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María Teresa Campos

Periodismo de investigación con la portera de su casa

Con alguien con el prestigio profesional de María Teresa Campos uno duda si situarla entre quienes han marcado la pauta en el mundo de la televisión o si no sería más apropiado, más bien, hacerle acomodo entre nuestros Grandes Periodistas. Porque no debemos olvidar que María Teresa Campos se curtió profesionalmente en los servicios informativos. Ella formó parte de esa hornada de jóvenes periodistas progresistas, feministas e independientes que haciendo gala de su escasa formación sumieron a la Televisión Pública en los 80 en ese proyecto de máquina de perder dinero en que se convirtió en cuanto avino la competencia al mundo hertiziano. Es probable que este dado pueda sorprender y sumir a más de un progresista en el desánimo, o incluso preocupar a alguna feminista. ¿Cómo es posible que esa maruja fuera una de las que abrió la brecha en la lucha por las mujeres periodistas? Lamentamos comunicar a esa gente que, efectivamente, así es. Y además María Teresa Campos representa a lo mejorcito de esa generación. Piensen si no en el caso de Mercedes Milà (de musa de la transición a musa de Gran Hermano) o en el de Karmele Marchante (a la que cuando la información política la abandonó la recogió el periodismo roso).

Y, sin embargo, Mª Teresa Campos es, ante todo, un monstruo televisivo. Porque ha sido esta mujer una de las pocas profesionales españolas en inventar un formato estrictamente revolucionario para la televisión mundial. La franja horaria matinal es un poco un cajón de sastre televisivo en el que se mete de todo un poco. Y lo cierto es que nadie había salido excesivamente de ese formato: un concursito por aquí, un poco de promoción, desfiles de moda, testimonios y entrevistas a famosillos, algún reportaje educativo de nivel ínfimo, música y fingido entusiasmo. También, en ciertos casos, se metía algo de marujeo, pero de manera muy puntual. Este es el formato clásico de la televisión mundial que en España introdujo Jesús Hermida (recordemos que hasta finales de los 80 lo que se emitía a esas horas era la carta de ajuste) y que copiaron las televisiones primarias al desembarcar.

Hasta que un espíritu libre e innvador, Mª Teresa Campos, fue encargada por el ente público de conducir el mencionado programa (luego se pasaría a Tele Cinco) y acaeció una de las revoluciones televisivas más notorias de los últimos tiempos. El programa, peligrosamente disperso, ganó en consistencia intelectual al concentrarse únicamente en una cuestión. Y, a la vez, aumentó espectacularmente en audiencia al ser ésta, precisamente, el mundillo de los famosillos y sus affaires sentimentales. La cosa, dado lo que vende Hola en nuestro país, parece sencilla mirada retrospectivamente, pro había que pensar en ella. Y hasta ese momento a nadie se le había ocurrido realizar una revista de papel couché en versión TV. Y ahí reside el principal mérito de Mª Teresa Campos. Éxito que se demuestra no sólo en la solidez de su liderazgo sino en cómo ha sido capaz de exportar su modelo. Porque si alguien se quejaba en el pasado de no poder disfrutar de la televisión matinal (que dudamos que esta persona exista, pero nunca se sabe) ya no tiene motivo de queja: el “modelo Mª Teresa” ha invadido la mañana, la sobremesa, la tarde y la noche e infinidad de canales salpican su programación de clones más o menos logrados de lo que es el programa de la Campos.

A pesar de todo, Campos no se duerme en los laureles del éxito, pues es consciente de que además de inventar debe ser capaz de ofrecer el mejor producto a su audiencia. Y hay que reconocer que, además de crear el formato, ella sigue siendo la que mejor lo interpreta. Su pinta física ha sido pulida para, con unos kilos de más y un tinte desafortunado, ser vista por las amas de casa como el perfecto “alter ego”. Sus maneras de hablar han abandonado las frases subordinadas que le enseñaron en la Facultad y ahora habla como el pueblo, añadiendo algún comentario picarón. Y desde esa postura llana y cercana ha conquistado a su público, al que le ofrece una determinada visión de España y del mundo que, más allá de que sea cierta, es extraordinariamente creíble y tranquilizadora, lo que la convierte en real.finland language translator [1]hebrew to english translation [2]