FAQ de las elecciones

1. ¿Cuánto puede durar una legislatura? El Emperador  Ánsar ha decidido, porque es más macho que nadie, agotar las dos legislaturas. Enteritas. Para que vayan tomando nota esos estadistas de medio pelo. Más allá de la lógica pretensión de estar en Moncloa el mayor tiempo posible de quien autolimitó su período de gloria a mayor beneficio de la saga Bush, cabe preguntarse, ¿cuál es el tiempo máximo que puede durar una legislatura? La duda no surgió en 2000 porque Ánsar, todavía en proceso de ascensión a la infalibilidad, se avino galantemente a respetar un consenso de la España democrática: las legislaturas duran como máximo cuatro años. O sea, que las elecciones se convocan como muy tarde para el mismo día en que fueron elegidos, cuatro años antes, nuestros simpáticos diputados y senadores. Parece simple, ¿no?

El problema es que otra costumbre de nuestra democracia es eleccionar en domingo. Dado que la semana tiene 7 días y los años 365 (o 366), eso significa que no coinciden los domingos a la perfección. Hasta la fecha, por ello, “agotar la legislatura” significaba convocar en el último domingo anterior a la fecha en que fueron realizados los comicios cuatro años antes. Dado que en 2000 las Elecciones fueron el 12 de marzo ello significaba, este año, votar el 7 de marzo. Es decir, que Ánsar, el Grande, se quedaba sin 5 días de Reinado Sin Igual. Afortunadamente, en medio de la despreocupación general, el Gran Líder ha encontrado una solución sin igual: convocar elecciones para el 14 de marzo, dos días después del 12.

Dejemos a un lado la rendida admiración por la intrépida alternativa y entremos a analizar la cosa desde una perspectiva seria: ¿es legal la “ocupación” del poder por el PP más allá del 12 de marzo?

La respuesta es, sorprendentemente, sí. Nadie se ha extendido sobre ello, pero las legislaturas pueden durar más de cuatro años. La única previsión constitucional al respecto obliga a disolver las Cortes, como muy tarde, cuatro años después de la fecha en que los diputados y senadores hubieran sido elegidos. O sea, del día en que se votó. Es decir, que lo que ha hecho Aznar es perfectamente legal y constitucional. Lo que nos lleva a sentir verdadera pena porque no haya ido más allá y que, ya puestos, hubiera apurado al máximo, esperando al 12 de marzo para disolver y convocando las elecciones, por ejemplo, para finales de abril o principios de mayo. Eso sí habría sido despedirse por la puerta grande, con un nuevo record. Demostrando, una vez más, por si había dudas, que está claro quién la tiene más larga.

2.  ¿Rodríguez Ibarra intenta hundir a Zapatero previo cobro o por diversión? Parece claro que el leal José Bono tiene intereses muy comprensibles que le motivan para cargarse a Zapatero y a todo lo que signifique socialismo no confesional. Es su deber como buena persona. Pero lo de Rodríguez Ibarra no es tan sencillo. Dado su historial reciente (intentos de perpetuar a Convergència i Unió en el Gobierno de la Generalitat de Catalunya por medio de irrupciones alucinantes en plena campaña, repartiendo insultos a los catalanes) o el del Partido Socialista (con gentes tendentes a ataques de conciencia si está previsto modificar la legislación urbanísitica), la duda es legítima. ¿Qué pulsión es la que mueve a Ibarra a boicotear sistemáticamente cualquier intento de limpiar la imagen de sus compañeros, ya sea con sus proclamas desde la cárcel de Guadalajara o por medio de su último rebuzno antidemocrático, en plena pre-campaña?

Porque lo que sí es evidente, sean cuales sean las razones de esta conducta, es que la misma constituye una campaña consciente. Es imposible ser tan bruto como para meter la pata sistemáticamente sin querer. En concreto, y amparándose en argumentos de proporcionalidad (aspiración de que los votos de todos los ciudadanos valgan lo mismo) se le ha ocurrido la brillante idea de proscribir a los partidos nacionalistas por la vía de exigir un 5% de los votos en todo el territorio nacional para poder obtener representación (alegan sus defensores que es pura y dura aplicación del “modelo alemán”, olvidando que el modelo alemán cuenta con algunas sutiles diferencias: existencia de mandatos directos, una única circunscripción para la lista 1, posibilidad de acceder al reparto para partidos que obtengan 3 mandatos directos…).

Evidentemente, y al margen de la inoportunidad de la propuesta (que quiebra la precaria imagen de unidad dada por el PSOE recientemente), su erradísima apreciación la convierte en pura imbecilidad. CiU, con un 4-4’5% de los votos, nunca ha obtenido más de un 5% de los diputados (que serían 18), sino que ha estado siempre por debajo. Es decir, en un margen de proporcionalidad casi directa. Iguales reflexiones valen para el PNV o para cualquier pequeño partido nacionalista. Por eso en elecciones con una única circunscripción nacional, como las Europeas, CiU también obtiene eurodiputados sin problemas.

Con todo, sí que es cierto que hay en España disfunciones que alteran la proporcionalidad. Básicamente, la existencia de circunscripciones demasiado pequeñas como para que la regla de reparto D’Hont funcione satisfactoriamente, de una parte, y de otra la atribución de dos diputados por provincia al margen de criterios poblacionales, que altera todas las cuentas. Estas disfunciones sí deberían resolverse, y estaría muy bien que Rodríguez Ibarra se enfrascara en esta tarea. Tendría que empezar, por cierto, reclamando que las provincias de Cáceres y Badajoz perdieran un par de representantes en el Congreso y casi todos en el Senado. Así lograría que los votos extremeños no contaran “injustamente” bastante más que los catalanes.

3. ¿Son los catalanes real e intrínsecamente arteros?  Pues sí, claro. Usted dirá. Y si quieren una prueba definitiva no tienen más que consultar la prensa del Domingo 25 de enero. Porque en “El País” (y suponemos que en el resto de periódicos del Estado español, que los aviesos catalanes, puestos a gastarse 15 ó 20 mil euros en hacer el mal a través de PRISA no habrán tenido problema en comportarse de igual manera en medios como ABC, “El Mundo” o la mismísima “Razon”, ya que dinero no les falta, ya saben; en cualquier caso, esto es una presunción, porque no leemos en papel más que a Don Jesús, serviles al Imperio del Monopolio como somos) publicaba una carta de Duran i Lleida (Durán Lérida, para el ABC) que califica por sí misma a los catalanes. Unos antiespañoles, oiga. Y malísimos. Y aprovechados. Sin ir más lejos, dos paginitas enteras dedicadas a criticar a Ánsar. Si este comportamiento no es un ejemplo de voluntad de destruir la Patria y sacar réditos económicos y políticos con ello, ¿qué necesitan los tibios, los que todavía dudan, como Bono o Rodríguez Ibarra?

Lo grave del asunto es que, además, la carta está firmada por el representante oficial de la tendencia pro-PP de CiU. Recordemos que en CiU conviven varias tendencias de antiespañoles. Primero los nacionalistas posibilistas (estilo Pujol) que nunca han tenido problemas para relacionarse con la derecha europea o mundial, pero sí con la derecha castellana representada por el Tricornio, Peregil y la Banderaza de Colón. Junto a estos sospechosos periféricos ha convivido en CiU una sensibilidad (evidentemente minoritaria pero conformada por tipos de misa diaria y con estudios, con lo que ello significa en Españaza e incluso en Cataluña) más “democristiana” que siempre ha propiciado tender puentes con el PP. Antiespañoles, sí, pero menos. Recordemos que esta gente, cuyo líder es el propio Durán Lérida, son los que metieron a Ánsar en la Internacional Democristiana, asegurando a los blandengues meapilas europeos que Alianza Popular y sus cuadros no tenían nada que ver con esa otra cosa llamada Partido Popular, partido de nuevo cuño y de centro reformista (esta misma historia se la tragaron también, al parecer, los bancos españoles, la Seguridad Social y Hacienda, pero no nos metamos en asuntillos turbios).

Pues bien, perdida la Generalitat, visto el frío que hace fuera, y calculado el coste de haber aparecido ante la opinión pública catalana como “socios del PP”, incluso estos democristianos catalanes están decididos a marcar distancias siderales con Ánsar y su Ungido. De eso iba la cartita. Una pública manifestación de asco hacia lo que supone y ha supuesto el PP. Maniobras electorales al margen, es ciertamente notable que:
– CiU se manifieste pública e inequívocamente contra el PP
– CiU acometa esta actuación en forma que la convierte, a corto plazo, en casi irreversible
– A la par de su repudio al PP, CiU haga un llamamiento al PSOE a que reconsidere la posibilidad de gobernar con una gran coalición aunque obtenga menos votos que el PP (lo que, en términos claros, significa asumir como posible, alucínense, gobernar a la vez con Izquierda Unida, matemáticas obligan; todo con tal de largar al PP).

¿A qué conclusiones llegamos? Pues a dos muy claras. La primera es que el mar de fondo, al menos en la periferia, existente contra una cierta manera de ver, entender y vender España es muy fuerte. Tanto que hasta CiU tiene que desmarcarse de manera brutal de sus promotores para asegurarse la supervivencia. La segunda que eso demuestra que CiU es una formación decididamente antiespañola, como el PNV o ERC. Y que ello obedece a su catalanidad. Porque estos cabrones de periféricos se la tienen jurada a los españoles de bien, y aviesos como son están dispuestos a todo con tal de destruir ese Gran Proyecto de Españaza que empezamos a acariciar con las manos, que ya tenemos tan, tan cerca.

4. ¿Sirve para algo una campaña electoral?  La verdad es que es imposible saberlo a ciencia cierta, ya que empíricamente parece complejo comprobar cuáles son los efectos de la campaña en los ciudadanos. Sería necesario buscar a una muestra suficiente de ciudadanos, por ejemplo 100.000 tipos escogidos con esmero para representar fidedignamente a la sociedad española y mandarles a Groenlandia durante estas dos semanas, a fin de comprobar hasta qué punto los resultados obtenidos entre ellos diferirían o no densiblemente de los de sus compatriotas. No parece posible. Es caro y en Groenlandie hace frío. También podría buscarse a un segmento de la población ajeno a la discusión política y para quienes cualquier asunto de campaña, a efectos prácticos, resultaría tan ajeno como si hubiera tenido lugar en Eslovenia. Pero si la muestra sólo contara con universitarios no contaría con otros segmentos de edad, que también han de tenerse en cuenta. Otra opción sería, sencillamente, hacer a esta gente votar un mes antes de la fecha oficial. A ver qué pasaba. Pero la legislación electoral lo impide, por manías legalistas. Los votantes por correo tampoco sirven a estos efectos, ya que son una muestra no representativa. Por lo demás, como algunos con hostilidad conocida al buen gobierno son excluidos preventivamente, los resultados son mejores y más puros, pero no permiten equipararlos a los de la Españaza de orden. Y, además, incluso montando una verbena de esta índole, ¿acaso podremos estar seguros de que en efecto la muestra era en verdad fiable? Nada, nada, que nos quedamos con la duda. Pero el runrun subsiste. ¿Será posible que partidos y ciudadanos gastemos dinero a espuertas para nada, empleando inútilmente un capitalillo que tanto bien haría si fuera inyectado en el mercado inmobiliario?

No es sencillo demostrarlo. Y, sin embargo, todo el mundo lo sospecha. Las campañas electorales no sirven para nada. Pero a ver quién es el machito que se atreve a comprobarlo con la chulería de amortizar la campaña, pensábamos hasta la fecha. Pues bien, gracias a Mariano Rajoy estamos muy cerca de alcanzar esa situación. Porque parece el candidato del PP tan convencido de la inutilidad y molestia de la campaña que sus actos electorales son lo más parecido a una no-campaña que recordamos. Rajoy el burócrata. o el VI Comisario del Plan Sr. Gutiérrez vienen a ser lo mismo. Los destacan a provincias a comentar con gentes del pueblo cómo van las cosillas de la gestión de los asuntos del común. Con algo de desgana, y con la única compensación de probar la comida típica de la región visitada. Mariano el “encargao” está dedicado a esto, pero es obvio que hacer campaña, lo que se dice hacer campaña. la justita. Con el efecto añadido de que cuenta con TVE y resto de medios de comunicación (los fieles por convicción, los infieles por contagio) siguiendo por la vía marcada por el PP. No hay campaña.

Durante estas dos semanas en España ha nevado, ha habido fútbol, se han anunciado nuevas apariciones públicas de la Princesa Prometida (Leti esquiando, Leti encargando el menú de su boda, Leti consolando a su madre tras la decepción de descubrir a una ínfima parte de la población española cebándose con ella, Leti rechazando zumos de naranja, Leti apoyando a Tristante Oliva, Leti entrando en vereda y retornando al regazo de la Santa Madre Iglesia tras años de confusión y errores de los que ha sido afortunadamente redimida…) y los ciudadanos hemos reflexionado moderadamente sobre el sentido de nuestro voto. Casi por casualidad. Pero viene a ser lo mismo, nos tememos. A la hora de la verdad, y se decida uno en el último momento o no, no está nada claro que la campaña electoral incida excesivamente sobre la decisión final. Con lo que no vale la pena dedicar muchos esfuerzos a la misma. Y menos en un momento en que la vida privada de los miembros del Gobierno genera rumores a cual más entretenido cada mes.

5. ¿Hubo agua en Marte? Pues está cada vez más claro. Por lo visto sí. Y corriendo, en forma líquida. Nada de casquetes polares helados. Nada de agua almacenada en el subsuelo. Agua corriente y moliente, a mansalva, circulando por ahí como quien no quiere la cosa y permitiendo vida primitiva y poco evolucionada. Es decir, vida antiespañola, quizá vida vinculada a los nacionalismos periféricos.

6. ¿Cuál es el umbral de tolerancia a los resultados del PP? A las elecciones, en realidad, se presenta Rajoy. Pero más que de su situación personal y su presidencialidad, si de medir el límite de la necesidad se trata, es el Partido Popular entero el que entra en escena. Más que el candidato a Presidente quien se la juega con los resultados es el partido enterito. Porque vienen de mandar; y de que puedan seguir haciéndolo con comodidad en el futuro dependen muchos sueldos, muchas familias y en definitiva la estabilidad de la organización. Y, por supuesto, la de la misma España. Quede esto claro por delante.

Para el PP, y se trata de algo plenamente lógico, es una prioridad seguir en el Gobierno. Esto explica, entre otras cosas, el nulo apego del Partido al Líder-Carismático-que-los-llevó-a-la-Guerra-y-los-habría-conducido-al-Matadero-Electoral-Caso-de-Presentarse. Es el líder carismático que se retira con menos oposición de la Historia de las Democracias Occidentales. Y es que, al margen de sentimentalismos y de que Él los tenga muy bien puestos, lo primero es lo primero. Saliendo como salimos de Su Octavo Año Triunfal el PP y Rajoy lograrían un excelente resultado si obtuvieran la mayoría absoluta (y ya no digamos si lograran igualar o mejorar las cotas del 2000). Cuatro añitos más de tranquilo y reposado Gobierno conseguidos y asegurados.

El umbral de tolerancia del PP se nos acerca si miramos por debajo de los 172 diputados. O sea, que hasta el punto en que sean suficientes los 4 apoyos incondicionales de ese nacionalismo canario tan pragmático que ni moja ni traspasa (pero cobra) todo va bien. Estamos ante un resultado, si se quiere, “correcto”. No es para tirar cohetes pero bueno, puede asumirse. CC garantiza también cuatro añitos más de tranquilo y reposado Gobierno. Algo más caro, pero eso no lo paga ni Rajoy ni el PP. Sin problemas.

Pero por debajo de esas cifras empiezan los problemas. Ya no se trata de que el PP quede a 20 diputados de la mayoría absoluta, lo que sería un fracaso descomunal (achacable probablemente más a Ánsar que a Rajoy, más a la política pasada que a la gestión por venir). Es que con un PP por debajo de los 170 diputados el Gobierno de los conservadores sería un auténtico calvario. En tal situación los votos de CC no bastarían y el Gobierno popular sólo podría funcionar con el apoyo, expreso o tácito de CiU y/o PNV.

Hoy por hoy parece impensable un acuerdo con el PNV. Pero conviene tenerlo por posible. Porque lo es y el PNV ha demostrado que nada es imposible si se trata de lograr beneficios para acercar la Gran Idea Sabiniana a su realización. Hoy por hoy se antoja suicida por parte de CiU seguir pactando con el PP el cada vez menor poder que le quede para lograr cargos para hoy y ERC para mañana. Pero las necesidades de colocar a los cesantes obligan. En conclusión, que el PP en los 165 diputados y alrededores puede gobernar, pero lo haría en la zona roja de su umbral de tolerancia. Que PNV y/o CiU pueden acceder a pactar con el diablo, pero será a cambio, porque necesitarán vendérselo a su electorado para evitar ser destrozados electoralmente en próximas citas, de cosas como estas:

– Plan Ibarretxe para Euzkadi

– Plan Ibarretxe con seny y sentido de la España plural para Catalunya

Imaginen una legislatura con los resultados que anuncian la mayor parte de las encuestas y el avance de distribución de escaños LPD. El PP gobernaría con CiU (más o menos visiblemente implicada) pero, a cambio, al cabo de como mucho un par de añitos, el Congreso de los Diputados recibiría un pedazo de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña apoyado por la práctica totalidad del Parlament catalán. Y con CiU exigiéndole al PP, en plan maximalista, para demostrar que no se queda atrás en la pugna con ERC, que lo dé por bueno. ¿Qué haría el PP en una situación así? ¿Disolver las Cortes? ¿Aprobar con sus votos un equivalente del plan Ibarretxe realizado con formas mucho más presentables? ¿Aparecería en ese momento Ánsar dando un golpe de estado, poniendo los pies encima de la mesa, corriendo los 10000 metros en menos de 5 minutos o, al menos, dando un golpe de estado interno que borrara del mapa a los populares traidores con la Gran Idea de Españaza?

Sin duda, por ahí anda el umbral de tolerancia del PP. Podemos cifrarlo con traquilidad en la barrera de los 170 escaños. Por debajo de esa cifra estamos ante un fracaso y una situación difícil para el parrtido. Y lo peor es que, poniéndose las cosas como parecen estar poniéndose, casi es a lo máximo a lo que pueden aspirar.

7. ¿Cuál es el umbral de tolerancia a los resultados de Zapatero? A las elecciones, en realidad, se presenta el Partido Socialista Obrero Español. Pero más que de su situación orgánica y sus posibilidades de tocar poder, si de medir el límite de la necesidad se trata, es el futuro de Zapatero el que entra en juego. A fin de cuentas el PSOE ya ha digerido el paso a la oposición y el comité de empresa que dirige la organización desde las gabelas orgánicas e institucionales bien ganadas en tiempos de penuria no lo pasaría mal porque Bambi se diera un batacazo. En tal caso, simplemente, se abrirían opciones de promoción de tipo diferente a las que podrían aparecer con una esplendorosa victoria socialista. A fin de cuentas, ¿qué prefiere PP Bono?, ¿un Ministerio?, ¿una Secretaría General?, ¿la Dirección General de Policía Religiosa con el Partido Popular?, ¿refundar Fuerza Nueva?

Zapatero, en cualquier caso, cuenta con una ventaja. Ha de limitarse a mejorar los resultados del candidato de la “mirada limpia” para presentar una hoja de servicios que sería como mínimo digerible. Decepcionante pero no desastrosa. Suficiente para mantenerse en el cargo, aunque siguiera penando con las embestidas internas de la extrema derecha española (el mencionado PP Bono, Rodríguez Ibarra, Jiménez Losantos…), que tiene enfilado a ZP con un odio africano del que hacía tiempo que no era merecedor un líder socialista español.

Empeorar resultados sería la tumba política de Zapatero, por supuesto,y toda subida que no llegara a los 10 escaños (y, en consecuencia, supusiera la pérdida de la mayoría absoluta del PP) le dejaría, como decimos, en situación, eso sí, difícil. Podemos entender que el umbral de tolerancia zapateril se encuadra en esa franja en la que se podría mantener pero a duras penas y su poder orgánico no se vería afirmado sino todo lo contrario. Cuatro añitos más de calvario en la oposición y de calvario baronil.

Paralelamente a la llegada a una situación en que entre en juego el umbral de tolerancia de Rajoy y del PP el amable ZP se vería fortalecido y podría presentarse, al menos, con un notable electoral bajo el brazo. La pérdida de la mayoría absoluta por debajo de los 170 escaños debilitaría tanto al PP como fortalecería a un Zapatero que quedaría perfectamente situado cara a una legislatura posiblemente corta y con un líder socialista limpio de polvo y paja y que habría superado su primera prueba electoral mejorando resultados, configurándose como alternativa y situado como representante de una posible nueva mayoría que lograra resolver el embrollo identitario que legaría el PP.рейтинг сайта в поисковых системахпосуда биол купить в москве


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