La Pavorosa Revolución – F. W. Walbank

Este libro supone un apresurado resumen alrededor de los motivos que provocaron la caída del Imperio con mayúsculas, el Imperio más importante de la Historia (no en vano, España formaba parte del mismo): el Imperio Romano. Aunque el título puede juzgarse como desafortunado, pues nada hubo de revolucionario, y mucho de lenta decadencia, en la caída del Imperio Romano de Occidente (o el Imperio a secas, pues, insistimos, era ésta la parte del Imperio que comprendía España), el contenido del libro se hace perdonar este desliz.

El aspirante a historiador que, tras muchos años documentándose a través de los tebeos de Asterix sobre el Imperio Romano, llega a la conclusión de que éste fue un ascenso súbito a la cumbre en tiempos de Julio César inmediatamente seguido de un continuo declinar sólo interrumpido por la ascensión al trono imperial de algunos hombres privilegiados, casualmente todos ellos españoles (Trajano, Adriano, Teodosio: vea nuestra Histeria de España para más detalles), no anda desencaminado. En efecto, el Imperio Romano vivió un larguísimo período de declive que abarcó casi cinco siglos, en el que concurrieron múltiples factores que a continuación destacaremos, y que finalizó con la destrucción de su parte occidental a fines del siglo V, quedando la parte oriental del Imperio salvaguardada momentáneamente de la desaparición, pero abocada a una continuación implacable de su decadencia a lo largo de diez siglos más, hasta que en 1453 los turcos conquistan definitivamente Constantinopla, en lo que comúnmente se ha considerado (y así sería si no contáramos con el español Descubrimiento de América en 1492) el final de la Edad Media. Walbank recorre los distintos aspectos del Imperio Romano (sociedad, cultura, economía, estructura, …) en un texto breve que se lee con agrado, si bien uno no puede evitar añorar un componente mayor de batallitas y emperadores por cuyo capricho “la Historia cambió”. Walbank es un historiador serio que no cae en este tipo de consideraciones, pues para él la decadencia del Imperio abarca todos los órdenes del mismo, y por tanto su fin no puede explicarse por acciones individuales.

En realidad, la decadencia del Imperio Romano se estudia con gran profundidad en la obra favorita de Pedro J. Ramírez, “Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano”, una asequible obrita en siete volúmenes escrita en el siglo XVIII por Edward Gibbon. La enormidad de la obra de Gibbon planea sobre todos los estudios del período, y también sobre el sucinto escrito de Walbank, que hace continuas referencias a Gibbon. Nosotros consideramos que sería petulante por nuestra parte abandonar nuestro profundo desconocimiento de la historia de los años “aburridos” del Imperio Romano con un estudio tan gigantesco, y por eso preferimos iniciarnos en el tema con textos más reducidos como el de Walbank. Por no hablar de que la vida es demasiado corta como para dedicarle siete tomos de la misma a la obra de un historiador loco del siglo XVIII; para eso es mucho mejor dedicarnos a textos auténticamente fundacionales de nuestra civilización, obras de referencia que deberían ilustrar a todo el universo mundo, como por ejemplo el Diario de María José Galera o la biografía oficial de Su Majestad la Reina, y en lo que concierne a asuntos tangenciales como 500 años de Historia de Europa conformarnos con las 150 páginas que tiene el estudio de Walbank.

Entrando en materia, llama la atención el número de concomitancias que encontramos entre el Imperio Romano y el otro Imperio auténticamente grande de la Historia del hombre, y así es como vamos a resumir lo que nos cuenta el libro:

– En primer lugar, el Imperio Español, el único Imperio que fue decadente casi desde su mismo nacimiento. Roma no llega a tanto, pero podemos decir que pocos años después de la aparición de Roma como potencia en el Mediterráneo la semilla de su decadencia ya está inserta en la sociedad. La corrupción, la pérdida de población, la falta de dinamismo de la economía comienzan a socavar las energías del Imperio romano. Es ilustrativa, a propósito de la relación entre ambos imperios, esta cita de Walbank sobre los auténticos inicios de la decadencia romana, en torno al año 100 antes de Cristo: “Había poca sangre nueva (en la Administración romana), y por eso, cuando se introdujo la corrupción, sus efectos fueron catastróficos. Varios incidentes vergonzosos en la provincia aislada y difícil de España revelaron un declive en las normas de moralidad entre los gobernantes de Roma”. (pág. 18)

– Por otro lado, la base económica de ambos imperios, los metales preciosos, bien pronto se fue reduciendo ante la competencia con mercados más poderosos, en el caso de Roma pertenecientes al propio Imperio, de tal forma que aquello acabó convirtiéndose en un curioso mecanismo de ida y vuelta según el cual Roma expoliaba oro de las provincias para luego devolvérselo en forma de continuas compras de productos manufacturados que la antigua metrópoli era incapaz de satisfacer; la pujanza perteneció desde épocas muy tempranas a las fronteras del Imperio, mientras Roma se hundía progresivamente en una profunda decadencia y su moneda iba perdiendo valor en favor de aleaciones cada vez más degradadas (exactamente igual que en España).

– Naturalmente, también está el espinoso asunto de la “decadencia moral” de Roma, aspecto este en el que también volvemos a coincidir, siquiera parcialmente, con el Imperio español. Llegó un momento en el Imperio Romano en que para satisfacer los gustos del populacho la única solución era ofrecerles cada vez más y más juegos y diversiones pagadas por el Estado, a las que también se asociaban las clases dirigentes, poco interesadas en aumentar su patrimonio mediante el comercio y mucho más en dilapidarlo en todo tipo de orgías y francachelas.

– Curiosamente, para financiar todo este cachondeo (y, accesoriamente, la propia recaudación de impuestos y el pago a los 400.000 soldados de las fronteras), el Estado romano tuvo que hacerse cada vez más omnipresente en la vida de sus ciudadanos, a los que martirizaba continuamente con irrupciones en su vida que no estaban únicamente relacionadas con el pago de impuestos, pues el Estado acabó colectivizando un buen número de actividades económicas (naturalmente la extracción de minerales, pero también ámbitos tan poco “estratégicos” como el aceite de oliva o las conservas de pescado), tratando a los trabajadores de las mismas como a auténticos esclavos, que por otro lado seguían estando en la base de la economía romana. Roma acabó creando un auténtico Estado del Malestar.

– Por supuesto, no podemos olvidar el papel de la religión cristiana en todo este asunto. Los cristianos, que funcionan primero como fuerza subversiva, intentando minar las bases del Imperio con una ideología revolucionaria en muchos aspectos, se hacen posteriormente con el poder merced al Edicto de Milán promulgado por el emperador Constantino (que, claro, no era español), y el resultado de 100 años de gestión cristiana de los asuntos públicos no puede ser más aplastante: la desaparición del Imperio merced a los buenos oficios de unas gentes que, primero, hablaban de no violencia y, después, no hablaban, sino que simplemente arramblaban con todo. Busquen en la Historia del Imperio Español y sin duda no les será difícil ver en la Iglesia y el catolicismo un factor central de su decadencia.

– Y por último, claro, los bárbaros, que invadieron el Imperio en sucesivas oleadas, debilitándolo progresivamente, y acabaron por destruir la estructura del Estado en las provincias occidentales. Aunque quizás la impresión que podamos sacar del fin del Imperio es su derrota militar a manos de unos numerosísimos bárbaros salvajes, las cosas no fueron propiamente así: el descompuesto, por la corrupción (que, curiosamente, el cristianismo no logró atajar) y por una economía exangüe, Estado romano, no fue capaz de salvaguardar las fronteras, ni de oponer un ejército coherente con su población a las hordas bárbaras, que se hicieron con el poder en los territorios imperiales sin apenas oposición. Más o menos, nuevamente, lo mismo que en lo que concierne a la pérdida de las posesiones americanas del Imperio Español.ниши для интернет магазинамилиция сайт


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