Capítulo LXXIII: Sancho III, el Primo de Zumosol

Año de nuestro Señor de 1000

Sancho III sube al trono de Navarra y Aragón en el año 1000, como si se tratase de una premonición de que pasados los miedos del Fin del Mundo todo iba a ir mucho mejor. Bien pronto los lugareños ejercen su inventiva para llamar a Sancho III “El Mayor”, un sobrenombre que no sabemos si alude a su altura, a su edad o, más previsiblemente, a su grandeza. Tengan Ustedes en cuenta que durante el reinado de este señor, su reino es el más poderoso de la Península Ibérica, de tal suerte que el abad Oliba, del monasterio de Ripoll, lo tachó de “Rex Ibericus”, sin que conste ninguna sustanciosa donación de El Mayor a su monasterio ni nada por el estilo.

El Mayor gobernará 35 años a lo largo de los cuales llevará a cabo sin piedad su objetivo de engrandecer sus reinos hasta que fueran tan Mayores como él mismo. Pero como el Mayor no era un hombre convencional, no vayan a creerse que conquistó territorios a los moros, no; esas son tácticas mezquinas impropias de un hombre como El Mayor. No, el rey Sancho III agrandó sus reinos a costa de comerse otros reinos y posesiones cristianas, de tal suerte que en pocos años consigue lo que hasta entonces parecía imposible: civiliza el País Vasco, salvo Guipúzcoa, donde fue combatido al grito de “muera el Navarrazo”, e incorpora Alava y Vizcaya a sus dominios.

Poco después muere asesinado el heredero castellano en una emboscada de los condes de Vela, como ya les relatamos, y Sancho III El Mayor obra sin dilación. Convoca a los notables castellanos, les hace saber que aquí no hay más Mayor que él y presenta sus poderes para aspirar al condado de Castilla, que se sustentaban en múltiples vínculos de parentesco, sociales, culturales y sentimentales y, accesoriamente, en el ejército de Sancho III el Mayor, un grupo de nobles caballeros que, ataviados con un curioso uniforme azul y rojo, proclamaban a los cuatro vientos en las batallas en las que tomaban parte que “Fuera de Navarra nada; dentro de Navarra todo”, mientras aseguraban que el Mayor era “la espada más limpia de Occidente”, y otras frases sin sentido aparente pero que convencieron a muchos paisanos de las bondadosas intenciones de El Mayor. Aún hoy se recuerda en tierras navarras y castellanas que “en época de El Mayor se podía dormir con la puerta abierta”, “El Mayor nos trajo la paz”, y otras alabanzas de similar calado.

Los castellanos acceden a fusionarse con los territorios de El Mayor, y este, cada vez más Grande, coloca en su escudo la famosa divisa “Navarra, unidad de destino en lo universal” de críptico sentido y que venía a querer decir lo mismo que “Fuera de Navarra nada; dentro de Navarra todo”, esto es, que el Mayor tenía un hambre de poder y de territorios que no podía con él. De hecho, al terminar el proceso de fusión por absorción con Castilla se lanzó raudo a por los territorios leoneses, y de no ser porque le sobrevino la muerte (1035) quién sabe si habría logrado unir la España cristiana contra los rojos herejes del Sur, que por otro lado asistieron todos estos años atónitos al espectáculo de los reyes cristianos atizándose entre sí, casi como si tuvieran envidia del multiculturalismo que estaban alcanzando los reinos de taifas.

Y al llegar la muerte de Sancho III es cuando podemos decir con mayor claridad que se merecía, de todas todas, el apelativo cariñoso de “El Mayor”. Porque, en la mejor tradición hispánica de dividir por dividir, de debilitar la fuerza del país por razones absurdas, el Mayor decidió que aquello de tener un solo reino potente no era elegante y lo dividió entre todos sus hijos, de tal forma que García se convierte en rey de Navarra, Fernando en rey de Castilla, Gonzalo es nombrado soberano de Sobrarbe y Ribagorza (!) y a su hijo natural (uséase, bastardo, que el Mayor también era Mayor en asuntos carnales) Ramiro lo nombra rey de Aragón. Como ven, el Mayor consiguió, entre otras muchas cosas, que esta Histeria tenga que explicar de forma individualizada el devenir de miles de reinos en lugar de uno. Comenzaremos nuestro repaso por el hijo natural de Sancho III, nuevo rey de Aragón: “Ramiro I el Bastardo”.


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