Capítulo LVIII: Wifredo el Velloso y el autonomismo catalán

Año de nuestro Señor de 878

Con la aparición rutilante del conde Bera comienza la épica historia del condado de Catalunya, el cual, contrariamente a lo que cualquier persona con un mínimo de raciocinio pudiera pensar, no fue continuamente atacado por el siniestro centralismo castellano, sino más bien por el, mucho más siniestro, centralismo francés, siempre deseoso de convertir las tierras fronterizas con los Pirineos en el “Departamento Sureste”, al estilo del jacobinismo republicano al uso.
A lo que íbamos: poco después de haber enmendado la plana, una vez más, al Imperio carolingio, los habitantes de la Marca Hispánica tomaron rápidamente conciencia de su acentuada españolidad y, en consecuencia, se dedicaron a rebelarse una y otra vez a los pobres francos, quienes, por su parte, jamás aceptaron que la utilización de sus múltiples subvenciones al condado fronterizo se dedicasen a comenzar la edificación de iglesias románicas (nuevo signo de españolidad), en lugar de luchar algo contra los malvados moros.
A Bera le sucede Bernardo, de quien podemos destacar que tuvo que salir huyendo de la corte de Ludovico Pío por alcanzar un pernicioso entendimiento con la esposa del Beato monarca francés (a diferencia de los catalanes, que demostraban su carácter piadoso haciendo cosas más o menos útiles, es decir, iglesias, Ludovico Pío se pasaba la vida rezando, y así le iba a su condición masculina). Bernardo era un conde de raíces visigóticas, así que no podía terminar su reinado de otra forma que con el asesinato a manos del conde Aleran (844 – 852); en consonancia con el carácter típicamente visigótico de este último, no tenemos ni la menor idea de qué ocurre al terminar su reinado, salvo que, unos veinte años después, arriba al trono del condado Wifredo el Velloso, el Hombre con Pelo en el Pecho (874 – 893).
Wifredo era tan español que en esos años había conseguido el dominio de todos los condados catalanes, unificados bajo su mando; aunque no se puede decir que fuera totalmente independiente de los francos, lo decimos y nos quedamos tan anchos, porque a fin de cuentas, ¿acaso alguna vez Catalunya ha dejado de ser independiente de los franceses y, por tanto, española de pura cepa? Como es un mito de nuestra Histeria, diremos de Wifredo que fue un gran, gigantesco gobernante, sabio y capaz como pocos. Pero cometió el grave error de comenzar a creerse aquello de la Catalunya “Una, Grande y Libre” y se embarcó en la conquista de Lleida, en pura Terra Ferma. Comienza a consolidarse ahí el hecho de que a los catalanes no les van demasiado bien las guerras en el interior (mírenlos si no cómo les va cuando van a Madrit), y mucho mejor la expansión en tierras costeras (mírenlos si no cuando comienzan a edificar proyectos de Països Catalans), porque la batalla es un fracaso absoluto y además, Wifredo, el Gran Rey Melenudo (del que, por otro lado, no sabemos absolutamente nada fiable) muere de sus heridas.
Pero, aunque Wifredo, El que los Tenía Bien Puestos, fracasó en el empeño de extender el ser español por toda Catalunya, podemos decir que su muerte no fue en vano: a fin de cuentas, murió como sólo un auténtico español sabe morir (a hostias) y, además, en una guerra contra los españoles moros, es decir, nuevamente como sólo un auténtico español sabe morir: asesinado por otros españoles).
Pero es que, además, antes de obitar a Wifredo le dio tiempo a sentar las bases de la futura bandera de Catalunya, sí, sí, la senyera, la cuatribarrada, o como Ustedes quieran llamarla. En su lecho de muerte, apareció de repente el rey de Francia (no sabemos si había estado cobardemente oculto durante toda la batalla o simplemente se había retrasado) y Wifredo no tuvo ningún empacho, atusándose la melena, en pedirle al monarca francés que le diera una bandera. El rey que ostentaba el trono francés por aquella época era nada más y nada menos que Carlos el Calvo, el cual, envidioso de la frondosa melena de nuestro Wifredo, no tuvo mejor idea que meter la mano en las múltiples heridas del conde catalano – español (sin lavárselas ni nada, el muy zafio) y, con la sangre de Wifredo, dibujar cuatro rayas verticales en el escudo del herido, de color amarillo.
Bueno, en realidad parece que el escudo era blanco, pero al fin y al cabo esta es una historia totalmente inventada por algunos oportunistas antiespañoles, así que vamos a suponer que era amarillo. No nos extrañaría que así fuera, por otro lado, porque ¿qué mejor muestra de españolidad por parte de Wifredo que buscar una bandera tan similar a nuestra bella enseña roja y gualda? Bien pronto la bandera comenzaría a ser usada como divisa de los Condes de Barcelona, primero, y de toda la Corona de Aragón, después (si Usted es aragonés o valenciano, simule que no ha leído esto, invéntese cualquier historia que demuestre que las banderas de estas dos regiones provienen de una época anterior, y así tenemos la fiesta en paz); pero para ello había que sentar las bases del Imperio, algo de lo que se encargaría “La saga de los Borrell”.english danish translategoogletranslate malay to english


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