Miguel Ángel Aguilar

Hay muchos periodistas, pero ninguno tan vago como él

De mayor yo quiero ser como M. A. Aguilar. Supongo que debe ser a causa de mi juventud, pero nunca he visto a Aguilar haciendo un trabajo periodístico, escribiendo una crónica desde Angola, cubriendo una rueda de prensa, leyendo las noticias en el boletín de las tres de la mañana. Tampoco le conozco libro u obra de investigación alguna, con lo que no creo que sus columnas y comentarios tengan como origen su indudable prestigio intelectual. Así que tenemos a un tío que va a tertulias, tiene su columnita en “El País” y nos larga un comentario en la SER todos los días. Tampoco es que eso sea tan extraño. Hay otros en esas mismas situación y circunstancias. Pero al menos todos ellos hacen “como si” trabajaran en algo serio: participan enfurecidos en las discusiones tertulianas, tratan de aparentar sabiduría e impostar un bagaje cultural en sus escritos, largan tostones -más o menos elaborados- que al menos, sin duda, algo de tiempo les habrán llevado … Por el contrario Miguel Ángel Aguilar es una especie distinta y, a lo que se ve, protegida, pues deja clarísimo que él pasa de todo, se abstiene de intervenir de otro modo que no sea la chanza y la exagerada ironía y a pesar de tan mísera intervención, que en cualquier barra de bar acabaría empezando a hartar por repetitiva al tercer día, el tío cobra igual. Da un poco de pena vera gente como Carlos Mendo, por ejemplo, batiéndose el cobre a sus años, hablando sin parar, y supongo que llevándose la misma pasta por eso que la que se lleva nuestro gran periodista de hoy por hacer un par de comentarios chistosos. Lo que más me sorprende, ya digo, no es la actitud de Aguilar, que me parece loable (si yo pudiera haría lo mismo), sino que le paguen por ello.


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