Se acabó Gran Hermano 2002

Acabó la presente edición de Gran Hermano, y ya se anuncia la selección para la próxima entrega del experimento sociológico por antonomasia. Parece que las vacas flacas de Telecinco son aún más flacas de lo que pensábamos, razón por la cual los directivos de la cadena amiga van a proporcionarnos una ración extra de GH este año.

Haciendo balance de la presente edición, lo cierto es que no podemos quejarnos. Todos aquellos que nos aproximamos a este concurso desde un punto de vista humorístico hemos disfrutado de momentos espléndidos con las sucesivas broncas entre Raquél y Patricia. Una lástima que nuestro elevado criterio no sea compartido por la plebe, que en un acto de irracionalidad injustificable expulsa indefectiblemente al mejor ejemplar de cada hornada -esta vez le tocó a Raquél-, privándonos de excelentes episodios de violencia verbal que, sin llegar a los niveles excelsos de nuestro añorado Cal-loh y sus yoyah, sí mantenían dignamente el interés del concurso.

Triste balance sin embargo en lo referido a la sexualidad y su praxis. Quizás por los vientos de centro-reformismo que disfrutamos en España y su particular punto de vista respecto al asunto del fornicio, lo cierto es que el único casquete de este año lo protagonizaron Kiko y Patricia -una pareja heterosexual- y además sin cámaras de televisión. Es decir, con la luz apagada y sin armar escándalo como debe ser. Comprenderán ustedes que nos sepa a muy poco, sobre todo teniendo en cuenta que en la presente edición hemos contado con lesbianas declaradas, un probable gay -Javier- y un mariquita más que sospechoso -Javito y sus disfraces de drag queen. Con ese amplio abanico pansexual, al que se suman un psicótico asexuado -Jorge-, una desinhibida jovenzuela -Candi- y un adonis de diseño -Oscar-, había material más que suficiente para haber organizado las más diversas componendas eróticas, algo que esperábamos con fruición los incondicionales y que sin embargo quedará, como siempre, para mejor ocasión.

El ganador de GH-2002, ya lo saben, es Javito. Mantenemos serias dudas sobre su heterosexualidad, sobre todo después de ver el arte y tronío con el que se desenvuelve este chavalote subido en dos tacones de aguja disfrazado de putón. Dudas que no hicieron sino aumentar cuando tuvimos noticia de la escena lacrimógena que protagonizó tras la salida de Oscar de la casa.

Es el momento de mencionar también la labor de los presentadores de esta edición. De Pepe Navarro y su particular (ausencia de) sentido del ridículo ya tuvieron ustedes noticia en ésta su página. Tan sólo diremos que lo que parecía imposible -caer más bajo que Mercedes Milá- Pepe casi lo consigue, y es que digamos lo que digamos, el tío es todo un profesional. De Paula Vázquez tan sólo esperamos que su próxima aventura cinematográfica sea un fracaso monumental -algo más que probable por otra parte-, de forma que en septiembre la tengamos de vuelta en Gran Hermano con su simpatía, su inteligencia y, sobre todo, sus espectaculares, vertiginosos y neumáticos escotes.

Si hemos de valorar esta edición del concurso respecto a los anteriores no tenemos más remedio que certificar su paulatino declive. No les decimos más que en el último programa coincidieron en el plató Patricia y Raquel y ni siquiera fueron capaces de abofetearse. ¿Se imaginan a Cal-loh en una situación similar?, hubiera habido yoyah para dar y repartir. Pero es que Cal-loh, lo que se dice Cal-loh sólo hay uno, ¿sabeh?.
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