Las partículas elementales

Michel Houellebecq

Michel Houellebecq es sin duda uno de los más espectaculares y originales escritores de nuestros días. Frente a pretendidos innovadores, jóvenes más bien rancios como la gran mayoría de los representantes de la nueva prosa española (y aquí pueden incluirse a elementos tan diversos como Echeverría o Prada, unidos ambos en su intrascendencia), este autor ha aportado una bocanada de aire fresco al mundo de la novela occidental.

Las partículas elementales cuenta, con la excusa de una inteligente trama futurista, cómo es la vida de un ser humano de finales de siglo XX. Y lo hace, y aquí es donde precisamente radica su originalidad, centrándose en un personaje absolutamente desacreditado en la literatura de nuestros días: un varón occidental blanco triunfador e inteligente. Este eurocentrismo literario, adobado de un cierto machismo si se quiere (a este personaje le secunda su hermanastro, también varón y blanco, pero innegablemente menos competente), es realmente una formidable innovación, un verdadero descubrimiento.

A través de esta historia nos sumergimos en una despiadada crítica de los vicios más habitualmente asumidos como virtudes y de las estúpidas e innecesarias rutinas tenidas por incuestionables, en la que la calidad literaria se ve acompañada de un impagable sentido del humor. No se salva nadie, porque Houellebecq es un despiadado crítico de las inconsistencias que le rodean, empezando por las propias y por las de los suyos. La liberación sexual, el feminismo, la obsesión sexual eternamente adolescente en ciertos varones, la incapacidad érotica y afectiva que pueden convivir en cualquiera de nosotros convierte Las partículas elementales en una obra, casi, de redescubrimiento íntimo.

Houellebecq merece ser leído porque entretiene, divierte y enseña. Y, sobre todo, porque cuestiona y obliga a acompañarle en ese viaje. Y, si lo que quieren es historias picantes en campamentos nudistas, mujeres de hoy en día desplegando sus armas de seducción, elementos de otras culturas venidos a Europa a disfrutar de las hembras que tan cuidadosamente hemos educado los occidentales (algún día convendrá reflexionar sobre los tremendos rotos emocionales que está provocando en el alma de tantos hombres blancos ver cómo a ellos se les proscribe moralmente el acceso a la carne femenina subdesarrollada -algo que queda estigmatizado por imperialista- mientras que las mujeres europeas pueden -y casi deben- disfrutar de la incansable actividad de las razas sexualmente dominantes) pues entonces se pueden leer también el libro. Sin duda se lo pasarán bien y descubrirán cómo la izquierda culta, que todavía existe, se puede incluso permitir el lujo de criticar sin complejos la barbarie del islam.

Aunque claro, probablemente a no pocos espíritus sensibles estas afirmaciones moverán a la indignación. Ellos se lo pierden.royal радиаторыадвокат украина


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