Cuéntame… cómo pasó

Pues sí, oiga, cuéntenlo

Al parecer, Televisión Española lleva ya un año largo emitiendo una serie de televisión, de producción propia, que ha demostrado que es posible realizar una programación de calidad y tener buenas audiencias (ello, por supuesto, junto a Operación Triunfo, paradigmático ejemplo de esta tendencia) y, también, que es posible realizar ficción española de un interés y originalidad equiparable a las de los mejores productos que ha conocido el medio. Aunque uno nunca había tenido el placer de enfrentarse a la serie, de título inspirado en la canción promocional de un anuncio de hamburguesas, tal ha sido la profusión de loas a la misma que ha terminado por enfrentarse al visionado de un capítulo. O, más bien, de la primersa parte de uno de ellos, lo máximo que soportó antes de caer dormido frente al televisor (algo que no le pasaba desde hacía años). Efectivamente, alguien debiera explicar y contar cómo pasó que semejante bodrio infame y reaccionario pueda no tanto tener audiciencia como ser en general alabado sin que nadie salte a la palestra a poner los puntos sobre las íes. De nuevo, esta función va a tener que ser realizada por La Página Definitiva.

Cuéntame… relata cómo vivía una encantadora familia españolamente normal y rabiosamente homologable a cualquier otra en esa España de hace unos treinta y tantos años. Real como la vida misma, la ficción nos sitúa en un panorma que, en realidad, no es sino el marco de los recuerdos y vivencias de lo que eran esos tiempos. Sin paro, ni corrupcuión, ni crimen de Estado. Con los valores familiares funcionando como Dios manda, pues ni los maridos pegaban a las esposas, ni los hijos eran desatendidos y consentidos sistemáticamente, por lo que no acababan abocados al botellón. Esa España vivía en paz y seguridad, orgullosa de sí misma. Y es que, motivos, los había. Los inmigrantes no eran responsables de la inseguridad ciudadana (pues no había ni de lo uno ni de lo otro, ¿quieren mejor prueba de que todo iba bien?) y las gentes de bien trabajaban honradamente para sacar adelante a sus familias. Con éxito, claro. La bonanza acarreada por los recios españoles se repartía de forma justa, distribuida según los esfuerzos de una denodada clase media que empujaba hacia adelante al país. El bienestar económico se veía asegurado gracias a la armonía lograda por nuestros gobernantes, que escondían en un guante de terciopelo rigurosas y acertadas medidas de disciplina financiera. Pero no sólo eso, también los valores morales campaban a sus anchas en la época: los abuelos no eran abandonados en asilos miserables o en arcenes de las carreteras aprovechando las vacaciones estivales sino que vivían en casa de sus amantes hijos, y la juventud y la chavalería llenaban de alegría y alborozo las casas de estos españoles de bien con sus gritos, sus juegos, sus pequeñas rebeldías. Problemas, problemillas, pues claro que los había, pero la solidaridad entre vecinos, la ayuda de los curas, siempre implicados en la vida del barrio y dispuestos a echar una mano, y la propia capacidad de trabajo en común y de sacrificio de los españoles permitía ir saliendo adelante, con honradez, y mejorando todos poco a poco.

Este es el cuadro, más o menos, que la neofranquista Cuéntame… traza para situar la acción que narra. De un costumbrismo rancio y realización acorde con el mismo, la serie nos retroatae a una Dictadura militar convertida en Arcadia feliz. Al parecer, la serie es un éxito de audiencia, y un ejemplo de mirada al pasado realizada con rigor y calidad. La reivindicación franquista que contiene, obscena de puro evidente, no parece sin embargo ser motivo para que nadie deje de entender la serie como excelente. Al parecer, público y crítica se dejan llevar por la nostalgia lógica que les produce contemplar contrachapados, muebles de conglomerado, raillite por doquier, visillos y ganchillo de época y se les nubla el juicio. Está muy bien eso de sentirse transportado al álbum de fotos familiar, pero convendría conservar un mínimo de juicio crítico.

Por otra parte, y como es obligado, vamos a tratar de sintetizar mínimamente cuál es, más allá de esta descarada y obvia reivindicación de “un país” y “un momento”, la trama de la serie. Lo cual es fácil: ninguna. Únicamente pretende retratar esa época y a sus gentes, a través de “los Alcántara”, que como ya se ha dicho componen una “familia media” del momento. Quizás pueda ser ilustrativo viajar a través de estos personajes para interiorizar mejor la época y la serie:

– Padre. Señor con bigotillo, enjuto y acrisoladamente español. Da nombre a la familia, como debe ser, y por lo que pudimos intuir refleja lo que la propaganda del régimen hace pasar por un español medio de la época. Se trata de un señor que pinta más bien poco en casa, más allá de traer pasta para que su mujer, como manda la corrección política dominante, sea la que saque adelante a la familia. Como buen español, es funcionario. Pero, y aquí viene el contenido de ficción de la serie, el hombre abandona su puesto para embarcarse en una misteriora (en lo que a nosotros alcanza) y turbia (sospechamos) aventura privada con su jefe-funcionario-conseguidor-compatible-con-la-iniciativa-privada. El hombre refleja lo que eran los españoles de la época: gentes de bien que por ello asumían con naturalidad un régimen político ordenado y decente que les aseguraba pan y fueros, preocupadas en salir adelante y que se mostraban en familia poco flexibles por el bien de sus vástagos pero que escondían en el fondo un corazón de oro.

– Madre. Señora muy avanzada para la época, como demuestra que se tintara ya el pelo de rubio a finales de los sesenta, avanzándose en treinta años a la estética dominante de la española. Habla de forma dominante y marisabidilla, pero con una entonación melosa, como es patrimonio de toda buena española. Por supuesto, es mujer decente, entregada, que sólo olvida sus deberes familiares y conyugales cuando una buena obra interfiere en su camino o cuandos sus naturales sentimientos de madre perpetua afloran. Es un ejemplo del papel que la revisión neoconservadora atribuye, en el marco de lo políticamente correcto, a las mujeres españolas en la superación del franquismo: por lo visto ellas introdujeron poco a poco unos valores en la juventud que les llevaron a la emancipación, a estudiar, a independizarse y a irse a Londres a abortar como colofón final de este impresionante proceso de concienciación política. Para dar más verosimilitud al personaje, esta ama de casa, en la serie, ha abandonado sus labores domésticas para montar un pequeño negocio (una boutique rancia a más no poder, como manda la serie). Este negocio permite la liberación económica de la familia y la paulatina liberación de costumbres. El mensaje es claro: liberación de la mujer a través de la moda, como debe ser. Y ello aunque esta liberación suponga el correlativo proceso de esclavitud de…

– Las abuelas. Nota colorista y costumbrista de la serie, que realiza el papel clásicamente asignado a la chacha andaluza. Como los Alcántara son una familia, recuerden, media, era algo escandaloso asignarles una sirviente (el proceso de conversión del franquismo en una época dorada de crecimiento y bienenestar no alcanza todavía a tanto). Pero era preciso tener a alguien que demostrara tradicionalismo, incultura, asombro ante las novedades (¿una lavadora? ¡Dios bendito, una lavadora!), pero buen fondo, sentido común para afrontar las verdaderas cuestiones de la existencia y, sobre todo, auspiciara apariciones a medio camino entre la ternura más empalagosa y la sencillamente asquerosa ñoñería con “los niños de la casa”. Para eso están las abuelas, encargadas de llevar la casa en ausencia de la madre. Dado que durante la primera temporada la primera abuela se adaptó a la vida en la capital, por lo visto los guionistas han optado por traerse a una segunda en esta temporada y repetir el proceso. De paso, esto permite explotar los típicos conflictillos de baja intensidad por la competencia intrabuelística. Vamos, casposo y costumbrista como pocas cosas. Suponemos que en próximos episodios, y una vez la segunda abuela se haya aclimatado a la vida en la ciudad, la largarán y sustituirán por una tía-abuela o algo semejante, para seguir en la línea.

– Los hijos. Tenebroso elemento adicional que da el definitivo colorido a la serie. Son tres, un chaval “rebelde” que lucha en primera línea contra el franquismo, una chavala “moderna” que es ejemplo de la emancipación de las jóvenes españolas y un niño “listillo” directamente repulsivo. Por lo que hemos podido intuir con nuestro rápido visionado de la serie, la rebeldía del chaval se queda en que le gusta llevar el pelo largo y punto. Esto provoca tremedos encontronazos con el régimen liberticida, que le obliga a rasurárselo para incorporarse al servicio militar. Tremendo conflicto político que sitúa al chaval en primera línea de la oposición al régimen (lo cual, lamentablemente, no deja de ser cierto, vean si no a nuestro actual Presidente del Gobierno y su actuación en la época). Correlativamente, la chavala se libera y apela a conductas modernas y una moral más laxa únicamente por dos vías: anticipar la preocupación femenina por la anorexia y los trapitos de diseño y poner caliente al cura del barrio (entre otros muchos). Básicamente, la liberación de la mujer es interpretada por los guionistas como una reubicación de cuál deba ser el papel de las féminas en nuestra sociedad. Y por lo que uno deduce, al parecer, la moral tradiciona, muy equivocada, creía que su función era estar dedicadas a uso y disfrute del marido, mientras que la nueva y moderna moral, mucho más acertada, las sitúa a uso y disfrute de cualquier macho dominante que aparezca en cien metros a la redonda. Completa la nómina de engendros juveniles el niño pequeño, con la consabida panda de amigos del barrio. Son todos ellos pésimos actores y sencillamente justificarían las políticas de contracepción que la democracia, por fin, permitió alentar.

En definitiva, y como puede verse, Cuéntame.. es de lo mejor que puede verse en la televisión española de los últimos años, según opina todo el mundo. Tras esta breve descripción esperamos que les quede claro, al menos, en qué tipo de país viven.с чем не берут в армиюреклама учебного заведения


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