Tercer plato del menú: Gaspar Llamazares (IU)

D. Gaspar Llamazares Trigo (que no Trillo) es un tipo muy simpático y además con un gran sentido del humor, porque comprenderán Ustedes que hay que ser un auténtico cachondo mental para declararse fervoroso comunista a estas alturas de la Historia. Llamazares lo hace, y además sin complejos de ningún tipo, lo que nos permite añadir a este perfil que el tipo los tiene bien puestos.

D. Gaspar es médico, lo cual no es necesariamente malo sobre todo si, como en el caso de nuestro personaje, uno no ejerce directamente esta peligrosa disciplina con pacientes indefensos, sino que se dedica a pontificar desde una ignota cátedra universitaria mientras prepara su asalto a los oropeles de la política.

Llamazares se distinguió en su paso por los pupitres de la Universidad Española como un activista estudiantil de progreso, contribuyendo decisivamente a la recuperación del vigor reivindicativo de la estudiantina en unos tiempos tan difíciles como los de la Gloriosa Transición Española (GTE). Suerte tuvo el dictador de estar muerto cuando D. Gaspar eclosionó como paladín de la movida universitaria, porque de haber aguantado unos años más habría sido expulsado del poder por las huestes antifranquistas capitaneadas por nuestro héroe, auxiliado en los flancos por otros campeones del progresismo escolar como la inefable Miriam Municio, que por aquellos años 70 ya hacía sus pinitos como agitadora de guardería.

D. Gaspar Llamazares Trigo nació en La Rioja, vive en Madrid, ejerce de asturiano —se crió, vaya suerte, en la tierra de Doña Letizia Conceta— y por si semejante batiburrillo vital fuera poco, completó sus estudios con un máster de Salud Pública en la Universidad de la Habana (con dos huevos), lo que para un comunista irredento como él debe ser como si a Trillo se le apareciera un día Sanjosemaría Bendito o como si a los redactores de esta página se nos concediera ver algún día al MEMYUC en segunda división. Más o menos.

D. Gaspar era un aparatchik bastante discreto, cabecilla de la horda roja asturiana, que se limitaba a martirizar a sus vecinos con mítines y reparto masivo de propaganda en época electoral y a cantar dos o tres veces al año La Internacional agarrándose el cuerno en los congresos de Izquierda Unida. Su salto a la fama vino cuando el Califa le designó (técnicamente le propuso) para sucederle a título de Coordinador General al frente de la canalla marxista española. Eran unos momentos más que difíciles en la coalición, con agudos enfrentamientos entre políticos de peso como Cristina Almeida, que acabaron con abundantes deserciones y pases a la Casa Común de la Izquierda a calzón quitado, lo que demuestra una vez más que desde que desapareció Stalin la disciplina comunista ya no es lo que era.

Llamazares recibió un apoyo muy ajustado (tan sólo se impuso en la votación final por un voto), pero en contra de lo esperado, en muy poco tiempo consiguió calmar las aguas revueltas del marxismo patrio, lo que dice mucho de su capacidad de diálogo y su carácter conciliador. Desde su puesto de flamante Coordinador General de Izquierda Unida ha puesto siempre un especial empeño en ganar el apoyo de los sectores más o menos marginales de la sociedad española, como los activistas antiglobalización y el mundo homosexual. Seguramente nadie le ha explicado que ambos terrenos están yermos de votos para IU: en el primer caso, los anarkas, okupas y demás grupúsculos antisistema no votan (por sistema), y los gays votan a Zapatero, que entre otras cosas es mucho más alto y guapo que D. Gaspar.

Una de las asignaturas pendientes del Kamarada Gasparovich es su capacidad de liderazgo social, que a estas alturas sigue a años luz de los tiempos del Califa Anguita (recuerden la gloriosa época de la pinza antifelipista, que convirtió al líder de IU en asiduo de las portadas de la prensa nacional un día sí y otro también). Sin embargo, en los últimos tiempos las cosas parecen girar bien para Llamazares en este terreno, gracias a episodios como la catástrofe del Prestige o la Guerra de Irak. En ambas coyunturas, nuestro personaje supo estar a las alturas de las circunstancias como se exige a un líder político solvente: Sosteniendo la pancarta mientras la gente apedreaba alborozada a los candidatos y las sedes del partido fatxa en el poder.

En estas elecciones, Llamazares ha de enfrentarse de nuevo al eterno peligro que amenaza con carácter endémico la supervivencia política de IU: su fagocitación electoral por parte de los abusadores del PSOE, que se empeñan en arrancarle sus cada vez más escasos votos con la falacia del “voto útil”. Esta maniobra infame de la socialdemocracia va desangrando el granero de votos de IU a pasos agigantados, hasta el punto de que a estas alturas la coalición se asemeja peligrosamente al alimoche, el buitre leonado o los Porteros Mayores de Diputación, todas ellas especies a extinguir. Por si este peligro evidente fuera poco, un ramillete de representantes de la kultura y otros intelectuales e intelectualas de progreso, encabezados por pensadores de la talla de cualquiera de los Bardem, Ana Belén, Víctor Manuel (poseedor de un oscuro pasado franquistoide que desvelaremos en su día) o el inefable Joaquín Sabina, se empeñan en situar las esperanzas electorales de Llamazares al borde del abismo mostrándole públicamente su apoyo más despendolado.

Las esperanzas de los herederos de la tradición intelectual de origen marxista y de los que aún piensan que “otro mundo es posible” (aunque no estén en éste), se cifran, pues, en que la gestión de Llamazares alargue la supervivencia del fenómeno IU, al menos como curiosidad científica. Su desaparición del arco parlamentario sería, en cierta forma, una pérdida para la democracia —aunque en su “programa máximo” el comunismo español abomine de este invento burgués para alienar al proletariado—, y además, y esto es mucho peor, las sesiones parlamentarias en los periodos de alta tensión política serían mucho más aburridas sin las algazaras y las divertidas pancartas de los bancos de Izquierda Unida.

Y como en ésta su página amiga siempre nos hemos distinguido por nuestro exquisito apoyo a la pluralidad democrática, nos van a permitir que hagamos un poco de proselitismo y le pidamos su voto para D. Gaspar y sus chavales con un eslogan creado por nosotros para esta magna ocasión en el más puro estilo LPD: elegante en su patetismo, brillante en su mediocridad.

Vote a Izquierda Unida
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