Historia de los griegos. Historia de Roma – Indro Montanelli

Imagínense a Jaime Campmany escribiendo sobre la historia de los iberos y la Hispania romana y tendrán una idea aproximada de lo que son estas magnas obras (las reseño conjuntamente porque comparten autoría y porque la edición antediluviana que he cogido prestada a mis padres agrupa las dos en un tomo): de las múltiples obras de referencia existentes sobre el particular, posiblemente la de Montanelli se encuentre entre las menos rigurosas, pero sin duda también está entre las más divertidas. Cotilleos, chascarrillos, chistes más o menos afortunados se suceden como vía para explicarnos las vicisitudes de los griegos (las ciudades – Estado griegas, empeñadas en sus autodestructivas guerras intestinas que propiciaron su debilidad y posterior caída ante Filipo de Macedonia, primero, y la República romana, después) y de Roma, entendida como imperio de vocación universal articulado en torno a la ciudad que lo forjó (por eso hablamos de “los griegos”, como colectivo cultural integrado por atenienses, espartanos, etc., y no de “Grecia”, y de “Roma” o “los romanos”, no de “Italia”, pues Italia ha sido siempre, incluso en sus mejores tiempos, un país que hacía de la metrosexualidad en el plano militar virtud, siempre chupando rueda de sus conquistadores y futuros aliados, como reconoce el propio Montanelli).

La obra abarca la historia de Grecia desde la aparición de la cultura minoica en Creta (en torno al 3.000 a.c.) hasta la sucesiva integración de las monarquías helenísticas en Roma (a lo largo de los siglos II y I a.c.), y la historia de Roma desde su fundación (753 a.c.) hasta la caída del Imperio Romano de Occidente (Bizancio sigue mostrando su mala prensa habitual y apenas recibe la atención del periodista italiano). En líneas generales ambos libros mantienen un buen nivel, abarcando el estudio no sólo de la Historia, sino también de la sociedad, economía y cultura de griegos y romanos, y haciéndolo en todos los casos con buenas dosis de cinismo y un uso del lenguaje que por momentos nos remite al diario ABC en sus mejores tiempos. Sin embargo, es muy superior el estudio de los griegos, por varias razones que no tienen demasiado que ver con el interés intrínseco de ambos pueblos:

– Las alusiones a la metrosexualidad griega son constantes y divertidas, por efectuadas por un columnista del equivalente a ABC de tronío. Dichas alusiones, sin embargo, experimentan una importante caída en el caso romano, dada la virilidad sin matices del nuevo objeto de estudio.

– El distanciamiento con el que se examina la historia de Grecia es obviamente mayor, lo cual beneficia poderosamente la calidad de la revisión histórica del periodo griego, más que por exactitud, rigor e imparcialidad (recuerden que estamos hablando de un periodista, que además publicó ambas historias por fascículos en su periódico, así que imagínense cómo desarrollaría los estudios: con una botella de whisky al lado y el manual de segundo de B.U.P. como toda fuente complementaria a la memoria depositaria de los chascarrillos), porque así nos ahorramos las alusiones a la historia y características de la Italia contemporánea (y aún peor, la Italia de los años 50) que proliferan en la Historia de Roma, sustituyéndolas por paralelismos, mucho más divertidos, entre los griegos y la Alemania nazi (la obsesión de Montanelli con los nazis, por otro lado comprensible dada la reciente experiencia italiana de pacto sagrado con Alemania y posteriormente “nosotros antinazis de toda la vida, y anticomunistas también, más difícil todavía”, nos hace temer que, por momentos, aparezca en su obra el abuelo de José Luis Rodríguez Zapatero, como principal sosias de Hitler en España).

– Pero, sobre todo, desde el momento en que la Historia de Roma sobrepasa el año 1 de nuestra era, el nivel de la narración decae considerablemente. Porque Montanelli, señores, es ante todo democristiano. Y no pierde ocasión de demostrar a cada momento que para él Cristo es “lo mehó der mundo”. El que hasta ese momento era un narrador ágil y divertido, que en cualquier momento nos podía soltar la versión grecorromana de la Brigada Euskal Herria en Irak, se convierte de súbito en una insoportable beatona de misa diaria, continuamente dando el coñazo con lo maravilloso que es el cristianismo y lo que sufrieron los pobres cristianos a manos de la malvada Roma. Particularmente patético es el intento que hace Montanelli de convencernos de que el cristianismo, en realidad, no destruyó el Imperio Romano, y que en todo caso la culpa era de los paganos, por serlo.

Pero, pese a todo, la obra merece la pena, sobre todo la parte dedicada a los griegos. Imagínense leer un artículo de Jaime Campmany de 600 páginas, pero dedicado a asuntos realmente importantes. Una pieza de periodismo de investigación en estado puro: todo frívolo y superficial, en buena parte inexacto, a veces directamente falso, pero divertido a más no poder. Leer a Montanelli es como leer El negocio de la libertad, de Jesús Cacho, pero en lugar de dedicar nuestras energías al polanquismo haciéndolo con Imperios, es cierto, infinitamente menos poderosos que el polanquismo, pero de mayor dimensión histórica.translate dutch to polishtranslation services english to german


Compartir:

Nadie ha dicho nada aún.

Comentarios cerrados para esta entrada.