EPISODIOS NACIONALES – 2. LA CORTE DE CARLOS IV

El poder del chocho

El segundo Episodio Nacional no es moco de pavo. Transcurre a un ritmo tan frenético y presenta unas situaciones tan disparatadas que, inequívocamente, sólo puede acontecer en un marco concreto: el de la farándula.

Gabriel abandona Cádiz para venir a Madrid y se une a una cuadrilla de actores de teatro como mozo de los recados. Entre que lleva mensajes, hace de confidente o escucha detrás de las esquinas por casualidad, el chico se ve envuelto en una espiral de puñaladas traperas, infidelidades y bajas pasiones que terminan con él en el centro neurálgico de toda degradación humana en España: La Corte.

Las sensaciones que transmite la obra se podrían sintetizar de la siguiente manera. Digamos que está usted jugando al pinball en un Salón Recreativo, pero por el rabillo del ojo ve que fuera hay un grupo de gitanos esperándole entre los que se encuentra José el Francés, que siempre le anda buscando para quitarle los veinte duros que su madre le da para un bocadillo y usted se gasta en el pinball, los billares y cigarrillos sueltos. Intuye que le espera un mal trago, pero tampoco va a abandonar la partida de pinball, con sus luces, sus emociones y la fascinación que ejerce sobre el ser humano tamaño artilugio lúdico. En la novela, Gabriel sería la bola, que va de flipper a flipper encendiendo todas las luces rebotando frenéticamente contra lo que sería el influjo vaginal de las cortesanas. Así que está usted a cien, la adrenalina a tope, sus dedos no paran de golpear los botones cuando le queda poco para el millón y, de pronto, ¡glubs! Se le cuela la bola. Se apagan las luces, se bajan los flippers y ahí se queda usted: con cinco duros menos, de bajón por la derrota y con un grupo matones de la etnia calé esperándole fuera golpeando al unísono la palma de la mano con sus puños castigadores

La historia es fiel reflejo de cómo es el mundillo del famoseo. Burbujeante como el champagne, pero que rápidamente se queda en nada. Esto es, fastuosas damas deslumbrantes y elegantes ministros poderosos, que al final no son más que alcahuetas de tres al cuarto y mataos con incontinencia sexual, que por descuidar sus labores dejan que el país caiga fácilmente en manos de un invasor extranjero. El tema que destaca enseguida es algo que la Literatura española ha tratado cientos de miles de veces: la apariencia, la presunción, el querer ser más que los demás, el estar por encima de tus posibilidades. De estar el tema tan machacado lo mismo Usted se cree que lo de la apariencia en España es cosa del pasado, pero pregúntese por qué cuando Usted hace turismo no sale de la provincia con sandalias y calcetines beige como los despreocupados turistas anglos y sajones, también conocidos en otra era como bárbaros, que visitan nuestra costa. La apariencia en tierras íberas sigue siendo una cuestión de caché.

El fragmento que vamos a destacar se encuentra al final del libro. Un actor se da cuenta en escena de que su amante, la actriz que tiene enfrente, se la está pegando. El hombre deja de actuar para intentar matarla, pero el público no se da cuenta y cree que está asistiendo a la mejor representación teatral de la historia de la dramaturgia. Vamos, exactamente lo mismo que ha sido el programa de televisión líder de audiencia durante el último lustro: Crónicas Marcianas. No haremos aquí leña del árbol caído, pero sí vamos a citar las palabras que Galdós pone en boca de Leandro Fernández de Moratín cuando trata de desengañar al público presente que estaba completamente fascinado por lo que acababa de ver: “Pues lejos de ser el camino de la perfección artística -dijo Moratín-, lleva derecho a la corrupción del gusto, y extinguirá en las ficciones el decoro y la gracia, para confundirlas con la repugnante realidad.” Chúpate ésa, Sardá.translate into english from italianсковорода керамика купить


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