Iñaki Gabilondo

Cardenal de las ondas y terno perfecto

Uno de los mayores misterios del panorama audiovisual español es que Iñaki Gabilondo lleve desde tiempo inmemorial dirigiendo el programa informativo más importante de la Cadena Ser. No por incompetencia o falta de profesionalidad. La razón de la extrañeza que produce el fenómeno es bien distinta.

Recordemos que, en España, la Conferencia Episcopal posee también una cadena de radio. ¿Cómo es posible que el único periodista patrio en el que concurren las excepcionales cualidades de:
– estar dispuesto a levantarse a las 6 de la mañana (o a lo mejor incluso antes, no me lo quiero ni imaginar, ni he cometido nunca la locura masoquista de pretender indagar en la hora concreta a la que amanece esta pobre gente a diario) sin por ello supurar mala leche,
– conservar en pleno siglo XXI la entonación de fingida indignación melosa, acompañada de voz ligeramente atiplada, que todo buen cura sabe que es la clave de un buen sermón,
– llevar, o aparentar llevarse, bien con todo el mudo, excepción hecha de los malvados oficiales que cualquier sociedad está condenada a soportar (diferencia esencial que caracteriza al bueno de Iñaki por oposición al resto de periodistas de empresa españoles, que son más políticos que curas y por ello aplican ese “si no estás conmigo estás contra mí”, dedicándose a despellejar a todos lo que no son fieles, mientras Iñaki trata de realizar, como buen curita, apostolado, sin dar a nadie por perdido, aunque no le sea fiel, y declarando la guerra únicamente a las almas definitivamente descarriadas, que pasan de la indiferencia al ataque a PRISA con saña y reiteración -pues Iñaki perdona y pone la otra mejilla si es necesario, pero tampoco vamos a pasarnos),
– ser vasco, como todo buen cura español, y ejercer además e ello…

se les haya escapado? ¿Cómo es posible que el católico español creyente y practicante, si desea escuchar una buena tertulia inofensiva y profundamente cristiana, se vea obligado a huir de la Cope y, para mayor escarnio, ser acogido en los amantes brazos de la SER e Iñaki.

Pues, sencillamente, es así. Así ha sido siempre (al menos, desde que nosotros recordemos) y así será. Cientos de miles de españoles se han acostumbrado a la voz y razonado sosiego de Iñaki, salpimentado de justa indignación cuando toca, pero de forma siempre mesurada, paciente, santa. Para todos ellos Iñaki cumple la función de tranquilizar y aquietar conciencias, lleva a cabo la tarea de reconciliación con el mundo de los buenos y de los ideales, que nuestros ancestros liquidaban acudiendo semanalmente a la parroquia. Sobre estas versiones de antaño las ventajas de Iñaki son indudables: requiere menos esfuerzo físico que la misa (donde hay que estar sentándose y levantándose todo el rato de acuerdo con un ritual complejísimo, siempre cambiante y sin que ni siquiera haya letreros de neón que den las instrucciones precisas en cada momento), se puede escuchar en la ducha o mientras uno va al trabajo y, además, de vez en cuando también Iñaki habla de fútbol (único ámbito de su labor periodística donde, simpáticamente, se permite confesar el pecadillo de falta de objetividad a favor de la Real Sociedad, a la manera del típico curita bueno que vendía a la congregación una falsa debilidad por el vino alardeando de la copichuela semanal que se tomaba, con el fin de “humanizarse” a sus ojos). Como única desventaja que a cambio de estas comodidades hemos de sufrir podemos señalarlas estruendosas e irritantes interrupciones vociferando de forma entusiasta de, en otros tiempos, Irma Soriano y, ahora, Goyo González, cantando las excelencias de quien paga gran parte del entramado.

Con estos datos parece claro que la vocación de Gabilondo frustrada era seguir la tradición tan de su tierra del púlpito. ¡Si hasta le conoce todo el mundo por su nombre de pila, como al curita de barrio que se hace el colega! Cualquier persona con un mínimo de sentido común debiera desconfiar del tipo de conductor de programa radiofónico que es conocido por todos por su nombre de pila hasta el punto de que la publicidad de la Cadena Ser sobre su programa suele basarse en frases del estilo de “Pon a Iñaki al levantarte”. ¿Dónde han ido a parar los viejos y rancios modelos radiofónicos en los que todos los amiguetes reaccionarios se llamaban de Usted?

Básicamente, a sermonear amablemente es a lo que en realidad se dedica Gabilondo, parapetado en la clásica coartada de realizar un “magazine radiofónico de información y sociedad”. La coartada es en su caso tan absolutamente falsa como en el de sus competidores, pues en España no existen verdaderos programas informativos, y menos por las mañanas. Se alternan a esas horas los espacios de “confirmación en la fe” (de muchas tendencias, hay para elegir, pero todas mucho más agresivas y menos cristianas que la de Iñaki) con las charlas de tipos sin aparente oficio ni beneficio, dedicados a despellejarse unos a otros (con la excepción de la tertulia, precisamente, de Iñaki, donde todos se quieren, por eso del rollo de curita obrero de su presentador, que les tiene abducidos). En todas las cadenas de radio españoles estas conversaciones de bar de jubilados son respaldadas (y pagados sus intervinentes, suponemos) por “El Corte Inglés” y viene a ser más o menos lo mismo, con una excepción, precisamente la de Iñaki. Aunque igualmente desinformados sus tertulianos son por lo general mucho más aburridos (desde que se marchó el inefable juez Navarro que, recordemos, empezó su carrera al lado de Iñaki, que le trataba siempre con una deferencia y admiración rayana en la adoración, las cosas no han vuelto a ser lo que eran) que los del resto. Una prueba más de que la emirora correcta para el mismo seria la COPE.

El programa de Iñaki pasa por ser por otra parte, un ejemplo de calidad. No se sabe muy bien porqué. Quizá precisamente por lo comentado, por lo aburridos de sus tertulianos. El español medio, inevvitablemente, asocia tal cosa a “seriedad” (¿será por eso que LPD no es tenida por seria?). “Hoy por hoy”, como todos los espacios de esa franja horaria dispone también de la cuota de colaboradores estúpidos, de amigos del jefe, de su nómina de colegas y familiares enchufados aprovechando las inevitables secciones de moda y consumo que se ponen en “horario marujas con aspiraciones de ascenso social -que para algo no ven la tele matinal sino que escuchan a Iñaki, que les habla, de vez en cuando, de libros o discos editados por compañías de la casa- mientras se recrean en el planchado”… Nada especialmente destacable. ¡Si incluso hay momentos de absoluta dedicación al cotilleo, marujeo y a la “revista del corazón light”!, actividad perfectamente legítima (aunque no nos agrade) pero que aquí se combina con constantes críticas “serias” al “famoseo por el famoseo” para a continuación darle cancha. Un programa que ha tenido como colaboradora a Rosa Villacastín, ¿a quién pretende dar lecciones?.

En cuanto a la persona, Iñaki cuenta con una última y definitiva arma moral al alcance sólo de unos pocos elegidos: como ya hemos dejado caer para lectores avisados, Iñaki es vasco. Este hecho le permite llevar su magisterio moral y consuelo espiritual con especial legitimación (al menos es claro que así lo siente él y España) sobre el único tema que afecta a conciencias tan grave como para poner a Iñaki tan serio como cuando atacan a su empresa: el problema vasco.

Gabilondo, como todo periodista o político vasco no afín al PNV, cuenta por lo visto con un plus de legitimidad y de credibilidad por el simple hecho de ser vasco. Toda España tiene muy asumido, y es algo que se comenta siempre en las comidas para dárselas de entendido que “ahí arriba la cosa es muy complicada y se ve de otra manera porque ….”. Partiéndose de esta premisa algo que debiera ser tan normal como que alguien condene (siquiera sea tímidamente) la violencia y las desviaciones xenófobas de la ideología nacionalista es tenido, cuando quien realiza estas afirmaciones es un vasco, por un valiente capaz de partirse el pecho por las libertades. Es el conocido “fenómeno Rosa Díez”: una analfabeta funcional que de vez en cuando pega gritos del estilo “nos tendréis que matar a todos” mientras hace gala de sus falta de madera política en cualquier ocasión que se le presente pero que, por lo visto, tiene “tirón”.

Iñaki Gabilondo representa este fenómeno en los medios de comunicación a la perfección. Como teóricamente se le supone una filiación progresista y, sobre todo, como es de San Sebestián, cualquier condena suya de la violencia es acogida con un silencio reverencial: el gran gurú del conflicto vasco, ojo, acaba de poner los puntos sobre las íes. Analizado con un mínimo de detenimiento Iñaki dice lo que casi todos sobre este tema, pero su cuna hace que sus palabras resuenen, sabias. Por otra parte parece increíble que a estas alturas nadie se haya dado cuenta de cómo Iñaki tiene más o menos claro qué cosas están bien y qué cosas están mal hasta que es un amigo suyo de la infancia o un colega de gremio con el que tiene buena relación el autor del exabrupto del día. A partir de ese momento, nos ilustra Iñaki, “no debemos caer en la tentación de meter a todos en el mismo saco etc.”

Tampoco le daremos, con todo, especial importancia. Iñaki, en esencia, comprende a todos los que no asesinan, vengan de donde vengan, y tiene muy clarito los límites que no se pueden traspasar, ni por un lado ni por otro. Muchacho ejemplar, no se le conoce deriva criticable en ningún dominio, por lo que no vamos a hacerlo tampoco en este. Porque, cualquier pequeña excentricidad en cuanto a valoraciones sobre el asunto que pueda hacer queda explicada por su condición de vasco. Y, además, de cura vasco, que ya se sabe que son equívocos por naturaleza y función. Así que Iñaki tiene carta blanca y altura moral asegurada. Es, en definitiva, un referente.

Por otro lado, las tendencias de la moderna televisión en España no dejan, lamentablemente, espacio para que Iñaki se sienta cómodo en ella. Eso que nos perdemos. Ya ni siquiera retransmiten en CNN+, como hace unos años, sus tertulias radiofónicas. En otros tiempos, cuando Pilar Miró, sí tuvo un programa de nombre “En Familia” donde la deriva curil del presentador conducía directamente a convertir el prime-time de la noche de los viernes en reuniones parroquiales de planificación familiar para jóvenes o de resolución de conflictos de convivencia entre maridos y mujeres. Durante años en España no hubo ni embarazos adolescentes inconscientes ni violencia de género. Pero los tiempos cambian y las nuevas generaciones solventan de tipo ético que los nuevos estilos de vida hacen con “Crónicas Marcianas”, esa otra gran misa diaria. Gabilondo sólo abandona la radio, desde entonces, en muy contadas ocasiones. La más sonada fue la confesión en directo (entrevista, la llamaron) al entonces Presidente del Gobierno Felipe González, donde se dilucidó que los españoles debíamos perdonarle y que aunque era un picarón ni mataba ni robaba. Iñaki le puso una penitencia leve, como hace con todos los pecadorcillos sin mala intención, excepción hecha de los que atacan los intereses económicos de su empresa (que no están las cosas como para jugar con el cepillo) y España respiró tranquila. Desde entonces, cada mañana, se le puede encontrar sermoneando afablemente en la SER.электрический полотенцесушитель для ванной купить в москвепрайс на юридические услуги


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