Castilla-La Mancha

La vanguardia de España y de Occidente

En Castilla-La Mancha gobierna el socialismo desde las primeras elecciones autonómicas. O, más bien, gobierna José Bono. Esta matización es la que permite que la primera afirmación, aunque muy dulcificada, se corresponda más o menos con la realidad nominal de la situación: el Gobierno autonómico castellano-manchego ha sido siempre del PSOE. Y los diversos intentos del Partido Popular de conquistar Castilla La Nueva para la regeneración democrática se han saldado hasta la fecha con monumentales fracasos. ¿A qué se deben estos continuos batacazos?, ¿son Cuenca, Guadalajara, Ciudad Real, Toledo y Albacete las provincias guardianas de las esencias del socialismo científico?, ¿están sus gentes imbuidas por espíritu del  marxismo reparcelador y reformador del agro?

Sencillamente, y por responder ya desde el principio de forma clara, no. Las claves del éxito de Bono no radican precisamente en la afinidad ideológica de su electorado con el programa de modernización y progreso social de su Presidente. Se fundamentan, en realidad, en cómo se ha llegado a esa modernización y progreso social, empleando métodos que han aunado las más clásicas tradiciones de la tierra con el nuevo espíritu de nuestro tiempo. Bono, por expresarlo con crudeza, ha tejido la red clientelar de caciques locales más tupida del Estado autonómico español, excepción hecha de la de Fraga. De esta forma, Castilla-La Mancha, la históricamente olvidada, la Cenicienta de España, se ha incorporado con pleno derecho a los más avanzados sistemas de gestión de recursos públicos de la época de la Restauración. Para algunos escépticos, y dado la fecha en la que estamos, esto será poca cosa. Pero han de tener en cuenta estos críticos que Castilla-La Mancha, por este procedimiento, ha dado en sólo dos décdas un salto de más de tres siglos: De la Edad Media al XIX y sin necesidad de revoluciones liberales burguesas.

El haber de Bono es pues considerable. Unamos a ello que se trata de un sujeto muy dotado para poner al servicio de las costumbres caciquiles más tradicionales el aparato de la técnica y de las modas modernas, y tenemos a Castilla-La Mancha presta a afrontar el futuro y a sus habitantes encantados. Bono, para apesebrar a los solícitos castellanos, recurre a equivalentes manchegos de las peonadas, a repartir subvenciones a diestro y siniestro para promover transformaciones agrarias ruinosos, a dejar exhaustos los acuíferos de toda la cuenca del Guadiana y del Júcar (el Tajo todavía no lo ha secado, pero ya está en ello) a cambio de pingües beneficios para los empresarios amigos, pero todo ello lo hace en technicolor, con innumerables y eficaces medios dedicados a la propaganda. Imaginen la combinación: Bono reparte pasta y lo publicita. Demoledor. Y encima aderezado con populismo del más tópico y por ello eficaz, exigiendo impuestos revolucionarios a las infraestructuras de interés general del Estado o poniendo  de facto una Universidad en cada localidad de más de 50.000 habitantes de la región (pues l la Universidad de Castilla-La Mancha duplica y hasta triplica infraestructuras con el fin de tener a más ciudadanos contentos y a más funcionarios dependiendo de Bono). Todo este derroche de dinero público tiene como única función buscar el desarrollo de la imagen pública de Bono. Y, por el momento, ha funcionado a la perfección.

El Partido Popular castellano-manchego, manejado con buen criterio y un mando a distancia de corto alcance desde la calle Génova, parece haber sido históricamente el primer encantado con Bono y su política. De hecho la elección de sus líderes y sus múltiples querellas intestinas son en gran parte causantes de la hegemonía bonista. Pero, al parecer, están hartos y, por una vez, han apostado fuerte. Como mandan los cánones, para desbancar a una gran figura, conviene hacerlo con alguien que resalte los defectos del contrario por la vía de constituir su negativo. Aplicados a ello, en el Partido Popular se han sacado de la manga a Adolfo Suárez Illana, hijo del mismísimo Adolfo Suárez González, ex-Presidente del Gobierno español con la UCD. Efectivamente, Suárez Illana es todo lo contrario de Bono. Lo que uno duda es que estas diferencias jueguen a su favor en elecciones como las que vamos a presenciar. Y es que:

– Mientras Bono es un cacique que controla con mano de hierro su partido, el Gobierno autonómico y toda la región (prácticamente hasta el último pueblo), Suárez Illana puede presumir de que se presenta limpio de polvo y paja: ni una red clientelar, ni una sospecha de caciquismo (pero porque no había pisado tierra manchega en su vida hasta hace unos meses), y, sobre todo, ni la más mínima duda de que represente a una concreta familia del PP de la Región (pero porque ha sido impuesto por Madrid).

– Frente al carácter de curita obrero baboso que siempre hace todo pensado en los demás y en el desfavorecido (aunque luego babee en el confesionario por las chavalinas jóvenes) de José Bono, con su repelente pinta de no haber hecho jamás ademán de romper un plato o de mear fuera de tiesto, Suárez Illana presenta la figura clásica del “sobrado”. De nuevo esta rasgo diferenciador del carácter de uno y de otro puede acabar volviéndose más un handicap para el aspirante que otra cosa. Y es que no conviene olvidar que el vulgo se identifica más con quienes menos le inquietan, con quienes más defectos en los que reconocerse presentan (y perseguir jovencitas, por ejemplo, ¿acaso es algo tan fuera de lo común?).

– Bono es un hombre hecho a sí mismo. Eso lo sabe todo el mundo. Desde el seminario, donde ya hacía la rosca que era un primor a los padres antes de traicionarles, hasta el PSP (en el que entró por la puerta grande de la mano de hacer la pelota a una persona de natural tan bondadosa y generosa como es sabido que era Tierno Galván, a la altura en calidad humana del mismísimo Bono), la vida de Bono ha sido un constante y denodado esfuerzo: la lucha del arribista que con sus propios medios ha de labrarse un futuro. Suárez Illana, por el contrario, no ha apuñalado traperamente nunca a nadie, no ha tenido que mentir ni que arrastrarse ni que hacer las mil y una vilezas para seguir en el candelero. Le ha bastado con ser hijo de quién es y con su inteligencia y formación. Una verdadera vergüenza, que sólo demuestra que el tipo carece de experiencia vital.

– Bono es un representante eximio de lo que queda de nacionalcatolicismo en España. Y a mucha honra. Suárez Illana es un peligroso liberal, que a la mínima pretende ocultar su profunda religiosidad en la esfera de su vida privada. Esto, en Castilla-La Mancha, no tiene sin embargo que estar necesariamente bien visto. Recuerden las iglesias de sus pueblos, las cruces de los caídos que adornan sus plazas, y las bellas inscripciones en los muros de sus Iglesias.

– Suárez Illana habla un perfecto castellano, es inteligente, torero en sus ratos libres y reconocido poeta. Bono, de rapsoda no tiene nada, pero a cambio vende una imagen de hombre común que cultiva hasta el punto de acentuar cada vez más su horroroso acento (“Máma, ejjjjjjjjjj que Ojjjjjjjjcar se ha ido al kiojjjjjjjjjjjko y me da ajjjjjco”).

Evidentemente, a todo buen conocedor de Castilla-La Mancha y de la política española, no se le escapan dos cosas. La primera, que aunque Bono haga el paripé asegurando tener dudas sobre la conveniencia de su continuidad, va a acabar presentándose a la reelección (es un pobre diablo incapaz de hacer otra cosa excepción hecha de orar, luego no tiene más remedio). La segunda, que el pueblo castellano-manchego va a reelegirle alborozado, pues pocas cosas pueden ser más de justicia que conceder cuatro años más de mando a quién tanto ha hecho por esa tierra.

No obstante, y por si alguien quiere conservar alguna esperanza, nos permitimos una reflexión. ¿Acaso un idealista de la democracia no puede aspirar a que cualquiera que se enfrente a Bono (aunque sea Suárez Illana) le acabe ganando?, ¿acaso no es posible confiar en el buen juicio de los ciudadanos, que debieran estar hartos de su eterno Presidente?, ¿acaso no fue una lección en este sentido el XXXV Congreso del PSOE? No queremos acabar con una nota pesimista, pero nos tememos que a ese idealista habría que aconsejarle que se fuera preparando para la épica victoria (y van no sé cuántas) de José Bono en las próximas elecciones.

Nota: En Castilla-La Mancha hay quien afirma la existencia de una coalición de partidos de filiación izquierdista integrada a nivel estatal en la Federación de nombre Izquierda Unida. Nosotros no percibimos esa presencia con la suficiente fuerza como para merecer mención alguna, pero no queremos ser acusados de fomentar el bipartidismo. Igualmente, y aunque ignoramos su nombre exacto y nunca hemos oído hablar de él, estamos convencidos de que en los últimos años habrá surgido algún partido de corte regionalista-nacionalista que por mucho que todavía pequeño debe de tener cada vez más fuerza y reivindicar la autonomía del manchego como lengua propia. No nos interesa en absoluto su programa o aspiraciones, que bien podrían ser desbancar a IU como tercera fuerza (caso de que IU sea todavía la tercera fuerza política de la región), pero el respeto a los hechos diferenciales de esta gloriosa y asimétricaamente cuasifederalista España nos obliga, igualmente, a mencionarlo.продвижение услуг через социальные сетистоимость оформления наследства по завещанию


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