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Pepe Navarro

El profeta de la telebasura

Este señor es el culpable de haber definido el formato definitivo de la televisión basura, es decir, la televisión, en España, gracias a su impagable programa “Esta noche cruzamos el Mississipi”, lo cual no es poco. Hasta la llegada de este programa uno pensaba que no le quedaba nada por ver en la televisión española, pues hasta entonces los telespectadores ya habíamos podido disfrutar de:

– Años de televisión de calidad durante el franquismo (coronadas siempre por unos magníficos especiales de Fin de Año con unos contenidos humorísticos insuperables rematados por el entrañable mensaje navideño del Caudillo)

– A continuación, años de televisión de menos calidad e igualmente partidista durante la época de UCD y el PSOE.

– Nuevamente televisión de calidad y el partidismo de siempre gracias al PP, aún no coronados por el mensaje Fin de Año de José María Aznar, pero todo se andará; mientras tanto siempre podemos consolarnos con los del Rey, que tampoco es manco.

– A partir de 1983, lo mismo que en TVE en todas las televisiones autonómicas sustituyendo el culto al líder nacional por la idolatría al correspondiente mandarín autonómico.

– A partir de 1989, televisiones privadas ofreciendo José María García en Antena 3, Mama Chicho en Tele 5 y Mama Chicho de pago alternada con “contenidos de calidad” (fútbol y películas comerciales americanas junto con buenos reportajes para disimular un poco) en Canal +.

En fin, que uno se creía ya veterano en aquello de perder el tiempo delante de la pantalla cuando llegó Navarro y nos demostró que se puede hacer televisión basura a cualquier hora, pero además se puede hacer de forma enormemente imaginativa, copiando de forma descarada el formato de los Late Night Shows americanos más barriobajeros y consiguiendo que, con el inevitable toque hispánico (mal gusto a raudales y más sexo; el toque hispánico se muestra en el sexo y en la denominación de origen del mal gusto, todo como más sucio y cutre que en la versión yanqui, si es que esto es posible), el horario de prime time se extendiera a unas horas en las que el público de antaño se dedicaba a procrear, dormir o incluso actividades culturales tales como ver cine español en vídeo, leerse un bestseller infumable o escuchar un CD de música de alguna cantante histérica.

¿Es Navarro el culpable de que España tenga ahora el índice de natalidad más bajo del mundo después de la Ciudad del Vaticano, se lea aún menos de lo habitual, nadie vea cine español y se hunda la industria discográfica? No nos atreveríamos a aventurarlo, pero es indudable que él, cual Moisés apartando al pueblo del Becerro de Oro, mostró el camino.

Un camino que, en el caso de Pepe Navarro, ha seguido largos vericuetos hasta llegar al triunfo del Mississippi y su definitiva consagración como periodista de calidad en Gran Hermano III. Porque Pepe Navarro comenzó su andadura televisiva nada más y nada menos que en “La Tarde”, un programa de TVE de los años 80 en el que se hacían entrevistas a señores que pasaban por ahí, se ofrecían reportajes y algún concurso para complementar. “La Tarde” se convirtió en un mito de la televisión en España, uno de los más firmes aspirantes al disputado título de “programa más aburrido de la historia”. Navarro, avispadamente, comprendió que lo que fallaba no era el formato, sino los contenidos. En vez de entrevistar a un líder sindical o un científico preguntando cosas de interés general el público pedía mujeres maltratadas acompañadas por sus cejijuntos maridos, elementos del famoseo más deleznable pegando gritos e historias escabrosas en los reportajes.

Por eso unos años después, y tras sucesivos magazines de mañana en TVE que le permitieron dar los últimos toques al sabroso plato que estaba dispuesto a cocinar para los ínclitos telespectadores, Pepe Navarro se atrevió a mostrar su verdadera cara, la cara de la auténtica televisión, en el programa de Tele 5 “Esta noche cruzamos el Mississippi”, un magazine nocturno que contra todo pronóstico se hizo con jugosas cotas de audiencia gracias a las siguientes medidas:

– Pepe Navarro entronizó a sucesivos freakies televisivos como “Krispin Klander”, por ejemplo, actualmente reconvertido en humorista para paladares exquisitos (Florentino Fernández), o “la Veneno”, un travesti que sin duda dormía más a menudo en el quirófano que en su casa.

– Sexo, mucho sexo, o todo el sexo que permitía la televisión en España a esas horas sin que las Asociaciones de telespectadores lograran cerrar el programa, contentándose con emitir una protesta semanal segundos antes de devorar ansiosos la nueva edición del “Mississippi”.

– Programas de investigación serios y rigurosos sobre los temas más candentes de la actualidad española como el Caso Alcasser o los GAL, ejerciendo en ambos casos como un tribunal paralelo al de la Justicia ordinaria, igual de impresentable pero mucho más divertido.

Por supuesto, el programa era pura basura, pero es que no pretendía ser otra cosa. Navarro vendía diariamente su orgullo profesional por un puñado de puntos de share, así que ser líder de audiencia la salía muy barato. Antena 3 se estrellaba una y otra vez con sus programas clónicos del Mississippi, pues los presentadores procuraban guardar algo las formas para hacer lo que ellos creían que era televisión digna y claro, no les veía ni Dios.. Al final Antena 3 tiró de talonario para traerse a Navarro a su redil, y Tele Cinco decidió encomendar su nuevo magazine nocturno a Javier Sardà. Si ser contratado por Antena 3 no es garantía suficiente de fracaso (recuerden: el Bus, “Estudio de Actores”, o algo así, con un 6% de audiencia, y muchos otros más), a Navarro no se le ocurrió mejor idea que investigar con su peculiar estilo el proceso de fabricación del famoso vídeo de Pedro Jota Ramírez en el que el director del diario El Mundo aparecía, al parecer y según se rumorea por ahí (pues yo no lo he visto, palabra), ataviado con un corsé rojo muy favorecedor y entregado a todo tipo de juegos sexuales con una tal Exuperancia Rapú Amuekabe. Aquello, desde luego, era totalmente escatológico, llegando a la náusea, es decir, un auténtico filón de audiencia, pero Navarro no supo calibrar sus fuerzas. En aquellos años Pedro Jota aún pintaba algo en el PP y logró no sólo parar la emisión, sino cancelar el programa, creando un alucinante cargo en Antena 3, el de la “Defensora del Espectador”, para una colaboradora del diario, Consuelo Álvarez de Toledo, que duró en el cargo unos cuantos meses hasta que se hizo bien patente (por si alguien tenía alguna duda) que el espectador no necesita ser defendido por nadie mientras las televisiones no se pongan a hacer programas culturales y cosas así.

Navarro fue posteriormente rescatado por Vía Digital (mala conciencia de los gestores de Telefónica o intento desesperado por conseguir algún abonado, seguramente esto último, qué coño “seguramente”, sin duda alguna) en un programa clónico del Mississippi, con los resultados esperados: una cosa es ver basura gratis y otra pagar por verla (La Página Definitiva es un ejemplo inmejorable de este drama que nos llevará algún día a la quiebra).

Ahora Navarro ha sido rescatado del ostracismo para intentar el más difícil todavía: hacerlo aún peor que Mercedes Milà presentando la tercera edición de Gran Hermano. ¿Logrará Navarro no reírse en directo cuando hable del “experimento sociológico” como queriendo decir que Gran Hermano III es televisión educativa? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que con este programa Pepe Navarro ha logrado cerrar el círculo, pues él comenzó la televisión basura en estado puro y no podía dejar este mundo televisivo sin mostrarnos qué es capaz de hacer con el mayor generador de telebasura (directa e indirectamente convirtiendo a sus concursantes en famosos estilo Cal.loh) que hemos visto en los últimos quince años. Por el momento sigue con su inimitable estilo del Mississippi, diciendo inconveniencias, quedándose en blanco y sacándose de la manga de cuando en cuando patéticos intentos de mostrarse seductor ante las cámaras. Un excelente postre para el plato que nos ofrece Gran Hermano, que es exactamente el mismo.блинница для дома [1]afrikaans translation company [2]