Michel / José Ángel de la Casa

El fútbol nunca fue tan emocionante

Desde hace unos años Televisión Española nos deleita con esta sin par pareja de comentaristas deportivos, cuya función es amenizar los encuentros, notablemente aburridos, de la selección española. Como ya nada es lo que era a algún genio de Torrespaña se le debió ocurrir que ya no era suficiente que José Ángel de la Casa nos endilgara su particular letanía durante 100 minutos:
“Hierro …… Nadal…….Caminero ……… Nadal ………Salinaaaaas…. córner. …..”

En un país de hondos sentimientos religiosos como es el nuestro el que la Radiotelevisión pública realice un servicio social de la entidad de enseñar a todos los forofos cuál es la cadencia adecuada para salmodiar no debe ser desdeñado. Lo que ocurre es que ni esto ni la evidencia de la profesionalidad de De la Casa (en sus luengos años como comentarista nunca ha marrado comentario técnico alguno, pues los omite) han bastado para que se le respete. Su evidente antimadridismo (José Ángel de la Casa no grita “ala Madrid” cada dos por tres, pues él ni grita ni habla) le ha pasado factura y en TVE le han colocado al lado al mencionado Sr. González. Se trata de un presunto periodista que fue jugador de fútbol que proporcionó tardes de gloria a su club (el Madrid, claro) de las que Valderrama conserva también un grato recuerdo y a la selección española (Italia 90, prórroga ante Yugoslavia y la famosa barrera en el gol decisivo), a quien no se le puede discutir la buena voluntad con la que trata de cumplir en su nuevo empeño.

Sin embargo la buena voluntad no basta para casi nada en esta vida, y Míchel como comentarista es un buen ejemplo. Todavía conservamos frescas en la retina las imágenes de la final de la Copa de Europa (Madrid-Valencia) con la voz de un Míchel eufórico de fondo (para compensar un poco en ese partido, además de Míchel, madridista durante toda su carrera, estaba Zubizarreta, portero del Bilbao y del Barcelona que se jubiló en Valencia, en una demostración clara de lo que entiende TVE por imparcialidad). Y claro, las consecuencias son las que son. Por ejemplo, una vez hubo fallado Raúl el penalti supimos que la culpa de que la joven estrella hubiera lanzado el balón a las nubes era de Cañizares, que “al no haber detenido los goles franceses había provocado una gran presión en Raúl, pues el tiro era decisivo” y de Guardiola, por “respetar el orden de lanzadores de penalties y no atreverse a quitarle el balón al astro madridista”.
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