Cantabria

Añorando a Hormaechea y, sobre todo, al Caudillo


Las elecciones autonómicas cántabras han perdido toda la gracia desde que Hormaechea desapareciera del mapa político. Se trata de una verdad histórica tan irrefutable como imposible de lograr parece ser que los ciudadanos de Santander sientan la necesidad de exigir a sus políticos la eliminación de la estatua ecuestre del Caudillo que adorna una de sus más emblemáticas plazas.

Las cosas son, sencillamente, así. Uno va a Santander y sabe que, aunque hayan pasado más de 25 años desde el final de la Dictadura franquista, el Caudillo seguirá allí, imponente, dando ejemplo. Ni siquiera los marines americanos se atreverían a derribar esta estatua de un antiguo colaborador, sabedores de que la población santanderina por ahí no tragaría. A la vista está.

Igualmente, uno analiza la política cántabra y se echa a llorar de pena por lo aburrida que es tras el tormento judicial al que fue sometido Hormaechea, el único político del mundo que se ha situado a la vanguardia del ecologismo declarando conjunto histórico-artístico un prado destinado a que las vacas de la zona obtuvieran su ración de proteínas vegetales diaria. Una vez liquidado su rutilante paso por la región, cualquier elección se reduce a los elementos fijos y manidos de cualquier Comunidad Autónoma. Lo que tiene la ventaja, como la estatua de Franco, de permitirle a uno vivir con referentes sólidos como el granito, pero es a la vez un coñazo:

– ciudad de Santander, capital de la provincia de Cantabria (ex-provincia de Santander): ¿tras la explicación en torno a la figura ecuestre del Caudillo que adorna las calles de la ciudad es preciso abundar en que un partido político obtiene y obtendrá mayorías comodísimas sin mayores problemas? Pues, la verdad, parece que no. Únicamente destacaremos, por si hubiera alguna duda, que el partido político en cuestión el “otro” partido que, junto a Fuerza Nueva, nunca quiso condenar en el Congreso de los Diputados la Dictadura del General Franco (aunque su línea actual en defensa de las libertades y de la democracia nos hace temer que, para desconsuelo de los santanderinos, en cualquier momento se pone a hacerlo). O sea, que no es FN, por si alguien pudiera haber sido llevado a engaño.

– Parlamento Regional Cántabro: Hay dos partidos, PP y PSOE, que se han visto obligados a hacer un poco de paripé regionalista para tratar de disimular un poco lo que realmente son: el PP y el PSOE estatales y punto. Para compensar, como en el 99% de las autonomías españolas, los años 90 han permitido el afianzamiento de un en la actualidad sosísimo (y, de nuevo, nos enfrentamos a la dura realidad de la ausencia de Hormaechea con su historial de amor-odio con el PP nacional y sus ansias fundadoras de organizaciones políticas de nuevo cuño) PRC, organización regionalista que gobierna, en estos momentos, con el PP. Ahora bien, el PRC, como buena bisagra de corte regionalista, es un partido moderado y “de centro”. Lo que no deja de ser lógico si tenemos en cuenta que está integrado mayoritariamente por personas que, no encontrando acomodo en cargos que colmaran sus aspiraciones en PP y PSOE, vieron la luz y pasaron a engrosar la cohorte de quienes no aceptan “ser gobernados por partidos de Madrid”. Las necesidades provocadas por la absorción de unos y otros obligan a centrar el discurso de este tipo de formaciones políticas y, sobre todo, las convierten en un arma que carga el Diablo. Igual que pactan con unos pueden hacerlo con otros. Por (ausencia de) ideología. Y por amor al cargo, de forma muy sentida (estos partidos, como buenos regionalistas, tienen una fuerte presencia de miembros con gran espíritu de altruista sacrificio en el ejercicio de pesadas funciones públicas trabajando para los ciudadanos).

En estas elecciones las diferencias entre PP y PSOE se van a acortar enormemente, y es incluso posible que el PSOE se convierta en el partido más votado (aunque dudoso). En cualquier caso, da igual. La llave del Gobierno regional la tendrá el PRC, que si bien hasta la fecha se ha sentido muy bien tratado por el PP, a quien viene apoyando regularmente, nunca se sabe hasta dónde podría llegar por tres o cuatro consejerías con mando en plaza.

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