Capítulo XVI: La llegada de los Visigodos

Año de nuestro Señor de 415

Una vez habían saqueado Roma y arrasado toda la Galia, los visigodos, comandados por Ataúlfo, se instalan en la Septimania, con capital en Narbona, y desde allí gobiernan toda la Península, en un antecedente de lo que después harían los primeros Austrias y Borbones con nuestro país. Llegaron unos 100.000 bárbaros, ilusionados ante la perspectiva de comandar la transformación de Hispania a los modos germánicos, esto es, esclavizar y asesinar a la mayor porción poblacional posible.

Entre las muchas costumbres que trajeron los visigodos, la menos importante no es la de asesinar a cuantos reyes se les pusieran por delante. Esto era debido a que la monarquía visigótica no era hereditaria, sino electiva, y los nobles tenían demasiado a menudo la mala costumbre de elegir a base de sablazos. De esta manera, el fundador del gobierno visigótico en Hispania, Ataúlfo, es asesinado y sustituido por un gobernante de transición, una especie de Hernández Mancha germánico, Sigerico, que gobierna un total de siete días, siendo sustituido por Valia, cuyo gobierno, basado en el pactismo con los romanos, dura dos años.

En el 418 sube al trono Teodorico I, que dura bastante, hasta el año 451. Ignoramos las medidas de gobierno que adoptó Teodorico I durante tantos años, pero sí sabemos que continuó volcado completamente hacia la política exterior, dependiente de los romanos, hasta tal punto que murió en la batalla de los Campos Cataláunicos (451) contra los hunos.
A Teodorico I lo sustituye Turismundo, que dura dos años, justo hasta el momento en que su hermano Teodorico se lo carga delante de toda la corte y se proclama rey, con el nombre de (¿lo adivinan?) Teodorico II. Otro hermano de Teodorico II, Eurico, una vez asentado el democrático sistema electivo visigodo, se carga al rey y, como no podía ser menos, lo sustituye en el trono.

Hasta el momento, hemos podido observar que los godos no habían traído sustanciales novedades a Hispania: su sistema electivo está totalmente plagiado de los baskones, su salvajismo no era especialmente original en la época, y los nombres, la famosa lista de los reyes godos, son graciosos, sí, exóticos, pero no bastan para justificar un gobierno tan lamentable como el que ejercieron hasta que fueron eliminados por los árabes. Hacemos aquí una pequeña ruptura histórica para referirnos en el siguiente capítulo de nuestra Histeria a la principal aportación germánica de mérito, los códigos legales, basados fundamentalmente en un endurecimiento del Derecho Romano.


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