las Galaxias, pero la verdad es que las tres películas son entretenidas, una simpática metáfora de las maldades que el comunismo estaba preparando para el mundo libre, que sólo se salvaría si tuviera presente siempre el poder del plano espiritual para hacer frente al materialismo. Ahora bien, tenía curiosidad por saber cómo sería la primera-última entrega de la saga (precuela). Teniendo en cuenta que la mayor parte de los aficionados de la Guerra de las Galaxias deben ir ahora por la veintena bien entrada, debería sospecharse que este mensaje místico estaría fuertemente inserto en La amenaza fantasma.

Pues no, amigos, La amenaza fantasma se convierte en una amenaza muy real desde los primeros minutos de película, cuando te percatas de que el horror “amenaza” con seguir durante mucho tiempo. Todo va más o menos bien cuando Lucas decide que es hora de insertar a un entrañable personaje que será el héroe de los niños: Jar Jar Binks, una especie de jirafa acuática, se encargará desde entonces de hacernos la vida más divertida con sus continuas chanzas, chascarrillos y torpezas que componen el plano “amigable” de la película. Jar Jar Binks es un personaje virtual, realizado íntegramente por ordenador y utilizando los últimos avances tecnológicos, así que lo lógico sería pensar que nada puede ser más horripilante para el espectador. Pero el potencial del ser humano sigue estando muy por delante de cualquier máquina, y cuando menos te lo esperas ¡zas!, aparece uno de “esos locos bajitos”, Anakin Skywalker, que a la edad de nueve años hace carreras, tiene “la fuerza” y destruye naves espaciales él sólo. Ya sé que es una película de ciencia-ficción, pero pensaba que no era una de esas películas que aunaban la ficción y el terror. Lo único reconfortante es la promesa de que, algún día, el repugnante niño se convertirá en una especie de esqueleto metálico, Darth Vader, y empezará a hacer cosas serias. Mientras tanto, siempre nos quedará el alivio de que los aspirantes a imitar las proezas de Anakin sólo tendrán espadas a su alcance, y ni tan siquiera espadas jedi de luz, sino katanas japonesas.

Abre los ojos: Con el paso de los días, esta sección se va a convertir en el único oasis de dignidad en el desierto de la cinefilia. Prueba de ello es que, haciendo honor a nuestra promesa (lean la crítica sobre Almodóvar), vamos a reírnos un rato de nuestro Chaplin particular, Alejandro Amenábar. El hombre, hay que reconocerlo, tuvo un buen debut con Tesis (una buena idea bien plasmada en la pantalla), pero lamentablemente se creyó todas las tonterías que dijo la crítica sobre su genialidad, y su privilegiada pluma no pudo evitar hacer este auténtico destarifo (una buena idea lamentablemente destruida). Abre los ojos consiste, en esencia, en los mismos personajes de Tesis, haciendo los mismos papeles: Eduardo Noriega es otra vez un niño pijo, aunque ahora es “bueno”, y el otro, Fele Martínez, es un amiguete enrrollao. Tristemente, la selección de las protagonistas femeninas tuvo el grave error de poner a Nawja Nimri (o algo así), ligue del peor escritor-director de nuestros días, Daniel Calparsoro, y musa de la pseudointelectualidad progre. Naturalmente, Nawja es una mujer independiente, como demuestran las loas que le dedica periódicamente El País Semanal y El País de las Tentaciones (más bien este último); casi tan independiente como Silke, aunque haya cambiado los anuncios de compresas por la ONCE. Nawja borda un papel precursor de su anuncio de los ciegos, cambiando únicamente la frase (“Abre los ojos” por “tu vida”), aunque no la candorosa entonación ni el (nulo) mensaje. La otra elección, Penélope Cruz, es más acertada, porque Alejandro supo rápidamente desviarla de pretensiones meditativas budistas y dedicarla a lo que más público le da: enseñar las tetas (no me tachen de machista, esta impresión se basa en un estudio de campo muy serio).

Y a todo esto, ¿en qué consiste la película? Pues la verdad, no sabría decirles, es un tío al que le cambia la cara cada dos por tres y él está muy triste, tan triste que se pone una ridícula máscara para ocultar su recién estrenada fealdad (Qué profundo, ¿verdad?). Toda la película es bastante alucinante, incomprensible en la forma y en el fondo. Noriega sale con su coche y súbitamente se da cuenta de que no hay nadie en la calle. Y en lugar de alegrarse por el chollo que esto supone, se preocupa poderosamente. Claro, era un sueño, como toda la película, en la que Amenábar parece disfrutar llevándonos de un lado a otro sin parar y sin explicar nada (porque no hay nada que explicar). Todos estos continuos giros entre el sueño y la realidad consiguen meternos en un mundo de pesadilla en el que no sabemos lo que existe y lo que es mentira, un pozo sin fondo de grandes implicaciones psicoanalíticas. Como Matrix pero en malo, vamos.

Lo único realmente bueno de la película, aparte de las escenas de cama de Penélope, es la solución que ofrece Amenábar: el personaje vive un sueño virtual, ha contratado los servicios de una empresa de crionización y por eso le pasa lo que le pasa (ojo: crionizar no es convertir a las personas adultas en críos, como podría deducirse del comportamiento del protagonista de Abre los ojos, sino congelar a los muertos para revivirlos cuando la ciencia lo permita).

Las normas de la casa de la sidra: No podía faltar esta película de la más rabiosa actualidad en esta sección. No he visto la película, ni tengo la menor intención de hacerlo. Para un integrista como yo, es inaceptable que los yanquis vengan a darnos lecciones de tolerancia a nuestro propio suelo en el asunto de la Ley del aborto. Si es necesario, me encadenaré con Ynestrillas y unas cuantas niñas del Opus a la entrada de las salas donde se proyecte este infecto panfleto revolucionario.

Hablando en serio, hay que decir que el título nos parece insuperable en todos los aspectos: “las normas de la casa de la sidra”. Suena rimbombante y a la vez ridículo. Rimbombante porque parece algo así como “Las normas de la mansión del terror”, pero, al mismo tiempo, ninguno de nosotros otorgaría credibilidad a una película de terror donde la sidra tuviera algo que ver. La sidra es una bebida amigable, aburrida, no hay nada más patético que agarrarse una trompa con litros y litros de sidra. La casa de la sidra viene a ser algo así como la casa del centro reformista, o la casa de la Tercera Vía, ni chicha ni limoná, algo sin definirse. La clase de normas que pudieran derivarse de un sitio así no nos inspiran ningún respeto. Sin duda, un título como “las normas de la casa de la cazalla” habría resultado de mucho mayor impacto, especialmente en un país como España.

Martín (Hache): Esta película tuvo cierto éxito en su día, especialmente entre aquellos que siguen pensando que el cine es un arte elitista reservado para unos pocos. Naturalmente, el motivo fundamental de que la crítica acogiera con gusto la película es que los personajes se pasan la vida esnifando cocaína y picoteando de otros estupefacientes.

El hilo argumental de la película no existe, en realidad; no hay película, hay una sucesión continua de conversaciones pretendidamente intelectuales, el núcleo de las cuales parece ser la antes aludida afición a las drogas y el machismo más reaccionario, motivo (también) de la satisfacción de la crítica. Los personajes hablan y hablan, hablan tanto que incluso consiguen darle sonoridad a la única letra muda del español. La excepción a la regla es Juan Diego Botto, que, tras su exitosa entrada en el cine español con “Historias del Kronen”, sigue demostrando que lo suyo es estar calladito mientras otros hablan.

Pasemos al título; sin duda, es totalmente patético, ni siquiera lamentable. Utilizando el recurso retórico de los paréntesis, al menos, el espectador ya recibe un aviso de lo que le espera, una colección de circunloquios y retoricismo vacuo sin sentido alguno. El espectador también se pregunta, de cuando en cuando, de qué viven estos personajes, aparte de del cuento, para pagarse las toneladas de cocaína que esnifan. Pero claro, pertenecen al mundo del teatro, y ya se sabe que una subvención puede estirarse bastante.

El título tiene por objeto poner de relieve el menoscabo que para Martín (Juan Diego Botto) supone que todos le llamen Hache, es decir, una letra muda, que no existe. Muy profundo, ¿verdad? Sin tanto bombo, sin utilizarlo como tema central, una de las mejores películas de los últimos años, Indiana Jones y la última cruzada, ya había utilizado similar recurso de forma mucho más eficaz: el padre de Indiana insiste en llamar Junior a nuestro héroe, pese a sus protestas. Al menos, “Junior” tiene un sentido en el conjunto de la película, mientras “Hache” no lo tiene, porque la película en su totalidad es un sinsentido de diálogos interminables.

North by Northwest: Es decir, una de las mejores películas de Hitchcock que aquí, juiciosamente, fue convertida en “Con la muerte en los talones”. Por una vez, los traductores de películas le echaron imaginación para evitar que en España pasara desapercibido este excelente film. ¿Se imaginan que esta película hubiera llegado a las pantallas con el atractivo nombre de “Al Norte por el Noroeste”, o algo así? Nunca habríamos llegado a saber en qué consistía la película, porque no nos habríamos molestado en ir a verla. Cuando, años después, los críticos de cine españoles se hubieran percatado de su imperdonable olvido, le habrían echado la culpa a la censura franquista, siempre intentando solapar las evidentes metáforas sexuales que aparecen en esta película.

Afortunadamente, la traducción funcionó de manera adecuada, y nuestro amigo Cela (u otro censor) se encargó de subsanar el destarifo de Hollywood. Por una vez, enseñamos a los americanos los secretos del marketing.

Muertos de risa: Los distribuidores cometieron un gravísimo error al publicitar esta película: el título correcto sería “Muertos de aburrimiento”. La secuencia que se produjo para haber cometido un error semejante es la que sigue:

  • Ponemos a los dos superguays molones de España, El Gran Wyoming y Santiago Segura, como protagonistas de una película.
  • El argumento de la película ofrece gran atractivo: toda la caspa de los años 70 mezclada con alusiones (suponemos que divertidas) al 23-F y el franquismo, visto que en Torrente la cosa funcionó muy bien.
  • Como Segura acaba de terminar Torrente, el proyecto se lo ofrecemos al otro director “alternativo” amado por la crítica y los medios de comunicación e idolatrado por la adolescencia progre: Álex de la Iglesia, naturalmente hijo de un gran director franquista.
  • El problema es que Álex de la Iglesia ha acabado por meterse demasiado en su papel y no sólo se comporta como un adolescente progre, sino que también dirige como un adolescente progre. Pocas veces hemos visto un destrozo tan eficaz y contundente de una idea original que, realmente, es atractiva. El amiguete Álex consigue aburrirnos hasta el paroxismo, pero no importa; al fin y al cabo, para ver lo mala que es la película hay que pagar la entrada, y el efecto cara a la recaudación es el mismo. Cuando Álex de la Iglesia se embarque en otro proyecto ya se encargará El País de las Tentaciones y los críticos de cine de hacernos saber lo buena que es su última creación.

No sin mi hija: Esta película tuvo el encanto de sublevar a todo el mundo árabe cuando la televisión francesa la ofreció en pleno Mundial de Francia, concretamente el día del gran partido Irán – Estados Unidos. Esto es un elemento positivo de la película, pero, desgraciadamente, es el único.

Una incauta americana se casa con un iraní y, naturalmente, éste se pira a Irán con su hija para disfrutar de la Revolución Islámica. La madre, inexplicablemente, se va a Irán a recuperar a su hija de las garras del integrismo para reinsertarla en la civilización occidental (es decir, en la civilización a secas). Naturalmente, la película es de lo peorcito de los últimos años, aunque el título tampoco tiene nada de particular. Es lamentable, pero no lo suficiente.

Si la hemos puesto en esta sección es por varios motivos, todos ellos de peso:
– El primero, y fundamental, es que todas las demás secciones están siendo paulatinamente invadidas por la cinefilia más repugnante; este es el último reducto de los amantes del gran cine.
– El segundo, también importante, es que queremos comentar el título no de esta película, sino de su segunda parte, que ignoramos si también ha sido llevada al cine.

“No sin mi hija” es la adaptación de un bestseller de estos que se venden en los quioscos de las estaciones de tren. Alentado por su éxito, el autor sacó una segunda parte, que, en un alarde de originalidad, denominó “No sin mi hija 2”. ¿Pero esto qué quiere decir? ¿No sin mi segunda hija? ¿Es que los iraníes follan como conejos? ¿Tuvo otra hija en Irán mientras intentaba recuperar a la primera? ¿Pero es que esta especie de Mónica Lewinsky republicana no ha aprendido de sus errores? ¿O se trata de otra incauta, casada en este caso con un japonés, que no quiere que su marido convierta a la hija en la primera luchadora de Sumo de la historia? A todo esto, no entendemos cómo es posible que, una y otra vez, solteronas occidentales sean engañadas por musulmanes que las convierten en un trapo, les pegan y las humillan. Si de lo que se trata es de encontrar marido, siempre nos queda el Club Mediterranée o la cantera de Europa del Este, especialmente Rusia, que supongo que no son sólo las rusas las que quieren huir.

Cosas que nunca te dije: Esta película nos ha causados grandes problemas para saber dónde ubicarla. En un principio, pensamos meterla en la sección general, pero no es una película porno; después, pusimos nuestras esperanzas en la nueva sección de Horrores Fílmicos, pero no tenía tampoco cabida porque todas las escenas de la película son igual de horribles; finalmente, pensamos que lo más plausible sería incluirla en Películas sobrevaloradas, pero, lamentablemente, no se puede considerar como sobrevalorado a algo que no tiene valor alguno. Así que así estamos, porque me reconocerán que el título es casi tan lamentable como la película en sí. La película está dirigida por Isabel Coixet, directora española, y es una película de cine independiente americano: “¡lagarto, lagarto!”, diría cualquier persona con sentido común, y en efecto: el explosivo cóctel directora española + cine independiente dio el resultado esperado: un desastre de película.

El argumento es muy atrayente: una chica está sola y triste y le envía vídeos a su novio ausente, vídeos que nunca llegan al novio porque su vecino los roba y los ve en soledad onanista; así que la chica, cada vez más sola y más triste, se lía con un pringado similar a ella. Pues qué bien, qué interesante, qué gran argumento y qué gran película. Todos los críticos se entusiasmaron con ella, pasando por alto (como siempre) el nulo éxito de público de la misma (para mi es un misterio porqué las películas alabadas por la crítica son un fracaso de público, y viceversa; en mi opinión, los críticos son también público, y deberían contar en las recaudaciones; quizás el problema estriba en que, por un lado, el inteligente público español pasa olímpicamente de la crítica, y los críticos, por su parte, no cuentan como público porque la productora los invita al preestreno)

Si era tan mala y pintaba tan mal, ¿por qué fui a ver esta película?, me preguntarán. Pues porque, entre las muchas cosas que nunca me dijo la persona que malignamente me recomendó ir a verla, tampoco me dijo que ella misma no la había visto (ni pensaba verla)

Liberad a Willy: Esta película causó un lamentable malentendido en muchos padres ingleses cuando comenzó a promocionarse en el Reino Unido. Por lo visto, su título en inglés no quería decir exactamente lo mismo que en Estados Unidos; venía a ser lo mismo que si en Chile la película de Hitchcock “Atrapa a ese ladrón” se hubiera llamado “Coge a ese ladrón”, es decir, todos habían pensado que se trataba de una película de sodomitas. En el entrañable caso de Willy, la película quería decir, textualmente, “Libera tu polla” (perdonen por la expresión), así que miles de severos padres ingleses prohibieron a sus hijos ir a ver semejante película antes de que la distribuidora rectificara apresuradamente el título.

Sin embargo, los mismos padres que prohibieron a sus hijos ver este film se llevaron una gran decepción cuando fueron a verla: la película no ofrecía ningún tipo de sugerencias para mejorar la vida sexual, sino una lacrimógena historia sobre un repugnante niño que amaba desmesuradamente a una orca a la que quería ver libre. Sí, podía leerse algo de zoofilia entre líneas, pero no era suficiente (por lo visto, la actriz principal, esto es, la orca, se ha acabado creyendo que es una gran estrella de cine. Hoy leemos en El País Semanal que la orca en cuestión vive en cautiverio, pero no porque unos malvados enemigos del medio ambiente la tengan retenida, sino porque el animal es un vago que no quiere moverse de su pacífico acuario de retiro cuando se le ofrece la oportunidad).

¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?: “¡Y a mi qué me cuenta!”, responderá airado el sufrido lector; pues no, amigos, es la traducción española de una de las mejores películas de Billy Wilder, “Avanti!”, que nunca habría entrado en esta sección denigrante si no fuese por la malignidad de los traductores franquistas. Durante décadas, se nos ha dicho que gracias al Caudillo España contaba con la mayor y mejor plantilla de doblaje cinematográfico del mundo. La España Imperial se erguía orgullosa, impasible el ademán, frente al comunismo (¿?) de Hollywood. A la vista de los resultados más inmediatos, es decir, del título, conviene mirar esta optimista valoración con mayor cuidado. Quizás los censores franquistas vieron la larga mano de la masonería detrás del título original, que al fin y al cabo es una palabra extranjera, en absoluto comparable con la riqueza y variedad de la lengua castellana, explicitada en la traducción. O puede ser que se tratase de una astuta estrategia comercial para alentar al público a asistir a las salas (ya se sabe que los dramones familiares venden mucho). Y a todo esto, ¿cuál es el argumento de la pilícula, es decir del flim? Pues eso: dos personajes que se preguntan qué leches ocurrió entre sus respectivos padres, que acaban de morir en una idílica isla italiana. Como ven, el título original nos da algo de información, pero la traducción mucho más, aunque quizás algo equívoca. Si ustedes buscan películas con sexo, les sugiero que vayan a la página principal de la sección. Mientras tanto, les sugiero que mediten sobre la conveniencia de haber buscado un título aún más explícito que directamente nos evitara ver la película: “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre en esta tercermundista isla italiana para que él gritara “¡avanti, avanti!” a altas horas de la madrugada en la alcoba de tu madre?” (realmente, el personaje que preguntara algo así sería algo estúpido, pero así podríamos incluir la película en esta sección con todas las de la ley).

Todo sobre mi madre: La verdad sea dicha, el título nos parece propio de un director oligofrénico, pero el motivo fundamental de que hayamos decidido incluirlo aquí es que no soportamos a Pedro Almodóvar, que no es oligofrénico pero es un cretino de mucho cuidado, y lleva años viviendo del cuento.

Reflexionen un momento: el 70% de los espectadores que van al cine en España van a ver películas americanas, lo que nos permite impregnarnos de todos los tópicos de la sociedad yanqui a través de las más variadas ópticas. Sin embargo, ¿qué porcentaje de espectadores americanos creerán ustedes que ven películas españolas? Habitualmente nos imaginamos que estará sumido en los abismos de lo decimal, pero este año, gracias a Almodóvar y Amenábar (estos dos parecen los Hermanos Calatrava; en su día le daremos su merecido a Alejandrito), quizás ha llegado al 1%, a lo sumo al 2%. Contra todo pronóstico, “Todo sobre mi madre” ha cosechado un gran éxito entre los americanos; ¿debido quizás a que ahora es políticamente correcto apoyar a las putas y los travestis? No se equivoquen. Cuando los yanquis se dignan mirar a Europa no buscan lo mejor de nosotros, sino lo que ellos creen que es lo mejor de nosotros, es decir, en el caso de España un país tercermundista (“yo creía que eso estaba en nuestro patio trasero”, musita Hugh, de Wyoming) con muchos toros y mucha fiesta (porque estos latinos son todos una panda de vagos). Gracias a Almodóvar, ejemplar representante de la “movida” madrileña (lo de movida nos retrotrae inevitablemente al Movimiento; quizás algún día hagamos una clasificación aquí mismo de los movimientos culturales más estúpidos y mediocres del siglo XX. Habrá una dura lucha entre la “movida” y el “movimiento Grunge”), el Imperio tiene de nosotros la imagen que nos merecemos: un país de putas y maricones en el que siempre están de fiesta (nos tememos la llegada de la VI Flota a los puertos españoles, aún no sabemos si para irse con las putas o para atizar a los maricones).

Lo único reconfortante de todo este asunto es que Almodóvar está teniendo que hacer aún más el payaso que Roberto Begnini para promocionarse en USA (¿para cuándo una aparición estelar en el programa de Oprah, Pedrito?)

El inglés que subió una colina y bajó una montaña: El inglés que subió una colina y bajó una montaña es, ciertamente, uno de los peores títulos de películas que hayamos podido escuchar jamás. El título se salva porque hace honor a la película (que es también malísima) y porque, al menos, no se puede acusar a la productora de encubrir una película mediocre con alguno de estos títulos de telefilmes a que ya estamos acostumbrados (“Pasión sangrienta”, “Instinto básico”, “Instinto de lujuria”, “Instinto mediopensionista y residente en Aranjuez”, etc.): El inglés que subió una colina y bajó una montaña nos dice desde el principio de qué estamos hablando: de una película soez, procaz e inclusive ordinaria, en una palabra, de un truño.

(Hace unos años apareció la noticia en televisión de que los habitantes de una ciudad china rodeada de montañas estaban a punto de morir a causa de la polución de las fábricas; ajenos a nuestras soluciones occidentales “de centro reformista”, es decir, bajar la polución de las fábricas con depuradores, el gobierno chino decidió que la mejor solución sería eliminar una de las altas montañas que envolvían a la ciudad, para así permitir la entrada de aire fresco. Casi toda la población de la ciudad se lanzó a excavar la montaña con frenesí, armados de picos y palas en plan Inglaterra revolución industrial; imaginamos que a estas alturas ya habrán terminado, así que podrían hacer una película titulada El chino que subió una montaña y no bajó porque murió extenuado en los túneles o porque ya no quedaba nada que bajar, que si bien es también un título lamentable al menos está “basado en hechos reales”).

La colina de la hamburguesa: La colina de la hamburguesa es una película que no he visto, pese a lo cual, y haciendo honor a la esencia del periodista/crítico de cine (hablar de lo que no se tiene ni idea), voy a comentarla. La película está ambientada, al parecer, en la guerra de Vietnam (o Camboya, o vaya a saber usted dónde; por el Sudeste asiático, vaya). Y trata de la conquista de la colina por parte del ejército americano, a costa de derrochar toneladas de heroísmo, sangre y, en general, sentimentalismo barato. ¿Un grupo de valientes soldados yanquis suben una colina y se comen una hamburguesa? ¿Los yanquis que subieron una colina y bajaron a por hamburguesas? ¿El inglés que subió una colina y se comió un asqueroso pudding? ¿Pero estos tíos tienen idea de la de calorías que contiene una hamburguesa? ¿Y para qué irse hasta el Sudeste asiático, si Estados Unidos está plagado de hamburgueserías?english russian technical dictionaryкак получить субсидию украина


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