El coche fantástico

Un macarra y su bólido defienden el modo de vida americano

Es una teleserie que llegó a nuestras pantallas a mediados de los años 80… Y allí se quedó, aunque cambiando de cadena. El coche fantástico fue el inicio de una moda televisiva basada en crear 200 capítulos de serie a partir de las magníficas cualidades de un medio de transporte, a cual peor: “El trueno azul” (helicóptero), y “El halcón callejero” (moto). Pero “El coche fantástico” fue la primera y, sin lugar a dudas, la mejor de todas (si es que esto quiere decir algo).

Esta serie cuenta la historia de un macarra, Michael Knight, armado de un fantástico coche, que responde al nombre de Kitt (que gracias a un amable lector hemos descubierto que es el acrónimo de Knight Industries Two Thousand). Ambos son instrumentos de un sospechoso senador americano, Devon, que está al mando de la “Fundación para la Ley y el Orden”. Fundación privada, naturalmente, encargada de hacer aquello que los Cuerpos de Seguridad, impregnados de liberalismo en la era de Ronald Reagan, no tenían huevos para hacer. Además, la Fundación contaba con la ayuda de una chica, supuesta científica, encargada de la “puesta a punto” de la Máquina, un toque feminista que se contradecía con el resto de la serie, como veremos. La chica primero se llamaba Bonnie y era morena, más tarde no sé cómo se llamaba, pero pasó a ser rubia, y luego la rubia desapareció en el despacho del productor y la morena, otra vez Bonnie, volvió. O tal vez fue todo al revés y yo siempre vi la serie a partir del capítulo 27, quién sabe.

El argumento de la serie era sencillo de seguir, de hecho no hacía ninguna falta ver entero cada capítulo para seguir el hilo argumental, pues éste era siempre el mismo: un honrado americano, generalmente del Medio Oeste (donde están todos los americanos honrados, por otro lado) pedía a la Fundación ayuda, a la vista de la desidia de los cuerpos policiales, contra un grupo de malos que ostentaban un poder absoluto en alguna aldea de EE.UU. (aquí la serie se parecía bastante al Equipo A, otra de las míticas). Devon enviaba a Michael a los mandos de su fantástico coche, y todo iba bien (el coche repartía estopa que no veas) hasta que Michael decidía salir del coche para “investigar”. Invariablemente, Michael era capturado y puesto en alguna horrible situación, pero, cuando estaba al borde de la muerte, el coche (siempre el coche) lo salvaba. De esta manera, la productora conseguía alargar los capítulos, pues si no la cosa se acabaría en 15 minutos.

Por entonces, los malos malísimos ya estaban a punto de llevar a cabo su plan, pero Michael apretaba a fondo el acelerador (ya veremos cómo lo hacía) y llegaba justo a tiempo para que el coche volviera a repartir estopa y capturara a los malos. Finalmente, Michael se iba con la chica de la honrada familia amenaza mientras Kitt hacía alguna broma simpática, generalmente con algún animalillo u otra mujer (para El coche fantástico, ambos son equiparables).

Así se pueden resumir todos y cada uno de los capítulos de la serie. Visto de esta manera, no es para tanto, pero lo cierto es que la trama ganaba en interés gracias a algunos de los Grandes Momentos de El coche fantástico:

· Cuando Michael se ponía a perseguir a los malos, el coche daba, desde fuera, gran sensación de velocidad. Sin embargo, algunos primeros planos (siempre los mismos; estos tíos rodaban un capítulo entero en un día; sólo cambiaban la chica –no siempre- y los malos) nos permitían descubrir la impostura. Cuando, teóricamente, el coche estaba a punto de superar la velocidad de la luz y encontrar a sus abuelos de jóvenes (algún Ford T o algo por el estilo), el contador de velocidad marcaba, invariablemente, “56”. Aunque fueran millas, la verdad es que es bastante ridículo. Suponemos que en las normas de la Fundación estaba no saltarse los límites de velocidad, porque si no, hay que decir que no es muy impresionante. Sólo cuando había prisa de verdad (no quedaba guión ni tiempo en el metraje de la serie), Kitt se ponía en modo supervelocidad, convirtiendo el coche en una especie de modelo aerodinámico para joven hortera de Beverly Hills, y superaba –en ocasiones especiales- las 100 millas por hora.

· Turbo Boost: Cuando Michael tenía que saltar un obstáculo realmente insalvable por sus propios medios, se subía al coche y pulsaba un botón especial que le permitía convertir el coche en una especie de canguro metálico al que ningún socavón se le resistía. Al superar el obstáculo, invariablemente, Michael ponía (más) cara de hortera y decía: “¡Uhu!¡Uhu!”.

· Equipamiento: De la amplia oferta de maravillosos artefactos con que contaba Kitt, lo que a nosotros más nos maravillaba era una especie de superscanner que le permitía saber siempre la situación exacta de los malos malísimos, aunque estuvieran a 50 kilómetros de distancia, e incluso incorporaba imágenes (¿pero qué cámara tenía Kid?) para que Michael se hiciera una idea. Nuestra pregunta es: ¿para qué, en ese caso, se empecinaba Michael en “investigar”? Por otro lado, siempre nos llamó la atención el contraste entre el futurista equipamiento de Kid y los videojuegos que podía ofrecerle a Michael para sus momentos de asueto, propios de la prehistoria de la informática. ¿No podrían haber sido un poco más futuristas en eso?

· La música: los momentos de tensión, de persecución, el clímax, siempre eran marcados por la mítica musiquilla del coche fantástico: Ta-tanananana, Ta-tanananana, Ta-tananaaa, Tananaaaa… Esto nos permitía convertir la serie en un objeto de culto, una especie de rito eucarístico en el que sabíamos que las pequeñas variaciones (el sermón del cura / el rostro de los malos) no alteraban nunca el resultado final.

· Por último, no quisiera terminar sin relatarles los dos momentos que, en mi juventud, más me impactaron: Uno corresponde a los últimos capítulos de la serie, cuando El coche fantástico ya era un fenómeno fuera de sus fronteras y, por tanto, tuvo que salir a correr aventuras fuera de EE.UU. Se trataba de un capítulo en el que Michael y Kid iban a un bananero país centroamericano donde el presidente “democrático” había sido depuesto por una revolución comunista. Kitt se fumigaba a todos los barbudos revolucionarios él solo, y al final el presidente de la pequeña república, recuperado su cargo, aparecía en la TV acompañado del embajador americano (¡) para regocijarse por haber recuperado a su país para “el mundo democrático”. Mientras, fuera del palacete presidencial, Kid decía: “democracia… Hay contradicciones, pero… ¡El sistema funciona!”. El otro gran momento corresponde a un capítulo en el que Michael, como siempre, sale a “investigar” y los malos malísimos lo meten en una cámara calorífera. Vemos cómo Michael empieza a sudar conforme la temperatura sube a 30, 40 e inclusive 50 grados Celsius (suponemos, porque de tratarse de Farenheit sería ridículo); pues bien, ni en el peor de los momentos Michael hace ademán alguno de quitarse la cazadora, el tío. Y es que él era más chulo que nadie, por eso sigue triunfando ahora con Baywatch (ya lo analizaremos, y así seguiremos hablando de David Hasselhoff, que es como se llama el maromo en la vida real).конверсия в продажахrussian to english alphabet translation


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