El Holocausto

Los eliminados de la Casa

01/10/2004: Eloísa

La verdad, este año no había tenido ocasión de ver las tres primeras semanas de Gran Hermano. Así a bote pronto pensé en suicidarme, pero luego concluí que a fin de cuentas podría hacer después un trabajo intensivo de reciclaje y le di otra oportunidad al Milagro de la Vida, ¿sabeh?

Así que me he plantado delante de la tele rodeado de incógnitas: ¿se habrían casado ya dos de los atávicos metrosexuales de Gran Hermano? ¿Oficiaría ZP en una boda por lo civil pero con un ansia infinita de paz?

Sin embargo, cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto los primeros momentos del Gran Hermano de hoy. Al principo he pensado que la sobredosis de sociología aplicada tras tantos meses de abstinencia me hacía ver alucinaciones, pero no: aquello parecía una representación a escala de la España del PP, la España de buenos trabajadores, optimistas y emprendedores, que no se dejan llevar por los cantos de sirena del nazionalismo de Maragall y que saben que lo primero es defender la Constitución, ese instrumento que los españoles (y, sobre todo, el Primero de los españoles) nos hemos dado y que funciona tan bien que oye, pá que cambial.lo, ¿sabeh?

En primer lugar, todos iban vestidos de militares, y no crean que por esnobismo, no, allí todo el mundo sentía el patriotismo a flor de piel, inexplicablemente no había banderas españolas, pero se veía que el coeficiente de españolidad de la Casa estaba a punto de explotar: todo el mundo pegando gritos, todo el mundo amenazándose con arrearse yoyah, y todo el mundo lanzando vivas a España cuando se presentaba la ocasión (o sea, siempre y en cualquier momento). ¡Si hasta contábamos con dos representantes de las Fuerzas Armadas, una de ellas una mujer!

Y en segundo lugar, entre el maremágnum de españoles se distinguía enhiesto al líder espiritual del grupo, un yanqui llamado Conrad que se pasea, siempre semidesnudo en declaración de metrosexualidad militante, por la Casa y que centra las atenciones y admiración de todos sus compañeros, un modelo a seguir para ellos, y por qué no decirlo, los deseos de las mujeres, Úteros de España, Creadoras de la Raza, que miraban arrobadas al yanqui y se arrastraban patéticamente ante él como diciendo: “estamos trabahando en ellou”, ¿sabeh?

En fin, que allí podía aparecer en cualquier momento El Más Listo de la Clase para llamar paletos a los concursantes de provincias, o Urdaci enviando un SMS “Cécé Oo de rositas?”, o incluso un comando de etarras vestidos de árabe que arriconaran a los españoles en el corral, iniciando éstos una Reconquista que duraría, así a ojo, unos 800 años (¡Imagínense! ¡800 años de Gran Hermano!).

Pero rápida y dolorosamente he salido de mi error. Cuando estaba a punto de levantarme del sofá y tararear la Marcha Real, de repente me he dado cuenta de que a) la legionaria era una histérica que se pasaba la vida pegando gritos verduleros, sí, pero también lloriqueando; y sobre todo b) El autodenominado “funcionario de Defensa”, un tal Frikki, es un transexual, señores, con un par (implantado), un hombre que habría obligado al Comité de Competición, en la época de Míchel, a cambiar el acta para decir algo así como “Valderrama fue tocado do Natura sólo dotó al Hombre y la cirugía a Frikki y similares”. Con estos antecedentes, lo tenía claro: un ciclo de películas de Almodóvar en prime time sólo podía tener lugar en la España del felipismo, ¿sabeh?

Y en efecto, así era: rápidamente han pasado al plató y allí ha aparecido un presentador sin corbata, que sólo podía ser Lorenzo Milá, y con gran profesionalidad, como siempre, nos ha puesto en antecedentes: resulta que este año los dos primeros expulsados han sido dos hombres, fenómeno verdaderamente inusitado en todas las Casas de Gran Hermano que se precien, y aún hay más: esta había tres nominadas, y las tres eran mujeres, y en ese sentido parecía una vuelta a la normalidad: la Generación Papichulo podía comenzar a hacer estragos. Pues no, señores, ante un menú compuesto de dos pelanduscas y una modelo de Rubens que tiene feeling por todo lo que se le pone por delante, la audiencia soberana se ha decantado por esta última. ¿En qué clase de mundo vivimos? ¿Es que acaso ha habido una Alianza de Civilizaciones entre los maromos con coche tuneao y las histéricas del Politono? ¿Es que, por fin, se iba a aplicar en Gran Hermano la regla del “Cuanto Peor, Mejor”?

Aunque es preciso aclarar que la expulsada, que responde al pizpireto nombre de Eloísa, sin duda atesoraba un enorme potencial dentro de ella, como todos los representantes de la sociedad española que pueblan la Casa (bueno, uno es yanqui, otra es argentina –o algo así-, pero en la España del Nuevo Talante eso es casi mejor, porque “es como si fueras español… ¡Pero “diferente”! Y yo no me he relacionado con un solo “diferente” en mi vida, pero sé que son diferentes, y eso lo respeto”); Eloísa hacía “cuñaos” sin inmutarse, pegaba gritos en la más honda tradición hispánica, se ponía histérica y se echaba a llorar como cualquier representante de nuestras Fuerzas Armadas, intentaba violar a todos los maromos que se le ponían a tiro (ante el gesto de repelús de éstos, aferrados a sus principios de “Gimnasio, Arco Iris, Matrimonio y Adopción”) sin que Gran Hermano hiciera el más mínimo gesto por expulsarla ni las Asociaciones de Bienpensantes por exigir su salida de la Casa (recuerden la humillación, “como un perro”, que sufrió Cal.loh en su día por intentar que le hicieran un Cola Cao, ¿sabeh?), …

Además, hay que reconocer que Eloísa ha estado grande en todos los acontecimientos que han sucedido a su expulsión: primero, abrazándose a una tal Natacha diciéndole “no llores” mientras ésta se descojonaba a grandes carcajadas de Eloísa, incapaz de reprimir la felicidad que le embargaba. Después, con el perspicaz comentario a posteriori de la jugada, en plan periodista deportivo: ella seguía “teniendo mucho cariño a tós”, mientras tós, por su parte, la ponían a parir en los vídeos que Gran Hermano iba proporcionando. Pero, sobre todo, Eloísa ha demostrado un fino humor a su llegada al plató, cuando le ha soltado a Mercedes Milá el siguiente comentario antológico: “Pero qué guapa eres, Mercedes”, a lo que Milá, impecable profesional, ha respondido “lo mismo te digo”, sin apenas esbozar una sonrisilla. Y no se crean que la cosa ha acabado ahí, no, luego Eloísa ha dicho que su estancia en Gran Hermano “éh lo máh grande que me ha pasao en la vida”, y que ahora sólo espera “ser madre” (lo 2º “máh grande”), y cuando Mercedes Milá le ha preguntado por “esa cosa que haces con la lengua”, Eloísa, sin inmutarse, ha procedido a “hacerlo”, momento en el cual Mercedes Milá, de nuevo impecable profesional, “lo ha hecho” también como diciendo “no pasa nada”, generando un previsible estremecimiento en la venerable audiencia (el cine pornográfico, simbolizado hasta ahora por películas como “El conde Eyácula”, de Rocco Sifredi, ya no volverá a ser lo mismo, ¿sabeh?).

Sin embargo, a la vista del material no se echará de menos a Eloísa. Junto a ella se amontona una galería de personajes digna de figurar en el catálogo de cualquier bar español, capaces de cualquier cosa siempre y cuando se trate de profundizar en las contradicciones y líneas de fuerza del Ser español. Alguien diría que dichas líneas de fuerza, según lo desarrollado en anteriores Grandes Hermanos, se resumen en: a) vivir sin dar golpe; y b) hacer de la chabacanería un arte, y que en ese sentido ninguna edición, desde la primera, ha arrojado novedades, si acaso se ha limitado a ofrecer versiones degeneradas del modelo inicial. Pues no, señores, Gran Hermano da para bastante más. ¿Acaso no recuerdan Ustedes el Dilema por antonomasia, el Principio de Incertidumbre de Schrödinger a la española, la aporía proferida por el Gran Vate, Cal.loh? ¿qué hay de Canneh o Toltiyah? Porque, a fin de cuentas, todo se resume ahí: La Casa de Gran Hermano está llena de mujeres que no saben qué hacer para comer Canneh, desesperadas ante unos representantes masculinos a los que, en realidad, les va la Toltiyah. Pues bien, Frikki ha resuelto este Teorema de Cal.loh, de solución aparentemente imposible, para que el concursante de Gran Hermano encuentre su ubicación definitiva: ante la imposibilidad de comer Canneh, hacerse Canneh (como el Verbo, pero cambiando lo de “Verbo” por “Toltiyah”, Y además complicándolo, en lugar de “Y el Verbo se hizo Canneh”, ahora pasamos a “Y la Toltiyah se hizo Canneh para comer Toltiyah”) como única vía para ser aceptado en el, ahora más felipista que nunca, Clan de la Toltiyah. Y a partir de ahí, a casarse y a adoptar niños, ¿sabeh?

Pero no crean que la cosa termina en Frikki, que al fin y al cabo tarde o temprano, indefectiblemente, será defenestrado por los Papichulo. No, amigos, aquí hay Canneh y Toltiyah televisivas hasta decir basta. Miren a Bea (la legionaria), por ejemplo, una especie de clónica de la Aida del año pasado, quizás menos insoportable (aunque tengan en cuenta que este año la competencia por entrar en tertulias – basura es más fuerte que nunca, así que igual Bea es aún más insoportable que Aida, pero no destaca tanto por el auténtico Caviar que hay en la Casa), pero con el mérito de haberlo dado todo por la Patria, aunque fuera sólo un par de añitos. Una mujer que se pasa la vida gritando y soltando todo tipo de expresiones malsonantes que pueden estar escuchando nuestros hijos, con lo sensibles y desvalidos que son cuando no se hinchan a soltar yoyah a sus compañeros, robar en las tiendas, quemar coches u otros actos de vandalismo; una mujer que luego se echa a llorar como una magdalena porque “tu comentario me ha herido”, y que se indigna en particular cuando Eloísa (sí, la de “cuñao”) la acusa de ser “ordinaria”: “¿Ordinaria yo? ¡Eso te lo metes por el coño, hijaputa!”. Con perdón, ¿sabeh?

A decir verdad, es incluso complicado encontrar al concursante “perfil bajo” que suele llegar aferrándose al sillón hasta las últimas semanas del programa. De hecho, por lo visto hay gente que sospecha que los concursantes son actores porque “no puede ser verdad”. Esto sólo demuestra, una vez más, un absoluto desconocimiento de la idiosincrasia del pueblo español. ¿Acaso no hemos contado ya con nada menos que cinco experimentos sociológicos previos, con la activa participación de renombrados catedráticos de Universidad, como Gustavo Bueno, haciendo análisis de contenido, tabulando datos empíricos y desarrollando complicados sistemas sociales modelo a partir de la muestra? ¿Acaso alguien duda de la veracidad de los anteriores GH’s? ¡Pero si hasta hemos visto a Cal.loh, auténtica transmutación contemporánea del Cid Campeador, en la Casa de Gran Hermano, ¿sabeh?!
Guillermo López (Valencia)

17/09/04: ¡A MÍ LA LEGIÓN!

La Legión Española, caracterizada por su arrojo ante el peligro y que tantas misiones arriesgadas ha llevado a cabo a lo largo de su historia, incomprensiblemente no había sido llamada aún a intervenir en el programa que mejor refleja la realidad social española. El programa GH tenía, pues, una deuda con un cuerpo militar enraizado como ningún otro en la Historia de España, que en esta sexta edición del experimento sociológico por antonomasia ha sido por fin saldada con la entrada en la casa de uno de sus más eximios representantes: Beatriz. No, no se trata del caballero legionario Remigio, que tras vivir con tres mil tíos cachas en estrecha relación descubre su verdadera sexualidad y enmienda la plana a la madre naturaleza, como hizo otro concursante, Nikki (nacido Nicolasa). Bea, por el contrario, es una mujer-mujer, que diría Ansar, y una legionaria con dos cojones. Millán Astray estaría orgulloso de ella, pues en rigor, Bea es como el fundador del cuerpo, pero con los dos ojos, todos los miembros y un par de tetas de impresión.

¿Qué hace un caballero legionario en la casa de Gran Hermano? Hostiar sin tasa a los vagos que en ella pululan, por rojos, pensarán Ustedes con toda la razón. Pues no amigos, vivimos tiempos civilizados, y además el severo código ético de la mayor de los Milá no permitiría este tipo de políticas activas de pacificación (no hay más que recordar el montaje hipócrita que acabó con el mejor concursante que jamás acudió a GH, nuestro añorado y nunca bien ponderado Cal-loh, ¿sabeh?). Así que la pobre Bea, en lugar de sacar el brazo a pasear, ha de contentarse con gritar como una especie de histérica hija de puta y amenazar al resto de los concursantes con ponerse a cagar en medio del salón, que viniendo de un legionario, en principio parece un ultimátum convincente.

Bea, además, honra otra de las tradiciones más sagradas de los legionarios: ir de putas con frecuencia. Naturalmente, ella no frecuenta las casas de lenocinio masculino, en primer lugar porque prácticamente no existen, y en segundo porque alguien como ella no lo necesita. El espíritu indómito del cuerpo legionario en lo que afecta a la zona inguinal, se ha cobrado ya una primera víctima sentimental: Su novio. El pobre Javi (Javi y Bea, ¡ostia, como en Verano Azul!), que así se llama el bóvido, supo anoche que su dama legionaria lleva a cabo simultáneamente frecuentes “operaciones especiales” con un tal Rubén (¿no es una lástima que no haya elegido a alguien llamado Pancho?). “Me he estado comiendo las babas de otro tío”, se lamentaba el pobre Javier; “ahora mismo le escupiría en la cara”, continuaba presa de la desesperación. En fin, las típicas peleas de enamorados.

Por otra parte, la primera expulsión de esta temporada ha recaído en uno de los pocos concursantes con un nombre admisible: Salva. Porque esta edición de GH será conocida (además de su aroma castrense y pansexual) por la de los nombres extemporáneos. Jani, su mamá Ida, Nikki, Litus (el amigo marica de Eloísa) y sobre todo “el Jonathan”, configuran un elenco de patronímicos que dejan en mantillas a otros despropósitos que conocimos en programas anteriores. Pero vayamos con nuestro primer expulsado.

A Salva lo han expulsado por chulo. Estamos en contra, obviamente, pues si recuerdan nuestra tesis sobre el programa, lo imperativo para que éste mantenga un mínimo interés es dejar en la casa a los sujetos más patéticos o los que evidencien un mayor desequilibrio psiquiátrico. En este contexto, Salva prometía grandes emociones dada su especial aversión a la Nicolasa, con quien ha protagonizado en estos primeros días algunas peleas de lo más jugoso. La convivencia de ambos, una vez desvelado el íntimo secreto de éste, hubiera deparado interesantes intercambios de opiniones que ahora, por culpa de la inepcia de los que votan (que también hay que tener ganas) jamás nos será dado ver.

¿Mercedes Milá?, pues bellísima, como siempre, qué les voy a contar. Sólo cabe esperar que utilice su evidente capacidad de persuasión para que su hermano Lorenzo haga de una vez la revolución pendiente en la información de TVE, y nos ofrezca en su telediario un resumen de la actualidad de Gran Hermano. Teniendo en cuenta que la sección “Real Madrid” de los telediarios no son más que el relato de la actualidad en la otra casa (la Blanca) y los problemillas sentimentales y estéticos de su abigarrado vestuario, no creo que nadie proteste demasiado.
Pabloраскрутка сайта в яндексстатья 38 кзот


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